domingo, 1 de marzo de 2026

Marzo es el mes dedicado a San José.

 


En el Plan Reconciliador de Dios, San José tuvo un papel esencial: Dios le encomendó la gran responsabilidad y privilegio de ser el padre adoptivo del Niño Jesús y de ser esposo virginal de la Virgen María. San José, el santo custodio de la Sagrada Familia, es el santo que más cerca está de Jesús y de la Santísima de la Virgen María.

 
Su padre era Helí. Probablemente nació en Belén, la ciudad de David del que era descendiente.
 Al comienzo de la San Mateo (1,16) llama a San José el hijo de Jacob; según San Lucas (3,23), shistoria de los Evangelios (poco antes de la Anunciación), San José vivía en Nazaret.

Según San Mateo 13,55 y Marcos 6,3, San José era un "tekton". La palabra significa en particular que era carpintero o albañil. San Justino lo confirma, y la tradición ha aceptado esta interpretación.

Nuestro Señor Jesús fue llamado "Hijo de José", "el carpintero" 

(Jn 1,45;6,42; Lc 4,22).

 

Como sabemos no era el padre natural de Jesús, quién fue engendrado en el vientre virginal de la Virgen María por obra del Espíritu Santo y es Hijo de Dios, pero José lo adoptó amorosamente y Jesús se sometió a él como un buen hijo ante su padre. ¡Cuánto influenció José en el desarrollo humano del niño Jesús! ¡Qué perfecta unión existió en su ejemplar matrimonio con María!

 

NIÑO JESÚS (RESTAURACIÓN).







Esta imagen del Niño Jesús es de origen española y seguramente que era muy hermosa  allá por el año 1950-60. Empieza el dasafío para DEJARLA COMO EN AQUELLA ÉPOCA. Manos a la obra, te cuento los pasos:
1)    Desengrasarla muy bien y limpiarla hasta en los últimos recovecos. Mientras tanto vamos tomando nota en algún dibujito casero que ideemos de sus colores originales. Fundamental hacerlo ahora, porque luego del lijado ya se dificulta (igualmente aquí no hay problema si no se hace, ya que muchos colores no hay). En esta imagen pueden ver que hay una pintura NO ORIGINAL y una restauración no muy bien hecha, mucho pegote de epoxi transparente y partes mal pegadas.











2)    Reparar y reponer partes de la imagen dañadas o faltantes (manos, dedos, pies, etc.). Las partes mal pegadas hay que sacarlas con algún bisturí o espátula pequeña para volverla a pegar o directamente rehacerla en yeso y enduído.
3)    Lijar todo muy bien con lijas de granos finos. Esta tarea puede llevar algunos días. Va a costar sacar el color “dorado del cabello”. Por eso como les digo siempre, una cosa es ser devoto del Niño Jesús y otra es caer en lo ridículo, “NUNCA SE PUEDE PINTAR UN NIÑO JESÚS CON PELOS DORADOS”.
4)    Se le pasa goma laca incolora para sellar poros, por lo menos 3 manos.
5)    Como les digo siempre lo más lindo es “pintar”. Varios recipientes con goma laca y los pigmentos naturales siempre a mano. La pintura se prepara de a poco ya que seca muy rápido y no es cuestión de desperdiciar los pigmentos. Recordar que algunos colores se forman por la superposición de colores más claros (la piel es uno de ellos). Si se crea un color, no olviden de anotar sus proporciones, de lo contrario tardarán mucho en volver a conseguirlo, o lo que es peor deberán cambiar el color. Por cada color un mínimo de 5 manos. Recomiendo empezar por los colores más claros. Siempre tengan un recipiente con alcohol para ir dejando dentro de él los pinceles usados (la goma laca se disuelve en él) caso contrario les costará mucho su posterior limpieza.
6)    Una vez lista la pintura, vienen los retoques y el fileteado en dorado del pañal (si es que les gusta). Si se quiere se pone aureola o bien se lo puede vestir con alguna ropa antigua de bebé y ponerlo en alguna cuna hecha con maderas e hilos rústicos o bien sobre un almohadón bordado.
7)    Cuando se pinta con pigmentos naturales puede obviarse el barniz final, aunque hay personas que igualmente le suelen pasar.
 

