Esta es una
santa que duró casada hasta los 33 años. Tuvo ocho hijos y bastantes nietos. A
los 47 años fundó la Comunidad de las hermanas Carmelitas de la Caridad, y al
morir a los 61 años había fundado conventos, escuelas y hospitales en diversos
sitios de España.
Nació en
Barcelona, España, en 1773. Su padre, Don Lorenzo de Vedruna, era rico y alto
empleado del gobierno. Su familia era muy católica.
La niña
desde muy pequeña tuvo mucha devoción al Niño Jesús y a las benditas almas.
Algo que la
caracterizó desde sus primeros años fue un gran amor a la limpieza. No toleraba
ninguna mancha de mugre en sus vestidos. Y esto la fue llevando a no tolerar
tampoco mancas de pecado en su alma.
A los doce
años sintió un gran deseo de ser religiosa carmelita. Pero las monjitas no la
aceptaron porque les parecía muy niña todavía para decidirse por la vocación
religiosa.
A los 26
años, en 1799, contrae matrimonio con un rico hacendado, don Teodoro de Mas,
muy amigo de su padre, y empleado oficial como él. Teodoro estimaba mucho a las
tres hijas de Don Lorenzo y para decidirse por una de ellas les llevó un
pequeño paquetico de dulces de regalo.
Las dos primeras lo rechazaron como un
regalo demasiado infantil, pero Joaquina lo aceptó con alegría exclamando:
"Me encantan las almendras". Este gesto de humildad decidió al joven
a elegirla como esposa.
Esto la tranquilizó. 16
años vivió con su esposo, y Dios le regaló ocho hijos. Y como premio a sus
sacrificios, cuatro hijas se hicieron religiosas, y varias de sus nietas
también.
Cuando
Napoleón invadió España; el esposo de Joaquina se fue al ejército a defender la
patria y participó valerosamente en cinco batallas contra los invasores.
Joaquina y sus niños tuvieron que abandonar la ciudad de Barcelona y huir hacia
la pequeña ciudad de Vich.
Cuando
Joaquina y sus hijos andaban por la llanura huyendo, de pronto apareció una
misteriosa señora y la condujo hasta Vich a casa de una familia muy buena, que
los recibió con gran cariño. Enseguida la Señora desapareció y nadie pudo dar
razón de ella. Joaquina creyó siempre que fue la Sma. Virgen quien llegó a
auxiliarla.
Un día
mientras estaba rodeada de su familia, le pareció oír una voz que le decía:
"Pronto te vas a quedar viuda". Ella se preparó a aceptar la voluntad
de Dios, y a los dos meses, aunque su esposo gozaba de buena salud, y apenas
tenía 42 años, murió imprevistamente. Joaquina quedaba viuda a los 33 años, y
encargada de ocho hijitos.
Desde aquel
día dejó todos sus vestidos de señora rica. Y se dedicó por completo a ayudar a
los pobres y a asistir a los enfermos en los hospitales. Al principio la gente
creía que se había vuelto loca por la tristeza de la muerte de su esposo, pero
pronto se dieron cuenta de que lo que se estaba volviendo era una gran santa. Y
admiraban su generosidad con los necesitados.
Ella vivía como la gente más
pobre, pero todas sus energías eran para ayudar a los que padecían miseria o
enfermedad.
Durante
diez años estuvo dedicada a penitencias, muchas oraciones y continuas obras de
caridad, pidiéndole a Dios que le iluminara lo que más le convenía hacer para
el futuro.
Cuatro de sus hijas se fueron de religiosas y los otros cuatro hijos
se fueron casando, y al fin ella quedó libre de toda responsabilidad hogareña.
Ahora iba a poder realizar su gran deseo de cuando era niña: ser religiosa.
Se encontró
providencialmente con un sacerdote muy santo, el Padre Esteban, capuchino, el
cual le dijo que Dios la tenía destinada para fundar una comunidad de
religiosas dedicada a la vida activa de apostolado. El sabio Padre Esteban
redacta las constituciones de la nueva comunidad, y en 1826, ante el Sr. Obispo
de Vich, que las apoya totalmente, empieza con ocho jovencitas su nueva
comunidad a la cual le pone el nombre de "Carmelitas de la Caridad".
Pronto ya
las religiosas son trece y más tarde cien. Su comunidad, como el granito de
mostaza, empieza siendo muy pequeña, y llega a ser un gran árbol lleno de
buenos frutos. Ella va fundando casas de religiosas por toda la provincia.
Tuvo Santa
Joaquina la dicha de encontrarse también con el gran apóstol San Antonio María
Claret cuyos consejos le fueron de gran provecho para el progreso de su nueva
congregación.
Vino luego
la guerra civil llamada "Guerra Carlista" y nuestra santa, perseguida
por los izquierdistas, tuvo que huir a Francia donde estuvo desterrada por tres
años. Allí recibió la ayuda muy oportuna de un joven misteriosos que ella creyó
siempre haber sido San Miguel Arcángel, y Dios le preparó en estas tierras a
una familia española que la trató con verdadera caridad.
Al volver a
España, quizás como fruto de los sufrimientos padecidos y de tantas oraciones,
empezó a crecer admirablemente su comunidad y las casas se fueron multiplicando
como verdadera bendición de Dios.
En 1850
empezó a sentir los primeros síntomas de la parálisis que la iba a inmovilizar
por completo. Aconsejada por el Vicario Episcopal renunció a todos sus cargos y
se dedicó a vivir humildemente como una religiosa sin puesto ninguno.
Aunque
conservaba plenamente sus cualidades mentales, sin embargo dejó a otras
personas que dirigieran la Congregación. Dios le suscitó un nuevo y santo
director para su comunidad, el Padre Bernardo Sala, benedictino, quien se
propuso dirigir a las religiosas según el espíritu de la santa fundadora.
Durante
cuatro años la parálisis se fue extendiendo y la fue inmovilizando por completo
hasta quitarle también el habla. Vino luego una epidemia de cólera, la cual
acabó con su vida y el 28 de agosto de 1854 pasó santamente a la eternidad.
Antes había
tenido el gusto de ver aprobada su Comunidad religiosa por la Santa Iglesia en
1850. Y desde entonces ha venido ayudando de manera prodigiosa a sus religiosas
que se han extendido por muchos países.
La
Comunidad de Carmelitas de la Caridad tiene ahora 290 casas en el mundo con
2,724 religiosas. 40,079 niñas son educadas en sus colegios y 4,443 personas son
atendidas en sus hospitales.
Fue
declarada santa por el Papa Juan XXIII en 1959 (siendo ella la primera persona
que canonizó este Pontífice).






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