martes, 28 de julio de 2026

28 de julio fiesta de San Pedro Poveda.





Nacido en Linares (Jaén) en 1874 en el seno de una familia muy cristiana, Pedro José Luis Francisco Javier Poveda Castroverde era el mayor de seis hermanos. De temprana vocación sacerdotal, ingresa joven en el Seminario de Jaén, aunque por motivos económicos se traslada con una beca al Seminario de Guadix (Granada). Compagina los estudios eclesiásticos con los civiles. Fue ordenado sacerdote en 1897 y, al tiempo que continúa sus estudios, da clases, atiende catequesis, predica misiones populares, dirige a seminaristas.
Su preocupación por los niños que vivían en las Cuevas de Guadix le lleva a fundar las Escuelas del Sagrado Corazón, donde ofrece enseñanza gratuita, alimento y vestido a los más necesitados de esta zona suburbial de la ciudad.
En 1906 es nombrado canónigo de la Basílica de Covadonga (Asturias), donde permanece hasta 1913. 
Allí, estudia la situación educativa de la España de principios de siglo, pensando qué respuesta puede dar desde el humanismo cristiano para la educación de los niños y la formación de los educadores en el momento histórico que le toca vivir. Así, en 1911 funda en Oviedo la primera Academia de la Institución Teresiana. En 1913 regresa a Jaén, donde conocerá a Josefa Segovia, quien será su fiel colaboradora y cofundadora de la Institución. 
En 1921 las Academias, Centros de formación de educadores, cuyo campo principal de actuación será la escuela pública, estaban en doce poblaciones de importancia. En 1917 la Institución Teresiana obtiene la aprobación eclesiástica y civil en Jaén, y en 1924 la aprobación pontificia como Pía Unión.
El Padre Poveda se traslada a Madrid en 1921, al ser nombrado Capellán de la Casa Real. Sigue trabajando en la consolidación y expansión de la Institución Teresiana, participa en la fundación de la FAE (Federación de Amigos de la Enseñanza), y colabora con proyectos e instituciones a favor del profesorado católico. El 27 de julio de 1936 es detenido en su casa de Madrid. Muere mártir, como sacerdote de Jesucristo, el 28 de julio de 1936.

¿Cuáles son los rasgos personales del Padre Poveda?

Convencido de que la fuerza del Evangelio puede transformar la realidad, se preocupa por la formación de la persona humana y promueve la educación como medio de transformación social. 
Su contacto con realidades de pobreza, hambre, enfermedad, paro, e injusticia, en su infancia, le lleva a luchar contra ello y a trabajar por la dignidad humana mediante la formación de las clases populares; confía en la capacidad de la juventud para transformar el mundo; reclama y promueve la presencia de la mujer en el campo de la educación, de la ciencia, de la investigación. Le preocupa la actualización pedagógica del profesorado, la asociación profesional de los maestros y su promoción social, así como su compromiso con la realidad desde su ser creyente. 
Humanista y pedagogo, educador de educadores, impulsor del laicado, maestro de oración, hombre de paz, audaz y solidario con los más desfavorecidos, creyó que la renovación de la educación, de la cultura y de las relaciones entre los hombres, eran posibles desde la fe.
Sacrificado y paciente, manso y humilde, sencillo, afable y respetuoso, de fino sentido del humor y gran fortaleza interior. Con una entrega entusiasta a Dios, gran devoción a la Virgen, y filial amor a la Iglesia. Austero para sí y tolerante con todo excepto con el pecado. El trabajo, la oración, el estudio, el amor entregado a los demás, el hacer la voluntad de Dios, fueron constantes en su vida. Poveda es ante todo sacerdote y apóstol de Jesucristo. 
Y la Eucaristía, el centro de su existir. Testigo fiel, acaba dando la vida en testimonio de su fe. Su grandeza se basa en la coherencia de su vida con el Evangelio, en la intuición de los signos de su tiempo y en la radicalidad de su entrega a Dios, a los hombres y al mundo que le tocó vivir.


Fue beatificado por S.S. Juan Pablo II el 10 de octubre de 1993 y canonizado el 4 de mayo de 2003.


28 de julio fiesta del Beato Stanley Francis Rother.


















Stanley Francis Rother nació en un pequeño pueblo llamado Okarche, ubicado en el estado de Oklahoma (Estados Unidos), donde la religión, la educación y la granja eran los pilares de la sociedad.

El joven llevaba una vida sencilla y trabajaba en la granja familiar. Al estar rodeado de sacerdotes sintió el llamado de Dios y partió al seminario. Ahí comenzaría la verdadera aventura de su vida.