Si tienen algún Niño Jesús para restaurar no lo dejen para el mes de diciembre, háganlo antes y con tiempo. “TODO LO QUE SE HACE A LAS APURADAS SIEMPRE SALE MAL O NO MUY BIEN”.



 


Tips para trabajar en el taller.


 1) El taller o bien el lugar en el que vayamos a trabajar, tiene que ser de nuestro agrado, nos debemos sentir cómodos. Los que conocen mi espacio saben que es la "desorganización más organizada que existe", como decía la Madre Teresa de su congregación. Pero es así, yo solo sé en donde están las cosas y eso me basta. Pero a la hora de trabajar, el espacio de la mesa está en orden y dispuesta a ayudarme. Un poco de música, siempre ayuda, lo mismo que una buena taza de café o té.


2) Cuando utilizamos diferentes frascos, especialmente si son pigmentos, siempre tengo una misma premisa: "frasco que se abre, se cierra". Esto es fundamental para evitar confusiones o mezclas de sustancias. Claro que muchas veces, precisamos tener varios abiertos al mismo tiempo, pero una vez usados, se cierran. Lo mismo ocurre con la goma laca o cualquier sustancia a base de alcohol u otro solvente, para evitar su evaporación.


3) Funfamental tener las manos limpias a la hora de pintar o encolar, aunque creamos que es una pérdida de tiempo, no es así, una imagen manchada, puede costar bastante tiempo arreglarla. Los guantes de látex son también unos muy buenos aliados.


4) Siempre dejar a nuestra imaginación volar, muchas veces de ella salen muy buenos trabajos. Es muy bueno innovar, pero eso sí, siempre hagamos una muestra pequeña antes, hay trabajos en los que no nos podemos permitir errores y mucho más si son antigüedades.


5) Aceptemos siempre los comentarios de personas queridas, muchas veces otros pueden ver lo que nosotros no vemos. Si estamos trabajando y sentimos que nos "saturamos", que no sabemos qué hacer o cómo seguir, HAY QUE DEJAR DE TRABAJAR, TOMARNOS UN TIEMPO Y PENSAR. Pueden ser minutos, horas o días, eso es lo de menos, lo importante es retomar el trabajo con ideas claras y certeras.


En fin, cada uno va viendo lo que le resulta más beneficioso, sobre la marcha vamos experimentando y nos quedamos con lo que mejor nos resulta para trabajar. Espero que estos consejos les puedan servir o bien al menos tenerlos en cuenta. Mucha suerte en sus trabajos.

viernes, 27 de febrero de 2026

27 de febrero fiesta de San Gabriel de la Dolorosa.




Nació en Asís (Italia) en 1838. Su nombre en el mundo era Francisco Possenti. Era el décimo entre 13 hermanos. Su padre trabajaba como juez de la ciudad.

A los 4 años quedó huérfano de madre. El papá, que era un excelente católico, se preocupó por darle una educación esmerada, mediante la cual logró ir dominando su carácter fuerte que era muy propenso a estallar en arranques de ira y de mal genio.

Tuvo la suerte de educarse con dos comunidades de excelentes educadores: los Hermanos Cristianos y los Padres Jesuitas; y las enseñanzas recibidas en el colegio le ayudaron mucho para resistir los ataques de sus pasiones y de la mundanalidad.

El joven era sumamente esmerado en vestirse a la última moda. Y sus facciones elegantes y su fino trato, a la vez que su rebosante alegría y la gran agilidad para bailar, lo hacían el preferido de las muchachas en las fiestas. Su lectura favorita eran las novelas, pero le sucedía como en otro tiempo a San Ignacio, que al leer novelas, en el momento sentía emoción y agrado, pero después le quedaba en el alma una profunda tristeza y un mortal hastío y abatimiento. Sus amigos lo llamaban "el enamoradizo". Pero los amores mundanos eran como un puñal forrado con miel". Dulces por fuera y dolorosos en el alma.

