miércoles, 4 de marzo de 2026

4 de marzo fiesta de San Casimiro.



En su idioma, el polaco, Casimiro significa: "el que impone la paz". (Kas = imponer, Mir = paz).

Casimiro nació en 1458 en Cracovia. Era el tercero de los trece hijos de Casimiro, rey de Polonia. Muchos santos han salido de familias muy numerosas, y de esta clase de familias llegan a la Iglesia Católica excelentes vocaciones.

Su madre Isabel, hija del emperador de Austria, era una fervorosa católica y se esmeró con toda el alma porque sus hijos fueran también entusiastas practicantes de la religión. Ella en una carta a una amiga hace una formidable lista de las cualidades que debe tener una buena madre, y seguramente que esas cualidades fueron las que practicó con sus propios hijos.

Y además de la educación que le dieron sus padres, Casimiro tuvo la gran suerte de que el rey le consiguió dos maestros que eran buenísimos educadores. El Padre Juan y el profesor Calímaco. El Padre Juan era Polaco y dejó fama de ser muy sabio y muy santo, pero su mayor honor le viene de haber sido el que encaminó a San Casimiro hacia una altísima santidad. El Profesor Calímaco era un gran sabio que había sido secretario del Papa Pío II, y después estuvo 30 años en la corte del rey de Polonia ayudándole en la instrucción de los jóvenes. Calímaco dijo: "Casimiro es un adolescente santo", y el Padre Juan escribió también: "Casimiro es un joven excepcional en cuanto a virtud".

Claro está que no basta con recibir una buena educación de parte de los papás y tener buenos profesores, sino que es necesario que el joven ponga de su parte todo el empeño posible por ser bueno. Pues de los otros doce hermanos de Casimiro, que tuvieron los mismos profesores, ninguno llegó a la santidad, y algunos hasta dieron malos ejemplos. En cambio nuestro santo llegó a unas alturas de virtud que admiraron a los que lo conocieron y lo trataron.

Dicen los biógrafos de San Casimiro que su más grande anhelo y su más fuerte deseo era siempre agradar a Dios. Para eso trataba de dominar su cuerpo, antes de que las pasiones sensuales mancharan su alma. Siendo hijo del rey, sin embargo vestía muy sencillamente, sin ningún lujo. Se mortificaba en el comer, en el beber, en el mirar y en el dormir. Muchas veces dormía sobre el puro suelo y se esforzaba por no tomar licor. Y esto en un palacio real donde las gentes eran bastante inclinadas a una vida fácil y de muchas comodidades y comilonas.

Para Casimiro el centro de su devoción era la Pasión y Muerte de Jesucristo. En aquellos tiempos los maestros espirituales insistían frecuentemente en que para ser fervoroso y crecer en el amor a Dios aprovecha muchísimo el meditar en la Pasión de Jesucristo. Nuestro santo pasaba mucho tiempo meditando en la Agonía de Jesús en el Huerto y en los azotes que padeció, como también en la coronación de espinas y las bofetadas que le dieron a Nuestro Señor. Ratos y ratos se estaba pensando en la subida de Jesús al Calvario y en las cinco heridas del crucificado, y meditando en el amor que llevó a Jesús a sacrificarse por nosotros. Le gustaban los cristos muy sangrantes, y ante un crucifijo se quedaba tiempos y tiempos meditando, suplicando y dando gracias.
 
Otra gran devoción de Casimiro era la de Jesús Sacramentado. Como durante el día estaba sumamente ocupado ayudando a su padre a gobernar el Reino de Polonia y de Lituania, aprovechaba el descanso y el silencio de las noches para ir a los templos y pasar horas y horas adorando a Jesús en la Santa Hostia.

