miércoles, 7 de octubre de 2026

7 de octubre fiesta de la VIRGEN DEL ROSARIO.



La Virgen María se apareció en 1208 a Santo Domingo de Guzmán en una capilla del monasterio de Prouilhe (Francia) con un rosario en las manos, le enseñó a rezarlo y le dijo que lo predicara entre los hombres; además, le ofreció diferentes promesas referentes al rosario. El santo se lo enseñó a los soldados liderados por su amigo Simón IV de Montfort antes de la Batalla de Muret, cuya victoria se atribuyó a la Virgen. Por ello, Montfort erigió la primera capilla dedicada a esta advocación.
En el siglo XV su devoción había decaído, por lo que nuevamente la imagen se apareció al beato Alano de Rupe, le pidió que la reviviera, que recogiera en un libro todos los milagros llevados a cabo por el rosario y le recordó las promesas que siglos atrás dio a Santo Domingo.





En el siglo XVI, San Pío V instauró su fecha el 7 de octubre, aniversario de la victoria en la Batalla de Lepanto, donde las fuerzas cristianas derrotaron a los turcos que invadían Europa (atribuida a la Virgen), denominándola Nuestra Señora de las Victorias; además, agregó a la letanía de la Virgen el título de Auxilio de los Cristianos. Su sucesor, Gregorio XIII, cambió el nombre de su festividad al de Nuestra Señora del Rosario.2 A causa de la victoria en la batalla de Temesvár en 1716, atribuida por Clemente XI a la imagen, el papa ordenó que su fiesta se celebrase por la Iglesia universal. León XIII, cuya devoción por esta advocación hizo que fuera apodado el Papa del Rosario, escribió unas encíclicas referentes al rosario, consagró el mes de octubre al rosario e incluyó el título de Reina de Santísimo Rosario en la letanía de la Virgen.





Como anécdotas, tanto la Virgen de Lourdes en su aparición de 1858 como la de Fátima en 1917 pidieron a sus videntes que rezasen el rosario. Gran parte de los papas del siglo XX fueron muy devotos de esta advocación, y Juan Pablo II manifestó en 1978 que el rosario era su oración preferida, lo mismo han dicho Benedicto XVI y el Papa Francisco.






¡Felicidades a todas las Misioneras de la Caridad!





Un 7 de octubre del año 1950, festividad de Nuestra Señora del Rosario, la Santa Sede aprueba a la nueva Congregación india. Felicidades queridas hermanas por tantos años, que nuestra Santa Madre Teresa de Calcuta, las proteja y guíe.



¡Muchas felicidades a todas las hermanas 
en este nuevo Aniversario!




martes, 6 de octubre de 2026

6 de octubre fiesta de SAN BRUNO.




Nacido en Alemania hacia los años 1027-1030, Bruno de Hartenfausts, fundador de la Orden Cartujana, fue un hombre de grandes cualidades morales e intelectuales que contó con una completa formación en diversos campos del saber que recibió en su Colonia natal y en las villas francesas de París, Tours, y Reims, ciudad esta última donde accedió a importantes cargos eclesiásticos y docentes (Canónigo y Maestrescuela de la Catedral) en los que muy pronto alcanzó fama y prestigio. Cuentan sus biógrafos sin embargo que la intensa actividad que estos cargos comportaban estaba muy lejos de las aspiraciones más íntimas de San Bruno quien siempre había manifestado una intensa atracción por la vida eremítica, es decir, por una vida solitaria de total y absoluta dedicación a la oración y la contemplación. 


Por ello, entrado en su madurez, decidió dar un cambio de rumbo a su vida y acompañado por un grupo de amigos con los que compartía idénticas inquietudes, comenzó a buscar un lugar adecuado, aislado y retirado para poder desarrollar su verdadera vocación. Primero, marchó a la abadía de Molesme, permaneciendo en retiro en Séche-Fontaine, localidad perteneciente a dicho monasterio. Sin embargo, no encontrando allí la radical soledad que él anhelaba, se dirigió junto a sus seis compañeros a Chartreuse, un inhóspito valle, entre montañas, de difícil acceso, sito a 24 kilómetros de Grenoble, que le fue proporcionado por San Hugo, el Obispo de la ciudad. Fue en este emplazamiento donde, a partir del año 1084, se inició un modo de vida monástica en cierta medida nuevo y original que fue el germen y principio de la Orden Cartujana. 
Durante varios años San Bruno guió los pasos de la primera comunidad de cartujos. Sin embargo, pronto tuvo que abandonar aquel lugar ante la petición del Papa Urbano II quien, para poder contar con su ayuda y asesoramiento, reclamó su presencia en Roma. San Bruno residió en aquella ciudad durante algún tiempo hasta que el Pontífice le permitió retirarse en un pequeño eremitorio, sito en Calabria (Italia), llamado Santa María de la Torre, que constituyó la segunda fundación de la Orden. 
Allí permaneció hasta su muerte, acaecida el 6 de octubre de 1101, dejando una huella imborrable en la historia de la Cristiandad, huella que quedó reconocida cuando San Bruno fue canonizado en el año 1514 por el Papa León X. Por entonces su Orden estaba extendida por todo el orbe católico.