En el seminario reprobó varios cursos. La hermana Clarissa Tenbrick, que fue su profesora en quinto grado, le escribía para alentarlo y le recordaba que el Santo patrono de los sacerdotes, San Juan Vianney, también tuvo los mismos problemas en el seminario.
 
Mientras Stanley estaba en el seminario, San Juan XXIII pidió a Iglesia en Estados Unidos que envíe ayuda y que establezca misiones en Centroamérica. En respuesta a ese llamado, la diócesis de Oklahoma y la diócesis de Tulsa fundaron una misión en Santiago Atitlan, una comunidad indígena muy pobre en Guatemala.

Unos años después de haberse ordenado, el P. Stanley aceptó la invitación de unirse a la misión. Ahí pasó los siguientes 13 años de su vida.

Cuando llegó, el sacerdote resultó ser un curioso personaje en medio de los indígenas con su metro ochenta y su barba roja. Su nombre también era extraño para los mayas Tz´utujil que al no encontrar un equivalente en español para Stanley, lo empezaron a llamar “Padre Francisco”, por su segundo nombre Francis.

Por su parte, el P. Stanley se dio cuenta de que todo lo que aprendió en la granja de su familia le podría servir ya que como sacerdote misionero no sólo estaba llamado a celebrar la Misa, sino también a ayudar en el trabajo cotidiano de los campesinos.








Arreglaba camiones, trabajaba en el campo, construyó un granero, una escuela, un hospital y la primera estación de radio católica, cuya señal llegaba hasta los pueblos más remotos.

El “Padre Francisco” también era conocido por su bondad, su entrega, su alegría y su preocupación por sus parroquianos, los niños lo seguían y lo querían mucho.

La guerra civil y el martirio

La violencia de la guerra civil llegó hasta la aldea. Sin embargo, las desapariciones, los asesinatos y el peligro no amedrentaron al “Padre Francisco”. Más bien se mantuvo firme y se convirtió en el apoyo de su pueblo.

Entre los años 1980 y 1981 la violencia alcanzó un punto insoportable. El P. Stanley veía como sus amigos y parroquianos eran secuestrados o asesinados. Incluso su nombre estaba en la lista negra. En una carta que envió a su familia en su última Navidad escribió lo siguiente:

“La realidad es que estamos en peligro. Pero no sé cuándo o qué forma usará el gobierno para reprimir más a la Iglesia. Dada la situación no estoy listo para irme. Pero si es mi destino y debo dar mi vida aquí, será así. No quiero abandonar a este pueblo… aún se puede hacer mucho bien en estas circunstancias”.

La carta termina con lo que sería su frase más famosa: “el pastor no puede huir ante la primera señal de peligro. Oren por nosotros para que podamos ser la señal del amor de Cristo para nuestro pueblo, que nuestra presencia los fortalezca para que enfrenten estos sufrimientos como preparación para el Reino que se acerca”.

A principios de 1981, su nombre fue incluido en una lista de amenazados de muerte -lo consideraban un enemigo por proteger a sus parroquianos y proclamar el evangelio-, por lo que regresó a Oklahoma y fue advertido de no volver. Pero él no podía abandonar a su pueblo, así que regresó para pasar la Pascua con su pueblo en Guatemala.






A la 1:30 a.m. del 28 de julio el “Padre Francisco” fue despertado por el grito de “Padre, han venido por usted” pronunciado por una persona que fue conducida a punta de pistola hasta su habitación.


Lo esperaban tres hombres enmascarados conocidos como “ladinos”, los hombres que masacraban a los indígenas y campesinos pobres.

 Eran conocidos por sus secuestros y ahora querían “desaparecer” al P. Stanley. 

Él se resistió, no quería poner en peligro a la misión de la parroquia. Luchó durante 15 minutos hasta que le dispararon dos veces. Así murió.

El 1 de diciembre de 2016 el Santo Padre Francisco autorizó a la Congregación para las Causas de los Santos la promulgación del decreto reconociendo el martirio del P. Stanley Rother.

Beatificado el 23 de septiembre de 2017 en el Cox Convention Center, Oklahoma City (Estados Unidos) presidió la celebración el Cardenal Angelo Amato.

Información publicada originalmente en CNA

Traducida al castellano para ACI Prensa por María Ximena Rondón.

28 de julio fiesta de Santa Alfonsa de la Inmaculada Concepción.



Santa Alfonsa de la Inmaculada Concepción nació en Kudamalur, región de Arpookara, en la diócesis de Changanacherry, India, el 19 de agosto de 1910, de la antigua y noble familia de los Muttathupadathu.

