viernes, 9 de octubre de 2026

9 de octubre fiesta de San Juan Leonardi.



Pertenece al período de Reforma en la Iglesia. Fruto de la región toscana de Lucca, en el pueblo de nombre Diécimo. 

Esa región antes religiosísima y escrupulosa en la fe que ahora está agitada por la crisis protestante. Nace en casa de acomodados industriales; la familia practica y vive fiel en el catolicismo. 

Después de haberse preocupado de que a su hijo Juan se le diese la mejor formación posible al calor del párroco del pueblo, lo encaminan a que estudie farmacia, que en aquel tiempo era lo mismo que droguero, profesión que también tenía algo de filosofía, alquimia y magia.

Aquel joven con promesa no se casa. Algo está pasando. Sin milagrería llamativa, emplea su tiempo en la farmacia de Diécimo, inicia estudios de latín y comienza bajo la dirección del dominico Paolino Bernardini a estudiar teología. 

Ya habrá muerto su padre cuando cambie las píldoras y pócimas por el ministerio sacerdotal. Se ordena en Pisa el año 1572, tiene treinta y dos años; lo hacen capellán de la iglesia de San Giovanni della Magione y comienza su labor apostólica, destacando de modo especial la enseñanza del catecismo.

El obispo cuenta con él para implantar en otras parroquias la misma actividad catequética en el territorio de Lucca. Juan Leonardi, obligado por la necesidad, al tiempo que escribe su Manual, y funda la Compañía de la Doctrina Cristiana, integrada por seglares y que pronto se extenderá por Siena, Pistoya, Nápoles y Roma. Comienza a destacar su personalidad de organizador para bien de la Iglesia.

Ahora pone en marcha una idea antigua que le rondaba la cabeza. En torno a sí va reuniendo desde el 1574 a un grupo de colaboradores parroquiales que poco a poco, abriendo horizontes y sembrando ilusiones, va preparando para el sacerdocio. 

Serán los comienzos de la fundación propia que le caracteriza: Los Clérigos Regulares de la Madre de Dios, sacerdotes con ministerios eminentemente parroquiales y dispuestos a entregarse desde las parroquias a atender las necesidades de los fieles. 

No tiene otra ambición que hacer de ellos unos sacerdotes santos, piadosos, bien preparados doctrinalmente y celosos de los intereses de Dios en las almas.

Aquella modalidad de sacerdotes que atienden parroquias como los demás, pero que viven reunidos en torno a una figura del fundador al estilo de los religiosos no fue bien entendida y mucho menos estimada por las autoridades civiles de las que iba a depender en parte la autorización para asentarse, y los recursos materiales para sobrevivir. 

Mal lo pasó Juan. Rechazo, trabas y pobreza hasta verse obligado a pedir limosna. Pero, como pasa siempre en las obras de Dios, aquellas dificultades sirvieron para crecer en confianza y arreciar en la oración: Intensifica el culto al Santísimo Sacramento con la implantación de las Cuarenta Horas, monta ejercicios de reparación, mueve a la gente con misiones populares y organiza procesiones de penitencia por las calles de Lucca yendo de iglesia en iglesia.

Funda también la Compañía de la Paz para amparar la conversión espontánea y masiva de delincuentes; en ella podrían agruparse en el futuro los que se encontraran en esas circunstancias; pero aquello fue un fracaso por no tener raíz, carecer de formación y estar aquellos sujetos más apegados a sus viejos vicios de lo que parecía en principio. 

Unos volvieron a las andadas y algunos se integraron en los capuchinos.

Como su carisma es organizar, también fundó algo para mujeres: Las Monjas de los Ángeles, religiosas que se ocuparían de la atención y formación de las muchachas jóvenes. Pero, como no quería estar liado con asuntos en donde las mujeres mandaran, las dejó pronto.

Se dedicó a consolidar la obra principal y a procurar la apertura de nuevas casas hasta que, con el apoyo del cardenal Baronio, consigue asentar la de Roma.

