jueves, 3 de septiembre de 2026

Taller de imagineria religiosa San Juan de Dios.

 


3 de septiembre fiesta de San Gregorio Magno.



(Roma, c. 540 - id., 604) Papa (590-604). Miembro de una familia de patricios romanos, fue praefectus urbis de Justino II (572-574). Convirtió su palacio del monte Celio en el monasterio de San Andrés y abrazó la regla de San Benito. Nuncio en Constantinopla (579-586), fue nombrado papa a la muerte de Pelayo II (590). Negoció una tregua con los lombardos (592), afirmó la primacía de la iglesia de Roma y envió al monje Agustín a evangelizar Inglaterra. Autorizó el culto de los hebreos y superó el cisma del norte de Italia originado por la supresión de los Tres Capítulos. 
Adoptó el título Servus servorum Dei (servidor de los siervos de Dios), que se convirtió en oficial de los futuros pontífices. Soberano temporal de la ciudad de Roma, hizo de ella la capital espiritual del mundo latino y puso las bases del poder territorial del papado.

De noble familia senatorial, estaba destinado a la carrera política, y todavía joven (en 573) desempeñó el cargo de praefectus urbis (prefecto de Roma); pero, conmovido por el espectáculo de las miserias de Roma y de Italia entera, que agudizaron en él el sentimiento de la inanidad de las cosas terrenas, entregó, a la muerte de su padre, su inmenso patrimonio a los pobres y a la Iglesia, fundando seis monasterios en sus tierras de Sicilia y otro en su palacio del Celio, que dedicó a San Andrés y donde él mismo vistió el hábito benedictino.

Su fuerte personalidad y su práctica en la política, preciosa en aquellos tiempos de adversidades excepcionales, movieron, sin embargo, a Benedicto I a sacarlo de su soledad nombrándolo diaconus regionarius en 577, y a Pelagio II, el año siguiente, a servirse de él como legado en Constantinopla, donde tuvo ocasión en su larga estancia (579-585) de formarse una rica experiencia política y humana.

Abad de San Andrés, fue elegido papa a la muerte de Pelagio con el asentimiento general y consagrado el 3 de septiembre de 590. Le esperaban la peste, la expansión lombarda y el sitio de Roma (593), el empeoramiento del cisma de los Tres Capítulos y los pleitos con Bizancio. En los catorce años de su pontificado hubo de medirse con estos problemas objetivos y con otros que él mismo se planteó libremente: pacificación de la península, unificación católica de Occidente mediante una vasta obra de evangelización y una vasta toma de contactos más operantes con los pueblos convertidos.

Así, mientras socorría con ayudas materiales y con su alto magisterio a las poblaciones más próximas, organizaba, reemplazando la impotente autoridad imperial, la defensa de Italia central, de Roma y del mismo Nápoles; favoreció la instauración de mejores relaciones con los invasores; apoyó la conversión de Teodolinda; promovió la misión de Agustín en Inglaterra (596); organizó una más estrecha colaboración con el episcopado y con los reyes francos y animó en España la acción del neófito Recaredo.

Obras de San Gregorio Magno

Dotado de viva sensibilidad y de excepcional equilibrio para conllevar las exigencias místicas del monje con el respeto y la simpatía hacia la humanidad doliente, su obra literaria, de estilo sencillo, a veces humilde, a menudo elocuente, constituye el más luminoso comentario a su obra de pontífice que no vacila en enfrentarse con los desidiosos y con los potentados, como puede apreciarse en sus Epístolas. 

Dirigidas a los más diversos destinatarios, las cartas de San Gregorio tratan de variadas cuestiones y son un testimonio fundamental para el conocimiento de su actividad y de su personalidad. Sobresalen las epístolas dirigidas contra los herejes y los cismáticos, como los maniqueos de Sicilia o los donatistas en África, y las que se refieren a los judíos, a los que San Gregorio concedió libertad de culto y tratamiento benévolo (I, 1, 47), porque "sólo con la mansedumbre, la bondad, las sabias y persuasivas admoniciones, se puede obtener la unidad de la fe".

Gregorio Magno mostró su preocupación por la formación de los pastores de almas en obras como Regla pastoral (591), en que expuso los objetivos y reglas de la vida sacerdotal. Dedicada a Juan de Constantinopla, con quien se justifica de haber dudado en asumir el cargo de obispo de Roma, San Gregorio muestra en este libro lo arduo que es el oficio de pastor y las reglas de vida que debe seguir; describe el tipo ideal del obispo, que ha de ser siempre un médico de las almas y encontrar el tono justo para dirigirse a los hombres de las diversas clases sociales, ejerciendo sobre sus almas el máximo ascendente posible y teniendo siempre presente su propia debilidad para no caer en una excesiva confianza en sí mismo. 

Esta breve obra ejerció gran influencia y fue durante largo tiempo considerada como el texto de las reglas episcopales.