En una de las 40 cartas que de él se conservan, le escribe a un antiguo amigo, cuando ya se ha entrado de religioso: "Mi buen colega; si quieres mantener tu alma libre de pecado y sin la esclavitud de las pasiones y de las malas costumbres tienes que huir siempre de la lectura de novelas y del asistir a teatros donde se dan representaciones mundanas. Mucho cuidado con las reuniones donde hay licor y con las fiestas donde hay sensualidad y huye siempre de toda lectura que pueda hacer daño a tu alma. Yo creo que si yo hubiera permanecido en el mundo no habría conseguido la salvación de mi alma. ¿Dirás que me divertí bastante? Pues de todo ello no me queda sino amargura, remordimiento y temor y hastío. Perdóname si te di algún mal ejemplo y pídele a Dios que me perdone también a mí".

Al terminar su bachillerato, y cuando ya iba a empezar sus estudios universitarios, Dios lo llamó a la conversión por medio de una grave enfermedad. Lleno de susto prometió que si se curaba de aquel mal, se iría de religioso. Pero apenas estuvo bien de salud, olvidó su promesa y siguió gozando del mundo.

Un año después enferma mucho más gravemente. Una laringitis que trata de ahogarlo y que casi lo lleva al sepulcro. Lleno de fe invoca la intercesión de un santo jesuita martirizado en las misiones y promete irse de religioso, y al colocarse una reliquia de aquel mártir sobre su pecho, se queda dormido y cuando despierta está curado milagrosamente. Pero apenas se repone de su enfermedad empieza otras vez el atractivo de las fiestas y de los enamoramientos, y olvida su promesa. Es verdad que pide ser admitido como jesuita y es aceptado, pero él cree que para su vida de hombre tan mundano lo que está necesitando es una comunidad rigurosa, y deja para más tarde el entrar a una congregación de religiosos.

Estalla la peste del cólera en Italia. Miles y miles de personas van muriendo día por día. Y el día menos pensado muere la hermana que él más quiere. Considera que esto es un llamado muy serio de Dios para que se vaya de religioso. Habla con su padre, pero a éste le parece que un joven tan amigo de las fiestas mundanas se va a aburrir demasiado en un convento y que la vocación no le va a durar quizá ni siquiera unos meses.

Pero un día asiste a una procesión con la imagen de la Virgen Santísima. Nuestro joven siempre le ha tenido una gran devoción a la Madre de Dios (y probablemente esta devoción fue la que logró librarlo de las trampas del mundo) y en plena procesión levanta sus ojos hacia la imagen de la Virgen y ve que Ella lo mira fijamente con una mirada que jamás había sentido en su vida. Ante esto ya no puede resistir más. Se va a donde su padre a rogarle que lo deje irse de religioso. El buen hombre le pide el parecer al confesor de su hijo, y recibida la aprobación de este santo sacerdote, le concede el permiso de entrar a una comunidad bien rígida y rigurosa, los Padres Pasionistas.
Al entrar de religioso se cambia el nombre y en adelante se llamará Gabriel de la Dolorosa. Gabriel, que significa: el que lleva mensajes de Dios. Y de la Dolorosa, porque su devoción mariana más querida consiste en recordar los siete dolores o penas que sufrió la Virgen María. Desde entonces será un hombre totalmente transformado.

Gabriel había gozado siempre de muchas comodidades en la vida y le había dado gusto a sus sentidos y ahora entra a una comunidad donde se ayuna y donde la alimentación es tosca y nada variada. Los primeros meses sufre un verdadero martirio con este cambio tan brusco, pero nadie le oye jamás una queja, ni lo ve triste o disgustado.

Gabriel lo que hacía, lo hacía con toda el alma. En el mundo se había dedicado con todas sus fuerzas a las fiestas mundanas, pero ahora, entrado de religioso, se dedicó con todas las fuerzas de su personalidad a cumplir exactamente los Reglamentos de su Comunidad. Los religiosos se quedaban admirados de su gran amabilidad, de la exactitud total con la que cumplía todo lo que se le mandaba, y del fervor impresionante con el que cumplía sus prácticas de piedad.

Su vida religiosa fue breve. Apenas unos seis años. Pero en él se cumple lo que dice el Libro de la Sabiduría: "Terminó sus días en breve tiempo, pero ganó tanto premio como si hubiera vivido muchos años".

Su naturaleza protestaba porque la vida religiosa era austera y rígida, pero nadie se daba cuenta en lo exterior de las repugnancias casi invencibles que su cuerpo sentí ante las austeridades y penitencias. Su director espiritual sí lo sabía muy bien.

