Imaginería religiosa "San Juan de Dios"
Hace más de 25 años realizamos y restauramos imágenes religiosas. Les mostraré mis piezas, cómo las hago y las distintas técnicas que empleo. Muchas de las piezas se encuentran a la venta, sólo tienen que consultar. Muchas gracias por compartir conmigo este espacio y recomendarlo a otras personas. Estamos en Misiones y en Buenos Aires (Capital Federal) Argentina. Para comunicarse escribir al email: daniel1962ar@gmail.com o bien al whatsapp: +5491132720490
domingo, 3 de mayo de 2026
3 de mayo fiesta de San Felipe y Santiago.
San
Felipe.
El evangelio
dice que nació en Betsaida en Galilea. San Juan cuenta que Jesús lo llamó a
pertenecer al grupo de sus discípulos al día siguiente de haber llamado a San
Pedro y San Andrés. Felipe fue el que llamó a Natanael o Bartolomé y lo llevó a
donde Jesús. Cuando el Señor eligió a los 12 apóstoles, uno de los elegidos fue
Felipe. Y el día de la multiplicación de los panes, antes de obrar el milagro,
Jesús le preguntó a Felipe: "¿De dónde crees tú que podremos conseguir pan
para tanta gente?". Un día en que unos griegos extranjeros quisieron
hablar con el Divino Maestro le pidieron a Felipe que los llevara hacia El. Y
en la Ultima Cena
este fue el apóstol que le dijo a Jesús: "Señor: muéstranos al
Padre", y Jesús le respondió: "Felipe, quien me ve a Mí, ve al Padre".
El día de Pentecostés, Felipe recibió junto con los otros apóstoles y la Virgen María, al
Espíritu Santo en forma de lenguas de fuego.
Los
narradores antiguos dicen que este Apóstol después de Pentecostés se fue a
evangelizar a Bitinia, en el Asia Menor (cerca del Mar Negro). Papías, un autor
del siglo II afirma que San Felipe logró el milagro de resucitar a un muerto. Y
San Clemente de Alejandría dice que lo hicieron morir crucificado en una
persecución contra los cristianos.
Santiago
el Menor.
Se le llama
el Menor para diferenciarlo del otro apóstol, Santiago el Mayor (que fue
martirizado poco después de la muerte de Cristo).
El
evangelio dice que era de Caná de Galilea, que su padre se llamaba Alfeo y que
era familiar de Nuestro Señor. Es llamado "el hermano de Jesús", no
porque fuera hijo de la
Virgen María, la cual no tuvo sino un solo Hijo, Nuestro
Señor Jesucristo, sino porque en la
Biblia se le llaman "hermanos" a los que provienen
de un mismo abuelo: a los primos, tíos y sobrinos (y probablemente Santiago era
"primo" de Jesús, hijo de alguna hermana de la Sma. Virgen). En la S. Biblia se lee que
Abraham llamaba "hermano" a Lot, pero Lot era sobrino de Abraham. Y
se le lee también que Jacob llamaba "hermano" a Laban, pero Laban era
tío de Jacob. Así que el decir que alguno era "hermano" de Jesús no
significa que María tuvo más hijos, sino que estos llamados
"hermanos", eran simplemente familiares: primos, etc.
San Pablo
afirma que una de las apariciones de Jesús Resucitado fue a Santiago. Y el libro
de Los Hechos de los Apóstoles narra cómo en la Iglesia de Jerusalén era
sumamente estimado este apóstol. (Lo llamaban "el obispo de
Jerusalén"). San Pablo cuenta que él, la primera vez que subió a Jerusalén
después de su conversión, fue a visitar a San Pedro y no vio a ninguno de los
otros apóstoles, sino solamente a Santiago.
Cuando San Pedro fue liberado por
un ángel de la prisión, corrió hacia la casa donde se hospedaban los discípulos
y les dejó el encargo de "comunicar a Santiago y a los demás", que
había sido liberado y que se iba a otra ciudad (Hech. 12,17).
Y el Libro Santo
refiere que la última vez que San Pablo fue a Jerusalén, se dirigió antes que
todo "a visitar a Santiago, y allí en casa de él se reunieron todos los
jefes de la Iglesia
de Jerusalén" (Hech. 21,15). San Pablo en la carta que escribió a los
Gálatas afirma: "Santiago es, junto con Juan y Pedro, una de las columnas
principales de la Iglesia".
