INFANCIA
Y JUVENTUD
Nació en Himlaya a 30 km de Beirut y a 5 km de
Bikfaya, el 28 de junio 1832, en la vigilia de San Pedro y San Pablo, y fue
nombrada Petra.
Murió su madre, Rafqa, cuando ella tenía siete
años. Su Padre, Murad, la envió a Damasco a la casa de unos amigos, la familia
EL-Badwi.
Volvió al Líbano a la edad de 14 años y
encontró que su padre había vuelto a casarse.
VOCACIÓN
MONÁSTICA
EN
LA CONGREGACIÓN DE LAS MARIAMITAS
Ayudada por el cura Joseph El-Gemayel entró en
la congregación de Las Mariamitas en Bikfaya (4/5/1859) y ya, siendo monja (19/3/1862),
se encargo de la cocina en el seminario de Ghazir. Enseñó por un año en el Deir
El Qamar. Enseñó por un año en Byblos, y siete años en el pueblo de Maad (1864-1871)
en la región de Byblos.
Decidió
fusionar su congregación las Mariamitas con la del Sagrado Corazón, en una sola
congregación llamada “Los Sagrados Corazones”, (agosto de 1871) ; estuvo en la
Iglesia de San-George, en Maad, rezando y pidiéndole al Señor que la orientara
hacia el buen camino.
RAFQA:
MONJA LIBANESA MARONITA
La misma noche, vio en sueños a tres hombres:
Un monje que tenía la barba blanca y un bastón en la mano, un soldado vestido
de militar y un anciano.
El monje se le acercó y tocándola con su
bastón le dijo: “Entra en la Orden de Las Libanesas Maronitas” (Baladitas).
EN
EL MONASTERIO DE SAN SIMÓN AL-QARN AYTOU
Al día siguiente muy contenta se dirigió al
monasterio de San Simón en Aytou, al norte del Líbano, en donde hizo un año de
noviciado.
Se convirtió en novicia a los 39 años de edad
el 12 de Julio de 1871, y se llamó como su madre, Rafqa. El 25 de Agosto de
1872 tomó el velo.
INICIO
DE LOS SUFRIMIENTOS
El primer domingo de octubre de 1885, fiesta
del Santo Rosario. Rafqa rezaba delante del Santísimo Sacramento dirigiéndose
al Señor: “¿Por qué Dios mío te alejaste de mí y me abandonaste? ¿Por qué no me
has visitado con una enfermedad? ¿Te habrás olvidado de tu esclava?”.
Esa misma noche cuando se disponía a dormir
sintió un tremendo dolor de cabeza que se prolongaba hasta los ojos. Un médico
en Tripoli, le hizo una punción introduciéndole una sonda de un oído a otro.
Y Rafqa
repetía : “ En comunión con los sufrimientos de Cristo”.
Un médico americano en Byblos opinó que era
necesaria una operación en el ojo derecho. Y ella rechazó que la anestesiaran.
Pero cuando la estaban operando el médico le arrancó el ojo y éste cayó
palpitante delante de ella, y Rafqa decía: “¡Con la pasión de Cristo! ¡Qué Dios
bendiga sus manos! ¡Qué Dios lo recompense!”. En ese momento sintió como
chispas que le brotaban de los ojos y un dolor tan intenso como si la tierra
girara a su alrededor.
Un médico militar en Batroun habiéndola
examinado dijo: “El dolor de ojos que esta pobre monja padece es indescriptible
y es imposible su curación ya que le afectó el nervio óptico”.
Cuando el dolor se agudizaba ella repetía: “¡Por
la gloria de Dios, la comunión con la pasión de Cristo… con la corona de espinas
en tu cabeza! Oh mi Señor!”
FUNDACIÓN
DEL MONASTERIO DE SAN JOSÉ JRABTA- BATROUN
En el monasterio de San Simón el Qarn, la
hermana Úrsula DOUMIT, originaria de Maad se enfermó de reumatismo articular y
los médicos le prescribieron que viviera en el litoral.
La hermana Úrsula, tenía un hermano el padre
Ignació que fundó un monasterio para los monjes en Jrabta, en el distrito de
Batroun; el cura Jean BASBOUS, donó sus terrenos para la realización de este
proyecto.
El 3 Noviembre de 1817, el patriarca Jean
EL-HAGE autorizó la transferencia de seis monjas quienes querían vivir una vida
en comunidad bajo la protección de San José, del monasterio de San Simón el
Qarn al nuevo monasterio de San José el Dahr, Jrabta. Una de ellas era la
hermana Rafqa. Las hermanas estaban muy unidas a ella (como las hijas a su
madre) en la prosperidad que ellas esperaban para su nuevo monasterio, gracias
a sus rezos y a los buenos ejemplos que ella daba a las monjas.
Al cabo de dos años de la llegada al monasterio
San José, quedó Rafqa totalmente ciega; después de la ceguera le vino un dolor
atroz en los dedos de los pies, cuyas articulaciones se dislocaron por lo que
tuvo que guardar cama. Se le descoyuntó la cadera derecha, y los huesos salidos
de su cavidad se hundieron y se perdieron en el cuerpo. Y lo mismo pasó con la
rótula y la rodilla derecha.
