Origen
familiar y vocación hospitalaria
Se le puso el nombre compuesto de Ángel-Hércules, que han
sido como una premonición del espíritu y fuerza, que había de caracterizar su
personalidad.
Era
el quinto de quince hijos del matrimonio formado por Luis Menni y Luisa Figini.
En su hogar cálido y acogedor halló el apoyo y estímulo para su desarrollo
intelectual y personalidad.
La
llamada de Dios la siguió pronto: fino de conciencia, dejó un buen trabajo en
un banco y, altruista ante el que sufre, se ofreció a ayudar al traslado de los
soldados heridos que llegaban de la batalla de Magenta, cerca de Milán.
Admirado
de la entrega que entonces descubrió en los Hermanos de San Juan de Dios, a los
19 años pidió el ingreso en la Orden Hospitalaria.
Con
el nombre de Benito inició la vida religiosa y se consagró a Dios y a la
asistencia de los enfermos; con el mismo nombre le veneraremos como San Benito
Menni.
Formación
y misión hospitalaria
Durante
sus estudios de enfermería y sacerdotales fue forjando su personalidad
religioso-hospitalaria, que puso a disposición de los superiores, es decir de
la causa en favor de la sociedad más necesitada, como eran tantos enfermos.
España,
la cuna de la Orden Hospitalaria, vivía entre luchas políticas en declarada
hostilidad hacia lo religioso, mientras la obra de Juan de Dios había quedado
prácticamente extinguida; necesitaba un impulso renovador, y Benito Menni será
la persona providencial para su realización.
Destinado
a España en 1867, llevó a cabo sus dos grandes obras: la restauración de la
Orden de San Juan de Dios y la fundación de la Congregación femenina, "
Hermanas Hospitalarias del Sdo. Corazón de Jesús ".
Su
espíritu magnánimo, capacidad y disposición le ayudaron a superar muchas
dificultades y tomar grandes iniciativas de especial consideración en pro de
los enfermos y su asistencia integral.
Restaurador
de la Orden Hospitalaria
Mandado
por el entonces General de la Orden Juan M. Alfieri, que siempre fue su apoyo,
y con la bendición del papa Pío IX antes de salir de Roma, Benito Menni
manifiesta desde el primer momento su fuerte voluntad y espíritu decidido. A
los pocos meses abre con éxito el primer hospital infantil de España en
Barcelona (1867), que constituye el inicio de su extraordinaria obra
restauradora, que dirigirá durante 36 años.
Desde
el primer momento, gracias a su empeño vocacional, se le unirán numerosos y
generosos seguidores, con los cuales a su vez podrá dar continuidad a las
nuevas instituciones hospitalarias, que se multiplicarán por España, Portugal y
México, continuando después por todo el nuevo mundo.
Fundador
de las Hermanas Hospitalarias
Con
la llegada a Granada (1878), Benito Menni entra en contacto con dos jóvenes,
María Josefa Recio y María Angustias Giménez, las cuales serán en 1881 la
semilla de una nueva Institución sanitaria,
netamente femenina, con característica específica para la
asistencia psiquiátrica.
En
Ciempozuelos, Madrid, tiene su origen y se constituye la Casa Madre de la
"Congregación de las Hermanas Hospitalarias del Sagrado Corazón de
Jesús", la cual es aprobada por la Santa Sede en 1901.
Como
signo de su identidad en el servicio hospitalario les transmite su lema en seis
palabras: "rogar, trabajar, padecer, sufrir, amar a Dios y callar".
Muy
pronto, sin embargo, la nueva fundación extiende sus alas de caridad
misericordiosa y se establece por diversos países de Europa y América Latina, y
más tarde por África y Asia. Actualmente, en que tiene lugar la canonización de
Benito Menni, su fundador, se hallan presentes en 24 naciones con más de 100 Centros
hospitalarios.
Benito
Menni, en cuanto Fundador y Padre espiritual, les infundió su espíritu característico
juandediano, continuando durante más de 30 años su dirección y formación
ascético-hospitalaria.
Visitador
y Superior general de la Orden
La
magna obra que Benito Menni realizó como restaurador y fundador se extendió,
llamado por la Santa Sede, en favor de toda la Orden siendo nombrado primero
Visitador Apostólico de la misma (1909-1911) y a continuación como Superior
General (1911), a cuyo cargo, sin embargo, tuvo que renunciar un año después
por incomprensiones y por motivos de salud.
Sus
dos últimos años los pasó en humildad y purificación, muriendo santamente,
lleno de méritos, en Dinán, Francia, el 24 de abril de 1914.
Sus
restos, trasladados por sus Hermanos de España a Ciempozuelos, hoy son
venerados bajo el altar central de la "Capilla de los Fundadores" en la Casa Madre de sus
Hijas Hospitalarias de Ciempozuelos.
En
la Gloría de los santos
Abierto
su proceso de santidad en la diócesis de Madrid, donde está enterrado, en los
años 1945-1947, sus virtudes fueron reconocidas como heroicas por la
Congregación para las Causas de los Santos el 11 de mayo de 1982, por lo que
pasó a ser considerado " Venerable".
Reconocida
como milagrosa la curación en favor de Dña. Asunción Cacho, fue proclamado
"Beato" en la Basílica vaticana por el Papa San Juan Pablo II el 23
de junio de 1985. Su canonización fue el 21 de noviembre de 1999.












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