miércoles, 23 de septiembre de 2026

23 de septiembre fiesta de SAN PÍO DE PIETRELCINA.


El Padre Pío es uno de los más grandes místicos de nuestro tiempo. Nos enseñó el amor radical al corazón de Jesús y a su Iglesia. Su vida era oración, sacrificio, pobreza.
Sacerdote capuchino. Celebró su primera misa el 10 de Agosto de 1910. Ocho años más tarde, el 20 de Septiembre de 1918, aparecieron visiblemente las llagas de Nuestro Señor en sus manos, pies y costado izquierdo del pecho, haciendo del P. Pío el primer sacerdote estigmatizado en la historia de la Iglesia (San Francisco Asís no era sacerdote).
 Fue heroico en su apostolado sacerdotal, que duró 58 años. Grandes multitudes, de todas las nacionalidades, pasaron por su confesionario. Las conversiones fueron innumerables. Diariamente recibía centenares de cartas de fieles, que pedían su consejo iluminado y su dirección espiritual, la cual ha siempre significado un retorno a la serenidad, a la paz espiritual y al coloquio con Dios.

Famoso confesor. El Padre Pío pasaba hasta 16 horas diarias en el confesionario. Algunos debían esperar dos semanas para lograr confesarse con él, porque el Señor les hacía ver por medio de este sencillo sacerdote la verdad del evangelio. Su vida se centraba en torno a la Eucaristía. Sus misas conmovían a los fieles por su profunda devoción.


Amante de la Santísima Virgen.

Toda su vida no ha sido otra cosa que una contínua oración y penitencia, lo cual no impedía que sembrase a su alrededor felicidad y gran alegría entre aquellos que escuchaban sus palabras, que eran llenas de sabiduría o de un extraordinario sentido del humor. A través de sus cartas, al Confesor se le descubren insospechables y tremendos sufrimientos espirituales y físicos, seguidos de una dicha inefable derivada de su íntima y contínua unión con Dios.
Llegaban a verle multitud de peregrinos de todo el mundo y además recibía numerosas cartas pidiendo oración y consejo.



El Papa Juan Pablo II, en 1947, cuando era un sacerdote recién ordenado fue a visitar al Padre Pío y quedó profundamente impresionado por su santidad. Ya siendo Papa visitó su tumba.

Dones extraordinarios:

Discernimiento extraordinario: la capacidad de leer los corazones y las conciencias.
Profecía: Pudo anunciar eventos del futuro.
Curación: curas milagrosas por el poder de la oración.
Bilocación: estar en dos lugares al mismo tiempo.
Perfume: la sangre de sus estigmas tenían fragancia de flores.
Estigmas: Recibió los estigmas el 20 de septiembre, 1918 y los llevó hasta su muerte 50 años después (23 de septiembre, 1968). Los médicos que observaron los estigmas del Padre Pío no pudieron hacer cicatrizar sus llagas ni dar explicación de ellas. Calcularon que perdía una copa de sangre diaria, pero sus llagas nunca se infectaron. El Padre Pío decía que eran un regalo de Dios y una oportunidad para luchar por ser más y más como Jesucristo Crucificado.

Muerte. 

El Señor lo llamó a recibir el premio celestial el 23 de Septiembre de 1968. Tenía 81 años. Durante 4 días su cuerpo fue expuesto ante millares de personas que formaban una enorme columna que no conoció interrupción hasta el momento del funeral, al cual asistieron mas de cien mil personas.
 
Millones visitan su tumba en la Cripta del Santuario de Ntra. Sra. de las Gracias en San Giovani Rotondo. El número de peregrinos continúa aumentando.

Los preliminares de su Causa se iniciaron en Noviembre de 1969.
Fue declarado venerable el 18 de Diciembre de 1997.
Beatificado el 2 de mayo de 1999. Tan grande fue la multitud en la misa de beatificación que desbordaron la Plaza de San Pedro y toda la Avenida de la Conciliación hasta el río Tiber sin ser estos lugares suficiente. Millones además lo contemplaron por la televisión en el mundo entero.
Canonizado el 16 de junio de 2002.
 