(Por todo esto se deduce que era muy venerado entre los cristianos).
Cuando los
apóstoles se reunieron en Jerusalén para el primer Concilio o reunión de todos
los jefes de la Iglesia,
fue este apóstol Santiago el que redactó la carta que dirigieron a todos los
cristianos (Hechos 15).
Hegesipo,
historiador del siglo II dice: "Santiago era llamado ‘El Santo’. La gente
estaba segura de que nunca había cometido un pecado grave. Jamás comía carne,
ni tomaba licores. Pasaba tanto tiempo arrodillado rezando en el templo, que al
fin se le hicieron callos en las rodillas.
Rezaba muchas horas adorando a Dios
y pidiendo perdón al Señor por los pecados del pueblo. La gente lo llamaba: ‘El
que intercede por el pueblo’".
Muchísimos judíos creyeron en Jesús,
movidos por las palabras y el buen ejemplo de Santiago. Por eso el Sumo
Sacerdote Anás II y los jefes de los judíos, un día de gran fiesta y de mucha
concurrencia le dijeron: "Te rogamos que ya que el pueblo siente por ti
grande admiración, te presentes ante la multitud y les digas que Jesús no es el
Mesías o Redentor".
Y Santiago se presentó ante el gentío y les dijo:
"Jesús es el enviado de Dios para salvación de los que quieran salvarse.
Y
lo veremos un día sobre las nubes, sentado a la derecha de Dios". Al oír
esto, los jefes de los sacerdotes se llenaron de ira y decían: "Si este hombre
sigue hablando, todos los judíos se van a hacer seguidores de Jesús". Y lo
llevaron a la parte más alta del templo y desde allá lo echaron hacia el
precipicio. Santiago no murió de golpe sino que rezaba de rodillas diciendo:
"Padre Dios, te ruego que los perdones porque no saben lo que hacen".
El
historiador judío, Flavio Josefo, dice que a Jerusalén le llegaron grandes
castigos de Dios, por haber asesinado a Santiago que era considerado el hombre
más santo de su tiempo.
Este
apóstol redactó uno de los escritos más agradables y provechosos de la S. Biblia. La que se
llama "Carta de Santiago".
Es un mensaje hermoso y sumamente
práctico. Ojalá ninguno de nosotros deje de leerla. Se encuentra al final de la Biblia. Allí dice
frases tan importantes como estas: "Si alguien se imagina ser persona
religiosa y no domina su lengua, se equivoca y su religión es vana".
"Oh ricos: si no comparten con el pobre sus riquezas, prepárense a grandes
castigos del cielo". "Si alguno está triste, que rece.
Ellos dicen que para salvarse no hacen
falta las buenas obras, sino solamente la fe. Pero el Apóstol Santiago sabía
mucho más que ellos, y repite que sin buenas obras, la fe queda muerta.
sábado, 2 de mayo de 2026
2 de mayo fiesta de San José María Rubio Peralta.
San José
María Rubio Peralta S.J. (nació en Dalías, Almería, el 22 de julio de 1864 –
Aranjuez, murió en Madrid, el 2 de mayo de 1929) fue un santo jesuita español,
canonizado por la Iglesia Católica y calificado de "apóstol de
Madrid" por el arzobispo de Madrid, Eijo y Garay.
Infancia
y adolescencia.
Hijo de
agricultores y mayor de trece hermanos, fruto del matrimonio de Francisco Rubio
y Mercedes Peralta, vivió una infancia de tradicional marco religioso en el
pueblo almeriense de Dalías, hasta que ingresó en el seminario de Almería, en
el que cursó las Humanidades y un año de Filosofía (1876-1879); otro de
Filosofía y cuatro de Teología en Granada (1879-1886), donde le apadrina y
protege el profesor y canónigo Joaquín Torres Asensio, a quien no abandonará
mientras viva.
Por
traslado de su mentor a la capital, estudia quinto de Teología en Madrid
(1886-1887), donde obtiene la licenciatura en esta materia (1896) y el
doctorado en Derecho Canónico en Toledo (1897).
Sacerdote
en los suburbios madrileños.
Ordenado
sacerdote, celebra su primera misa el 12 de octubre (1887) en el altar de la
conversión de san Luis Gonzaga de la entonces catedral de San Isidro de Madrid,
diócesis en la que trabajó tres años, como coadjutor en Chinchón (1887-1889) y
párroco en Estremera (1889-1890).
