Imaginería religiosa "San Juan de Dios"
Hace más de 25 años realizamos y restauramos imágenes religiosas. Les mostraré mis piezas, cómo las hago y las distintas técnicas que empleo. Muchas de las piezas se encuentran a la venta, sólo tienen que consultar. Muchas gracias por compartir conmigo este espacio y recomendarlo a otras personas. Estamos en Misiones y en Buenos Aires (Capital Federal) Argentina. Para comunicarse escribir al email: daniel1962ar@gmail.com o bien al whatsapp: +5491132720490
sábado, 11 de abril de 2026
11 de abril fiesta de Santa Gema Galgani.
Gema
Galgani nació en 1878 en Camigliano, un pequeño pueblo de la provincia de Lucca
(Italia), en el seno de una familia era de condición modesta: el padre
farmacéutico y la madre ama de casa. Gema tuvo una infancia normal, asistió a
la escuela pública de Lucca, donde la familia se había mudado, y tenía muchos
amigos. Pero aquella normalidad fue destrozada por pruebas durísimas.
Para Gema
comenzaron también por aquella época una serie de enfermedades, algunas de
ellas graves. Gema pronto comenzó a enfermar.
Se le desarrolló una curvatura en
la columna vertebral y le dio también una meningitis dejándola con una pérdida
de oído temporal. Largos abscesos se le formaron en la cabeza, el pelo se le
cayó, y finalmente las extremidades se le paralizaron.
Un doctor
fue llamado y trató muchos remedios, los cuales fallaron y ella sólo se puso
peor. Gema comenzó entonces su devoción al entonces Venerable Gabriel de la
Dolorosa, joven pasionista popularísimo en Italia, hoy canonizado. Además, en
el invierno de 1898, fue curada milagrosamente por intercesión de Santa
Margarita María de Alacoque de otra de las enfermedades.
Estas
pruebas permitieron a Gema hacer grandes progresos en la vida espiritual.
Siempre había tenido facilidad para la vida de piedad y había llegado a tener
una gran familiaridad con Jesús, ya en la escuela llenaba sus cuadernos con
pensamientos espirituales y oraciones.
Y así, creciendo progresivamente en la
vida espiritual, recibió extraordinarios dones místicos: sentía claramente
junto a sí la presencia del ángel de la guarda y hablaba con Jesús y María.
Hasta que
le fue concedido el don de los estigmas. Ella narra el acontecimiento:
“Estábamos en la tarde del 8 de junio de 1899, cuando, de repente, siento un
dolor interno por mis pecados… Jesús se apareció, tenía todas las heridas
abiertas, pero de aquellas heridas ya no salía sangre, salían como unas llamas
de fuego, que tocaron mis manos, mis pies, mi corazón.
Me sentía
morir...” No se puede pasar por alto el parecido de esta descripción a la que
hizo San Pío de Pietrelcina sobre su estigmatización ocurrida el 20 de
septiembre de 1918. Las heridas profundas en las manos, los pies y el costado
se reabrían todos los jueves a las 8 de la tarde y los viernes a las 3, y este
raro fenómeno venía acompañado por éxtasis. Para disimular las llagas usaba
guantes.
Sobre los
estigmas, escribirá su último director espiritual, como testigo directo y
fiable: “La herida algunas veces era superficial, casi imperceptible a primera
vista, pero de ordinario profunda y parecía unirse con la de la cara opuesta,
atravesando la mano completamente.
Y digo que
parecía, porque de las heridas salía sangre, en parte líquida y en parte
coagulada, y al cesar ésta de salir, la herida se contraía y no era fácil
explorarla sin el auxilio de la sonda, instrumento que no me atrevía a usar, ya
por el temor reverencial que me inspiraba la extática en aquellas condiciones,
ya porque el dolor le hacía contraer convulsivamente las manos”.
Su confesor
ordinario, Monseñor Volpi le dijo que no se dejase ver las manos porque la
gente se podría reír de ella. En efecto Gema sufrió el desprecio, rechazo y la
burla de muchos aun cuando caminaba por las calles de Lucca, la tenían por una
farsante y una histérica, e gritaban insultos y burlas por las calles.