Su beatificación y su canonización fueron las de mayor asistencia en la historia. La plaza de San Pedro y sus alrededores no pudieron contener las multitudes.

El Padre Pío es un poderoso intercesor. Los milagros se siguen multiplicando.

El santuario del Padre Pío en San Giovanni Rotondo recibe mas peregrinos cada año que el de Lourdes. Es el segundo santuario mas visitado, después del Tepeyac (Virgen de Guadalupe).


martes, 22 de septiembre de 2026

22 de septiembre fiesta del Beato JUAN MARÍA DE LA CRUZ GARCÍA MÉNDEZ.


Martirologio Romano: En el pueblo de Silla en el mismo territorio, beato Juan María de la Cruz (Mariano) García Méndez, sacerdote de la Congregación de los Sacerdotes del Sagrado Corazón de Jesús y mártir, que siempre en la misma persecución religiosa conservó la fe en Cristo hasta la muerte.

Nació en San Esteban de los Patos, Ávila, en el seno de una familia campesina. Párroco en la diócesis de Ávila desde 1916. 

Hombre de oración, especialmente delante del Santísimo, tenía una generosidad ardiente para con los pobres y cuantos acudían a su puerta. Su interés por la catequesis de niños y adultos dejó la huella de este buen cura entre sus feligreses.

Buscó un camino vocacional en la vida religiosa. En tres veces vive esta tensión interior e iniciará la experiencia. Una primera será siendo seminarista con los Dominicos de Santo Tomás de Ávila, la siguiente con los Carmelitas y la tercera con los Trapenses de Cóbreces.

Siempre será la misma respuesta: "por motivos de salud, no es apto para este tipo de vida religiosa". Nunca fue un hombre sano, a los varios achaques se sumaban las continuas mortificaciones, hasta con el uso de disciplinas y cilicios.


En 1926 ingresó en la Congregación de los Sacerdotes del Sagrado Corazón de Jesús (Dehonianos). 

Don Mariano García Méndez tomará el nombre de padre Juan María de la Cruz y se establece en la comunidad de Puente la Reina. Su salud es precaria pero él le pide a Dios "10 años más de apostolado".

Son muchos los recuerdos que quedan de "aquel padre que era un santo", por parte de los laicos, amigos y colaboradores; a los religiosos y religiosas que lo tuvieron como huésped en sus casas les dejó su testimonio de hombre de oración, servicial y humilde. 

Dotado para la predicación, siempre estaba dispuesto a hacerlo si era necesario, y su amor por la Eucaristía lo llevó a ser un propagador de la obra de la Adoración Perpetua y a hablar siempre del Amor misericordioso del Salvador.

La espiritualidad mariana era otro de sus grandes amores, y la vida siempre itinerante de estos años le permitía visitar sus santuarios y después contar y animar con ello a sus seminaristas.
El 18 de julio de 1936 comienza de lleno la guerra civil.

A los del santuario de Garaballa les tocar salir huyendo en direcciones opuestas. Y al padre Juan, "disfrazado de paisano", con una chaqueta fuera de medida, que le valdrá el sobre nombre de "padre Chaquetón" en la cárcel, se le abre el camino hacia Valencia, ciudad en la que podría pasar desapercibido, en casa de colaboradores de la Congregación.
 Habían pasado cinco días de la sublevación militar. No tuvo ni tiempo de establecer contacto. Al encaminarse hacia aquella dirección se tropezó con uno de los tantos incendios de iglesias que oscurecían el cielo de Valencia. Espectador, como tantos otros, de la barbarie artística y religiosa no pudo menos que decir en voz alta que aquello era un crimen, un sacrilegio.