Desde su nacimiento, la vida de la Santa estuvo marcada por la cruz, que se le revelará progresivamente como el único camino para conformarse con Cristo. 

La mamá, María Puthukari, la dio a luz prematuramente al octavo mes de embarazo, después del susto provocado por una serpiente que se le enrolló en la cintura, mientras dormía. Ocho días después, el 28 de agosto, la pequeña venía bautizada según el rito siro malabar por el párroco Padre José Chakalayil y recibía el nombre de Annakutty, diminutivo de Ana. Era la última de cinco hijos.

Transcurridos apenas tres meses, murió la madre. Annakutty pasó sus primeros años en casa de los abuelos en Elumparambil. Allí vivió un tiempo particularmente feliz para su formación humana y cristiana, durante el cual aparecieron en ella los primeros gérmenes de vocación.

 Su abuela, mujer piadosa y caritativa, le transmitió la alegría de la fe, el amor a la oración, el impulso de la caridad para con los pobres. A los cinco años la niña sabía ya dirigir, con entusiasmo infantil, la oración vespertina de la familia reunida, según el uso siro malabar, en la «sala de oración».

El 11 de noviembre de 1917, Annakutty recibió por primera vez el pan eucarístico. Decía a sus amigas «¿Saben por qué hoy estoy particularmente contenta? ¡Porque tengo a Jesús en mi corazón!». Y en una carta a su padre espiritual, del 30 de noviembre de 1943, le había confiado: «Desde la edad de siete años no soy más mía. Me he dedicado toda a mi Esposo divino. Lo sabe bien Su Reverencia».

El mismo año de 1917 comenzó a frecuentar la escuela elemental de Thonnankuzhy, donde estableció una sincera amistad también con los niños hinduistas. En 1920, acabado el primer ciclo de instrucción, llega el tiempo de trasladarse a Muttuchira, a casa de la tía Anna Murickal, a la que la mamá la había encomendado antes de morir, como madre adoptiva.
 
La tía era una mujer severa y exigente; con tratos despóticos y violentos exigía de Annakutty la obediencia a sus más mínimas disposiciones o deseos. 

Asidua en las prácticas religiosas, acompañaba a la sobrina, pero no compartía la amistad de la joven con las Carmelitas del monasterio vecino, ni sus largas jornadas de oración al pie del altar. Sin embargo estaba bien determinada a procurar un ventajoso matrimonio a Annakutty, obstaculizando los claros signos de su vocación religiosa.

La virtud de la Santa se manifestó en aceptar esta severa y rígida educación como una senda de humildad y paciencia por amor a Cristo, resistiendo tenazmente los reiterados intentos de noviazgo a los que trataba de obligarla su tía. 

Para sustraerse al compromiso de matrimonio, Annakutty llegó al punto de provocarse voluntariamente una gravísima quemadura, poniendo el pie en brasas ardientes. «Mi noviazgo estuvo determinado cuando tenía trece años cumplidos. 

¿Qué podía hacer para evitarlo? Oré toda la noche... entonces me vino una idea. ¡Si mi cuerpo hubiese estado un poco desfigurado, ninguno me habría querido!... ¡Cuánto he sufrido! Y todo lo ofrecí por mi gran intención».

El propósito de disimular su singular belleza no valió del todo para librarla de las atenciones de los pretendientes. También en los años siguientes la Santa tuvo que defender la propia vocación, incluso durante el año de prueba, cuando se intentó darla en matrimonio con la complicidad de la misma maestra de formación. «¡Oh, vocación que he recibido! ¡Don de mi buen Dios!... Dios vio el dolor de mi ánimo aquel día. Dios alejó las dificultades y me afianzó en este estado religioso».

Fue el P. Giacomo Muricken, su confesor, quien la orientó hacia la espiritualidad franciscana y le hizo conocer la Congregación de las Franciscanas Clarisas. El 24 de mayo de 1927 Annakutty ingresaba en su colegio de Bharananganam en el actual territorio de la diócesis de Palai de los siro-malabares, para asistir como interna a la séptima clase. El año siguiente, el 2 de agosto de 1928, Annakutty iniciaba el postulantado, tomando el nombre de Alfonsa de la Inmaculada Concepción, en honor de san Alfonso María de Ligorio, celebrado aquel día. El 19 de mayo de 1930 tuvo lugar la vestición religiosa durante la primera visita pastoral a Bharananganam del Obispo Mar Giacomo Kalacherry.

El período de 1930-1935 estuvo marcado por graves enfermedades y sufrimientos morales. Pudo enseñar a los niños en la escuela de Vakakkad sólo el año escolar de 1932-33. Después, a causa de su debilidad, desempeña la tarea de auxiliar enseñante y de catequista en la parroquia. Estuvo encargada también como secretaria, sobre todo para escribir cartas oficiales, por su hermosa letra.

