miércoles, 25 de febrero de 2026

25 de febrero fiesta de San Luis Versiglia y San Calixto Caravario.


San Luis Versiglia

Luis Versiglia nació  en Oliva Gessi (Pavía), el 5 de junio de 1873 murió en Linchow, China, el 25 de febrero de 1930. 
El 16 de septiembre de 1885 llegó Turín para estudiar con los salesianos de Don Bosco con la intención de ingresar en la universidad y ser veterinario.
Permanece junto a Don Bosco por dos años y medio, se confiesa con él frecuentemente. Además tiene el honor de leerle un discurso de felicitaciones el día de su último onomástico.

Pocos días después de la muerte de Juan Bosco, Luis asiste en la Basílica de María Auxiliadora a la imposición del crucifijo a los siete salesianos que partían a las misiones el 11 de marzo de 1888.

Es aquí cuando decide convertirse en salesiano para ser misionero en un futuro.  El 21 de diciembre de 1895 recibe la ordenación sacerdotal. Don Miguel Rúa lo nombró maestro de Novicios de  Genzano, cerca de Roma


Las misiones

En 1905 estudia idiomas para ser misionero. El 19 de enero de 1906, sale de Italia en  la primera expedición de misioneros salesianos a China capitaneada por él.  El obispo de Macao los acoge calurosamente y los pone al frente de un orfanato que albergará un máximo de 55 muchachos.

En 1910, estalla una revolución que provoca la imposición de una dictadura anticlerical en Portugal y sus territorios de ultramar.

Las autoridades de Macao no comprenden, por qué deben expulsar a los salesianos, pero el 29 de noviembre llega la orden de expulsión y los salesianos se trasladan a Hong Kong.


En 1920 el territorio misionero salesiano es elevado a Vicariato Apostólico, por lo que  Luis Versiglia es nombrado obispo el 9 de enero de 1921. En 1922, monseñor Versiglia hace una visita a Italia, donde Calixto Caravario se ofrece para ayudarle en su labor misionera en China.

San Calixto Caravario

Calixto nació en Cuorgné, cerca de Turín, el 8 de junio de 1903. Fue alumno del oratorio de Valdocco y todavía se encontraba en período de formación inicial, cuando en 1924 marchó a China como misionero salesiano.

Ordenado de sacerdote en 1929 por monseñor Luis Versiglia, se destinó al vicariato de Shiu Chou.

En el verano de 1926, empiezan las quejas en contra del cristianismo y los extranjeros en Shiu Chou.  El 13 de diciembre de 1927, las protestas se radicalizan con el incendio de todas las iglesias y misiones de Shiu Chou.
 


El 24 de febrero de 1930 Mons. Luis Versiglia viaja hacia  a Lin Chou,  con el P.  Calixto Caravario, sdb, y tres alumnas de las salesianas, para colaborar en  la misión salesiana de dicho pueblo.

Al día siguiente durante el viaje son apresados por unos piratas que exigen el pago de un peaje. El padre Caravario y monseñor Versiglia intentan proteger a las jóvenes que viajan con ellos para que los piratas no se aprovechen de ellas.

Los piratas fusilan, en Lai-Tau-Tsui  a los dos salesianos y capturan a las chicas. Los restos mortales de monseñor Versiglia  y los del Padre Caravario, fueron repatriados a Italia.


La autenticidad de su martirio fue reconocida por la Congregación de Causas de los Santos el 13 de Noviembre de 1976 y S. s.  Pablo VI  emitió el decreto que lo confirma.

Fueron beatificados el 15 de mayo de 1983 por el Papa Juan Pablo II y son canonizados por él, el día  1 de octubre de 2000 junto con otros 199 mártires en China.






Los protomártires salesianos, junto a los otros mártires del grupo, constituyen la expresión del servicio misionero universal de la Iglesia. Su martirio esta unido al de  cristianos chinos y extranjeros, seglares y sacerdotes, hombres y mujeres de todas las edades que son signos de la fe para el pueblo cristiano.

25 de febrero fiesta de la beata Rani Maria.




Nacida en 1954 en una sencilla familia campesina, Mariam Vattalil se unió a la Congregación de las Hermanas Clarisas Franciscanas después de terminar la escuela secundaria. Después de entrar, asumió el nombre de Rani María y profesó sus votos solemnes en 1980. La hermana Rani María quiso ser misionera y sirvió a varias comunidades pobres de la India.

En 1992 fue trasladada a Indore y trabajó con los pobres, oprimidos y marginados en esa región. Según su congregación, “los programas de desarrollo en los que se dedicaba a las tribus pobres iban en contra de los intereses creados de los prestamistas sin escrúpulos y los explotadores sociales; ella se convirtió en el objeto de su odio, que creció firmemente en el paso con el progreso de los pobres. Y sus enemigos decidieron deshacerse de ella”.

En particular, la hermana Rani María trabajó contra un tipo de trabajo en servidumbre que es una forma moderna de esclavitud. Los prestamistas de dinero locales y los señores feudales la vieron como una amenaza para sus instituciones y decidieron contratar a un asesino para matarla.





Contrataron a un hombre llamado Samandhar Singh, que la siguió y abordó un autobús, que ella conducía, para matarla. Singh la apuñaló entonces allí en plena luz del día y la última palabra de la hermana Rani María fue “Jesús”. Esto ocurría el 25 de febrero de 1995.





Fue detenido rápidamente e inicialmente condenado a muerte. Sin embargo, su sentencia fue conmutada a cadena perpetua, a la que sirvió hasta que fue liberado a petición de la familia de la hermana Rani María.

Su hermana menor, la hermana Selmy, también miembro de la Congregación de las Hermanas Clarisas Franciscanas, “ofreció palabras de perdón [a Singh] y ató un rakhi, o hilo sagrado, en su mano, lo que significaba que ella aceptaba a Singh como su hermano”.




Este perdón le dio “nueva vida” después de haber sido abandonado por todos sus conocidos. La familia de la hermana Rani María solicitó al gobernador que liberara a Singh de la cárcel, lo que se realizó en 2006.



Basado en este asombroso acto de perdón, se realizó un documental titulado The Heart of a Murderer (El corazón de un asesino), que ganó un premio en el Festival Mundial de Cine Interconfesional Harmony en 2013.


Según la sinopsis de la película, Singh “ahora está viviendo en su pueblo natal, pero se siente solo. Ninguna mujer se casará con él por su pasado. Perdió a su único hijo mientras estaba en prisión. Vive una vida sencilla, trabajando en los campos familiares y cocinando sus propias comidas. Hace todo lo posible para ayudar a otros, siguiendo el ejemplo de Rani María y la guía espiritual de Swami.

 
Samundar visita a su hermana Selmy en el convento antes de iniciar su viaje en tren a Kerala, donde se reunirá con la madre de Rani y sus hermanos. Lo único que le importa ahora es el amor de su nueva familia. El abrazo de la madre será para él el comienzo de una nueva vida: “Tú eres mi hijo, me alegra que hayas venido”.


El papa Francisco aprobó en el año 2017, el martirio y un milagro para la causa de canonización de Regina Mariam Vattalil. Muerta “por odio a la fe”, Vattalil se ha convertido en un hermoso testigo de la Iglesia en la India.


Fue beatificada el 4 de noviembre de 2017 en el Saint Paul Institute of Professional Studies, Indore (India), dicha celebración fue presidida por el Cardenal Angelo Amato.

25 de febrero fiesta de la Beata María Ludovica De Angelis.




Nace el 4 de octubre de 1880 en San Gregorio, pueblo de los Apeninos Centrales, en la región de "Abbruzzi".

Sus padres, humildes labradores, se llamaban Santa Colaiandi  y  Ludovico De Angelis.

Era la primogénita y tuvo que ayudar en el cuidado de los hermanos. Frecuento esporádicamente la escuela, donde aprendió a leer y escribir. Al llegar a la adolescencia, colaboró con el padre en las tareas agrícolas.

Su párroco, P. Samuel Tarquini, la puso al frente de la Asociación de Hijas de María, fundada por él. El 14 de noviembre de 1904 ingresó como postulante en el noviciado de las Hijas de Nuestra Señora de la Misericordia, en Savona, guiada y ayudada económicamente por el P. Tarquini, dado la oposición de su familia. El 3 de mayo de 1905 vistió el anhelado hábito. En la vestición, se le impuso el nombre de Ludovica. Comenzó entonces el noviciado. El 3 de mayo de 1906 se consagró a Dios a través de los votos de pobreza, castidad y obediencia.

Sus padres estuvieron ausentes y compartió su alegría con el P. Samuel, que le costeó el vestido de profesa.

El 14 de noviembre de 1907, con cuatro religiosas se embarcaron para la Argentina. Llegaron a Buenos Aires el 4 de diciembre y se dirigieron a la Casa Provincial.

A principio de 1908 recibió la orden de ir al Hospital de Niños de La Plata. Éste se reducía a una alambrada, un portón y dos salas de madera bajas y chatas para sesenta camas.

La Ciudad había sido fundada en 1882, tenía a la sazón de 26 años, es decir dos menos que sor Ludovica; al decir de Fray Contardo Miglioranza, crecieron juntas.

Su destino era la cocina y la despensa. En 1909, al ver su sentido de responsabilidad, el Dr. Cometto la propuso como administradora, cargo que honrará hasta la hora de su muerte en 1962.

Según distintos testimonios, luchó y logró quitar al lugar toda la frialdad de los hospitales clásicos, fue consejera, directora espiritual del personal y de los familiares de los pacientes, aprendió y se ejercitó en todos los oficios propios de una enfermera, llegó a ser una experta colaboradora de los médicos y desempeñaba hasta los menesteres más humildes. A través de su intuición y experiencia captaba tan cabalmente al enfermo que los médicos daban gran crédito a sus observaciones.

El 3 de mayo profesó con los votos perpetuos.

Al morir la Superiora del Hospital, en 1915, el Dr. Cometto acompañado de otros médicos, pidió a la Madre Provincial que la nombrara a Sor Ludovica, ya que tanto él como todo el personal, admiraban sus dotes no comunes de prudencia, previsión y capacidad de dirección. La Madre accedió y hubo que convencer a la interesada que alegaba su ignorancia.

Al asumir el cargo, encaró una paulatina ampliación del lugar, que pertenecía a la Sociedad de Beneficencia. Para lograrlo, solicitó la ayuda de los platenses.

Comenzó entonces esa gigantesca labor edicilia que sólo terminaría con su muerte. En 1925, pasó a depender del Ministerio de Salud Pública de la Provincia. Sor Ludovica se hizo portavoz de las necesidades de los niños y de las nuevas exigencias que reclamaba el progreso. La Provincia brindó sus recursos, fijando partidas anuales para el Hospital, pero gracias al arte de prestidigitación administrativa de la Superiora, cada partida se multiplicaba y acrecentaba su valor.

El Hospital de Niños, gracias a su corazón caritativo, no sólo atendió a los enfermos, sino que amparó a aquellos que sus padres abandonaban al internarlos. Ella siguió su educación y costeó sus estudios. En una ocasión, uno de estos jovencitos se fracturó el cráneo, A las 36 horas se agravó y los médicos decidieron operarlo. Sor Ludovica se opuso terminantemente. Los profesionales le delegaron la responsabilidad, ya que en ese momento tenía la maternidad del enfermo. Después de 48 horas, el niño recobró el conocimiento y mejoró rápidamente. Cuando le preguntaron a la superiora el motivo de su decisión, decía: "Dios me dijo que no era necesaria la operación".

En 1935 debieron extirpar un riñón a Sor Ludovica, porque estaba afectado de un tumor canceroso. Este malestar le dejó numerosas secuelas. A pesar de ello, siguió trabajando intensamente y con toda dedicación. La comunidad de Hermanas le propuso un periodo de descanso después de treinta años de desvelos. Se estaba por realizar el capítulo para la elección de la Madre General y fue la ocasión para que participara como electora. Estando en Italia, se preocupó por visitar laboratorios y hospitales. Como fruto de sus contactos, trajo aparatos y accesorios para el hospital.

En Savona, aprovechó la cortesía de alguna cohermana para dar un paseo por la "Riviera Ligure". Allí visitó varias casas consagradas a la recuperación de niños débiles. Esto la inspiró para renovar en nuestras tierras esa experiencia tan beneficiosa, Al regresar, emprendería la obra, que sería el "Solario" de Punta Mogotes, en Mar del Plata.

En 1937, de acuerdo con el director del Hospital, Dr. Alejandro Oyuela, solicitó al ministro de Obras Públicas, la cesión de una quinta en City Bell, para la instalación del solario. Pero decidió transformar esos terrenos en una quinta para hortalizas sanas y frescas y fruta abundante y en una granja para cría de aves y cerdos. De esa manera, brindaría a sus niños huevos, pollos y embutidos de primera calidad.

Al ver el abandono religioso e los vecinos del lugar, le ofreció al arzobispo de La Plata, Monseñor Alberti, su colaboración y la de las Hermanas para organizar una misión. La misión, a cargo del P. Bienvenido Alvarez, S.J. con la cooperación de las Hermanas, fue un acierto y surgió la idea de levantar una capilla. Toda la ciudad apadrinó la obra y en 1939, el nuevo arzobispo, Mons. Chimento, inauguró el templo del Sagrado Corazón de Jesús.

Durante 19 años, día por medio, iba a la granja y volvía con las canastas llenas. En la época de los tomates, preparaba conservas para todo el año. Aprovechaba el viaje para llevar u grupo de niños dar un paseo.

Como experta agrícola, se preocupó del desgaste de la tierra y buscó un fertilizante natural y barato: solicitó al intendente Frangi, que le cediera el abono proveniente de los caballos del corralón municipal de Villa Elisa.

Debido a la extirpación del riñón, fue obligada a tomar un breve descanso en Mar del Plata. Sintiendo en sí misma los beneficios del mar, del aire yodado y de los rayos solares, comenzó a pensar en los beneficios que sacarían los niños débiles, raquíticos, atacados por problemas óseos y se embarco en el proyecto de un solario marítimo. Fue una lucha titánica de siete años, debido a muchas oposiciones, pero con su voluntad tenaz y con las oraciones pedidas por ella a los enfermos y al personal, se vencieron los obstáculos. Se inauguró en 1943. Sor Ludovica sabía que sanar el espíritu es más beneficioso que curar las enfermedades. Por eso, hizo construir una capilla que dedicó a San José.

El solario era un anexo del Hospital de Niños y ella era la responsable como administradora y como animadora. Viajaba dos veces por mes en un vehículo al que llamaba "cañoneta". Iba siempre cargada de niños. Logró que en el mismo solario funcionara una escuela para que no se atrasaran los que permanecían mucho tiempo internados. Otro tanto existía en el Hospital. Sor Ludovica aprovechaba la vecindad del puerto para procurarse canastas de pescados frescos y baratos. Enseñaba a las empleadas a prepararlos y trabajaba con ellas.

Mientras estaba empeñada en sus peripecias edilicias, en sus viajes con la "cañoneta", en sus cuidados de la quinta y de la granja y en sus desvelos maternales por su mundo infantil, desde la Dirección de Higiene de la Provincia acechaban sus actividades e intervinieron la Administración del Hospital. Los vaivenes de acusaciones, inspecciones y descargos debieron amargarla mucho. Pero lo tomó con serenidad y como prueba del Señor. Prosiguió su ardoroso ritmo de trabajo y de oración, sin quejas. Y la luz llegó a través de la defensa y exaltación de sus colaboradores.
Al intuir que la locura humana desataría otra vez los horrores de la guerra, previó la carencia de productos medicinales con la compra de productos que cubrieron la demanda por largo tiempo. Su administración era abierta y generosa. Después del terremoto de San Juan, el Hospital de Niños mandó más suero antitetánico, antigangrenoso y antidiftérico que la Dirección General de Hospitales de la Provincia.

El 12 de junio de 1949, su Madre y Fundadora, María Josefa Rossello, fue canonizada. Si todas las Hijas de la Misericordia se regocijaron, más lo hicieron las de La Plata, porque el primer milagro que impulsó el proceso de canonización se realizó en la ciudad. Sor María del Espíritu Santo, que ejercía el magisterio en el colegio de la Misericordia, fue súbita y perfectamente curada de tuberculosis renal de avanzada gravedad, después que sus cohermanas rezaron una novena a la Madre fundadora. Entre las delegadas argentinas para participar de la ceremonia, fue elegida Sor Ludovica, quien aprovecharía el viaje para establecer contactos con clínicas y laboratorios y traer material sanitario.

En 1951, se opuso a un Decreto Oficial para que el Hospital llevara su nombre. ("¿Con quién me confundieron? Yo soy una religiosa... rompan ese decreto. Si no lo hacen, sepan que mañana mismo me voy para Italia"). Sólo después de su muerte, se pudo llevar a cabo ese homenaje.

En ese mismo año una imagen peregrina de Nuestra Señora de Fátima recorrió el mundo y estuvo varios días en La Plata. Todo el Hospital fue movilizado en los preparativos, en la recepción, en las veladas de oraciones, en los cantos y en la despedida. La Virgen transitó sala por sala. Muchos testimonios hablan de la constante devoción mariana de Sor Ludovica. Día y noche, al recorrer pasillos y salas, desgranaba rosarios y jaculatorias. Anualmente el personal peregrinaba a Luján. Ella era siempre la animadora.

Desde que le extirparon el riñón en 1935, su salud quedó debilitada, pero por sus ansias de servir a los niños, se despreocupó de sus problemas personales. A lo largo de los años, sufrió más de un edema pulmonar, pero el que padeció en 1957, alcanzó una gravedad extrema. Su curación la atribuyó a una gracia especial de Nuestra Señora de la Misericordia.

Siempre tenía una tierna y generosa palabra de consuelo y esperanza para los familiares de los internados. Según testimonios, recorría todos los rincones de la casa, para que funcionara a la perfección. Nada debía faltar, y si algo faltaba, había que agotar los medios para conseguirlo. Cuando escaseaba la leche, recorría los tambos para  traerla. Por la tarde, visitaba la Casa de Gobierno y oras dependencias oficiales para agilizar trámites administrativos, como en busca de recursos para las obras y visita de comercios para pedir ayuda y donaciones. Estas visitas y trámites tenían también un aire familiar y pedagógico. Llamaba por turno a una docena de niños convalecientes y partía con ellos para distraerlos y oxigenar sus pulmones.

Falleció el domingo 25 de Febrero de 1962, a los 82 años de edad.

Fue Beatificada por el Papa Juan Pablo II, el 3 de Octubre de 2004, en Roma. Su cuerpo se encuentra en la Iglesia Catedral de La Plata, Argentina.

lunes, 23 de febrero de 2026

23 de febrero fiesta de Santa Josefina Vannini.




Judit Adelaida Vannini nació en Roma el 7 de julio de 1859, hija de Ángel Vannini y Annunziata Papi; es la intermedia entre tres hermanos. 

A los 4 años pierde a su padre, y tres años más tarde, a su madre. Los tres hermanos son separados y cada es recibido en distintos sitios. Judit ingresa al orfanato de las Hijas de la Caridad.

Obtiene el título de maestra de asilo, y a los 21 años intenta entrar al noviciado de las Hijas de la Caridad en Siena, pero al poco tiempo debe abandonar por motivos de salud. 

Al año siguiente vuelve a intentarlo, pero luego es definitivamente rechazada de la Congregación por no conseguir adaptarse a sus exigencias.

Siente en profundidad el llamado a la vida religiosa, pero no encuentra un Instituto que la atraiga. 



A los 32 años participa de unos ejercicios espirituales en la casa de las Hermanas de Nuestra Señora del Cenáculo de Roma, y conoce allí al padre Luis Tezza, con quien se entrevista por primera vez el 17 de diciembre de 1891, para pedirle consejo espiritual acerca de su vocación. Hacía poco que el padre Tezza había recibido el encargo de refundar las terciarias camilianas, y lo propone a Judit. Ella le responde que, aunque no se siente capaz, confía en Dios.

En el carácter de Judit estaba lo necesario para una fundadora: mujer de oración y sacrificio, segura de sí misma y de su vocación. Solicitadas las pertinentes autorizaciones del superior de los Camilianos, Judit, con dos compañeras, forman el núcleo de la nueva fundación de la Congregación de Hijas de San Camilo, para servir a los enfermos. 

El 2 de febrero de 1892, celebración de la conversión de san Camilo, en la sala-santuario donde murió el santo, nace la nueva familia camiliana con la imposición del escapulario, y ya en marzo Judit, que toma el nombre de Josefina, recibe el hábito religioso y es nombrada superiora.
Las Reglas son redactadas por el Padre Luis Tezza, y la finalidad es la "asistencia a los enfermos, incluso en sus domicilios". El instituto, en medio de una gran pobreza, crece inmediatamente, a fin de ese mismo año son ya 14 las religiosas, el año siguiente fundan fuera de Roma, en Cremona, y continúa el crecimiento. 

Sin embargo el primer gran escollo viene de parte del papa León XIII, que había decidido no aceptar más fundaciones en Roma, y niega dos veces la autorización al P. Tezza. La congregación parece que queda obligada a dejar Roma; sin embargo, convertida en Pía Asociación, pueden permanecer.

Una nueva prueba vendrá de la mano de calumnias que se alzan hacia la relación entre el P. Tezza y las religiosas, especialmente con la beata Josefina. Sin ninguna investigación, el cardenal protector de la Pía Asociación quita al P. Tezza el permiso de confesar a las hermanas, y le prohibe todo contacto con ellas.


Con gran fortaleza espiritual, la fundadora prosigue adelante con la obra, e incluso crece en esos años ampliándose por toda Italia y Argentina. El 21 de junio 1909, después de tantas resistencias, obtiene por fin el Decreto de erección del Instituto en Congregación Religiosa bajo el nombre de "Hijas de San Camilo". 

Muere en Roma el 23 de febrero de 1911, y es beatificada, también en Roma, el 19 de octubre de 1994 por San Juan Pablo II. El 13 de octubre de 2019 fue proclamada santa por el Papa Francisco.