Al pedírsele explicaciones acusándolo de ser de derecha, respondió sencilla y llanamente que era un sacerdote, tal como testimonia un abogado compañero de cárcel, maravillado de que una persona pudiera ser tan ingenua o tuviera tanto coraje.
Termina en la Cárcel Modelo de Valencia, cuarta galería, celda 476. Sin juicio previo, en la noche del 3 de agosto de 1936, sin más acusación que la de ser sacerdote y no ocultarlo, al P. Juan María de la Cruz bajo la consigna de "Libertad" lo llaman a salir de su celda.

Enseguida se da cuenta que la libertad adquiere otro sentido, el de las puertas abiertas hacia la muerte liberadora, camino nuevo hacia el encuentro con el Señor. En los campos de Silla, diez cuerpos quedan tendidos entre olivos. 


En las primeras horas del día serán sepultados en el cementerio municipal en una fosa común sin nombre. Será trasladado a Puente la Reina donde entre los seminaristas de aquella casa ha sido testigo callado y fiel de una vida entregada y generosa.



lunes, 21 de septiembre de 2026

Viaje apostólico del Papa León XIV a Sudamérica: Uruguay, Argentina y Perú


 Así será el Viaje Apostólico de León XIV a Uruguay, Argentina y Perú

La Oficina de Prensa de la Santa Sede ha difundido este lunes 21 de septiembre el amplio itinerario del viaje apostólico que llevará al Papa a diez ciudades de Uruguay, Argentina y Perú entre el 6 y el 17 de noviembre. Junto con el programa se han dado a conocer también los logotipos y lemas que acompañarán cada una de las tres etapas.

                                    Sebastián Sansón Ferrari - Ciudad del Vaticano

El Papa León XIV realizará del 6 al 17 de noviembre su primer viaje apostólico a América del Sur. Durante doce días visitará Uruguay, Argentina y Perú, con un recorrido por diez ciudades que combinará encuentros con autoridades y representantes de la sociedad, celebraciones litúrgicas, momentos de oración y encuentros con las comunidades eclesiales y distintos sectores de la población.

La primera etapa: tendrá lugar en Uruguay, donde el Pontífice permanecerá del 6 al 8 de noviembre y visitará Montevideo, Paysandú y Florida. El programa prevé diversos momentos de encuentro y diálogo, junto con celebraciones y espacios de oración con la Iglesia local. 

Entre los diferentes actos programados, el domingo 8 de noviembre, el Sucesor de Pedro celebrará la santa misa en la plaza de la Catedral Basílica de Florida, Santuario Nacional de la Virgen de los Treinta y Tres, en el día de su fiesta, coincidiendo con la peregrinación nacional que suele organizar el Episcopado uruguayo el segundo domingo de noviembre.

Asimismo, León XIV conocerá la realidad social del barrio de Casavalle, en la capital de la nación, específicamente en la parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe, se reunirá con el mundo de la educación en la Universidad Católica de Uruguay y presidirá una vigilia de oración en el Estadio Centenario de Montevideo.

Será la primera visita de un Papa al país desde el viaje de san Juan Pablo II en 1988. El lema elegido para esta etapa es "Les anuncio una gran alegría", tomado del anuncio del ángel a los pastores de Belén, en el Evangelio según san Lucas, capítulo 2, versículo 10. La expresión presenta el viaje como una ocasión de encuentro y de alegría compartida con la Iglesia y el pueblo uruguayo.

El logotipo tiene en el centro a Cristo crucificado y resucitado, representado en la férula del Santo Padre. A ambos lados aparecen León XIV y la Virgen de los Treinta y Tres, patrona de Uruguay. Sobre ellos figura el sol inspirado en el "Sol de Mayo", mientras las líneas azules evocan la bandera nacional.


Segunda etapa: el 8 de noviembre, León XIV llegará a Argentina, donde permanecerá hasta el día 11 y visitará Buenos Aires, Córdoba y Luján. También en esta etapa el programa articula encuentros institucionales y con representantes de la sociedad, celebraciones, momentos de oración y espacios de cercanía con las comunidades locales.