Al empezar los estudios en el seminario mayor para prepararse al sacerdocio, leyó unas palabras que le sirvieron como de lema para todos sus estudios, y fueron escritas por un sabio de su comunidad, San Vicente María Strambi. Son las siguientes: "Los que se preparan para ser predicadores o catequistas, piensen mientras estudian, que una inmensa cantidad de pobres pecadores les suplica diciendo: por favor: prepárense bien, para que logren llevarnos a nosotros a la eterna salvación". Este consejo tan provechoso lo incitó a dedicarse a los estudios religiosos con todo el entusiasmo de su espíritu.

Cuando ya Gabriel está bastante cerca de llegar al sacerdocio le llega la terrible enfermedad de la tuberculosis. Tiene que recluirse en la enfermería, y allí acepta con toda alegría y gran paciencia lo que Dios ha permitido que le suceda. De vómito de sangre en vómito de sangre, de ahogo en ahogo, vive todo un año repitiendo de vez en cuando lo que Jesús decía en el Huerto de los Olivos: "Padre, si no es posible que pase de mí este cáliz de amargura, que se cumpla en mí tu santa voluntad".

La Comunidad de los Pasionistas tiene como principal devoción el meditar en la Santísima Pasión de Jesús. Y al pensar y repensar en lo que Cristo sufrió en la Agonía del Huerto, y en la Flagelación y coronación de espinas, y en la Subida al Calvario con la cruz a cuestas y en las horas de mortal agonía que el Señor padeció en la Cruz, sentía Gabriel tan grande aprecio por los sufrimientos que nos vuelven muy semejantes a Jesús sufriente, que lo soportaba todo con un valor y una tranquilidad impresionantes.

Pero había otra gran ayuda que lo llenaba de valor y esperanza, y era su fervorosa devoción a la Madre de Dios. Su libro mariano preferido era "Las Glorias de María", escrito por San Alfonso, un libro que consuela mucho a los pecadores y débiles, y que aunque lo leamos diez veces, todas las veces nos parece nuevo e impresionante. La devoción a la Sma. Virgen llevó a Gabriel a grados altísimos de santidad.

A un religioso le aconsejaba: "No hay que fijar la mirada en rostros hermosos, porque esto enciende mucho las pasiones". A otro le decía: "Lo que más me ayuda a vivir con el alma en paz es pensar en la presencia de Dios, el recordar que los ojos de Dios siempre me están mirando y sus oídos me están oyendo a toda hora y que el Señor pagará todo lo que se hace por él, aunque sea regalar a otro un vaso de agua".



Y el 27 de febrero de 1862, después de recibir los santos sacramentos y de haber pedido perdón a todos por cualquier mal ejemplo que les hubiera podido dar, cruzó sus manos sobre el pecho y quedó como si estuviera plácidamente dormido. Su alma había volado a la eternidad a recibir de Dios el premio de sus buenas obras y de sus sacrificios. Apenas iba a cumplir los 25 años.

Poco después empezaron a conseguirse milagros por su intercesión y en 1926 el Sumo Pontífice lo declaró santo, y lo nombró Patrono de los Jóvenes laicos que se dedican al apostolado.

San Gabriel de la Dolorosa: pídele a la Sma. Virgen por tantos jóvenes tan llenos de vitalidad y de entusiasmo para que encaucen las enormes fuerzas de su alma, no a dejarlas perderse en goces mundanos, sino a ganarse un gran premio en el cielo dedicándose a salvar su propia alma y la de muchos más.

27 de febrero fiesta de la Beata María Caridad Brader.



 Religiosa franciscana que se dedicó principalmente al apostolado misionero. Fundó la congregación Franciscanas de María Inmaculada, en la que supo inculcar en sus seguidoras el equilibrio entre la oración contemplativa y la acción evangelizadora.

Nació el 14 de agosto de 1860 en Kaltbrunn, St. Gallen (Suiza). Fue bautizada al día siguiente con el nombre de María Josefa Carolina.

Fue dotada de una inteligencia poco común que su madre supo guiar, esforzándose por darle una esmerada educación, que incluía una sólida formación cristiana y en virtudes, con la que la Beata fue moldeando poco a poco su corazón a las inspiraciones de Dios, y un amor peculiar a la Virgen María.