La cadera y la pierna izquierda se
desencajaron también y los huesos salidos le desgarraron la piel. Se le abrió
una enorme cavidad en el omóplato izquierdo. La clavícula derecha también le
rasgó la piel. El hombro y el brazo se le paralizaron, y se le hizo un hoyo
profundo entre los hombros, provocándole una herida que sangró durante cinco
años. Le quedó el cuerpo enjuto y tieso, se adelgazó a tal punto que parecía un
esqueleto descarnado, con todos los miembros dislocados y desarticulados, no
tenía ningún miembro sano excepto las articulaciones de las manos, las cuales
utilizaba para tejer calcetines de lana...
Según la opinión de los médicos, Rafqa padecía
de tuberculosis osteo-articular, que la
dejó por siete años en cama, acostada solamente del lado derecho sin que su
hombro tocara las sábanas, con la cabeza apoyada en la almohada.
Cuando tenían que ordenar su cama, o llevarla
a la Iglesia, se necesitaban cuarto monjas. La cargaban con precaución en la
sábana, no se atrevían a ponerla en el suelo por temor a que sus miembros se
separaran o se desmoronaran.
ALGUNOS
HECHOS IMPORTANTES
1.
Rafqa paralizada se arrastra sola hasta la Iglesia.
Era la mañana del jueves en la fiesta del
Santísimo Sacramento, que Rafqa le dijo a su superiora: Si pudiera asistir a la
misa, en este día de tan noble fiesta, las hermanas trataron de llevarla
asiendo las cuatro puntas de la sábana, pero al tratar de levantarla le dolió
la cadera izquierda, entonces la dejaron en su cama.
Cuando la misa empezó y las monjas estaban en
el oratorio, ¡Rafqa entró arrastrándose en la Iglesia! Las monjas se
sorprendieron y se emocionaron, la superiora se levantó para ayudarla pero
Rafqa le hizo una seña con la cabeza que la dejara entrar sola. Cuando entró la
sentaron en un cojín.
Más tarde la madre superiora le preguntó: “¿Cómo
pudiste ir a la Iglesia?” Rafqa respondió: “No sé nada; le pedí a Jesús que me
ayudara, y de repente sentí que los pies se resbalaban de la cama, pude bajarme
y me pude arrastrar hasta la Iglesia”.
2.
Recupera la vista por una hora
Un día la madre Úrsula DOUMIT le preguntó a la
hermana Rafqa:
- ¿No
desearías ver nuestro nuevo monasterio y sus alrededores como la montaña el
bosque y la belleza?
- Si,
desearía la vista al menos una hora para verle.
- ¿Una
hora solamente y volver a estar ciega?
- Si.
Al momento, se le resplandeció la cara a Rafqa
y dijo sonriente:
- ¡Veo!
¡Bendito sea Dios!
- ¿Qué
hay encima de este armario? (preguntó la superiora, queriendo asegurarse).
Y Rafqa volteando la cara sobre el armario
dijo:
- La
santa Biblia y el prefacio y señalaba las diferentes manchas que había en su
cubrecama.
Rafqa decía siempre: “Mis hermanas, no olviden
la sexta herida de Cristo; la herida de su hombro, esta herida fue muy dolorosa
porque cargaba la cruz de nuestros pecados”.
Rafqa rezaba día y noche, y todos los días
seis veces el Padre Nuestro y el Ave María por las seis heridas de Jesús, (la
sexta era la herida del hombro de Jesús). Rafqa prefería a Dios sobre todas las
cosas, por Él ella sufrió.
Ella, decía a las monjas: “Mis hermanas hagan
comunión espiritual cuanto puedan aunque sean hasta mil al día’” Tenía una gran
devoción por la Santa Virgen María. Era dulce, calmada y siempre apacible,
tenía un corazón simple.
Rafqa explicaba las reglas y las virtudes
monásticas a sus hermanas y enseñaba a las novicias las oraciones del breviario
en arameo porque tenía una hermosa voz. Consolaba a la hermana triste, y pedía
perdón en lugar de la hermana culpable o castigada. Su figura reflejaba la
dulzura y la humildad.
Una vez le dijo a la hermana Marina, (que la
curaba): “Mi hermana, ¿ te lavaste los pies ?, No, le respondió ella. Rafqa le
replicó: Hazlo con el fin de que yo beba esa agua, porque te he hecho sufrir durante 27 años. Tú
me has curado y me has servido y yo he sido incapaz de agradecerte o de pagarte
y sería muy poco si bebiera del agua en la que tú te lavaras los pies como
muestra de mi gratitud”.
3.
Muerte de Rafqa
Rafqa vivió 82 años, de los cuales fueron 29
de sufrimientos, y profundo amor a Cristo.
El 22 de marzo de 1914, Rafqa le dijo a su
superiora:”Me gustaría despedirme de mis hermanas y oír sus voces antes de
morir”.
La mañana del 23 de marzo de 1914, pidió la
Santa Comunión diciendo: “Déjenme llevar conmigo mi provisión”. Y sus últimas palabras
fueron: “Oh Jesús! Oh María! Oh San José! les entrego mi corazón y mi alma;
entre sus manos pongo mi espíritu”.
La enterraron en el cementerio del convento,
desde allá, salió una fuerte luz proveniente de su tumba durante tres días
consecutivos.
Dios por su intercesión hizo multitud de
milagros y la tierra de su tumba se convirtió en un manantial de gracia, bendiciones
y curaciones para todos los creyentes.