Será una visita particularmente significativa por tratarse del país natal del Papa Francisco. León XIV llegará al país casi cuatro décadas después de la última visita de un Pontífice: san Juan Pablo II estuvo allí en 1987.

"Bienvenidos todos. Vayan y anuncien" será el lema de esta etapa. El logotipo representa a un pueblo en el que todos son acogidos, con Cristo en el centro. Una corola formada por pequeñas figuras humanas de distintas formas, dimensiones y tonalidades expresa la diversidad reunida en una única composición. En el centro, el espacio blanco configura una cruz, signo de la centralidad de Cristo y del anuncio del Evangelio.

La disposición de las figuras sugiere un camino compartido y la corresponsabilidad de cada persona: del encuentro al anuncio, como discípulos misioneros en camino. El conjunto expresa así apertura, armonía en la diversidad, encuentro y anuncio.

Tercera etapa: el 11 de noviembre, el Papa viajará a Perú, donde permanecerá hasta el 17. La etapa más extensa del viaje comprenderá Lima, Chiclayo, Cuzco y Pucallpa, con un programa que incluye encuentros con autoridades y representantes de distintos ámbitos, celebraciones litúrgicas, momentos de oración y diversas ocasiones de encuentro con las comunidades y los fieles.

La visita tendrá un significado particular para León XIV, que desarrolló durante años su ministerio misionero y pastoral en el país. Llegó a Perú como joven misionero agustino y posteriormente fue obispo de Chiclayo entre 2015 y 2023. La ciudad forma parte del recorrido junto con Lima, Cuzco y Pucallpa.

El lema "Abramos el corazón" invita a abrirse a Dios para renovar la fe, al prójimo para construir fraternidad y a la misión para anunciar con alegría el Evangelio, fortalecer la unidad y fomentar la paz

El logotipo está enmarcado por un corazón que simboliza esta apertura a Dios, a los hermanos y al futuro. En su interior aparece el mapa del Perú, sobre el que se representa la paloma del Espíritu Santo. En el centro figura León XIV, rodeado por santa Rosa de Lima, santo Toribio de Mogrovejo, san Martín de Porres, san Francisco Solano y san Juan Macías, principales santos de la tradición peruana. El conjunto evoca una Iglesia guiada por el Espíritu Santo y enriquecida por el testimonio de sus santos.

Un recorrido de doce días por diez ciudades.

En total, el viaje apostólico se desarrollará durante doce días y abarcará diez ciudades: tres en Uruguay, tres en Argentina y cuatro en Perú. A través de encuentros institucionales, celebraciones, oración y contacto con las comunidades locales, León XIV tendrá ocasión de acercarse a diferentes realidades sociales y eclesiales.

La visita tendrá asimismo una dimensión particular en Perú por la experiencia misionera y episcopal que el Papa desarrolló allí antes de su elección a la Sede de Pedro. 

21 de septiembre fiesta de SAN MATEO.






Nació en Cafarnaún, y, cuando Jesús lo llamó, ejercía el oficio de recaudador de impuestos. Escribió el evangelio en lengua aramea y, según la tradición, predicó en Oriente.
San Mateo es llamado por dos Evangelistas: Levi, ambos nombres son de origen Judíos. El último lo obtuvo antes de su conversión, el otro lo tomo después, para mostrar la renuncia a su profesión y que era un hombre nuevo. Hijo de Alfeo, vivió en Cafarnaun, en el lago de Galilea.

Fue por profesión un publicano, o colector de impuestos para los Romanos. Entre los Judíos, estos publicanos fueron mas infames y odiosos porque esta nación los miraba como enemigos de su privilegio de libertad natural que Dios les había dado, y como personas manchadas por su conversación frecuente y asociación con los paganos, y la esclavización sobre sus compatriotas. Los Judíos los aborrecían universalmente, veían sus propiedades o dinero como fortunas de ladrones, les prohibieron su comunión y participación en su actividades religiosas, al igual que de todos eventos de la sociedad cívica y de comercio. Tertuliano esta ciertamente equivocado cuando afirma que solo los gentiles fueron empleados en este oficio sórdido como San Jerónimo demuestra en varios pasajes de los evangelios. Y es cierto que San Mateo fue Judío, aunque un publicano.