Así
comienza para Gema una vida de incomprensión, pues su propio confesor, Monseñor
Volpi dudaba de la veracidad de los estigmas y pensaba que era obra de la
histeria, apoyado por el parecer de un médico al que pidió que examinase los
estigmas: Años después le sucedería algo parecido al P. Pío con alguno de los
especialistas que le examinaron.
También los familiares de Gema tenían
dificultades para creerla y en secreto la espiaban para ver si se autoinfligía
las heridas de los estigmas.
Rechazada
para la vida religiosa por su salud débil y la sospecha de desequilibrio
mental, en el mismo año 1899, la joven conoció a los Pasionistas y fueron estos
religiosos los que le buscaron una familia que la cuidase, por su precaria
situación económica. Los buenos esposos Giannini, que hospedaban a los
Pasionistas cuando iban a Lucca, quisieron acoger a Gema en su casa, para
salvarla de una vida de miseria, y la trataron como a una hija.
La madre de
la familia, Cecilia, la puso en contacto con un gran director espiritual
Pasionista, el P. Germano de San Estanislao, que a partir de entonces la guiará
con gran sabiduría. Con los Giannini Gema llevó una vida retirada de la casa a
la iglesia, obediente a las directrices del director espiritual, el sacerdote
Pasionista P Germano.
Mientras
tanto, la enfermedad que había sufrido en la adolescencia se volvió a
manifestar en 1902, haciéndola sufrir mucho.
Con buena salud desde su cura
milagrosa, se ofreció a Dios como víctima por la salvación de las almas y cayó
peligrosamente enferma. No podía pasar ningún alimento. Aunque recobró
brevemente la salud, rápidamente volvió a caer enferma y el 21 de septiembre de
1902, comenzó a vomitar pura sangre que venía de los espasmos violentos de amor
de su corazón. Mientras tanto, pasaba por un martirio espiritual que ella
experimentaba como aridez y desconsuelo en sus ejercicios espirituales.
Los tiempos
en los que vivió fueron de un positivismo triunfante y, sin embargo, su vida
fue una gran refutación de esta certeza filosófica, pues muchos científicos
acudieron a estudiarla y no entendieron nada de lo que le ocurría, ya que
ninguna teoría humana podía explicar los fenómenos extraordinarios que
experimentó esta mujer: Gema hablaba con su ángel de la guarda y le encargaba
tareas delicadas, como la de hacer llegar a Roma la correspondencia de algunos
de sus directores espirituales.
Sobre esta
curiosa tarea, escribió: “En cuanto termino la carta, se la doy al ángel. Está
junto a mí, esperando”. Y curiosamente las cartas llegaban a su destino sin
pasar por el servicio de correos. Además, Gema predecía acontecimientos
futuros, caía en éxtasis, sudaba sangre, y muchos que acudían a ella
simplemente por curiosidad, salían convencidos y a veces convertidos.
Sin duda un
aspecto especialmente misterioso de la vida de Gema Galgani fue su lucha contra
el demonio, que se cebó con ella, por así decir, ya que la santa no solamente
se ofrecía como víctima por la conversión de los pecadores, sino que también
con sus dones extraordinarios conseguía la conversión de muchos.
El demonio
se ensañaba atrozmente contra ella, intentando hacerla expulsar de la casa de
los Giannini; también intentaba engañar a sus confesores, dejaba sus huellas en
el diario íntimo de Gema, la tentaba contra la castidad, la golpeaba, la
levantaba de la tierra y la tiraba por tierra, bajo el armario de su
habitación. Le aparecía bajo el aspecto de su ángel de la guarda para
engañarla, le llenaba la comida de gusanos para impedirle comer.
El Señor
permitió incluso que el demonio la poseyese, y en ese estado la lanzaba contra
los objetos sagrados, la empujaba a escupir al crucifijo, la hacía gritar y
sufrir las contorsiones típicas de los poseídos. La misma Gema lo describió en
una carta enviada a su confesor, el P. Germano: “El demonio me hostiga, me hace
todo tipo de cosas.
No duerme.
A saber las tentaciones que tendré que aguantar todavía… y qué pasará cuando
muera y tenga que ser juzgada…” Un sacerdote que la conocía le regaló una
reliquia de la Santa Cruz y desde entonces quedó libre de estas posesiones.