También reunió a su alrededor un conjunto de presbíteros dedicados a la propagación de la fe; este grupo, dispuesto a la primera evangelización, fue asumido y ampliado por la Santa Sede y llegó a convertirse en la Congregación romana llamada Propaganda Fide, colaborando con el cardenal español Juan Bautista Vives en la organización del Colegio.

Clemente VIII aprobó en 1603 las Constituciones de la Congregación, viviendo aún el fundador.

Murió en Lucca, el año 1609.

Pío IX lo beatificó en 1861 y Pío XI lo canonizó en 1938. El 8 de agosto del año 2006. El Papa Benedicto XVI, lo declara patrono de los farmacéuticos.



Se conservan sus restos en la casa generalicia de Santa María in Campitelli.


No se conocen hechos prodigiosos en su historia que puedan aureolar su figura. Más bien podría decirse que su obra fue gris, corriente y hasta vulgar, con aciertos y fracasos. Pero él puso al servicio de Dios y de la Iglesia los talentos que recibió; trabajó con perseverancia en sacarles todo el jugo sin contentarse con menos y así consumió su vida. No se puede pedir más.

9 de octubre fiesta de San John Henry Newman, Cardenal.




San John Henry Newman, era presbítero anglicano en Inglaterra, sus estudios de la historia de la fe lo llevaron a reconocer que las raíces del cristianismo están en la Iglesia Católica a la que, luego de su conversión, sirvió como sacerdote y posteriormente como Cardenal.



¿Quién era Newman? Newman fue un inglés nacido en Londres el  21 de febrero de 1801, cuyo padre era banquero y su madre pertenecía a una familia de fabricantes de papel. A los siete años fue enviado a una escuela privada, donde se distinguió por su inteligencia y buena conducta. 

Pronto comenzó a leer la Biblia, por la que se sintió no sólo atraído sino subyugado. Más adelante realizó los estudios universitarios, en los cuales volvió a sobresalir. Pero no se encerró en lo estrictamente académico, pues representó obras de teatro en latín, tocaba el violín, ganó premios de oratoria y editó publicaciones periódicas.

El año 1816 tuvo una influencia decisiva en su vida. El banco de su padre dio en quiebra, como consecuencia de las guerras napoleónicas, y él mismo contrajo una grave enfermedad, que, a la larga, sería una de las tres enfermedades que él calificaría luego como ‘providenciales´. 

Además, tuvo una conversión religiosa, en cuanto que su fe derivó hacia posiciones evangélicas y calvinistas, llegando a sostener que el Papa era el Anticristo. Años más tarde, en 1824, fue ordenado presbítero de la Iglesia de Inglaterra. Por esa época se convirtió en párroco de St. Clement, en Oxford, donde permaneció dos años, aunque sacando tiempo para publicar importantes y densos artículos.

A finales de 1827, Newman sufre una especie de colapso nervioso, provocado por el exceso de trabajo y los problemas financieros de la familia, a lo que se unió la muerte repentina de su hermana menor. Poco después, en las vacaciones de 1928, comenzó a leer sistemáticamente las obras de los Padres de la Iglesia.

Entró en el llamado Movimiento de Oxford, el cual trataba de demostrar que la Iglesia de Inglaterra era la descendiente directa de la Iglesia de los Apóstoles. Esto le llevó más tarde a reconsiderar la relación de la Iglesia de Inglaterra con la Iglesia Católica Romana.

Los puntos de vista de Newman fueron asumiendo progresivamente un mayor tono católico. En 1842 se retiró a Littlemore y vivió como monje con un pequeño grupo de seguidores y en condiciones de gran austeridad física. A sus discípulos les asignó la tarea de escribir sobre la vida de los santos ingleses, mientras él escribía «Ensayos sobre el desarrollo de la doctrina cristiana». 