Su oficio dice haber consistido particularmente en acumular costumbres de comodidades que vinieron por el Genesareth o Tiberias, y un peaje que los pasajeros pagaban al venir por agua; San Marco dice que San Mateo mantuvo su oficio de cobro de peaje alado del lago, donde el se sentaba. Jesús, habiendo últimamente curado un paralítico famoso, salio de Cafarnaúm, y camino sobre los bancos del lago o mar de Genesareth, enseñando las personas que le seguían. Aquí el observó a Mateo que realizaba su trabajo de cobro de peaje a quien el llamo a venir y a seguirle. El hombre era rico, disfrutaba de un sueldo lucrativo, era un hombre sabio y prudente, y entendía perfectamente lo que seguir a Jesús le costaría. Pero el no tuvo miramientos y dejo todos sus intereses y relaciones para hacerse un discipular del Señor. No sabemos si el ya estaba relacionado con la persona o doctrina de nuestro Salvador, especialmente como estaba cerca de Cafarnaúm, y su casa parece haber sido en la ciudad, donde Cristo había vivido por algún tiempo, había predicado y hechos muchos milagros, por lo cual el estaba en algún medido preparando a recibir la impresión que el llamado de Jesús había hecho sobre el.

San Jerónimo dice que un cierto aire de majestad brillaron en la continencia de Nuestro Divino Redentor, y traspaso su alma y lo atrajo fuertemente. Este apóstol, a la primera invitación, rompió todas ataduras; dejo sus riquezas, su familia, su preocupaciones del mundo, sus placeres, y su profesión. Su conversión fue sincera y perfecta. San Mateo nunca regreso a su oficio porque era una profesión peligrosa, y una ocasión de avaricia, opresión, y extorsión. San Mateo, al convertirse, para mostrar que no estaba descontento con su cambio, pero que lo miraba como su mas gran felicidad, entretuvo a Nuestro Señor y sus discípulos en una gran comida en su casa a donde invito sus amigos, especialmente los de su ultima profesión, como si esperaba que por medio de la divina conversación de Nuestro Salvador, ellos también quizás sean convertidos.

Después de la ascensión de Nuestro Señor, San Mateo predicó por varios años en Judea y en los países cercanos hasta la dispersión de los apóstoles. Un poco antes de la dispersión escribió su evangelio, o pequeña historia de Nuestro Bendito Redentor. Que la compilo antes de su dispersión aparece no solo porque fue escrito antes de los otros evangelios, sino también el Apóstol Bartolomé se llevo una copia con el a la India, y la dejo allí. San Mateo escribo su evangelio para satisfacer los conversos de Palestina. El Evangelio de San Mateo desciende a un detalle mas particular y completo en las acciones de Cristo que los otros tres, pero desde el Capitulo V al XIV el frecuentemente se distingue de los otros en la serie de su narrativos, ignorando el orden del tiempo, para que esas instrucciones que tienen mas afinidad una con la otra, estén relacionadas juntas. Este evangelista mas bien enfoca sobre las lecciones de moralidad de Nuestro Salvador, y describe su temporal o generación humana, en que las promesas hechas a Abraham y David respecto al nacimiento del Mesías de su semilla fueron realizados; tal argumento inducía de manera particular a los Judíos para que creyeran en él.