Pero el
demonio atacaba a Gema de muchos otros modos, y los testigos presenciales del
Proceso de Canonización que la asistían en sus últimos años aseguraron que no
exageraba en lo que contaba: El P. Pedro Pablo la encontró por tierra llorando,
Cecilia Giannini afirmó haberla visto como llena de golpes y en una ocasión la
encontró como muerta con la boca llena de baba. Ella misma contó de haber visto
algunas veces temblar su cama de modo violento.
Una niña de
12 años, hija de los Giannini, que una noche se quedó a dormir con ella para
hacerle compañía, se asustó tanto por los ruidos que oyó que nunca quiso
volver. Las personas que la cuidaban, cuando volvían por la mañana, la
encontraban agotada y notaban en el aire un fuerte olor a azufre.
Una de
ellas, su amiga Eufemia, contó que la santa pedía siempre oraciones y agua
bendita. Contó también que Gema veía con frecuencia seres horribles a su
alrededor, veía peces que rodeaban su cama, o cubierta de gusanos y objetos
repugnantes que ella llamaba “cosas del infierno”.
Eufemia
siguió contando en cierta ocasión: “No para de rociar el lecho con agua
bendita. Está mal, hace pocos minutos ha lanzado un grito porqué le parecía
tener en la garganta un escorpión que la mordía, pero que al rociar el agua
bendita ha escapado de la cama con forma de gato. Dice que siente punzadas en
cada parte del cuerpo”.
Un
misionero Pasionista, el P. Pedro Pablo declaró: “El demonio la atacaba y,
controlando sus sentidos, le obligaba a hacer actos de posesa. Se tiraba por
tierra, se lanzaba contra las personas y si éstas le presentaban algún objeto
de devoción, escupía al crucifijo y a la imagen de la Virgen, y recuerdo que un
día me arrebató el rosario que llevaba en el cinto del hábito y me lo rompió en
varios pedazos”.
Todo esto nos podrían parecer exageraciones piadosas si no
constasen bajo juramento en el Summarium del Proceso de Canonización de Gema
Galgani.
Un
auténtico calvario permitido por el Señor para que pudiese conformarse más a Él
a través de la humillación, la soledad, la incomprensión y el despojo de sí.
Pocos instantes antes de morir, Gema pronunció estas palabras: “Ya no pido
nada, he sacrificado a Dio todo y todos” y dos lágrimas le cayeron de los ojos.
Cuatro años
después de su muerte comenzó el proceso de beatificación, algo inusitado en
aquella época. Fue beatificada en mayo de 1933 y canonizada por el Papa Pío XII
en plena Segunda Guerra Mundial, el 14 de mayo de 1940, siendo la primera santa
del siglo XX en llegar a los altares.
viernes, 10 de abril de 2026
10 de abril fiesta de los Beatos mártires Colombianos de la Comunidad de San Juan de Dios.
Desde
1934 estalló en España una horrorosa persecución contra los católicos, por
parte de los comunistas y masones y de la extrema izquierda. Por medio del
fraude y de toda clase de trampas fueron quitándoles a los católicos todos los
puestos públicos. En las elecciones, tuvo el partido católico medio millón de
votos más que los de la extrema izquierda, pero al contabilizar tramposamente
los votos, se les concedieron 152 curules menos a los católicos que a los
izquierdistas.
La
persecución anticatólica se fue volviendo cada vez más feroz y terrorífica. En
pocos meses de 1936 fueron destruidos en España más de mil templos católicos y
gravemente averiados más de dos mil.
Desde
1936 hasta 1939, los comunistas españoles asesinaron a 4,100 sacerdotes
seculares; 2,300 religiosos; 283 religiosas y miles y miles de laicos. Todos
por la sola razón de pertenecer a la Iglesia Católica.
Las
comunidades que más mártires tuvieron fueron: Padres Claretianos: 270. Padres
Franciscanos 226. Hermanos Maristas 176. Hermanos Cristianos 165. Padres
Salesianos 100. Hermanos de San Juan de Dios 98.
En
1936 los católicos se levantaron en revolución al mando del General Francisco
Franco y después de tres años de terribilísima guerra lograron echar del
gobierno a los comunistas y anarquistas anticatólicos, pero estos antes de
abandonar las armas y dejar el poder cometieron la más espantosa serie de
asesinatos y crueldades que registra la historia. Y unas de sus víctimas fueron
los siete jóvenes colombianos, hermanos de la Comunidad de San Juan de Dios,
que estaban estudiando y trabajando en España.
Eran
de origen campesino o de pueblos religiosos y piadosos. Muchachos que se habían
propuesto desgastar su vida en favor de los que padecían enfermedades mentales,
en la comunidad que San Juan de Dios fundó para atender a los enfermos más
abandonados. La Comunidad los había enviado a España a perfeccionarse en el
arte de la enfermería y ellos deseaban emplear el resto de su vida en ayudar de
la mejor manera posible a que los enfermos recobraran su salud mental y física
y sobre todo su salud espiritual por medio de la conversión y del progreso en
virtud y santidad.
Sus
nombres eran: Juan Bautista Velásquez, de Jardín (Antioquía) 27 años. Esteban
Maya, de Pácora Caldas, 29 años. Melquiades Ramírez de Sonsón (Antioquía) 27
años. Eugenio Ramírez, de La Ceja (Antioquía) 23 años. Rubén de Jesús López, de
Concepción (Antioquía) 28 años. Arturo Ayala, de Paipa (Boyacá) 27 años y
Gaspar Páez Perdomo de Tello (Huila) 23 años.
Hacía
pocos años que habían entrado en la Congregación y en España sólo llevaban dos
años de permanencia. Hombre totalmente pacíficos que no buscaban sino hacer el
bien a los más necesitados. No había ninguna causa para poderlos perseguir y
matar, excepto el que eran seguidores de Cristo y de su Santa Religión. Y por
esta causa los mataron.
Estos
religiosos atenían una casa para enfermos mentales en Ciempozuelos cerca de
Madrid, y de pronto llegaron unos enviados del gobierno comunista español (dirigido
por los bolcheviques desde Moscú) y les ordenaron abandonar aquel plantel y
dejarlo en manos de unos empleados marxistas que no sabían nada de medicina ni
de dirección de hospitales pero que eran unas fieras en anticleralismo.
A
los siete religiosos se los llevaron prisioneros a Madrid.
Cuando
al embajador colombiano le contaron la noticia, pidió al gobierno que a estos
compatriotas suyos por ser extranjeros los dejaran salir en paz del país, y les
envió unos pasaportes y unos brazaletes tricolores para que los dejaran salir
libremente. Y el Padre Capellán de las Hermanas Clarisas de Madrid les
consiguió el dinero para que pagaran el transporte hacia Colombia, y así los
envió en un tren a Barcelona avisándole al cónsul colombiano de esa ciudad que saliera
a recibirlos. Pero en el tiquete de cada uno los guardas les pusieron una señal
especial para que los apresaran.
El
Dr. Ignacio Ortiz Lozano, Cónsul colombiano en Barcelona describió así en 1937
al periódico El Pueblo de San Sebastián cómo fueron aquellas jornadas trágicas:
"Este horrible suceso es el recuerdo más doloroso de mi vida. Aquellos
siete religiosos no se dedicaban sino al servicio de caridad con los más
necesitados. Estaban a 30 kilómetros de Madrid, en Ciempozuelos, cuidando locos.
El día 7 de agosto de 1936 me llamó el embajador en Madrid (Dr. Uribe Echeverry) para contarme que viajaban con un pasaporte suyo en un tren y para rogarme que fuera a la estación a recibirlos y que los tratara de la mejor manera posible. Yo tenía ya hasta 60 refugiados católicos en mi consulado, pero estaba resuelto a ayudarles todo lo mejor que fuera posible. Fui varias veces a la estación del tren pero nadie me daba razón de su llegada. Al fin un hombre me dijo: "¿Usted es el cónsul de Colombia? Pues en la cárcel hay siete paisanos suyos".
El día 7 de agosto de 1936 me llamó el embajador en Madrid (Dr. Uribe Echeverry) para contarme que viajaban con un pasaporte suyo en un tren y para rogarme que fuera a la estación a recibirlos y que los tratara de la mejor manera posible. Yo tenía ya hasta 60 refugiados católicos en mi consulado, pero estaba resuelto a ayudarles todo lo mejor que fuera posible. Fui varias veces a la estación del tren pero nadie me daba razón de su llegada. Al fin un hombre me dijo: "¿Usted es el cónsul de Colombia? Pues en la cárcel hay siete paisanos suyos".