En ambos
pueblos se destacó por su extrema austeridad, su catequesis de niños y servicio
a los más pobres.
Capellán
luego de las religiosas Bernardas en la iglesia del Sacramento de Madrid,
entonces parroquia de la Almudena, comenzó a señalarse por su actividad en los
suburbios de la capital con los traperos y las “modistillas”.
Enseñó
además literatura latina, metafísica y teología pastoral (1890-1894) en el
seminario de Madrid y actuó como notario y encargado del registro de la vicaría
de esta diócesis. Un viaje como peregrino a Tierra Santa y Roma (1904) le deja
huella indeleble.
En este
periodo se definía a sí mismo como “jesuita de afición”, ya que desde sus
tiempos de estudiante de teología en Granada había deseado pertenecer a esta
Orden, hasta el punto de llegar a ser confundido como tal entre los
espectadores anticlericales que organizan el famoso tumulto tras la
representación teatral de la “Electra” de Galdós.
Últimos
años.
Fallecido
su protector Torres Asensio, logra realizar su viejo deseo de ingresar en la
Compañía de Jesús en Granada, donde, tras el noviciado (1909), repasó un año
teología y tuvo una experiencia pastoral en Sevilla (coincidiendo en la
residencia con los también jesuitas Francisco de Paula Tarín y Tiburcio Arnaiz,
ambos con fama de santidad).
Terminada
la tercera probación (1910-1911) en Manresa (Barcelona), fue destinado a
Madrid, en cuya casa profesa de la calle la Flor Baja residió el resto de su
vida.
Hombre de
carácter retraído y sencillo, de gran caridad e incansable entrega al trabajo,
sobresalió como predicador (aunque no por sus dotes oratorias) y como confesor
asiduo, que provocaba largas colas de fieles, quienes buscaban en él además
acompañamiento y ayuda espiritual.
Pese a
carecer de brillantes cualidades humanas, que contrastaban con sus compañeros
de casa los académicos de la Historia y la Lengua, padres Fita y Coloma, su
eficacia y fama creció en poco tiempo en toda la ciudad. Se señaló por su amor
a los pobres, a los que se adelantaba a socorrer.
Desarrolló
su obra evangelizadora en pueblos y suburbios, retomó la obra de las «Marías de
los Sagrarios» iniciada por don Manuel González García, fundó y organizó varias asociaciones, como la
«Guardia de Honor del Sagrado Corazón» y las escuelas sociales del barrio de la
Ventilla, ayudado por los jóvenes maestros Juan y Demetrio de Andrés, conocidos
como “los mártires de la Ventilla”, que morirán asesinados durante la Guerra
Civil de 1936.
Murió en
Madrid, el 2 de mayo de 1929, sentado en una butaca de pino, después de haber
ordenado quemar sus apuntes espirituales. Cuando murió, el arzobispo de Madrid,
Leopoldo Eijo y Garay, lo calificó de “apóstol de Madrid” y escribió una
pastoral proponiéndolo como modelo al clero de su diócesis.
Canonización.
En vida se
le atribuyeron hechos prodigiosos, como bilocaciones, curaciones, profecías y
videncia; algunos, tal vez, legendarios, pero otros ratificados por numerosos
testigos. Sin embargo, lo que domina en su recuerdo es el testimonio de su
ejemplo y su palabra junto al mensaje de que la santidad está al alcance de
todos por el sencillo camino de entrega a la voluntad de Dios. Su máxima
preferida era:
“Hacer lo
que Dios quiere y querer lo que Dios hace”.
Beatificado
por San Juan Pablo II en Roma (6 de octubre de 1985) y canonizado en Madrid por
el mismo pontífice (4 de mayo de 2003), sus restos son venerados en la iglesia
de San Francisco de Borja y del Sagrado Corazón de la Compañía de Jesús en
Madrid.
El hecho
extraordinario, considerado como milagro por la Congregación para la Causa de
los Santos en orden a su canonización, fue la curación de un cáncer de pulmón
del jesuita madrileño José Luís Gómez Muntán (1988).
viernes, 1 de mayo de 2026
1º de mayo fiesta de San José Obrero.