De su tarea de consolador y maestro de espiritualidad hallamos una excelente ilustración en las Homilías sobre el Evangelio o sobre Ezequiel, pronunciadas en Roma en 590-593, cuando todo parecía derrumbarse. En Moralia llevó a cabo una exégesis del libro bíblico de Job. Presenta a Job como figura del Redentor; en su mujer ve simbolizada la vida carnal, y en sus amigos, a los herejes, orientando siempre la interpretación hacia las lecciones morales y teológicas.

Los Diálogos, escritos entre los años 593 y 594, fueron probablemente su obra más difundida. Habiéndose retirado por algún tiempo, cansado de las preocupaciones y responsabilidades de su cargo, a un lugar apartado, Gregorio expresa al diácono Pedro su disgusto por no haber podido dedicarse a la vida ascética, con la que tantos hombres pudieron alcanzar la perfección. Accediendo a los ruegos de Pedro, pasa luego a mostrar con ejemplos concretos la verdad de tal aserto, describiendo la vida y enumerando los milagros de santos italianos, tal como los aprendió de testimonios seguros o de su personal experiencia. 

La forma dialogada, usada ya desde antiguo en obras de este género, por ejemplo por Sulpicio Severo, constituye para el autor un simple medio para dar vivacidad a la narración y facilitar las transiciones; la forma intencionadamente simple y clara favoreció la grandísima difusión de la obra, pronto traducida a diversas lenguas y celebrada por escritores contemporáneos y posteriores.
 
Si la actividad política del papa Gregorio Magno tuvo una importancia excepcional para el equilibrio político-religioso de la Europa medieval, su obra literaria constituyó hasta el siglo XII una incomparable fuente de meditación y de luz espiritual para todo el Occidente. A él se le atribuye también la compilación del Antifonario gregoriano, gran colección de cantos de la Iglesia romana.

miércoles, 2 de septiembre de 2026

2 de septiembre fiesta de San Salomón Leclercq, religioso lasallano.




Nicolás, hijo de comerciantes, dócil y reservado, nació en 1745 en Boulogne sur Mer, importante puerto vecino al canal de la Mancha, creció en una familia acomodada, numerosa y de firmes principios religiosos: una madre presente y alegre, un padre recto y honesto en sus operaciones comerciales de productos alimentarios y de vino, además propietario también de dos salinas en La Rochelle.

Por motivo de ser parte de un hogar religioso, los padres eligen la escuela lasallana, orientada al fortalecimiento de las actividades del cálculo, muy apropiadas para dar concreción al programa escolar de los hijos de los comerciantes, además de los artesanos y pobres. Su mismo padre ya había sido alumno en ella y la tenía en estima y aprecio.

A los 16 años, concluye la escuela y con miras a un empleo en la empresa familiar, es enviado a Devres, no lejos de Boulogne y luego a París para un tiempo de “prácticas”. Pero justamente, en el tumulto de la capital, donde impera la intolerancia religiosa y los jóvenes – como aquellos que se alojan con él en la pensión Vessette – es donde madura el rechazo hacia una vida desmedida y mundana y crece la nostalgia de una vida en plenitud.

El regreso a casa y la determinación: “quiero ser como mis maestros, los Hermanos de las Escuelas Cristianas, hacer mía su piedad, austeridad, el servicio a los jóvenes”, provoca que a los 21 años ingresara al noviciado, con la alegría de un camino pleno y verdadero, testimoniado por las cartas que escribe a su familia, gran don del cielo. Allí recibe el nombre de Hermano Salomón.

Sus éxitos comenzaron a destacarse; maestro a sus 23 años, primero en Rennes y luego en Rouen y llegar a tener hasta 130 alumnos en clase, acompañando a cada uno de ellos desde la mañana hasta el atardecer. En este espacio aprende el sufrimiento, a relacionarse con ternura, misericordia, autoridad, cambiando su innata timidez en alegría y sana preocupación no sólo por enseñar, sino más aún por acompañar con paciencia, vistas las carencias de las familias de origen, hacia horizontes de sentido.

A sus 27 años, emite los votos perpetuos y pocos meses después recibe su nuevo destino como maestro de novicios, donde dedicó sus esfuerzos a la: capacidad de discernimiento y de acompañamiento de los futuros religiosos, a los cuales trasmite el sentido profundo de los reglamentos y constituciones lasallanos, introduciéndoles en la práctica constante de la virtud.

Con 32 años lo encontramos como administrador en Mareville, un gran complejo educativo, con cerca de 1.000 alumnos, entre ellos 150 muchachos “difíciles” enviados por los tribunales, un noviciado y una comunidad de 40 Hermanos. Además de algunas enseñanzas, sobre todo se dedicó a administrar; Un cambio repentino de vida, que lo devuelve a las cosas del mundo, fuerte de prudencia y equilibrio, como le había enseñado su padre.

Después de nueve años allí, es enviado a enseñar matemáticas en el escolasticado de Melun, escuela de formación de los maestros lasallanos, donde permanece 5 años. La rectitud de su razonamiento, la sencillez, la discreción y la gran competencia que apasionaba a sus alumnos lo llaman para ser secretario personal del Director.