Me
dirigí a la cárcel pero me dijeron que no podía verlos si no llevaba una
recomendación de la FAI (Federación Anarquista Española). Me fui a conseguirla,
pero luego me dijeron que no los podían soltar porque llevaban pasaportes
falsos. Les dije que el embajador colombiano en persona les había dado los
pasaportes. Luego añadieron que no podían ponerlos en libertad porque la cédula
de alguno de ellos estaba muy borrosa (Excusas todas al cual más de injustas y
mentirosas, para poder ejecutar su crimen. La única causa para matarlos era que
pertenecían a la religión católica). Cada vez me decían "venga
mañana". Al fin una mañana me dijeron: "Fueron llevados al Hospital
Clínico". Comprendí entonces que los habían asesinado. Fue el 9 de agosto
de 1936.
Aterrado,
lleno de cólera y de dolor exigí entonces que me llevaran a la morgue o
depósito de cadáveres, para identificar a mis compatriotas sacrificados.
En
el sótano encontré más de 120 cadáveres, amontonados uno sobre otro en el
estado más impresionante que se puede imaginar. Rostros trágicos. Manos
crispadas. Vestidos deshechos. Era la macabra cosecha que los comunistas habían
recogido ese día.
Me
acerqué y con la ayuda de un empleado fui buscando a mis siete paisanos entre
aquel montón de cadáveres. Es inimaginable lo horrible que es un oficio así.
Pero con paciencia fui buscando papeles y documentos hasta que logré
identificar cada uno de los siete muertos. No puedo decir la impresión de pavor
e indignación que experimenté en presencia de este espectáculo. Los ojos
estaban desorbitados. Los rostros sangrantes.
Los cuerpos mutilados, desfigurados, impresionantes. Por un rato los contemplé en silencio y me puso a pensar hasta qué horrores de crueldad llega la fiera humana cuando pierde la fe y ataca a sus hermanos por el sólo hecho de que ellos pertenecen a la santa religión.
Los cuerpos mutilados, desfigurados, impresionantes. Por un rato los contemplé en silencio y me puso a pensar hasta qué horrores de crueldad llega la fiera humana cuando pierde la fe y ataca a sus hermanos por el sólo hecho de que ellos pertenecen a la santa religión.
Redacté
una carta de protesta y la envié a las autoridades civiles. Después el gobierno
colombiano protestó también, pero tímidamente, por temor a disgustar aquel
gobierno de extrema izquierda.
En
aquellos primero días de agosto de 1936, Colombia y la Comunidad de San Juan de
Dios perdieron para esta tierra a siete hermanos, pero todos los ganamos como
intercesores en el cielo. En cada uno de ellos cumplió Jesús y seguirá
cumpliendo, aquella promesa tan famosa: "Si alguno se declara a mi favor
ante la gente de esta tierra, yo me declararé a su favor ante los ángeles del
cielo".
Estos
son los primeros siete beatos colombianos. Los beatificó el Papa Juan Pablo II
en 1992. Y ojalá sean ellos los primeros de una larguísima e interminable serie
de amigos de Cristo que lo aclamen con su vida, sus palabras y sus buenas obras
en este mundo y vayan a hacerle compañía para siempre en el cielo.
martes, 7 de abril de 2026
7 de abril fiesta de San Juan Bautista de Lasalle.
Es el
fundador de los Hermanos Cristianos y nació en Francia en 1651.
Nació en
Reims y murió en Rouen, las dos ciudades que hizo famosas Santa Juana de Arco.
Su vida
coincide casi exactamente con los años del famoso rey Luis XIV.
Probablemente
su existencia habría pasado desapercibida si se hubiera contentado con vivir de
acuerdo a su clase social adinerada, sin preocuparse por hacer ninguna obra
excepcional en favor del pueblo necesitado. Pero la fuerza misteriosa de la
gracia de Dios encontró en él un instrumento dócil para renovar la pedagogía y
fundar las primeras escuelas profesionales y las más antiguas escuelas normales
y fundar una Comunidad religiosa que se ha mantenido en principalísimos puestos
en la educación en todo el mundo. Este santo fue un genio de la pedagogía, o
arte de educar.