Se
cristianizó una fiesta que había sido hasta el momento la ocasión anual del
trabajador para manifestar sus reivindicaciones, su descontento y hasta sus
anhelos. Fácilmente en las grandes ciudades se observaba un paro general y con
no menos frecuencia se podían observar las consecuencias sociales que llevan
consigo la envidia, el odio y las bajas pasiones repetidamente soliviantadas
por los agitadores de turno.
En nuestro occidente se aprovechaba también ese
momento para lanzar reiteradas calumnias contra la Iglesia que era presentada
como fuerza aliada con el capitalismo y consecuentemente como el enemigo de los
trabajadores.
Fue después
de la época de la industrialización cuando toma cuerpo la fiesta del trabajo.
Las grandes masas obreras han salido perjudicadas con el cambio y aparecen
extensas masas de proletarios. También hay otros elementos que ayudan a echar
leña al fuego del odio: la propaganda socialista-comunista de la lucha de
clases.

Era entonces
una fiesta basada en el odio de clases con el ingrediente del odio a la
religión. Calumnia dicha por los que, en su injusticia, quizá tengan vergüenza
de que en otro tiempo fuera la
Iglesia la que se ocupó de prestar asistencia a sus
antepasados en la cama del hospital en que murieron; o quizá lanzaron esas
afirmaciones aquellos que un tanto frágiles de memoria olvidaron que los
cuidados de la enseñanza primera los recibieron de unas monjas que no les
cobraban a sus padres ni la comida que recibían por caridad; o posiblemente
repetían lo que oían a otros sin enterarse de que son la Iglesia aquellas y
aquellos que, sin esperar ningún tipo de aplauso humano, queman sus vidas
ayudando en todos los campos que pueden a los que aún son más desafortunados en
el ancho mundo, como Calcuta, territorios africanos pandemiados de sida, o
tierras americanas plenas de abandono y de miseria; allí estuvieron y están,
dando del amor que disfrutan, ayudando con lo que tienen y con lo que otros les
dan, consolando lo que pueden y siendo testigos del que enseñó que el amor al
hombre era la única regla a observar.
Y son bien conscientes de que han sido
siempre y son hoy los débiles los que están en el punto próximo de mira de la Iglesia. Quizá sean
inconscientes, pero el resultado obvio es que su mala propaganda daña a quien
hace el bien, aunque con defectos, y, desde luego, deseando mejorar.
El día 1 de
Mayo del año 1955, el Papa Pío XII, instituyó la fiesta de San José Obrero. Una
fiesta bien distinta que ha de celebrarse desde el punto de partida del amor a
Dios y de ahí pasar a la vigilancia por la responsabilidad de todos y de cada
uno al amplísimo y complejo mundo de la relación con el prójimo basada en el
amor: desde el trabajador al empresario y del trabajo al capital, pasando por
poner de relieve y bien manifiesta la dignidad del trabajo -don de Dios- y del
trabajador -imagen de Dios-, los derechos a una vivienda digna, a formar
familia, al salario justo para alimentarla y a la asistencia social para
atenderla, al ocio y a practicar la religión que su conciencia le dicte;
además, se recuerda la responsabilidad de los sindicatos para logro de mejoras
sociales de los distintos grupos, habida cuenta de las exigencias del bien de
toda la colectividad y se aviva también la responsabilidad política del
gobernante.
Todo esto incluye ¡y mucho más! la doctrina social de la Iglesia porque se toca al
hombre al que ella debe anunciar el Evangelio y llevarle la Salvación; así mantuvo
siempre su voz la Iglesia
y quien tenga voluntad y ojos limpios lo puede leer sin tapujos ni retoques en
Rerum novarum, Mater et magistra, Populorum progressio, Laborem exercens,
Solicitudo rei socialis, entre otros documentos.
Dar doctrina, enseñar donde
está la justicia y señalar los límites de la moral; recordar la prioridad del
hombre sobre el trabajo, el derecho a un puesto en el tajo común, animar a la
revisión de comportamientos abusivos y atentatorios contra la dignidad
humana... es su cometido para bien de toda la humanidad; y son principios aplicables
al campo y a la industria, al comercio y a la universidad, a la labor manual y
a la alta investigación científica, es decir, a todo el variadísimo campo donde
se desarrolle la actividad humana.
Nada más
natural que fuera el titular de la nueva fiesta cristiana José, esposo de María
y padre en funciones de Jesús, el trabajador que no lo tuvo nada fácil a pesar
de la nobilísima misión recibida de Dios para la Salvación definitiva y
completa de todo hombre; es uno más del pueblo, el trabajador nato que entendió
de carencias, supo de estrecheces en su familia y las llevó con dignidad,
sufrió emigración forzada, conoció el cansancio del cuerpo por su esfuerzo,
sacó adelante su responsabilidad familiar; es decir, vivió como vive cualquier
trabajador y probablemente tuvo dificultades laborales mayores que muchos de
ellos; se le conoce en su tiempo como José «el artesano» y a Jesús se le da el
nombre descriptivo de «el hijo del artesano». Y, por si fuera poco, los
designios de Dios cubrían todo su compromiso.1º de mayo fiesta de San Ricardo Pampuri, Hermano Hospitalario.
HERMINIO
FELIPE PAMPURI en religión Fr. Ricardo, décimo de once hijos, nació el 2 de
agosto de 1897 en Trivolzio (Pavia) de Inocencio y de Angela Campari, y fue
bautizado el día siguiente.
Huérfano de
madre a los tres años, fue acogido y educado en casa de los tíos maternos en
Torrino, a las afueras de Trivolzio. En 1907 murió en Milán también su padre.
Completó su
Escuela Elemental entre dos pueblos cercanos y los estudios medios en Milán,
siendo alumno interno en el Colegio de San Agustín de Pavía. Después de los
Estudios del Liceo, se inscribió en la facultad de medicina de la Universidad de Pavía.
Durante la
primera guerra mundial, hizo el servicio militar en los años 1915-1920, prestando
servicios sanitarios en zona de guerra primero como sargento y después como
oficial aspirante de médico.
Se graduó
en medicina y cirurgía con el máximo de puntuación el 6 de julio de 1921 en la
mencionada Universidad.
Después de
un peritaje junto a su tío médico y una breve suplencia en la plaza médica de
Vernate, fue nombrado médico rural de Morimondo (Milán). En 1922 hizo
laudablemente un curso de perfeccionamiento en el Instituto
Obstétrico-ginecológico de Milán, y en 1923 el curso de habilitación para
oficial sanitario en la
Universidad de Pavía.
Muy pronto
comenzó a abrir la mente y el corazón a los ideales cristianos de la santidad y
del apostolado, y ya de niño hubiera querido seguir la vida sacerdotal y
misionera, pero fue siempre disuadido por lo delicado de su salud.
Desde la
adolescencia fue siempre y en todas partes ejemplo claro de cristiano que, aún
viviendo en medio del mundo, profesó abiertamente y con coherencia el mensaje
evangélico y practicó con generosa dedicación las obras de misericordia. Amaba
la oración y permanecía constantemente en íntima unión con Dios, aún durante su
actividad externa.
Asiduo a la Mesa Eucarística,
permanecía largos ratos delante del sagrario en profunda adoración.
Muy devoto
de la Santísima
Virgen María, la honraba con el rezo del Santo Rosario, aún
más de una vez al día.
Fue socio
activo y celoso del Círculo Universitario Severino Boecio de Pavía, miembro de
las Conferencias de San Vicente de Paúl, y terciario franciscano.
Perteneció
a la Acción Católica
desde niño; cuando llegó a Morimondo, fue para el párroco un eficiente
colaborador: cofundador del Círculo de la Juventud de Acción Católica, siendo su primer
presidente, y organizador de una banda de música. Tanto el primero como la
segunda los puso bajo la protección de San Pío X. También actuó como secretario
de la Comisión
Misionera de la parroquia. Organizaba tandas de Ejercicios
Espirituales en la " Villa del Sagrado Corazón" de los Padres
Jesuítas de Triuggio, para los jóvenes del Círculo y para los trabajadores del
campo y obreros, cubriendo frecuentemente los gastos, y hasta invitaba también
a colegas suyos y amigos.
En el
ejercicio de su profesión, además de ser muy estudioso y competente, trabajaba
con admirable solicitud, generosidad y caridad.
Visitaba a
los enfermos sin excusarse jamás, ni de día ni de noche, en cualquier lugar del
territorio médico rural que le correspondía, aunque fuese lugar poco accesible.
Siendo sus enfermos en gran parte pobres, les proporcionaba las medicinas,
dinero, alimentos, vestidos, ropa y se extendía su caridad hasta a los
trabajadores y necesitados, tanto de Morimondo y sus alquerías, como de otros
pueblos y localidades.