Poco a poco se fue reconciliando con el dogma y la liturgia de la Iglesia Católica. 

En 1843 hizo una retractación formal de todas las afirmaciones pronunciadas contra la Iglesia Romana y en septiembre de ese mismo año predicó su último sermón como anglicano. Dos años más tarde se convirtió al catolicismo, siendo ordenado sacerdote católico en junio de 1847.

En 1889 a los 88 años de edad, fue nombrado por León XIII cardenal de la Iglesia Católica. Murió el 11 de agosto del año siguiente. 







En 1991 fue declarado Venerable y el 3 de junio de 2009 la Santa Sede promulgó el decreto que le atribuye un milagro. 

El 19 de septiembre de 2010 fue beatificado por S.S. Benedicto XVI, fijando su festividad para el 9 de octubre, fecha de su conversión. El 13 de octubre de 2019 fue proclamado santo por el Papa Francisco.

El nuevo santo nos ha dejado en herencia tres grandes amores: a la verdad, a la Sagrada Escritura y a los Padres de la Iglesia. Los tres son de suma actualidad e importancia.

9 de octubre SAN HÉCTOR VALDIVIELSO SÁEZ.




MÁRTIR LASALLANO Héctor Valdivielso nació en Buenos Aires el 31 de Octubre de 1910, en la actual calle Treinta y Tres Orientales Nº 1075. Fue bautizado en la parroquia San Nicolás de Bari el 26 de Mayo de 1913.

Sus padres, oriundos de España, llegaron a la Argentina, buscando mejorar su vida, sin embargo, pocos años después regresaron a Briviesca (Provincia de Burgos).

En el año 1922, surge en Héctor la idea de hacerse religioso e ingresa en el estudiantado lasallano de Bujedo. Los hermanos lasallanos tenían en Lembecq-le-Hall (Bélgica), un colegio misionero, que acogía estudiantes de distintas naciones. Allí fue enviado Héctor con un grupo de aspirantes. En el mismo instituto, hizo el postulantado y el 6 de Octubre de 1926 recibe el hábito. Con él se le adjudica el nombre nuevo: Hermano Benito de Jesús.
Terminado el año de noviciado el 7 de Octubre de 1927, Héctor emitió sus votos religiosos de pobreza, castidad y obediencia y en seguida regresó a Bujedo para realizar sus estudios de profesor. El 14 de Agosto de 1929, llegó a Astorga, que sería su campo magisterial. Pero él no se conformaba con la actividad meramente académica y se dedica a la Congregación de los Tarcisos, para promover la devoción eucarística.

Con intuición muy fina, se abrió al gran mundo de los medios de comunicación y, conociendo sus dotes literarias, se comprometió con el apostolado de la buena prensa. El periódico “Luz de Astorga”, le abrió sus páginas, para que se explayara sobre los temas de su predilección.

El año 1934, anuncia días muy tristes para toda España y, sobre todo, para la iglesia. El odio y las luchas de clases eran avivados por los malos gobiernos y aprovechados por los nacientes grupos de izquierda. Característica general de las proclamas, era el ataque a la religión, a los símbolos religiosos y en especial a las personas eclesiásticas: sacerdotes y religiosos. Antes de llevar a cabo la Revolución Nacional, los dirigentes decidieron un ensayo en Cataluña y Asturias. En los quince días que duró el intento revolucionario, fueron asesinados en Asturias treinta y tres sacerdotes y destruidas diecisiete iglesias.

Al ser promulgada la ley que prohibía la docencia a los miembros de congregaciones religiosas, los hermanos lasallanos tuvieron que dar por concluidas sus labores en Astorga y dejar paso a profesores seglares. Tomaron sus petates, se quitaron el hábito y se dirigieron a Turón, donde se presentaron como profesores seglares.