San Mateo, después de haber hecho una gran cosecha de almas en Judea, fue a predicar la fe a las naciones barbaras e incivilizadas del Este. El era una persona muy devota a la contemplación celestial y llevaba una vida austera, usando una dieta muy rigurosa; pues no comía carne en vez satisfacía su apetito con hierbas, raíces, semillas. San Ambrosio dice que Dios le abrió el País de los Persas. Rufinus y Sócrates nos dicen que el llevo el evangelio a Etiopía, significando probablemente las partes Sur y Este de Asia. San Paulino menciona que el terminó su curso en Parthia. Venantus Fortunatus relata que el sufrió el martirio en Nudubaz, una ciudad en esas partes. Dorotheus dice que el fue honorablemente enterrado en Hierapolis en Porthia. Sus reliquias fueron traídas al Oeste, el Papa Gregorio VII, en una carta al Obispo de Salerno en 1080, testifica que fueron guardados en una iglesia que tenia el nombre de la ciudad. Todavía están en este lugar.

Predicó entre los judíos por 15 años, incluyendo posiblemente a los judíos de Etiopía, Africa. Murió mártir.


domingo, 20 de septiembre de 2026

20 de septiembre fiesta de SAN ANDRÉS KIM, PABLO CHONG Y COMPAÑEROS MÁRTIRES COREANOS.


Martirologio Romano: Memoria de los santos Andrés Kim Taegön, presbítero, Pablo Chöng Hasang y compañeros, mártires en Corea. Se veneran este día en común celebración todos los ciento tres mártires que en aquel país testificaron intrépidamente la fe cristiana, introducida fervientemente por algunos laicos y después alimentada y reafirmada por la predicación y celebración de los sacramentos por medio de los misioneros. Todos estos atletas de Cristo —tres obispos, ocho presbíteros, y los restantes laicos, casados o no, ancianos, jóvenes y niños—, unidos en el suplicio, consagraron con su sangre preciosa las primicias de la Iglesia en Corea (1839-1867).

Fecha de canonización
Los 103 mártires fueron canonizados por S.S. Juan Pablo II el 6 de mayo de 1984, en Seúl, Corea.
Andrés Kim Tae-Gon, nació el 21 de agosto de 1821 en Solmoe (Corea). Sus padres eran Ignacio Kim Chejun y Ursula Ko. Era niño cuando la familia se trasladó a Kolbaemasil para huir de las persecuciones. Su padre murió mártir el 26 de septiembre de 1839. También su bisabuelo Pío Kim Chunhu había muerto mártir en el año 1814, después de diez años de prisión. Tenía quince años de edad cuando el padre Maubant lo invitó a ingresar al seminario.

Fue enviado al seminario de Macao. Hacia el año 1843 intentó regresar a Corea con el obispo Ferréol, pero en la frontera fueron rechazados.

Se ordenó diácono en China en el año 1844. Volvió a Corea el 15 de enero de 1845. Por su seguridad sólo saludó unos cuantos catequistas; ni siquiera vio a su madre quien, pobre y sola, tenía que mendigar la comida. En una pequeña embarcación de madera guió, a los misioneros franceses hasta Shangai, a la que arribaron soportanto peligrosas tormentas.

En Shangai recibió la ordenación sacerdotal de manos de monseñor Ferréol el 17 de agosto de 1845, convirtiéndose en el primer sacerdote coreano. Hacia fines del mismo mes emprendió el regreso a Corea con el obispo y el padre Daveluy. Llegaron a la Isla Cheju y, en octubre del mismo año, arribaron a Kanggyong donde pudo ver a su madre.

El 5 de junio de 1846 fue arrestado en la isla Yonpyong mientras trataba con los pescadores la forma de llevar a Corea a los misioneros franceses que estaban en China. Inmediatamente fue enviado a la prisión central de Seúl. El rey y algunos de ministros no lo querían condenar por sus vastos conocimientos y dominar varios idiomas. Otros ministros insistieron en que se le aplicara la pena de muerte. Después de tres meses de cárcel fue decapitado en Saenamt´õ el 16 de septiembre de 1846, a la edad de veintiséis años.

Antes de morir, Andrés Kim dijo: ¡Ahora comienza la eternidad! y con serenidad y valentía se acercó al martirio.