Por eso,
cuando, después de casi seis años, dejó la Plaza médica rural para hacerse religioso, el
sentimiento por haber perdido su "doctorcito santo" fue vivísimo y
general, hasta hacerse eco en la prensa local.
El Dr.
Pampuri abrazó la vida religiosa hospitalaria en la Orden de San Juan de Dios
(Fatebenefratelli) para poder así conseguir más expeditamente la perfección
evangélica y al mismo tiempo continuar el ejercicio de la profesión médica para
el alivio del prójimo sufriente. Habiendo entrado en la Orden en Milán el 22 de
junio de 1927, después del año de Noviciado cumplido en Brescia, emitió los
votos religiosos el 24 de octubre de 1928.
Nombrado
director del Gabinete de Odontología del Hospital de los Hermanos de San Juan
de Dios de Brescia, frecuentado preferentemente por gente pobre y por obreros,
Fr. Ricardo se prodigó incansablemente a su alivio con admirable caridad,
ganándose la estima y la veneración de toda la población.
Durante su
vida religiosa, Fr. Ricardo, igual que en el mundo, fue para todos modelo de
perfección y de caridad: para los Hermanos, para los médicos, para los enfermos,
para el personal paramédico y auxiliar, y para tantos cuantos le trataban. Ante
todos aparecía en concepto de santidad.
Acto
seguido de habérsele agravado la pleuritis contraída durante el servicio
militar, degenerada en broncopulmonitis específica, el 18 de abril de 1930 fue
trasladado de Brescia a Milán, donde murió santamente el 1 de mayo a los 33
años de edad "dejando el recuerdo de un médico que supo transformar la
propia profesión en misión de caridad, y de un religioso que reprodujo en sí
mismo la figura del verdadero hijo de San Juan de Dios" (Decreto de la
heroicidad de sus virtudes, 12 junio 1978).
Después de
su muerte, la fama de santidad que se percibía durante su vida, se difundió
ampliamente en Italia primero, y después por Europa y en los otros continentes.
Muchos fieles obtenían de Dios por su intercesión gracias señaladas, hasta
milagrosas.
Aprobados
los dos milagros presentados, fue beatificado por Su Santidad Juan Pablo II el
4 de octubre de 1981.
Posteriormente,
reconocida como milagrosa la curación ocurrida el 5 de enero de 1982 en
Alcadozo (Albacete, España) en favor del niño de 10 años Manuel Cifuentes
Rodenas por intercesión del Beato Ricardo Pampuri, fue aprobado el milagro. En
la festividad de Todos los Santos, 1 de noviembre de 1989, es solemnemente
canonizado.
"La
vida breve, pero intensa, de Fr. Ricardo Pampuri es un acicate para todo el
pueblo de Dios, pero especialmente para los jóvenes, los médicos, los
religiosos.
A los
jóvenes contemporáneos dirige él la invitación a vivir gozosamente y con coraje
la fe cristiana: en continua escucha de la Palabra de Dios, en coherencia generosa con las
exigencias del mensaje de Cristo en la donación a los hermanos.
A los
médicos, sus colegas, les dirige la llamada para que desarrollen con entrega su
delicado arte médico, desarrollado con los ideales cristianos, humanos y
profesionales, para que sea una auténtica misión de servicio social, de caridad
fraterna, de verdadera promoción humana. A los
religiosos y a las religiosas, pero especialmente a aquellos y a aquellas que,
humilde y ocultamente, viven su consagración entre las salas de los hospitales
y en las Casas de Cura, Fr. Ricardo recomienda mantener el espíritu primigenio
del propio Instituto, en el amor de Dios y de los hermanos necesitados "
(Homilía 4 octubre 1981).
El cuerpo
de San Ricardo Pampuri se conserva y es venerado en la Iglesia parroquial de
Trivolzio (Pavía) y su fiesta se celebra el 1 de mayo.
Nueva imagen de Santa Faustina Kowalska.
Espero que les guste, tiene una altura de 70 cm. y en otra entrada les comentaré el paso a paso que realicé para poderla hacer. Dios los bendiga.
Nuevos trabajos.
Espero les gusten, en próximas entradas les mostraré y explicaré paso a paso cómo las hice. Dios los bendiga.
Santa María Goretti
Santa Águeda
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