lunes, 5 de octubre de 2026

5 de octubre fiesta de santa Ana Schäffer


La historia de la alemana Ana Schäffer es de las que impresionan. Nació en un pequeño pueblo de Baviera llamado Mildestetten ,  el 18 de febrero de febrero de 1882, en el seno de una familia numerosa y muy humilde.

A los cuatro años se quedó huérfana de padre, y aunque en la escuela era una de las mejores alumnas, a los 13 empezó a trabajar como empleada doméstica. Silenciosa, humilde y piadosa, su verdadera vocación, no obstante, era la de ser religiosa.

De hecho, albergaba la esperanza de que parte del dinero que ganaba le permitiera comprar el ajuar para poder profesar. 



Su sueño, sin embargo, se vio truncado de golpe el 4 de febrero de 1901. Se hallaba trabajando en la casa en la que servía, cuando el cañón de la estufa, situado encima de una olla donde hervían la ropa, se soltó de la pared.

Ella intentó volver a colocarlo en su sitio, con tan mala fortuna que resbaló y cayó en el agua hirviendo. Se le quemaron las dos piernas hasta la altura de las rodillas. Pronto se vio que las heridas, además de dolorosas, eran muy graves. 

De hecho, los médicos de varios hospitales no fueron capaces de curarla y, con apenas 19 años, la muchacha quedó inválida y postrada en una cama.

Aunque inicialmente se rebeló contra ese destino, pronto se dio cuenta de que incluso en el lecho podía ser de utilidad en la evangelización. 

Al fin y al cabo, aún podía escribir, y coser, y sobre todo, rezar, rezar por todos aquellos que se lo pidieran. Pronto empezó a recibir cartas de gente necesitada de amor y de consuelo.

Le llegaban, no solo de su país, sino también de Austria, de Suiza, de América... Así vivió el resto de su vida, en medio de atroces sufrimientos, hasta su muerte el 5 de octubre de 1925. 

Pasó, en total, 24 años encerrada en una habitación, a la que bautizó como “el taller del dolor”, y con las “tres llaves” que Dios le había concedido para “abrir las puertas del Cielo”: “mis sufrimientos, la aguja y la pluma”. 

Ana Schäeffer, la hija del carpintero de Mildestetten, fue misionera desde la cama. 

San Juan Pablo II la beatificó el 7 de marzo de 1999.


El 21 de octubre de 2012 fue canonizada por el Papa Benedicto XVI.

5 de octubre fiesta del Beato Alberto Marvelli.



Nace en Ferrara, Italia, el 21 de marzo de 1918. Es el segundo de seis hermanos. Crece en una familia cristiana, en la que a la vida de piedad se unen actividades caritativas, catequísticas y sociales.

Participa en el Oratorio salesiano y en la Acción Católica, donde madura su fe con una opción decisiva: “mi programa de vida se resume en una palabra: santidad”.

Alberto reza con recogimiento, enseña la catequesis con convicción, demuestra celo apostólico, caridad y serenidad.





Posee un carácter fuerte, decidido, voluntarioso y generoso y un fuerte sentido de la justicia, por ello influye moralmente entre sus compañeros.

Es deportista y dinámico; ama el tenis, el fútbol, la natación, las excursiones en la montaña, pero su gran pasión será la bicicleta, en la que descubre un medio privilegiado para su apostolado y su acción caritativa.

Madura su formación cultural y espiritual en la Federación Universitaria Católica Italiana (F.U.C.I.), eligiendo como modelo de vida juvenil a Pier Giorgio Frassati.

Una vez finalizados sus estudios universitarios en ingeniería mecánica el 30 de junio de 1941, Alberto debe enrolarse como militar, puesto que Italia está en guerra, una guerra que él condena con lucidez y firmeza: “descienda pronto la paz con justicia para todos los pueblos, la guerra desaparezca para siempre de la faz de la tierra”.

Dado de baja en el ejército por tener tres hermanos en el frente, trabaja durante un breve período en la FIAT de Turín.




Tras los trágicos acontecimientos del 25 de julio que lleva a la caída del fascismo y la ocupación alemana del territorio italiano el 8 de septiembre de 1943, Alberto vuelve a su casa de Rímini. Sabe cuál es su misión: transformarse en obrero de la caridad.

Después de cada bombardeo Alberto es la primera persona en ayudar a los heridos, a dar valor a los sobrevivientes y a asistir a los moribundos, a sacar de las ruinas a los sepultados vivos.
A su alrededor hay no sólo ruinas sino también tanta hambre. Alberto distribuye a los pobres colchones, frazadas, ollas y todo lo que logra recoger. Va donde los campesinos y comerciantes, compra alimentos y después, en su bicicleta cargada de provisiones, sale en busca de los que tienen hambre. 

Muchas veces regresa a su casa sin zapatos e incluso sin bicicleta: había dado a quien tenía más necesidad que él.

Durante el período de la ocupación alemana Alberto logra salvar a muchos jóvenes de la deportación. Con una acción heroica consigue abrir los vagones del tren que partía desde la estación de San Arcángel y libera a hombres y mujeres que iban destinados a los campos de concentración.




Después de la liberación de la ciudad el 23 de septiembre de 1945, al constituirse la primera junta del Comité de liberación, entre los asesores figura Alberto Marvelli, a pesar de no estar inscripto en ningún partido político ni pertenecer a los “partigiani”.
Todos han reconocido y valorado el gran trabajo realizado por él a favor de los sin techo.

Tiene 26 años, es joven, pero afronta concretamente los problemas, con aptitud y competencia. Posee coraje en las situaciones más difíciles y una disponibilidad sin límites.

Le confían el cargo más arduo: ocuparse de poner orden en la concesión de viviendas en la ciudad. Después le encargan el área de la reconstrucción, como colaborador del Ente de Ingenieros Civiles.

Alberto escribe en un pequeño bloc: “servir es mejor que hacerse servir. Jesús sirve”. Es con este espíritu de servicio que Alberto asume siempre sus obligaciones cívicas.
Cuando en Rímini vuelven a surgir los partidos políticos, se inscribe en la Democracia Cristiana. 

Vive su compromiso político como un servicio a la sociedad organizada: la actividad política podía y debía transformarse en la expresión más alta de la fe vivida.

En 1945 el Obispo lo llama a dirigir a los Profesionales Católicos. Su compromiso se sintetizó en dos palabras: cultura y caridad.

Convencido de que “no es necesario llevar la cultura sólo a los intelectuales sino a todo el pueblo”, funda una Universidad popular. Abre un comedor para pobres.

Los invita a misa y reza con ellos; después, en la mesa sirve la comida y escucha sus necesidades. Su actividad a favor de todos no conoce descanso. Como cofundador de la A.C.L.I. (Asociación Católica de Trabajadores Italianos), forma una cooperativa para los que se dedican a la construcción; es la primera cooperativa “blanca” en la “roja” región italiana de la Romaña.

La intimidad con Jesús Eucarístico lo lleva a no encerrarse en sí mismo, a no desatender su compromiso con la historia. 

Por el contrario, cuando se da cuenta de que el mundo que lo circunda está bajo el signo de la injusticia y del pecado, la Eucaristía le da fuerzas para realizar su trabajo de redención y liberación, capaz de humanizar la faz de la tierra.







Al anochecer del 5 de octubre de 1946, mientras se dirige en bicicleta a un mitin electoral, siendo uno de los candidatos para la elección de la primera administración comunal, un camión militar lo atropella y le provoca la muerte. Tenía 28 años.

Toda Italia lloró su muerte. En la historia del apostolado de los laicos, la figura de Alberto Marvelli se presenta como la de un precursor del Concilio Vaticano II en lo que se refiere a la animación y el compromiso apostólico de los laicos en la transformación cristiana de la sociedad. 

El siervo de Dios Jorge La Pira escribió sobre él: “La Iglesia de Rímini podrá decir a las próximas generaciones: yo os muestro cómo es la vida cristiana auténtica”.

Fue beatificado por el Papa San Juan Pablo II, el 5 de septiembre del año 2004 en la esplanada de Montorso, Loreto.