En 1934 fue introducido en la Congregación de las Franciscanas Clarisas el noviciado canónico. Deseando comenzarlo de inmediato, la Santa, a consecuencia de su inestable salud, no fue admitida hasta el 12 de agosto de 1935. 

Casi una semana después de comenzado el noviciado se presentaron hemorragias de la nariz y de los ojos, un profundo agotamiento orgánico y llagas purulentas en las piernas. La enfermedad se agravó a tal punto que se temió lo peor. 

El cielo vino en ayuda de la santa novicia. Durante una novena al siervo de Dios P. Kuriakose Elía Chavara -carmelita, hoy beato- fue milagrosa e instantáneamente curada. Reiniciado el noviciado escribía en su diario espiritual sus santos propósitos: «No quiero actuar o hablar según mi inclinación. 
Cada vez que falte haré una penitencia... quiero estar atenta y no contradecir jamás a ninguno. A los demás diré sólo palabras amables. 

Quiero controlar mis ojos con rigor. Por cada pequeña falta pediré perdón al Señor y la expiaré con una penitencia. De cualquier tipo que sean mis sufrimientos no me lamentaré jamás y cuando deba afrontar cualquier humillación buscaré refugio en el Sagrado Corazón de Jesús».

El 12 de agosto de 1936, fiesta de santa Clara, día de su profesión perpetua, fue de inefable alegría espiritual. Se realizaba el deseo largamente guardado en su corazón y confiado a su hermana Isabel cuando apenas tenía doce años: «Jesús es mi único Esposo, y ningún otro». 

Pero Jesús quería conducir a su esposa a la perfección por el camino del sufrimiento. «Hice mi profesión perpetua el 12 de agosto de 1936 y vine aquí a Bharanganam el día 14 siguiente. Desde aquel tiempo parece que me ha sido confiada una parte de la Cruz de Cristo. Ocasiones de sufrir me vienen en abundancia... Tengo un gran deseo de sufrir con alegría. Parece que mi Esposo quiere cumplir este deseo».

Tuvo una serie de enfermedades dolorosas: fiebre tifoidea, pulmonía doble y, lo más grave, un shock nervioso causado por el susto que le provocó el ver un ladrón, la noche del 18 de octubre de 1940. El estado de postración física se prolongó cerca de un año, durante el cual no estuvo en grado de leer ni de escribir.

En toda situación sor Alfonsa mantuvo una gran reserva y una actitud caritativa hacia las hermanas, soportando en silencio sus sufrimientos. En 1945 sus enfermedades se agravaron. Un tumor difundido por todo el organismo transformó su último año de vida en una continua agonía. 

Una gastroenteritis con complicación en el hígado le provocaba violentas convulsiones con vómitos, hasta cuarenta veces al día. «Siento que el Señor me ha destinado a ser una oblación, un sacrificio de sufrimiento... Considero el día en que no he sufrido como un día perdido por mí».

En esta actitud de víctima por amor al Señor, contenta hasta el último momento y con la sonrisa de la inocencia siempre impresa en sus labios, sor Alfonsa terminó serenamente y con alegría su camino terreno en el convento de las Franciscanas Clarisas en Bharananganam a las 12:30 horas del 28 de julio de 1946, dejando el recuerdo de una hermana llena de amor y santa.



El 8 de febrero de 1986 Alfonsa de la Inmaculada Concepción Muttathupadathu fue proclamada beata por el papa Juan Pablo II en Kottayam, India. Y el 12 de octubre del año 2008, Benedicto XVI la canonizó solemnemente en la Plaza de San Pedro.


Con la canonización, la Iglesia que peregrina en la India muestra a la veneración de los fieles de todo el mundo su primera Santa. 

En su nombre fieles provenientes de todas partes del mundo se unen en el único agradecimiento a Dios, en el signo de dos grandes tradiciones oriental y occidental, romana y malabar, que Alfonsa vivió y armonizó en su vida santa.

domingo, 26 de julio de 2026

26 de julio fiesta de San Tito Brandsma.


Su fiesta litúrgica es el 26 de julio, pero en el carmelo lo festejan el 27 de julio.

En Bolsward, pueblo holandés de 10.000 habitantes, venía al mundo el 23 de febrero de 1881, el quinto de los seis hijos del matrimonio Tito y Postma. Fue bautizado como Anno Sjoerd Brandsma. 


Holanda era un país de aplastante mayoría protestante (los belgas flamencos y los holandeses hablan un idioma común pero les separa la religión mayoritaría, católica la de unos y protestante la de los otros). 