Durante la noche del 4 al 5 de Octubre de 1934, estalla la revolución y fueron detenidos los 3 sacerdotes de Turón. Avisados los hermanos lasallanos, intentan celebrar una misa que les impiden terminar. Los ocho hermanos fueron detenidos y llevados a la cárcel instalada en Casa del Pueblo. Estuvieron en esta cárcel desde el día 5 hasta el 8 de Octubre. El día 9 de Octubre a la una de la mañana, amparándose en la oscuridad de la noche, entran en la cárcel del pueblo dos miembros del Comité, empuñando sendas pistolas y acompañados por dos escopeteros, despojan a los detenidos de sus bienes y les comunican que los llevaban a las líneas de fuego de Oviedo, pero en realidad los encaminaron al cementerio.
Las once víctimas – 8 hermanos lasallanos, entre los que se encontraba Héctor, el padre Inocencio, pasionista confesor y dos jefes de carabineros – fueron alineados delante de las fosas, con el rostro mirando a su colegio y a los escopeteros. A la orden de fuego dos descargas segaron las vidas de los mártires, cuyos cuerpos cayeron en las fosas y fueron rematados a pistoletazos.

El Papa Juan Pablo II, beatifica a Héctor Valdivieso Sáez y a sus compañeros el 29 de abril de 1990 y el 21 de noviembre de 1999, los canoniza, o sea, los proclama santos, amigos de Dios e intercesores de los hombres.



miércoles, 7 de octubre de 2026

7 de octubre fiesta de la VIRGEN DEL ROSARIO.



La Virgen María se apareció en 1208 a Santo Domingo de Guzmán en una capilla del monasterio de Prouilhe (Francia) con un rosario en las manos, le enseñó a rezarlo y le dijo que lo predicara entre los hombres; además, le ofreció diferentes promesas referentes al rosario. El santo se lo enseñó a los soldados liderados por su amigo Simón IV de Montfort antes de la Batalla de Muret, cuya victoria se atribuyó a la Virgen. Por ello, Montfort erigió la primera capilla dedicada a esta advocación.
En el siglo XV su devoción había decaído, por lo que nuevamente la imagen se apareció al beato Alano de Rupe, le pidió que la reviviera, que recogiera en un libro todos los milagros llevados a cabo por el rosario y le recordó las promesas que siglos atrás dio a Santo Domingo.





En el siglo XVI, San Pío V instauró su fecha el 7 de octubre, aniversario de la victoria en la Batalla de Lepanto, donde las fuerzas cristianas derrotaron a los turcos que invadían Europa (atribuida a la Virgen), denominándola Nuestra Señora de las Victorias; además, agregó a la letanía de la Virgen el título de Auxilio de los Cristianos. Su sucesor, Gregorio XIII, cambió el nombre de su festividad al de Nuestra Señora del Rosario.2 A causa de la victoria en la batalla de Temesvár en 1716, atribuida por Clemente XI a la imagen, el papa ordenó que su fiesta se celebrase por la Iglesia universal. León XIII, cuya devoción por esta advocación hizo que fuera apodado el Papa del Rosario, escribió unas encíclicas referentes al rosario, consagró el mes de octubre al rosario e incluyó el título de Reina de Santísimo Rosario en la letanía de la Virgen.





Como anécdotas, tanto la Virgen de Lourdes en su aparición de 1858 como la de Fátima en 1917 pidieron a sus videntes que rezasen el rosario. Gran parte de los papas del siglo XX fueron muy devotos de esta advocación, y Juan Pablo II manifestó en 1978 que el rosario era su oración preferida, lo mismo han dicho Benedicto XVI y el Papa Francisco.






¡Felicidades a todas las Misioneras de la Caridad!





Un 7 de octubre del año 1950, festividad de Nuestra Señora del Rosario, la Santa Sede aprueba a la nueva Congregación india. Felicidades queridas hermanas por tantos años, que nuestra Santa Madre Teresa de Calcuta, las proteja y guíe.



¡Muchas felicidades a todas las hermanas 
en este nuevo Aniversario!