Pablo Chong Ha-Sang nació en el año 1795 en Mahyon (Corea) siendo miembro de una noble familia tradicional. Después del martirio de su padre, Agustín Chong Yakjong, y de su hermano mayor Carlos, ocurridos en el año 1801, la familia sufrió mucho. Pablo tenía siete años. Su madre, Cecilia Yu So-sa, vio cómo confiscaban sus bienes y les dejaban en extrema pobreza. Se educó bajo los cuidados de su devota madre.

A los veinte años dejó su familia para reorganizar la iglesia católica en Seúl y pensó en traer misioneros. En el año 1816 viajó a Pekín para solicitar al obispo algunos misioneros; se le concedió uno que falleció antes de llegar a Corea. Él y sus compañeros escribieron al papa para que enviara misioneros. Finalmente gracias a los ruegos de los católicos, el 9 de septiembre de 1831 se estableció el vicariato apostólico de Corea y se nombró su primer obispo encargando a la Sociedad de las Misiones Extranjeras de París la evangelización de Corea.
 
Pablo introdujo al obispo Ímbert en Corea, lo recibió en su casa y lo ayudó durante su ministerio. Monseñor Ímbert pensó que Pablo podía ser sacerdote y comenzó a enseñarle teología... Mientras tanto brotó una nueva persecución. El obispo pudo escapar a Suwon. Pablo, su mamá y su hermana Isabel fueron arrestados en el año 1839.
Aguantó las torturas hasta que fue decapitado a las afueras de Seúl el 22 de septiembre. Poco después también su madre y su hermana sufrieron el martirio.


Los dos forman parte de 103 mártires canonizados por S.S. Juan Pablo II el 6 de mayo de 1984, en Seúl, Corea.

viernes, 18 de septiembre de 2026

18 de septiembre fiesta de San Juan Macías.




Nació en Ribera del Fresno, Badajoz, España, el 2 de marzo de 1585. Huérfano de padre y madre a los 4 años, se crió junto a unos tíos. Ella ya le había legado su mejor patrimonio enseñándole a rezar las primeras oraciones. Pasó la infancia cuidando el rebaño de un rico hacendado, dejándose arrebatar por la belleza del entorno en el que percibía la presencia de Dios.

 Los olivos daban cobijo a sus ardientes plegarias elevadas a la Virgen mientras desgranaba las cuentas del rosario. 

América era una voz que llamaba no solo a los intrépidos conquistadores extremeños, sino también a los misioneros. Y Juan sentía correr por sus venas esa vocación. 

Uno de esos días en los que trabajaba como pastor, un niño que decía llamarse Juan Evangelista había sembrado este afán en su corazón, diciéndole: «Te tengo que llevar a unas tierras muy remotas y lejanas», y desde ese instante se dispuso interiormente a cumplir la voluntad divina. A los 20 años evocando este hecho singular, aunque ignoraba el alcance sobrenatural de esta visita, dejó a sus parientes.

Durante diecinueve años trabajó como agricultor en distintos puntos del Sur de España. Era un emigrante que buscaba serenamente ese lugar que Dios había destinado para él, mientras seguía rezando el Santo Rosario y dando testimonio a todos con su humildad, sencillez, generosidad y alegría; repartía entre los pobres casi todas las ganancias. 

Juan Evangelista continuaba siendo su ángel de la guarda particular y en Sevilla le rescató de ciertos peligros en los que pudo haber quedado atrapado debido a su ingenuidad. 

Partió a Jerez de la Frontera y trabó contacto con los dominicos quienes le invitaron a unirse a la comunidad. Pero él, que tenía singulares experiencias místicas, con toda rotundidad decía: «No está de Dios que yo lo sea aquí». En esta ciudad gaditana, en la que ya había dejado la huella de su caridad, entró al servicio de un adinerado marinero, y en 1619 desde Sanlúcar se embarcó con él al Nuevo Mundo.

Al llegar a Cartagena de Indias el armador le dio su salario, pero le abandonó a su suerte. Juan era un iletrado, y dado que no sabía ni leer ni escribir, ya no le servía para los negocios. Al verse desamparado, oró ante una imagen de María en la Iglesia de los dominicos. 