Procedente de una familia tradicional católica, Brandsma se incorporó a la orden de los carmelitas el 17 de septiembre de 1898, donde recibió el nombre religioso Titus (Tito).


Ordenado sacerdote en 1905, Brandsma fue un estudioso de la mística carmelitana, disciplina en la que se doctoró en filosofía en Roma en 1909. Entre sus logros en este campo se encuentra una traducción de las obras de Santa Teresa de Ávila al holandés. 

En Roma también se especializó en Sociología, Espiritualidad y Periodismo. A su regreso a Holanda fundó bibliotecas, escuelas y la Unión de Escuelas Católicas. Aunque en esa época su patria tenía mayoría absoluta protestante, Tito consiguió que el Parlamento aprobara una iniciativa suya para que el Estado otorgara ayuda económica a los colegios católicos.

La Universidad Católica de Nijmegen, la primera de su especie dentro de la joven historia de Holanda, fue fundada en 1923. Tito fue allí catedrático de Filosofía y de Mística. En 1932 le eligieron Rector por un año. Con ocasión de su nombramiento como Rector de la Universidad de Nimega (el 17 de octubre de 1932), expresaba en su discurso la preocupación por el olvido de Dios por parte del hombre moderno. Un olvido basado en el deseo de ocupar el lugar de Dios, de erigirnos nosotros mismos en dioses y, en consecuencia, en dueños de la vida de los demás. 

No obstante, la universidad era sólo una pequeña porción de la muy amplia realidad nacional y había que influir también en todos los que vivían fuera de las instituciones académicas. Para servir mejor a su patria, se hizo periodista activo. 

Fundó varias revistas y fue redactor-jefe de varios periódicos. Pero su impacto en el medio periodístico rebasó el ámbito profesional. Muchos colegas encontraron en él a un confidente discreto, consejero y amigo sincero, siempre dispuesto a compartir penas e infundir esperanza.

En el año 1933 Adolf Hitler obtuvo el poder en Alemania. En mayo de 1940 los nazis invadieron Holanda y comenzaron a apoderarse de la enseñanza y la prensa católicas para someter al pueblo. Tito Brandsma, nombrado entonces Asistente de la Unión de Periodistas Católicos, alzó la voz para denunciar la persecución contra los judíos de las escuelas católicas y el atropello total de la libertad religiosa por parte del nazismo. Los periodistas, animados por él, formaron un frente común contra el enemigo. Pronto empezaron los arrestos de sacerdotes. 


El 26 de enero de 1941, los obispos holandeses declararon (el mismo Tito había colaborado en la elaboración de la Carta Pastoral) que el nacional-socialismo era lo más opuesto a la enseñanza de la Iglesia Católica, y ello provocó una nueva ola feroz de persecución hacia católicos y judíos.

Fue detenido en enero de 1942, cuando trataba de persuadir a los periódicos católicos holandeses para que no incluyesen propaganda nazi en sus ediciones, contraviniendo la ley nazi para los territorios ocupados. Después de haber sido prisionero en Scheveningen, Amersfoort, y Cléveris fue trasladado a Dachau el 13 de junio.
En este campo de concentración vivían unos 110 mil prisioneros, de los cuales 80 mil encontraron la muerte. Tito llegó a conocer toda la brutalidad de régimen nazi: puñetazos, azotes con tablas y palos, patadas y otras torturas. Allí los sacerdotes católicos eran tratados como hombres de segunda clase; en las tres barracas que formaban este bloque habría aproximadamente 1600 eclesiásticos. En total se calcula que Hittler llevó a la muerte aproximadamente a unos 4 mil sacerdotes católicos.

A pesar de todo siempre decía:

"Estamos en un túnel oscuro, pero hay que continuar caminando, al final la luz eterna nos rodeará."

"No responder al odio con el odio, sino con el amor."

Se cuenta que su cuerpo ya moribundo, acostado sobre un saco de paja, fue utilizado para infames experimentos bioquímicos que practicaban médicos nazis. Se le oía decir: Señor, que no se haga mi voluntad, sino la tuya. Después, era tal su estado, que perdió el conocimiento. Eran las dos de la tarde del 26 de julio de 1942, tenía 61 años. Una enfermera le aplicó entonces una inyección de ácido fénico que acabó con su vida.

Juan Pablo II lo proclamó beato el 3 de noviembre de 1985.
En 2005, Tito Brandsma fue elegido por los habitantes de Nimega como el ciudadano más grande de la ciudad en su historia y canonizado el 15 de mayo del año 2022 por el Papa Francisco en Roma.