Sus preferidos eran los pobres. La gente se admiraba de que siendo hijo de un rey, nunca ni en sus palabras ni en su trato se mostraba orgulloso o despreciador con ninguno, ni siquiera con los más miserables y antipáticos. Un biógrafo (enviado por el Papa León X a recoger datos acerca de él) afirma que la caridad de Casimiro era casi increíble, un verdadero don del Espíritu Santo. 
Que el amor tan grande que le tenía a Dios, lo llevaba a amar inmensamente al prójimo, y que nada le era tan agradable y apetecible como la entrega de todos sus bienes en favor de los más necesitados, y no sólo de sus bienes materiales, sino de su tiempo, sus energías, de su influencia respecto a su padre y de su inteligencia. Que prefería siempre a los más afligidos, a los más pobres, a los extranjeros que no tenían a nadie que los socorriera, y a los enfermos. Que defendía a los miserables y por eso el pueblo lo llamaba "el defensor de los pobres".

Su padre quiso casarlo con la hija del Emperador Federico, pero Casimiro dijo que le había prometido a la Virgen Santísima conservarse en perpetua castidad. Y renunció a tan honroso matrimonio.
 
Los secretarios y otras personas que vivieron con Casimiro durante varios años estuvieron todos de acuerdo en afirmar que lo más probable es que este santo joven no cometió ni un solo pecado grave en toda su vida. Y esto es tanto más admirable en cuanto que vivía en un ambiente de palacio de gobierno donde generalmente hay mucha relajación de costumbres. La gente se admiraba al ver que un joven de veinte años observaba una conducta tan equilibrada y seria como si ya tuviera sesenta.

A su padre el rey le advertía con todo respeto pero con mucha valentía, las fallas que encontraba en el gobierno, especialmente cuando se cometían injusticias contra los pobres. Y el papa atendía con rapidez a sus peticiones y trataba de poner remedio.

Casimiro llegó lo mismo que San Luis Gonzaga, San Gabriel de la Dolorosa, San Estanislao de Koska, San Juan Berchmans, y Santa Teresita de Jesús, a una gran santidad, en muy pocos años.

Se enfermó de tuberculosis, y el 4 de marzo de 1484, a la corta edad de 26 años, murió santamente dejando en todos los más edificantes recuerdos de bondad y de pureza. Lo sepultaron en Vilma, capital de Lituania.

A los 120 años de enterrado abrieron su sepulcro y encontraron su cuerpo incorrupto, como si estuviera recién enterrado. Ni siquiera sus vestidos se habían dañado, y eso que el sitio donde lo habían sepultado era muy húmedo.

Sobre su pecho encontraron una poesía a la Sma. Virgen, que él había recitado frecuentemente y que mandó que la colocaran sobre su cadáver cuando lo fueran a enterrar. Esa poesía que él había propagado mucho empieza así:

Cada día alma mía, di a María su alabanza. En sus fiestas la honrarás y su culto extenderás, etc., etc.

Hasta después de muerto quería que en su sepulcro se honrara a la Virgen María a quien le tuvo inmensa devoción durante toda su vida.

San Casimiro trabajó incansablemente por extender la religión católica en Polonia y Lituania, y estas dos naciones han conservado admirablemente su fe católica, y aún en este tiempo cuando las gentes ven que está en peligro su religión, invocan al santo joven que fue tan entusiasta por nuestra religión.
 Y él demuestra con verdaderos prodigios lo mucho que intercede ante Dios en favor de los que lo invocan con fe.


martes, 3 de marzo de 2026

3 de marzo fiesta de santa Catalina (Katherina) Drexel.


Nacida en Filadelfia, Pensilvania, en los Estados Unidos de América, el 26 de noviembre de 1858, Catalina Drexel fue la segunda hija de Francis Anthony Drexel y Hannah Langstroth. Su padre era un bien conocido banquero y filántropo.

Ambos padres inculcaron en sus hijas la idea de que su riqueza simplemente era prestada a ellos y debía ser compartida con otros.

Cuando la familia hizo un viaje al Oeste de los Estados Unidos, Catalina, como una mujer joven, vio la condición y degradación de los nativos indio-americanos.