Y al día siguiente, después de haber constatado por sí mismo el trato ignominioso que recibían los esclavos y de sentir indecible compasión por ellos, buscó trabajo en el puerto. 

Después, viajó por Perú, pasando por Pasto y Quito, hasta que llegó a Lima en 1620, tras un viaje efectuado a pie y en mula de varios meses de duración.

 Le sostuvo la Eucaristía y el rezo diario del rosario. Lo primero que hizo fue buscar a los dominicos. 




Fray Martín de Porres le franqueó la entrada. Era el primer encuentro de dos santos que siguieron caminos casi paralelos. Durante un tiempo, Juan trabajó al servicio de un ganadero como pastor siempre sin dejar de rezar el rosario; solía pedir por los difuntos; por eso se le llama «el ladrón del purgatorio». Un día Juan Evangelista le dijo: «Tu puesto no es el de pastor. Vete al convento de la Magdalena, de la Orden de Predicadores, y pide el hábito de hermano».

Inserto como hermano lego en la comunidad de los dominicos de Santa María Magdalena, tomó los hábitos en 1622. Espiritualmente fue probado con diversas tentaciones. 

Defectos como la soberbia, la vanidad, acusaciones acerca de la intencionalidad que le guiaba a vivir en el convento (le acusaban de perseguir su comodidad), incitaciones contra la castidad, visión de los placeres que le aguardaban fuera…, todo ello pugnaba por apoderarse de su mente conminándole a abandonar su vocación.

 La gracia de Cristo le ayudó a purificarse fortaleciendo una decisión que emprendió en acto de fe y que no hizo sino robustecerse. 

Designado portero conventual, tuvo como guía a fray Pablo de la Caridad. Y de ese lugar recoleto hizo un paraíso particular para los pobres, los explotados y oprimidos, los enfermos, los abandonados, los que precisaban consuelo… 

Todos los que acudían allí hallaban lo preciso en este hombre humilde y desprendido, que pasaba las noches en oración, haciendo penitencia y dando incansables muestras de exquisita caridad, al punto de que grandes personalidades de la nobleza, incluido el virrey de Lima, le confiaban sus problemas deseosos de recibir sus inspirados consejos. 

Entregó todo a Cristo, ofreciéndole su tendencia natural a pasar por la vida sin notoriedad alguna, íntimo afán que su pública misión como portero le impedía. Y eso justamente, al exigir de él gran esfuerzo, lo agradecía a Dios.


Cuando manifestó: «El portero de un convento es el espejo de la comunidad. Conforme es el portero, son los religiosos que moran en ella», sabía bien lo que decía. Las buenas y las pésimas acciones de una sola persona impregnan toda la convivencia y traspasan los muros del recinto. Cada una ha de saber que es testigo para el mundo. 

Y Juan estaba expuesto a ser examinado por las constantes visitas que recibían los religiosos de la Recoleta, a quienes franqueaba la puerta. Lo que veían en él fácilmente podían atribuirlo al resto de sus hermanos. 

Por tanto, lo que afirmó era una apreciación religiosa, profunda, que había brotado en su meditación. Iba llegándole el fin, y atrás dejaba también una vida entregada a los pobres en los que reconocía a Cristo; para ellos pidió por las calles de Lima, además de alentarlos en la fe. Su burrito, que había amaestrado, le traía las limosnas que recogía él solo cuando Juan no podía salir. 

En estos desvalidos pensaban sus hermanos de comunidad cuando vieron que iba helándose su aliento. 

Ante el comentario de lo que podría ser de ellos con su orfandad, Juan les tranquilizó: «Con que tengan a Dios, sobra todo lo demás». 

Fue agraciado, entre otros dones, con el de milagros.

 Murió el 16 de septiembre de 1645 mientras la comunidad honraba a María con la Salve Regina. Gregorio XVI lo beatificó el 22 de octubre de 1837. El Beato Pablo VI lo canonizó el 28 de septiembre de 1975.