En la escuela de Kaltbrun, cursó con gran aprovechamiento los estudios de la enseñanza primaria; en el instituto María Hilf de Altstätten, dirigido por una comunidad de religiosas de la Tercera Orden Regular de san Francisco, los de enseñanza media (1º de octubre de 1880); y en Friburgo perfeccionó sus conocimientos y recibió el diploma oficial de maestra.
En plena juventud hizo caso a la voz que resonaba en su interior y decidió abrazar la vida consagrada, pero su madre se opuso, ya que la amaba demasiado, era su hija única y la señora era viuda. Aún así, el 1º de marzo de 1881, María vistió el hábito franciscano, cambiando su nombre al de María Caridad del amor del Espíritu Santo.

El 22 de agosto del año siguiente, emitió los votos religiosos.
Dada su preparación pedagógica, fue destinada a la enseñanza en el colegio anexo al monasterio.

A finales del siglo XIX, el Obispo Pedro Schumacher envió cartas a los conventos en busca de religiosas dispuestas a trabajar en territorios de misión, entre ellas, a las religiosas del instituto María Hilf; Caridad Brader se ofreció entusiastamente como voluntaria.


La beata María Bernarda Bütler, superiora del convento, que encabezó el grupo de las seis misioneras, la descibía con las siguientes palabras: «A la fundación misionera va la madre Caridad, generosa en sumo grado, que no retrocede ante ningún sacrificio y, con su extraordinario don de gentes y su pedagogía, podrá prestar a la misión grandes servicios».

El 19 de junio de 1888 la madre Caridad y sus compañeras emprendieron el viaje hacia Chone, Ecuador. En 1893 continuó misionando, pero ahora en Túquerres, Colombia, donde pasó gran parte de su vida. Ahí, se ganó el afecto de los indígenas, a quienes atendía con gran celo misionero, haciendo hasta lo imposible para llegar hasta donde estaban, desafiando al clima y las condiciones del terreno.

Le preocupaban de manera especial los más pobres, los marginados y los que todavía no conocían el Evangelio.



Ante la necesidad de contar con más misioneras para darse vasto en el apostolado, fundó en 1894 la congregación de Franciscanas de María Inmaculada, apoyada por el padre alemán Reinaldo Herbrand.

Al incio, la Congregación estuvo compuesta por jóvenes suizas, pero pronto se unieron las vocaciones autóctonas, sobre todo de Colombia, que hicieron crecer su carisma y extendenderlo a varios países.

La madre Caridad, en su actividad apostólica, supo compaginar muy bien la contemplación y la acción. Exhortaba a sus hijas a una preparación académica eficiente, pero «sin que se apague el espíritu de la santa oración y devoción». Cultivaba la vida interior y vivía en continua presencia de Dios.

Su fortaleza espiritual fue la santa Eucaristía, donde encontró los valores que le dieron sentido a su vida. Movida por ese amor, infundió la Adoración Perpetua a Jesús Sacramentado, de manera diurna y nocturna, que dejó como el patrimonio más estimado a su comunidad, junto con el amor y apoyo a los sacerdotes como ministros de Dios.

Fue superiora general y guía espiritual de su Congregación de 1893 hasta 1919, y reelegida de 1928 a 1940; después manifestó su decisión irrevocable de no volver a tomar el cargo, y a su sucesora le prometió filial obediencia.

En 1933 tuvo la alegría de recibir la aprobación pontificia de su Congregación.

A sus 82 años de edad presintió su muerte, no sin antes exhortar a sus hermanas a continuar con las obras de caridad con los más necesitados y adherirse a los sacerdotes.

El 27 de febrero de 1943 en Pasto, Colombia falleció. Al divulgarse la noticia una multitud de devotos acudieron a venerar sus restos mortales, encomendándose a su intercesión.



Los funerales se celebraron el 2 de marzo de 1943, con la asistencia de autoridades eclesiásticas y civiles, así como una gran multitud de fieles que decían: «ha muerto una santa». Su tumba sigue siendo meta constante de peregrinos que la invocan en sus necesidades.


El 23 de marzo de 2003 el Papa San Juan Pablo II la proclamó Beata.