Esta experiencia despertó su deseo de hacer algo específico para ayudar a aliviar su condición. Éste fue el inicio de una vida de apoyo personal y financiero a numerosas misiones y misioneros en los Estados Unidos. La primera escuela que ella estableció fue la St. Catherine Indian School en Santa Fe, Nuevo México (1887).

Después, cuando visitó al Papa León XIII en Roma, le pidió proveer de misioneros para algunas de las misiones indias que ella como una persona laica estaba financiando, se sorprendió al oír al Papa sugerirle que ella misma se haga misionera.
Después de consultar con su director espiritual, el Obispo James O´Connor, tomó la decisión de entregarse   totalmente a Dios, junto con su herencia, a través del servicio a los indios americanos y a los afro-americanos.

Su riqueza se transformó ahora en una pobreza de espíritu que se volvió una constante diaria en su vida, recibiendo apoyo tan sólo para sus necesidades básicas.

El 12 de febrero de 1891, ella profesó sus primeros votos como una religiosa, fundando a las Hermanas del Santísimo Sacramento cuya dedicación sería compartir el mensaje del Evangelio y la vida en la Eucaristía entre los indios americanos y afro-americanos.

Siendo desde siempre una mujer de oración intensa, Catalina encontró en la Eucaristía la fuente de su amor para el pobres y oprimidos y de su preocupación para combatir los efectos de racismo.

Conociendo que muchos afro-americanos estaban aún lejos de la libertad y todavía vivían en condiciones denigrantes como labradores o criados mal pagados, a los que se les negaba la educación y los derechos constitucionales que si eran disfrutados por otros, sintió la compasiva urgencia de ayudar a cambiar las actitudes raciales en los Estados Unidos.

Las plantaciones, en aquella época, eran una atrincherada institución social que hacía que las personas de color siguieran siendo víctimas de opresión. Ésta era una profunda afrenta al sentido de justicia de Catalina.

 La necesidad de ofrecer a la gente de color una institución educativa de calidad era prioritario para ella, por ello habló sobre este tema con quienes compartían su preocupación por la desigualdades en la educación de los afro-americanos. Restricciones legales en el sur rural también obstaculizaban el acceso a una educación básica.

Fundar y proveer de personal a escuelas, a lo largo del país, que atendieran a los nativo-americanos y afro-americanos se volvió una prioridad para Catalina y su congregación.



Durante su vida, ella abrió, proveyó de personal, y apoyó directamente casi 60 escuelas y misiones, sobre todo en el Oeste y Sudoeste de los Estados Unidos. Su máximo logro en el campo educativo fue la creación, en 1925, de la Xavier University en Louisiana, la única institución de educación superior en los Estados Unidos destinada predominantemente a los afro-americano católicos.

La educación religiosa, el servicio social, las visitas en los hogares, hospitales y prisiones forman parte del ministerio de Catalina y su Congregación.

De una manera callada y serena, Catalina armonizaba una piadosa y total dependencia a la Divina Providencia con un activismo muy marcado. Su alegre iniciativa en armonía con el Espíritu Santo, superaba los obstáculos y facilitó sus adelantos en el campo de la justicia social.




A través del testimonio profético de Catalina Drexel, la Iglesia en los Estados Unidos pudo darse cuenta de la grave necesidad doméstica por un apostolado que trabajara para los nativo-americanos y afro-americanos. 

Ella no dudó hablar contra la injusticia y toma una posición pública cuando la discriminación racial era evidente.

Durante los últimos 18 años de su vida ella sufrió de una grave enfermedad que la dejó casi completamente inmóvil. Durante estos años hizo una vida de intensa adoración y contemplación tal como lo había deseado en su niñez. Murió el 3 de marzo de 1955.

Catalina dejó un dinámico legado de cuatro conceptos a sus Hermanas del Santísimo Sacramento, quienes continúan su apostolado hoy al servicio de todas las gentes:
·        Su amor para la Eucaristía, su espíritu de oración, y su perspectiva de unidad de toda la gente en torno a la Eucaristía;

·        Su espíritu indómito de valerosa iniciativa para enfrentar la injustita social existente y la protección a las minorías étnicas cien años antes de que tal preocupación despertara interés público en los Estados Unidos;

·        Su creencia en la importancia de educación de calidad para todos, y sus esfuerzos por lograrlo;

·        Su donación total de su persona, de su herencia y todo lo material en generoso servicio generoso a las víctimas de injusticia.