Dos años después estalla la revolución. El Hermano Salomón continuó con su trabajo y junto con otros hermanos se niega a prestar juramento al Estado. Se suprimen las congregaciones y también las escuelas de los Lasallanos, por lo que son expulsados de sus casas en condiciones de pobreza total y regresan a sus familias de origen aquellos que pueden.

En este periodo, el Hno. Salomón se encuentra con el P. Clorivière, jesuita, y comparte con él su intuición: transformar los institutos religiosos en tiempo de persecución en lo que posteriormente serán los institutos seculares, viviendo la propia vocación en el mundo. En el bosque de Senart hace un retiro antes del calvario.

 Posteriormente, llega el momento culminante de la Revolución Francesa, que suspende los derechos personales en nombre de la democracia y de la igualdad. Ante toda esta polémica, los religiosos con quienes más pagan y el 15 de agosto de 1792 su última carta: ante la tempestad, el Hermano permanece sereno, preocupado más por la familia y por sus Hermanos que por sí mismo: “Suframos con alegría y agradecimiento por las cruces y las aflicciones que nos son enviadas. Por mi parte no soy digno de sufrir por Él, puesto que hasta este momento no he experimentado nada malo, mientras hay tantos confesores de la fe que se encuentran en dificultad”.
 
Pocas horas después es arrestado por un tropel de 50 hombres y junto con 166 sacerdotes y religiosos “refractarios” es encarcelado en el convento de los Carmelitas de París. Interrogado durante la noche, pasa los últimos días sin comida. Es el Hermano Abram, prisionero con él que logrará escapar, quien relata los últimos momentos vividos como si fueran unos ejercicios espirituales lasallanos: desprendimiento de los bienes materiales y preparación para el martirio.

El 2 de septiembre fue su última oportunidad para retractarse y prestar el juramento a la Constitución Civil del Clero y en su descanso que fungía como su salida al jardín para la tradicional hora al aire libre, en dos grupos sucesivos, les acompañaron los sicarios, quienes a una orden convenida, comienzan a matar a golpes de espada, fusil y pistola.

Fueron beatificados el 17 de octubre de 1926 por el Papa Pío XI junto con un grupo total de 191 víctimas de las masacres de septiembre. Primer mártir lasallano, el Hermano Salomón será seguido luego por otros tres Hermanos muertos en aquellos años en los pontones de Rochefort y beatificados en 1995.




Fue canonizado por el Papa Francisco el 16 de octubre de 2016 en la Plaza de San Pedro, Roma.

martes, 1 de septiembre de 2026

Nuevos Trabajos.

Recién terminadas, espero les gusten. En otras entradas les mostraré el paso a paso que seguí para hacerlas. Dios los bendiga.

Virgen con Niño Jesús



San José Obrero



Imagen de Cristo Nazareno.


Esta imagen de Cristo Nazareno, es algo complicada, pero los desafíos siempre traen consigo bastante adrenalina y eso es bueno. Es una pieza en la que tenemos que empezar de cero. Su destino es una cofradía que lleva su nombre y que se encuentra en la Provincia de Mendoza en Argentina.  Manos a la obra y te cuento cómo la hice.

1)    Partimos haciendo una talla de la cabeza del Cristo Nazareno, que no es ni más ni menos que la misma que podemos utilizar para hacer un Ecce Homo (Cristo paciente), para eso nos ayudamos con estampas, para que sea lo más real posible. Buscamos una buena base de madera a la que pintaremos y barnizaremos. Previamente adosé con masillas epoxídicas una primera base para que sea soporte de la imagen, luego vendrán otras que darán la altura adecuada a la imagen. Atención con esto, porque este paso es fundamental para que después no se les caiga la imagen o se esté tambaleando. Utilicé estructuras de plástico a las que fui soldando cuidadosamente, posteriormente las revestí en tela. Cabeza y manos es lo primero que vamos a hacer, así, una vez lista la estructura, las podemos unir a ella con alambres y masillas epoxídicas.


2)    Teniendo en cuenta las medidas corpóreas, en este caso un varón, voy armando una estructura de alambre grueso para sujetar la cabeza y las manos. Como te digo siempre, hay que sentarse a ver estampas para saber lo que queremos hacer y la posición que le vamos a dar a nuestra imagen. Lo haré con las manos juntas y atadas.




3)    Hacemos una presentación con las telas del tipo de vestimenta que le vamos a hacer. Recuerden que siempre trabajamos con algodón puro o lino. En este caso lleva una túnica de color lavanda, un manto de color bordó y cíngulo. Los pies llevan sandalias.













4)    Empezamos a encolar, muy despacio y viendo qué es lo que va primero (mangas, túnica, cíngulo y manto, en ese orden) para evitar ensuciar las piezas, siempre recuerda cubrir con film adherente o plástico las partes ya pintadas,  igualmente algún retoque final tendrás que dar. Siempre es bueno prevenir, antes que curar.




5)    Pintamos con goma laca y pigmentos naturales y decoramos con los accesorios que hayamos planificado. A disfrutar de de esta hermosa imagen, que siempre nos recuerda que Jesús, se entregó y murió por nosotros.

 El paso a paso: