lunes, 24 de agosto de 2026

24 de agosto San Bartolomé apóstol.


A este santo (que fue uno de los doce apóstoles de Jesús) lo pintaban los antiguos con la piel en sus brazos como quien lleva un abrigo, porque la tradición cuenta que su martirio consistió en que le arrancaron la piel de su cuerpo, estando él aún vivo.

Parece que Bartolomé es un sobrenombre o segundo nombre que le fue añadido a su antiguo nombre que era Natanael (que significa "regalo de Dios") Muchos autores creen que el personaje que el evangelista San Juan llama Natanael, es el mismo que otros evangelistas llaman Bartolomé. Porque San Mateo, San Lucas y San Marcos cuando nombran al apóstol Felipe, le colocan como compañero de Felipe a Natanael.

El encuentro más grande de su vida.

El día en que Natanael o Bartolomé se encontró por primera vez a Jesús fue para toda su vida una fecha memorable, totalmente inolvidable. El evangelio de San Juan la narra de la siguiente manera: "Jesús se encontró a Felipe y le Bartholomew.jpg (24186 bytes)dijo: "Sígueme". 

Felipe se encontró a Natanael y le dijo: "Hemos encontrado a aquél a quien anunciaron Moisés y los profetas. Es Jesús de Nazaret". Natanael le respondió: " ¿Es que de Nazaret puede salir algo bueno?" Felipe le dijo: "Ven y verás". Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: "Ahí tienen a un israelita de verdad, en quien no hay engaño" Natanael le preguntó: "¿Desde cuándo me conoces?" 


Le respondió Jesús: "antes de que Felipe te llamara, cuando tú estabas allá debajo del árbol, yo te vi". Le respondió Natanael: "Maestro, Tú eres el Hijo de Dios, Tú eres el Rey de Israel". Jesús le contestó: "Por haber dicho que te vi debajo del árbol, ¿crees? Te aseguró que verás a los ángeles del cielo bajar y subir alrededor del Hijo del Hombre." (Jn. 1,43 ).

Felipe, lo primero que hizo al experimentar el enorme gozo de ser discípulo de Jesús fue ir a invitar a un gran amigo a que se hiciera también seguidor de tan excelente maestro. 
Era una antorcha que encendía a otra antorcha. Pero nuestro santo al oír que Jesús era de Nazaret (aunque no era de ese pueblo sino de Belén, pero la gente creía que había nacido allí) se extrañó, porque aquél era uno de los más pequeños e ignorados pueblecitos del país, que ni siquiera aparecía en los mapas. Felipe no le discutió a su pregunta pesimista sino solamente le hizo una propuesta: "¡Ven y verás que gran profeta es!"

Una revelación que lo convenció.

Y tan pronto como Jesús vio que nuestro santo se le acercaba, dijo de él un elogio que cualquiera de nosotros envidiaría: "Este si que es un verdadero israelita, en el cual no hay engaño". El joven discípulo se admira y le pregunta desde cuándo lo conoce , y el Divino Maestro le añade algo que le va a conmover: "Allá, debajo de un árbol estabas pensando qué sería de tu vida futura. 

Pensabas: ¿Qué querrá Dios que yo sea y que yo haga? Cuando estabas allá en esos pensamientos, yo te estaba observando y viendo lo que pensabas". Aquélla revelación lo impresionó profundamente y lo convenció de que este sí era un verdadero profeta y un gran amigo de Dios y emocionado exclamó: "¡Maestro, Tú eres el hijo de Dios! ¡Tú eres el Rey de Israel! ¡Maravillosa proclamación! 

Probablemente estaba meditando muy seriamente allá abajo del árbol y pidiéndole a Dios que le iluminara lo que debía de hacer en el futuro, y ahora viene Jesús a decirle que El leyó sus pensamientos. 

Esto lo convenció de que se hallaba ante un verdadero profeta, un hombre de Dios que hasta leía los pensamientos. Y el Redentor le añadió una noticia muy halagadora. Los israelitas se sabían de memoria la historia de su antepasado Jacob, el cuál una noche, desterrado de su casa, se durmió junto a un árbol y vio una escalera que unía la tierra con el cielo y montones de ángeles que bajaban y subían por esa escalera misteriosa. 

Jesús explica a su nuevo amigo que un día verá a esos mismos ángeles rodear al Hijo del Hombre, a ese salvador del mundo, y acompañarlo, al subir glorioso a las alturas.

Desde entonces nuestro santo fue un discípulo incondicional de este enviado de Dios, Cristo Jesús que tenía poderes y sabiduría del todo sobrenaturales. Con los otros 11 apóstoles presenció los admirables milagros de Jesús, oyó sus sublimes enseñanzas y recibió el Espíritu Santo en forma de lenguas de fuego.


El libro muy antiguo, y muy venerado, llamado el Martirologio Romano, resume así la vida posterior del santo de hoy: "San Bartolomé predicó el evangelio en la India. Después pasó a Armenia y allí convirtió a muchas gentes. Los enemigos de nuestra religión lo martirizaron quitándole la piel, y después le cortaron la cabeza".

24 de agosto fiesta de Santa Emilia de Vialar.


Ana Margarita Adelaida Emilia de Vialar fue la mayor y la única mujer entre los hijos del barón Jacques Augustíne de Vialar y su esposa Antoinette, hija de aquel barón de Portal que fue médico oficial de Luis XVIII y Carlos X de Francia.

Nació en la ciudad de Gaillac, en el Languedoc, en 1797. A la edad de quince años fue retirada del colegio en París, a fin de que hiciera compañía a su padre, que había quedado viudo. Vivió algún tiempo en la casa de Gaillac, pero bien pronto surgieron profundas diferencias entre padre e hija, porque Emilia se negaba a considerar un conveniente matrimonio. 

En cierta ocasión, el señor de Vialar, en el colmo de la indignación, lanzó una jarra a la cabeza de su hija y ordenó que, a partir de aquel momento, quedase la joven relegada a un puesto secundario en el hogar.

Las dificultades aumentaron para Emilia, en vista de que en varias leguas a la redonda, no había un sacerdote ni persona alguna capaz de aconsejarla y guiarla en aquellos penosos momentos. «Pero Dios acudió en mi ayuda y fue mi director», declaró la santa posteriormente; pero aun así, no siempre era fácil distinguir la voz de Dios de la propia voz.

Sobre las experiencias religiosas de Emilia de Vialar en aquella época, la más importante fue una visión de Nuestro Señor que mostraba las heridas de Su Pasión y que impresionó a la santa de tal manera que, hasta hoy, se conmemora a diario el acontecimiento en la congregación que fundó.

 En 1818, cuando tenía veintiún años, visitó la casa de Gaillac un joven sacerdote (posteriormente rector), el padre Mercier, en quien Emilia encontró a un amigo que la comprendió y trató de ayudarla.

El sacerdote comenzó por poner a prueba su vocación religiosa y, por su consejo, Emilia se dedicó a atender a los niños abandonados o descuidados por sus padres y a socorrer a los pobres en general. 

Eso le provocó nuevas dificultades con su padre, que protestaba de que se utilizara la terraza de su residencia como una especie de refugio para los enfermos, los desheredados y los abandonados.

Pero Emilia soportó con paciencia todos los reproches y, durante quince años, fue el ángel bueno de Gaillac. Entonces (en 1832), ocurrió el acontecimiento que indicó, tanto a ella como al padre Mercier, que había llegado el momento de actuar: murió el barón de Portal, abuelo materno de Emilia; la parte de la herencia que a ésta le correspondió, sumaba una fortuna considerable.

Al momento, adquirió Emilia una gran mansión en Gaillac y, en la Navidad de 1832, tomó posesión de la casa junto con tres compañeras: Victoria Teyssonniére, Rose Mongis y Pauline Gineste.

Pronto se les unieron nuevas aspirantes y, tres meses después, el arzobispo de Albi autorizó al padre Mercier para que impusiera el hábito religioso a doce postulantes.

 La comunidad adoptó el nombre de Congregación de las Hermanas de San José de la Aparición, con referencia a la aparición del ángel a San José para revelarle el misterio de la encarnación divina (Mateo 1,18-22); su trabajo consistía en cuidar a los necesitados, especialmente a los enfermos y ocuparse de la educación de los niños desamparados.

No sólo actuaban en Francia, sino también en el extranjero y participaban en las misiones; en realidad, la congregación fue primeramente misionera.

Las Hermanas de San José se enfrentaron con las críticas y oposiciones habituales (aunque hubo una oposición desacostumbrada por parte de una banda de malhechores que, al decir de las gentes, habían jurado estrangular a todas y cada una de las hermanas), cuyos detalles han llegado hasta nosotros en las amenas crónicas de Eugénie de Guérin: las postulantes son demasiado jóvenes y bonitas para exponerlas al cuidado de los enfermos pobres; el hábito es muy favorecedor, por eso lo toman; ¿una nueva Orden? ¡Bah! ¡Es un desorden! Esa muchacha Vialar ... y cosas por el estilo.
Pero la cronista de Guérin opinaba que la hermana Emilia habría de hacer muchas cosas buenas y el arzobispo de Albi, Mons. de Gualy, estaba de acuerdo con ella; el propio arzobispo recibió la profesión de Emilia y de otras diecisiete hermanas y aprobó formalmente la Regla de la Congregación, en 1835.

En los años anteriores se había hecho una segunda fundación en Argelia, a donde las religiosas fueron insistentemente invitadas a trasladarse, por Augustín de Vialar, hermano de Emilia, que era uno de los consejeros municipales en Argel y deseaba que las Hermanas de San José se hiciesen cargo de un hospital. Eugenia de Guérin cita las palabras de una hermana que, en una de sus cartas a la cronista, habla de «la conquista de Argelia por Emilia de Vialar»; sin embargo, aquella empresa sólo fue temporal.

Después del gran establecimiento de Argelia, se hizo una tercera fundación en Bóne que, a su vez, dio origen a los conventos en Constantina y en Túnez; el convento de Túnez tuvo un afiliado en Malta y de ahí nacieron las nuevas casas en los Balcanes y el Cercano Oriente. 

Las Hermanas de San José fueron las primeras monjas católicas que se establecieron en Jerusalén en los tiempos modernos, invitadas por el padre guardián de los franciscanos en Tierra Santa.

Cuando Mons. Dupuch, el primer obispo de Argelia, celebró la misa en la colina de Hipona de San Agustín, la madre Emilia y algunas de las hermanas estaban presentes. Desgraciadamente, sus relaciones con el prelado quedaron dañadas por un profundo desacuerdo sobre las jurisdicciones: Roma se puso de parte de las hermanas, pero Mons. Dupuch contaba con el apoyo de los poderes civiles, y las monjas tuvieron que ceder.


A pesar de la gran pérdida que significaba para ellas, abandonaron el establecimiento de Argelia. Fue entonces cuando la madre Emilia dedicó su atención a Túnez primero y después a Malta. La fundadora llegó a las costas de esta isla a nado, lo mismo que san Pablo, porque el barco en que viajaba naufragó.

Su amigo y auxiliar, el padre Mercier, había muerto en 1845 y, cuando Emilia regresó a Gaillac, a mediados del año siguiente, encontró su centro de operaciones en gran confusión y desorden por falta de un director, y con sus finanzas desquiciadas a causa de la negligencia de un administrador poco escrupuloso.

Las reclamaciones legales que llovieron sobre el convento de Gaillac, empeoraron la situación y, a fin de cuentas, la casa matriz tuvo que ser trasladada a Toulouse, luego de que varias de las monjas más antiguas se separaron de la congregación y se vio seriamente amenazada su propia existencia.

 «Ya he recibido mi lección -escribía la madre Emilia-, ahora sé que la firme y tranquila confianza en Dios vale más que cualquier esfuerzo por salvaguardar las ventajas materiales». Después de dejar establecidas en Toulouse a sus monjas, partió a Grecia y fundó otro convento en la isla de Syra.
La visita a Grecia fue el último de los largos viajes de la madre Emilia (agotadoras empresas que provocaron comentarios desfavorables entre algunos eclesiásticos de alto rango); pero no dejaron de hacerse nuevas fundaciones mientras vivió.

En 1847, se recibió un llamado desde Birmania y hacia allá partieron seis hermanas; en 1854, el obispo de Perth, en Australia, visitó especialmente a la madre Emilia para solicitarle ayuda y, en consecuencia, un grupo de monjas partió para Freemantle. De esta manera, en el transcurso de veintidós años, la fundadora vio crecer su congregación hasta contar con unas cuarenta casas, la mayoría de las cuales habían sido fundadas por ella misma.

Dos años antes, la casa matriz fue trasladada por segunda vez, en aquella ocasión a Marsella. Ahí, el famoso obispo san Carlos de Mazenod, fundador él mismo de una congregación de misioneros llamada de los Oblatos de María Inmaculada, dispensó una calurosa acogida a la madre Emilia.

Santa Emilia de Vialar era de una naturaleza apasionada, pronta a la exaltación, pero perfectamente equilibrada; estas cualidades se mostraban lo mismo en su rostro que en los actos de su vida; su intelecto estaba gobernado y dirigido por una fuerza de voluntad excepcional. 

Gracias a ello, fue capaz de realizar la obra monumental que levantó durante su vida, que inició cuando ya tenía cerca de treinta y cinco años y a la que se opusieron incontables dificultades durante sus etapas iniciales y su desarrollo.

La santa se mostró particularmente firme cuando la integridad constitucional o canónica de su congregación se vio amenazada; esa fue la causa del rompimiento con Mons. Dupuch y del abandono de Toulouse como sede de la casa matriz, cinco años después de haberla establecido. Aquellas dificultades, sumadas a las que se produjeron en Gaillac en 1846, no la desalentaron, pero en sus cartas se reflejan sus luchas interiores y las dudas que la asaltaban.

La correspondencia de Santa Emilia es muy voluminosa y en toda ella se advierte su estilo peculiar, vigoroso y conmovedor, sobre todo cuando alguna emoción profunda ponía un toque de elocuencia a sus escritos; hay un claro ejemplo de este caso en el memorial que la madre Emilia escribió al mariscal de campo Soult, después del desastre de Argelia.

Santa Emilia escogió deliberadamente la actividad de Marta, pero no por eso dejó de participar en la contemplación de María.

En el relato que escribió por instrucciones de su confesor, podemos ver la estrecha, la íntima relación en que vivía con Dios; también contamos con los testimonios de sus hijas en religión, sobre los progresos que hizo en el sendero de la contemplación.
«Me han sometido a muchas pruebas, pero siempre encontré la ayuda de Dios, escribía ¡Con cuánta frecuencia viene el Señor a compartir conmigo las largas vigilias! Las manifestaciones de Su amor están siempre al alcance de mi mano y yo trato de seguirle siempre, aun cuando caigan sobre mí nuevas tribulaciones.

A medida que aumentan los problemas, crece mi confianza en Él ...» Se ha dicho con sabiduría que «la civilización es una cuestión de espíritu»; el espíritu de santa Emilia, inspirado en un amor que el cardenal Granito di Belmonte califica de «sabio, comprensivo y muy considerado». 

Su congregación, «hizo más por la civilización en África, Asia y Australia durante los últimos cien años, de lo que pudieran haber hecho los conquistadores y colonizadores».

El despliegue de energía física de que hizo gala santa Emilia para realizar obras tan inmensas, resulta todavía más notable si se tiene en cuenta que, en su juventud, se le formó una hernia al hacer un gran esfuerzo, precisamente, durante una de sus obras de caridad.

A partir de 1850, la hernia le produjo trastornos cada vez más serios y, a fin de cuentas, fue la causa de su muerte, ocurrida el 24 de agosto de 1856. El lema de su testamento a las Hermanas de San José de la Aparición, era el precepto: «Amaos las unas a las otras». Su canonización tuvo lugar en 1951.


Sus reliquias en el cementerio de Saint-Pierre, fueron llevadas en 1914 a la casa madre de Marsella. Fue canonizada el 24 de junio de 1951 por Pío XII.

domingo, 23 de agosto de 2026

23 de agosto fiesta litúrgica de Santa Rosa de Lima.



Si bien en el nuevo calendario litúrgico, la festividad de Santa Rosa de Lima ha pasado a este día 23 de agosto, en América Latina se sigue festejando tradicionalmente el día 30 de agosto, por eso escribiremos más sobre ella, en esa fecha.




sábado, 22 de agosto de 2026

22 de agosto fiesta de MARÍA REINA DE LOS CIELOS.






Reina de los Cielos es un título dado a la Virgen María, la madre de Jesucristo, por los cristianos, sobre todo por la Iglesia Católica Romana, y también, en cierta medida, en la anglicana, luterana y la Iglesia ortodoxa, a los que el título es una consecuencia (en disputa) del Concilio de Éfeso, del siglo V, donde la Virgen María fue proclamada "Theotokos", es decir, "Madre de Dios".
Este título o nombre dado a la Virgen estimuló la veneración que se expresa en la teología, la literatura y la liturgia, como la Liturgia de las Horas, la música y el arte. Desde el Concilio de Éfeso fue muy común la representación pictórica de María como Reina.
Ciudades en Italia y en otros lugares proclamaron a María Reina de los cielos también como patrona, como Siena, Massa Marittima, San Gimignano, así como Polonia y el Estado de Baviera.

En los tiempos modernos, la Iglesia Católica Romana también ha utilizado el título de Reina del Universo para María, reflejo de la comprensión científica moderna del espacio exterior. El papa Benedicto XVI señaló que la aceptación de María de la voluntad divina es la razón última por la cual es Reina de los Cielos. Debido a su aceptación humilde e incondicional de la voluntad de Dios: "Dios la exaltó por sobre todas las criaturas, y Cristo la coronó Reina del cielo y la tierra".
El título de Reina del Cielo también fue utilizado en la Antigüedad por otras religiones. En particular, fue utilizado por el profeta Jeremías, probablemente en referencia a Asera, una diosa adorada como la consorte de Yahvé en el antiguo Israel y de Judá, y en el templo de Yahvé en Elefantina en el Alto Egipto.

La doctrina católica sobre este tema se expresa en la encíclica papal Ad Caeli Reginam, publicada por el papa Pío XII. La misma afirma que María es llamada la Reina del Cielo, porque su Hijo Jesucristo, es el Rey de Israel y el rey celestial del Universo. En la tradición hebrea, la madre del rey es la reina (ver reina madre). El dogma católico (Constitución Apostólica Munificentissimus Deus) afirma que la Virgen María, después de cumplido el curso de su vida terrena, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial.

El título de Reina de los Cielos ha sido durante mucho tiempo una tradición católica, incluido en las oraciones y la literatura devocional, y visto en el arte occidental en el tema de la Coronación de la Virgen desde la Edad Media, mucho antes de que se le diera un estatus formal de definición dogmática por parte de la Iglesia. Durante siglos, los católicos, mientras se recitaban las Letanías lauretanas ya estaban invocando a María como "Reina de los Cielos".


Imagen realizada en el taller.

 





viernes, 21 de agosto de 2026

21 de agosto se celebra hoy el Día del Catequista.



La Iglesia Católica celebra cada 21 de agosto el Día del Catequista, en conmemoración del papa Pío X. Ese Papa, que fue santificado, tuvo actuación preponderante a favor de la catequesis e hizo posible entre otras cosas impartir los sacramentos a los niños. 

Según la arquidiócesis de Paraná, los catequistas no están guiados sólo por su buena voluntad sino que tienen el mandato misionero para mostrar a todos en nombre de la Iglesia “el rostro misericordioso de un Dios que es siempre padre”.

El catequista se reconoce en búsqueda, en camino; no se cree ni dueño de la verdad ni el "maestro" que llega para esclarecer a los demás sino un instrumento que el mismo Jesús, presente en la comunidad, envía, sostiene y da fuerza para superar las oscuridades y dificultades.

Es parte de la gran marcha de creyentes que han recorrido y aún recorren la historia. Marcha que fue iniciada por el pueblo de Israel y ha continuado en la Iglesia y, a través de ella, ha llegado hasta nosotros.

San Pío X, patrono y modelo de los catequistas

De una familia pobre, humilde y numerosa, Giuseppe M. Sarto nació el 2 de junio de 1835 en Riese, Italia. En 1850 ingresó al seminario de Padua, y fue ordenado sacerdote el 18 de setiembre de 1858. Su primera labor pastoral la realizó en la parroquia de Tómbolo-Salzano, distinguiéndose, además de su gran caridad para con los necesitados, por sus ardorosas prédicas que atraían hasta los más alejados del mensaje del evangelio.    

En 1884 fue ordenado obispo para la diócesis de Mantua y en 1893, León XIII le concedió el capelo cardenalicio y lo trasladó a Venecia. En ningún momento cambió su modo de ser: sencillo, muy humilde, ejemplar en el amor a los más pobres. 

A los pocos años, al morir León XIII, fue elegido su sucesor y su "programa pontificio" no fue otro que el del Buen Pastor: alimentar, guiar y custodiar el "rebaño humano" y buscar a las ovejas perdidas para atraerlas hacia Jesús.


La preocupación de Pío X por la santidad de la Iglesia lo llevó a actualizar los seminarios y fundar numerosas bibliotecas eclesiásticas. También se lo recuerda por sus aportes a la música sagrada y a la liturgia y la reforma de la liturgia de las horas. Permitió la comunión diaria a todos los fieles y cambió la costumbre de la primera comunión: para que los niños pudieran recibirla a partir de los 7 años.

Impulsó la enseñanza del Catecismo porque sabía que apartar de la ignorancia religiosa era el inicio del camino para recuperar la fe que en muchos se iba debilitando y perdiendo.     Promovió un nuevo Código de Derecho Canónico que terminó de redactarse en 1917, bajo el pontificado de S.S. Benedicto XV.    

Falleció el 20 de agosto de 1914, poco antes del estallido de la llamada "Primera Guerra Mundial". El 14 de febrero de 1923 se introdujo su causa de beatificación y fue canonizado el 29 de Mayo de 1954.



Indudablemente fue adoptado por la gente como patrono de los catequistas por su sencillez, sus raíces rurales que jamás dejó de lado y por su ardor misionero y evangelizador.





21 de agosto fiesta de SAN PÍO X.


 San Pio X, Papa José Sarto, después Pío X, nació en Riese, poblado cerca de Venecia, Italia en 1835 en el seno de una familia humilde siendo el segundo de diez hijos.

Todavía siendo niño perdió a su padre por lo que pensó dejar de estudiar para ayudar a su madre en los gastos de manutención de la familia, sin embargo ésta se lo impidió y pudo continuar sus estudios en el seminario gracias a una beca que le consiguió un sacerdote amigo de la familia.

Una vez ordenado fue vicepárroco, párroco, canónigo, obispo de Mantua y Cardenal de Venecia, puestos donde duró en cada uno de ellos nueve años. Bromeando platicaba que solamente le faltaban nueve años de Papa.

Muchas son las anécdotas de este santo que reflejan tanto su santidad como su lucha por superar sus defectos, entre ellas destacan tres:

Siendo Cardenal de Venecia se encontró con un anciano al que la policía le había quitado el burro que tenía para trabajar; al enterarse el Cardenal se ofreció a pagar la multa que le cobraban y a acompañarlo a recoger el burro porque exigían al anciano que lo respaldara una persona de confianza. Ante la negativa del anciano para que lo acompañara el Cardenal afirmó que si una obra buena no costaba no merecía gran recompensa

Cuando era un sacerdote joven, José Sarto, estando con su hermana se quejó de dolor de muelas lo que provocó que ella lo criticara y lo tachara de quejoso y flojo respondiéndole con una bofetada. Sintiéndose avergonzado se disculpó por ser tan violento, defecto que fue corrigiendo. Asimismo, una vez de visita en el Colegio de San Juan Bosco fue invitado a almorzar en la pobreza de ese colegio, donde al salir buscó un mejor lugar para comer, aunque después se volvió más y más sacrificado.

En 1903 al morir León XIII fue convocado a Roma para elegir al nuevo Pontífice. En Roma no era candidato para algunos por no hablar francés y él mismo se consideraba indigno de tal nombramiento.

Durante la elección los Cardenales se inclinaron en principio y por mayoría por el Cardenal Rampolla, sin embargo el Cardenal de Checoslovaquia anunció que el Emperador de Austria no aceptaba al Cardenal Rampolla como Papa y tenía el derecho de veto en la elección papal, por lo que el Cardenal Rampolla retiró su nombre del nombramiento. Reanudada la votación los Cardenales se inclinaron por el Cardenal Sarto quien suplicó que no lo eligieran hasta que una noche una comisión de Cardenales lo visitó para hacerle ver que no aceptar el nombramiento era no aceptar la voluntad de Dios. Aceptó pues convencido de que si Dios da un cargo, da las gracias necesarias para llevarlo a cabo.

Escogió el nombre de Pío inspirado en que los Papas que eligieron ese nombre habían sufrido por defender la religión.

Tres eran sus más grandes características: La pobreza: fue un Papa pobre que nunca fue servido más que por dos de sus hermanas para las que tuvo que solicitar una pensión para que no se quedaran en la miseria a la hora de la muerte de Pío X; la humildad: Pío X siempre se sintió indigno del cargo de Papa e incluso no permitía lujos excesivos en sus recámaras y sus hermanas que lo atendían no gozaban de privilegio alguno en el Vaticano; la bondad: Nunca fue difícil tratar con Pío X pues siempre estaba de buen genio y dispuesto a mostrarse como padre bondadosos con quien necesitara de él.

Una vez que fue elegido Papa decretó que ningún gobernante podía vetar a Cardenal alguno para Sumo Pontífice.

Dentro de sus obras destaca el combate contra dos herejías en boga en esa época: Modernismo, la cual la combatió en un documento llamado Pascendi estableciendo que los dogmas son inmutables y la Iglesia si tiene autoridad para dar normas de moral; la otra herejía que combatió fue la del Jansenismo que propagaba que la Primera Comunión se debía retrasar lo más posible; en contraposición Pío X decretó la autorización para que los niños pudieran recibir la comunión desde el momento en que entendía quien está en la Santa Hostia Consagrada. Este decreto le valió ser llamado el Papa de la Eucaristía.

Fundó el Instituto Bíblico para perfeccionar las traducciones de la Biblia y nombró una comisión encargada de ordenar y actualizar el Derecho Canónico. Promovió el estudio del Catecismo.

Murió el 21 de agosto de 1914 después de once años de pontificado.







jueves, 20 de agosto de 2026

20 de agosto fiesta de SAN BERNARDO de Claraval (Clairvaux).





Fue el gran impulsor y propagador de la Orden Cisterciense y el hombre más importante del siglo XII en Europa.

Fundador del Monasterio Cisterciense del Claraval y de muchos otros.

Nació en Borgoña (Francia) en el año 1.090, en el Castillo Fontaines-les-Dijon. Sus padres eran los señores del Castillo y fue educado junto a sus siete hermanos como correspondía a la nobleza, recibiendo una excelente formación en latín, literatura y religión.


San Bernardo es, cronológicamente, el último de los Padres de la Iglesia, pero es uno de los que más impacto ha tenido en ella.

Fue declarado Santo en 1.173 por el Papa Alejandro III. Posteriormente, fue declarado Doctor de la Iglesia.

Su personalidad

Bernardo tenía un extraordinario carisma de atraer a todos para Cristo.

Amable, simpático, inteligente, bondadoso y alegre, incluso muy apuesto, pues sabemos que su hermana Humbelina le llamaba cariñosamente con el apelativo de "ojos grandes". Durante algún tiempo se enfrió en su fervor y empezó a inclinarse hacia lo mundano. Pero las amistades mundanas, por más atractivas y brillantes que fueran, lo dejaban vacío y lleno de hastío. Después de cada fiesta se sentía más desilusionado del mundo y de sus placeres.

La visión que cambió su trayectoria

Una noche de Navidad, mientras celebraban las ceremonias religiosas en el templo, se quedó dormido y le pareció ver al Niño Jesús en Belén en brazos de María, y que la Santa Madre le ofrecía a su Hijo para que lo amara y lo hiciera amar mucho por los demás. Desde este día ya no pensó sino en consagrarse a la religión y al apostolado. Un hombre que arrastra con todo lo que encuentra, Bernardo se fue al convento de monjes benedictinos llamado Cister, y pidió ser admitido. El superior, San Esteban Harding lo aceptó con gran alegría.

Toda su familia ganada para Cristo.

Bernardo volvió a su familia a contar la noticia y todos se opusieron. Los amigos le decían que esto era desperdiciar una gran personalidad para ir a sepultarse vivo en un convento. La familia no aceptaba de ninguna manera. Pero Bernardo les habló tan maravillosamente de las ventajas y cualidades que tiene la vida religiosa, que logró llevarse al convento a sus cuatro hermanos mayores, a su tío y 30 compañeros de la Nobleza que dejaron todo para unirse a Cristo . Dicen que cuando llamaron a Nirvardo el hermano menor para anunciarle que se iban de religiosos, el muchacho les respondió: "¡Ajá! ¿Con que ustedes se van a ganarse el cielo, y a mí me dejan aquí en la tierra? Esto no lo puedo aceptar". Y un tiempo después, también él se hizo religioso del Cister.

Antes de entrar al monasterio, Bernardo llevó a su finca a todos los que deseaban entrar al convento para prepararlos durante varias semanas, entrenándolos acerca del modo de cómo debían comportarse para ser unos fervorosos religiosos. En el año 1112, a la edad de 22 años, entra en el monasterio de Cister. Mas tarde, habiendo muerto su madre, entra en el monasterio su padre. Su hermana Humbelina y su cuñado, de mutuo acuerdo decidieron también entrar en la vida religiosa. Posteriormente llegó también su hermana Humbelina a la gloria de los altares. Vemos en la historia la gran influencia de las relaciones tanto para bien como para mal.

En la historia de la Iglesia es difícil encontrar otro hombre que haya sido dotado por Dios de un poder de atracción tan grande para llevar gentes a la vida religiosa, como el que recibió Bernardo. Las muchachas tenían terror de que su novio hablara con el santo. En las universidades, en los pueblos, en los campos, los jóvenes al oírle hablar de las excelencias y ventajas espirituales de la vida en un convento, se iban en numerosos grupos a que él los instruyera y los formara como religiosos. Durante su vida fundó más de 300 conventos para hombres, e hizo llegar a gran santidad a muchos de sus discípulos. Lo llamaban "el cazador de almas y vocaciones". Con su apostolado consiguió que 900 monjes hicieran profesión religiosa.

Fundador de Claraval. En el convento del Cister demostró tales cualidades de líder y de santo, que a los 25 años (con sólo tres de religioso) fue enviado como superior a fundar un nuevo convento. Escogió un sitio apartado en el bosque donde sus monjes tuvieran que derramar el sudor de su frente para poder cosechar algo, y le puso el nombre de Claraval, que significa "valle claro" ya que allí el sol ilumina fuerte todo el día. Supo infundir del tal manera fervor y entusiasmo a sus religiosos de Claraval, que habiendo comenzado con sólo 20 compañeros, a los pocos años tenía 130 religiosos. De este convento de Claraval salieron monjes a fundar otros 63 conventos. (Trois Fontaines, Fontenay, Foigny, etc.,).

Su Predicación.

Le llamaban "El Doctor boca de miel" (doctor melífluo). Su inmenso amor a Dios y a la Virgen Santísima y su deseo de salvar almas lo llevaban a estudiar por horas y horas cada sermón que iba a pronunciar, y luego como sus palabras iban precedidas de mucha oración y de grandes penitencias, el efecto era fulminante en los oyentes. Escuchar a San Bernardo era ya sentir un impulso fortísimo a volverse mejor.

Su amor a la Virgen Santísima.

Fue el gran enamorado de la Virgen Santísima. Se adelantó en su tiempo a considerarla medianera de todas las gracias y poderosa intercesora nuestra ante su Hijo Nuestro Señor . A San Bernardo se le deben las últimas palabras de la Salve: "Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María"., así como la bellísima oracion del "Acordaos" cuyo texto íntegro reproducimos en otro apartado de este texto). Tal era su Amor a la Virgen que teniendo costumbre de saludarla siempre que pasaba ante una imagen de ella con las palabras "Dios te Salve María", la imagen un día le contestó "Dios te salve, hijo mío Bernardo".

Los que quieren progresar en su amor a la Madre de Dios, necesariamente tienen que leer los escritos de San Bernardo por la claridad y el amor con que habla de ella. El pueblo vibraba de emoción cuando le oía hablar desde el púlpito con su voz sonora e impresionante:

Si se levantan las tempestades de tus pasiones, mira a la Estrella, invoca a María.

Si la sensualidad de tus sentidos quiere hundir la barca de tu espíritu, levanta los ojos de la fe, mira a la Estrella, invoca a María.

Si el recuerdo de tus muchos pecados quiere lanzarte al abismo de la desesperación, lánzale una mirada a la Estrella del cielo y rézale a la Madre de Dios.

Siguiéndola, no te perderás en el camino. Invocándola no te desesperarás. Y guiado por Ella llegarás seguramente al Puerto Celestial.

Sus bellísimos sermones son leídos hoy, después de varios siglos, con verdadera satisfacción y gran provecho.

Así como también de entre sus numerosísimos libros y textos se halla el de unas reflexiones de gran importancia llamado "La Consideración"  leído por varios Papas, entre ellos el Papa Juan XXIII.

En él propone una serie de consejos importantísimos para que los que están en puestos elevados, no vayan a cometer el gravísimo error de descuidar la humildad y/o dedicarse solamente a actividades exteriores descuidando la oración y la meditación. En una de sus reflexiones, comenta:

"Malditas serán dichas ocupaciones, si no dejan dedicar el debido tiempo a la oración y a la meditación".

Las dos ideas fundamentales que nos transmite San Bernardo son:

1.- La mediación universal de la Virgen

2.- La necesidad filial de invocarla en todas las circunstancias.

Viajero infatigable

El más profundo deseo de San Bernardo era permanecer en su convento dedicado a la oración y a la meditación. Pero el Sumo Pontífice, los obispos, los pueblos y los gobernantes le pedían continuamente que fuera a ayudarles, y él estaba siempre pronto a prestar su ayuda donde quiera que pudiera ser útil. Con una salud sumamente débil (porque los primeros años de religioso se dedicó a hacer demasiadas penitencias y se le dañó el aparato digestivo) recorrió toda Europa poniendo la paz donde había guerras, deteniendo las herejías, corrigiendo errores, animando desanimados y hasta reuniendo ejércitos para defender la santa religión católica. Era el árbitro aceptado por todos. Exclamaba: "A veces no me dejan tiempo durante el día ni siquiera para dedicarme a meditar. Pero estas gentes están tan necesitadas y sienten tanta paz cuando se les habla, que es necesario atenderlas" (ya en las noches pasaría luego sus horas dedicado a la oración y a la meditación).

Despedida gozosa.

Después de haber llegado a ser el hombre más famoso de Europa en su tiempo y de haber conseguido varios milagros (como por ejemplo hacer hablar a un mudo, el cual confesó muchos pecados que tenía sin perdonar) y después de haber llenado varios países de monasterios con religiosos fervorosos, ante la petición de sus discípulos para que pidiera a Dios la gracia de seguir viviendo otros años más, exclamaba:

 
"Mi gran deseo es ir a ver a Dios y a estar junto a Él. Pero el amor hacia mis discípulos me mueve a querer seguir ayudándolos. Que el Señor Dios haga lo que a Él mejor le parezca". Y a Dios le pareció que ya había sufrido y trabajado bastante, y que se merecía el descanso eterno y el premio preparado para los discípulos fieles, y se lo llevó a su eternidad feliz, el 20 de agosto del año 1153. Tenía 63 años.

ANÉCDOTA

Le sucedió a San Bernardo, siendo muy joven, cuando todavía no había entrado en la vida monástica. Bernardo era muy guapo, de porte elegante y alto.

En cierta ocasión, cabalgando lejos de su casa con varios amigos, les sorprendió la noche, por lo que tuvieron que buscar hospitalidad en una casa. La dueña los recibió bien, e insistió en que Bernardo, como jefe del grupo, ocupase una habitación separada. Durante la noche, la mujer se presentó en la habitación con intenciones deshonestas. Bernardo, en cuanto se dio cuenta de lo que se avecinaba, fingió con gran presencia de ánimo creer que se trataba de un intento de robo, y con toda su fuerza empezó a gritar: -¡Ladrones, ladrones! La intrusa se alejó rápidamente. Al día siguiente, cuando el grupo se marchaba cabalgando, sus amigos empezaron a bromear acerca del imaginario ladrón, pero Bernardo, contestó con toda tranquilidad:

-No fue ningún sueño. El ladrón entró indudablemente en la habitación, pero no para robarme el oro y la plata, sino algo de mucho más valor."