Catalina Drexel fue beatificada por el Papa Juan Pablo II el 20 de noviembre de 1980 y canonizada por él mismo el 1 de octubre de 2000.

lunes, 2 de marzo de 2026

2 de marzo fiesta del Beato Engelmar Unzeitig, el ángel de Dachau.



Hubert Unzeitig nació el 1 de marzo de 1911 en Greifendorf (Moravia del Este, República Checa), se unió a la edad de 17 años a la comunidad de los Misioneros de Mariannhill en Reimlingen, cerca de Augsburgo (Alemania), y su nombre religioso fue Engelmar.

Después de estudiar teología y filosofía en Wurzburgo (Baviera, Alemania), fue ordenado sacerdote en 1939 y designado párroco de Glöckelberg en Cesky Krumlov (en la región de Bohemia, República Checa). Allí, el 21 de abril de 1941, fue detenido por la Gestapo.



María Huberta Unzeitig (hermana de Engelman) nos cuenta lo ocurrido: «De repente vi cómo paraba allí un coche -en la casa rectoral- y eso me asustó un poco.

 Al poco rato, mi hermano vino donde yo estaba y me dijo: "¡Mira, la Gestapo está aquí! ¡Ven conmigo rápidamente!". Mientras tanto los dos oficiales registraban todo en la oficina parroquial. 

Página tras página, miraron los sermones de mi hermano y cogieron algunos de ellos. Hubert estaba pálido mientras cogía su pequeña maleta para poner en ella algunas cosas. 

Yo no fui capaz de hacerle algo para comer. Me hubiera gustado cocinar algo para él. Pero todo ocurrió muy rápido…».

Después de seis semanas de incertidumbre y ansiosa espera en situación de prisión preventiva, llegó de Berlín una orden según la cual el destino del prisionero Hubert Unzeitig era el Campo de Concentración de Dachau -"KZ Dachau"-.

 No tenía entonces más de 30 años y en aquel infierno, el P. Engelmar iba a comenzar el último y más denso capítulo de su vida.

Cuando los prisioneros llegaban a la estación de tren de Dachau tenían que esperar de pie durante horas antes de ser introducidos en el campo de concentración. Cuando el P. Engelmar entró en el CC Dachau tuvo que pasar, como todos los demás, por el humillante proceso de "admisión". 

Con rapidez se le rasuró el pelo y el vello de todo el cuerpo. Luego su cuerpo fue desinfectado con un líquido maloliente e irritante. Después una ducha. Dependía del capricho personal de los guardias de las SS que fuera con agua helada o hirviendo.

El prisionero era sólo un número y al P. Engelmar le correspondió el 26.147. El membrete de sus cartas rezaba así: «Unzeitig Hubert, nacido el 1 de marzo de 1911, número de prisionero 26.147, bloque 26/2, Dachau K».

El P. Johannes Maria Lenz, SJ llamó al Campo de Concentración de Dachau “el convento más grande del mundo”, pues en alguna ocasión llegó a haber detenidos allí hasta 3.000 clérigos. 

El bloque 26 y los bloques 28 y 30, donde se encontraban los clérigos de otras confesiones religiosas, estaban rígidamente separados de los demás. Como a casi todos los prisioneros que eran clérigos, cosieron a la chaqueta y al pantalón del P. Engelmar unos triángulos de color rojo, distintivo de los llamados "presos políticos".

En una carta, a su hermana, escrita en Dachau el Venerable dice: "Todo lo que hacemos, lo que queremos, es la certeza de ser guiados por la gracia. La omnipotente gracia de Dios nos ayuda a superar los obstáculos... el amor duplica nuestras fuerzas, nos da inventiva, nos hace sentir satisfechos y libres interiormente. “Si tan sólo la gente se diera cuenta de lo que Dios tiene preparado para los que le aman".

También escribió de este infierno de sufrimiento: "Incluso detrás de los más duros sacrificios y peores sufrimientos está Dios con su amor de Padre, que está satisfecho con la buena voluntad de sus hijos y les da felicidad".

En el verano de 1942 faltaron los víveres en Dachau, desatándose un hambre atroz en todo el campo. Pese a todo, el trabajo debía ser realizado con toda normalidad. La dirección del campo permitió la recepción de paquetes en el otoño de aquel año. La medida supuso un alivio para todos. 

Con la llegada de estos paquetes, los sacerdotes prisioneros organizaron toda una red de distribución de víveres. Dado que mucha comida recibida debía ser preparada y cocinada, se instaló un fogón en un rincón del bloque 26 y entre los presos se empezó a denominar a aquel lugar la "Iglesia-Cocina".

El P. Engelmar consideró una exigencia de la caridad cristiana el compartir los alimentos que recibía con otros prisioneros. En una carta de enero de 1943, escribía: «Depende de nosotros hacer cada cosa por la gloria de Dios y hacer felices a los demás. Obtenemos así el más grande de los beneficios y la vida se vuelve más llevadera. 

En este sentido, yo uso los bienes que recibo, enviados por mis seres queridos a nuestra reclusión, para compartirlos con otros, porque no todos tienen la suerte de recibir algo». En otra carta pide a los suyos que no se priven de la comida para mandársela a él.

Él se consideraba a sí mismo el último. Cuando recibía un paquete de casa, siempre encontraba a alguien con quien compartir. Mendigaba entre sus hermanos sacerdotes para luego entregar lo recogido allí donde más se necesitaba.

 Muchas limosnas pasaban por sus manos e iban a parar a los prisioneros más necesitados; a gran número de los cuales conocía, debido a su mucho tiempo de estancia en el campo.

Entre las muchas acciones pastorales y misioneras que el P. Engelmar desarrolló en el infierno de Dachau destacan aquellas que realizó a favor de los prisioneros rusos. El P. Engelmar entró en contacto con los presos rusos en la barraca llamada "Messerschmitt", donde tenía que trabajar con otros sacerdotes alemanes y austriacos. 

A pesar de las amenazas de severos castigos, el P. Engelmar administraba los sacramentos, asistía a los moribundos, llevaba la comunión a los enfermos. Junto con otros sacerdotes, el P. Engelmar tradujo al ruso partes de la Sagrada Escritura, textos del Catecismo y párrafos del libro “La Imitación de Cristo”. 

Los prisioneros rusos leían con avidez y a escondidas estos textos. Según el P. Joseph Witthaut: «Engelmar estudió con aplicación el ruso. Parecía como si pensara trabajar un día como misionero en el Este».

A finales de diciembre de 1944, con rapidez vertiginosa, una epidemia de tifus se extendió por todo el campo de concentración. Cada día la muerte se cobraba su ración de víctimas. Los contagiados por el tifus eran tantos que los enfermos no podían ser instalados en la enfermería del campo. 

Con rapidez, las autoridades del campo destinaron unas barracas como enfermería, que aislaron del resto de las barracas. Expuestos a la enfermedad, sin protección alguna, los enfermos morían como mueren las moscas. Según una estadística del campo, el término medio de defunciones diarias alcanzaba el centenar.

El P. Sales Hess nos relata: «En medio de tan gran apuro la dirección del campo se acordó de los curas… Reconocieron entonces nuestro espíritu de sacrificio, pues hasta entonces los curas y religiosos éramos parásitos a los ojos de las SS».

 Al ofrecerse como voluntario, el P. Engelmar realizó la decisión más importante de su vida: se encaminó voluntariamente hacia la muerte por amor a aquellos hermanos suyos. Aquellos bloques del tifus en Dachau se convirtieron en la última parroquia del P. Engelmar.

P. Johannes Maria Lenz, SJ: «Los cuidados y servicios eran para el P. Engelmar expresión necesaria y fruto de su amor sacerdotal hacia el prójimo. 

Con gusto confesaba a sus pobres y de manera tranquila y bondadosa repartía consuelo… 

Una tarde me llamaron desde una ventana de la segunda habitación. 

Era Engelmar, que llamaba y preguntaba por mí… Quería óleo de enfermos para sus pacientes moribundos, porque se le había terminado el suyo… 

La fiebre brillaba en sus ojos y había manchas rojas en sus flacas mejillas… no parecía darse cuenta de que la muerte ya le había echado mano sin remedio. 

Él quería seguir ayudando todavía a muchos, porque muchos eran los que esperaban su ayuda. En sí mismo, él no pensaba».

El P. Engelmar fue trasladado a la barraca de los enfermos. 

El traslado ocurrió el 20 de febrero de 1945. Los médicos le diagnosticaron tifus en estado avanzado. 

Durante aquellos días experimentó una leve mejoría, recayendo en seguida y muriendo el 2 de marzo de 1945. El día antes había cumplido 34 años.

P. Richard Sneider: «Cuando se conoció la noticia de su muerte, mi único pensamiento fue cómo hacerme con sus restos mortales, de otra manera acabarían en la fosa común de las cenizas. Mi relación con el capo –prisionero encargado de un grupo de trabajo- del crematorio, un paisano compatriota de Baden, lo hizo posible...

 Le pedí si podía, cuando trabajara solo por la noche en el crematorio, quemar el cuerpo del P. Engelmar por separado y darme las cenizas... Cierta mañana, el capo me trajo las cenizas en una bolsa de papel. 

Cuando se le preguntó en la puerta del campo qué llevaba en la bolsa, contestó que era arena seca y le dejaron pasar. A través de la plantación donde yo solía trabajar, las cenizas, con la ayuda de un sacerdote de Muensterschwarzzach, llegaron al monasterio de Mariannhill en Würzburg».

El P. Willehad Krause, CMM, Rector del Seminario de Mariannhill en Würzburg, nos dejó el siguiente testimonio: «El 29 de marzo recibí de una manera muy sigilosa una pequeña caja de madera. Dentro estaban las cenizas de nuestro P. Engelmar en una pequeña bolsa de lino. Una nota decía que aquellas eran sus genuinas cenizas -"Veri cineres beati in Domino defuncti P. Unzeitig"-. El 30 de marzo, Viernes Santo, bajamos la pequeña caja a nuestro panteón, mientras las bombas seguían explotando en el cementerio…

 En junio de 1947 obtuve el permiso de las autoridades del cementerio para abrir el panteón y poner las cenizas en una urna de metal, que habíamos conseguido entretanto. 

La pequeña bolsa de lino se había descompuesto. En el fondo de la caja hallamos dos cartas en un sobre. Estaban tan pegadas la una a la otra, debido a la humedad, que no las pudimos recuperar…»

En 1968 la urna fue trasladada a la capilla de la Iglesia del Sagrado Corazón de los Misioneros de Mariannhill en Würzburg.





El 3 de julio de 2009, el Papa Benedicto XVI aprobó el decreto en el que se reconoce las virtudes heroicas de este Siervo de Dios. Fue beatificado el 24 de septiembre de 2016 en Würzburg, Alemania y la ceremonia estuvo presidida por el Cardenal Angelo Amato.

domingo, 1 de marzo de 2026

Marzo es el mes dedicado a San José.

 


En el Plan Reconciliador de Dios, San José tuvo un papel esencial: Dios le encomendó la gran responsabilidad y privilegio de ser el padre adoptivo del Niño Jesús y de ser esposo virginal de la Virgen María. San José, el santo custodio de la Sagrada Familia, es el santo que más cerca está de Jesús y de la Santísima de la Virgen María.

 
Su padre era Helí. Probablemente nació en Belén, la ciudad de David del que era descendiente.
 Al comienzo de la San Mateo (1,16) llama a San José el hijo de Jacob; según San Lucas (3,23), shistoria de los Evangelios (poco antes de la Anunciación), San José vivía en Nazaret.

Según San Mateo 13,55 y Marcos 6,3, San José era un "tekton". La palabra significa en particular que era carpintero o albañil. San Justino lo confirma, y la tradición ha aceptado esta interpretación.

Nuestro Señor Jesús fue llamado "Hijo de José", "el carpintero" 

(Jn 1,45;6,42; Lc 4,22).

 

Como sabemos no era el padre natural de Jesús, quién fue engendrado en el vientre virginal de la Virgen María por obra del Espíritu Santo y es Hijo de Dios, pero José lo adoptó amorosamente y Jesús se sometió a él como un buen hijo ante su padre. ¡Cuánto influenció José en el desarrollo humano del niño Jesús! ¡Qué perfecta unión existió en su ejemplar matrimonio con María!

 

NIÑO JESÚS (RESTAURACIÓN).







Esta imagen del Niño Jesús es de origen española y seguramente que era muy hermosa  allá por el año 1950-60. Empieza el dasafío para DEJARLA COMO EN AQUELLA ÉPOCA. Manos a la obra, te cuento los pasos:
1)    Desengrasarla muy bien y limpiarla hasta en los últimos recovecos. Mientras tanto vamos tomando nota en algún dibujito casero que ideemos de sus colores originales. Fundamental hacerlo ahora, porque luego del lijado ya se dificulta (igualmente aquí no hay problema si no se hace, ya que muchos colores no hay). En esta imagen pueden ver que hay una pintura NO ORIGINAL y una restauración no muy bien hecha, mucho pegote de epoxi transparente y partes mal pegadas.











2)    Reparar y reponer partes de la imagen dañadas o faltantes (manos, dedos, pies, etc.). Las partes mal pegadas hay que sacarlas con algún bisturí o espátula pequeña para volverla a pegar o directamente rehacerla en yeso y enduído.
3)    Lijar todo muy bien con lijas de granos finos. Esta tarea puede llevar algunos días. Va a costar sacar el color “dorado del cabello”. Por eso como les digo siempre, una cosa es ser devoto del Niño Jesús y otra es caer en lo ridículo, “NUNCA SE PUEDE PINTAR UN NIÑO JESÚS CON PELOS DORADOS”.
4)    Se le pasa goma laca incolora para sellar poros, por lo menos 3 manos.
5)    Como les digo siempre lo más lindo es “pintar”. Varios recipientes con goma laca y los pigmentos naturales siempre a mano. La pintura se prepara de a poco ya que seca muy rápido y no es cuestión de desperdiciar los pigmentos. Recordar que algunos colores se forman por la superposición de colores más claros (la piel es uno de ellos). Si se crea un color, no olviden de anotar sus proporciones, de lo contrario tardarán mucho en volver a conseguirlo, o lo que es peor deberán cambiar el color. Por cada color un mínimo de 5 manos. Recomiendo empezar por los colores más claros. Siempre tengan un recipiente con alcohol para ir dejando dentro de él los pinceles usados (la goma laca se disuelve en él) caso contrario les costará mucho su posterior limpieza.
6)    Una vez lista la pintura, vienen los retoques y el fileteado en dorado del pañal (si es que les gusta). Si se quiere se pone aureola o bien se lo puede vestir con alguna ropa antigua de bebé y ponerlo en alguna cuna hecha con maderas e hilos rústicos o bien sobre un almohadón bordado.
7)    Cuando se pinta con pigmentos naturales puede obviarse el barniz final, aunque hay personas que igualmente le suelen pasar.
 

Si tienen algún Niño Jesús para restaurar no lo dejen para el mes de diciembre, háganlo antes y con tiempo. “TODO LO QUE SE HACE A LAS APURADAS SIEMPRE SALE MAL O NO MUY BIEN”.