Si San Juan
Bautista de la Salle
viviera hoy aquí en la tierra abriría los ojos aterrado al ver que la educación
se ha secularizado, o sea se ha organizado como si Dios no existiera y sólo se
preocupa por hacer de los seres humanos unos animalitos muy buen amaestrados,
pero sin fe, sin mirar a la eternidad ni importarle nada la salvación del alma.
Porque para él, lo imprescindible, lo que constituía su obsesión, era obtener
la salvación del alma de los educandos y hacerlos crecer en la fe. Si no
hubiera sido por estos dos fines, él no habría emprendido ninguna obra
especial, porque esto era lo que en verdad le interesaba y le llamaba la
atención: hacer que los educandos amaran y obedecieran a Dios y consiguieran
llegar al reino eterno del cielo.
Juan
Bautista había estudiado en el famoso seminario de San Suplicio en París y allí
recibió una formidable formación que le sirvió para toda su vida. Fue ordenado
sacerdote y por su posición social y sus hermosas cualidades parecía destinado
para altos cargos eclesiásticos, cuando de pronto al morir su director
espiritual lo dejó como encargado de una obra para niños pobres que el santo
sacerdote había fundado: una escuela para niños y un orfelinato para niñas
pobres, dirigido por unas hermanitas llamadas de El Niño Jesús.
Allí en esa
obra lo esperaba la
Divina Providencia para encaminarlo hacia la gran obra que le
tenía destinada: ser el reformador de la educación.
La Salle
le dio un viraje de 180 grados a los antiguos métodos de educación. Antes se
enseñaba a cada niño por aparte. Ahora La Salle los reúne por grupos para darles clases (en
la actualidad eso parece tan natural, pero en aquel tiempo era una novedad).
Antiguamente se educaba con base en gritos y golpes.
El padre Juan Bautista
reemplazaba el sistema del terror por el método del amor y de la convicción. Y
los resultados fueron maravillosos. La gente se quedaba admirada al ver cómo
mejoraba totalmente la juventud al ser educada con los métodos de nuestro
santo.
No les
enseñaba solamente cosas teóricas y abstractas, sino sobre todo aquellos
conocimientos prácticos que más les iban a ser de utilidad en la vida diaria. Y
todo con base en la religión y la amabilidad.
San Juan Bautista de la Salle enseñando. La Salle empezó a reunir a sus
profesores para instruirlos en el arte de educar y para formarlos
fervorosamente en la vida religiosa. Y con los más entusiastas fundó la Comunidad de Hermanos de
las Escuelas Cristianas que hoy son unos 15,000 en más de mil colegios en todo
el mundo. Y siguen siendo una autoridad mundial en pedagogía, en el arte de
educar a la juventud.
El éxito de los Hermanos Cristianos fue inmenso desde el
principio de su congregación, y ya en vida del santo abrieron colegios en
muchas ciudades y en varias naciones. Un 15 de agosto los consagró San Juan
Bautista a la
Santísima Virgen y han permanecido fervorosos propagadores de
la devoción a la Madre
de Dios.
Al
principio algunos le fallaron porque el santo era tan bondadoso que no podía
imaginar mala voluntad en ninguno de sus discípulos. Para él todo el mundo era
bueno, y por mucho que lo hubieran ofendido estaba siempre dispuesto a perdonar
y a volver a recibir al que había faltado. Y tuvo la prueba dolorosísima de ver
que algunos lo engañaron y se dejaron contagiar por el espíritu del mundo. Pero
luego sus asesores lo convencieron para que no aceptara a ciertos sujetos no
confiables y que expulsara a algunos que se habían vuelto indignos. Y el santo
aceptando con toda humildad y mansedumbre los buenos consejos recibidos
procedió a purificar muy a tiempo su congregación.
Siendo de
familia muy rica, repartió todos sus bienes entre los pobres y se dedicó a
vivir como un verdadero pobre. Los últimos años cuando renunció a ser Superior
General de su Congregación, pedía permiso al superior hasta para hacer los más
pequeños gastos. Los viajes aunque a veces muy largos, los hacía casi siempre a
pie, y pidiendo limosna para alimentarse por el camino, durmiendo en casitas
pobrísimas, llenas de plagas y de incomodidades.
Una vez
pasó todos los tres meses del crudísimo invierno, en una habitación sin
calefacción y con ventanas llenas de rendijas y con varios grados bajo cero.
Esto le trajo un terrible reumatismo que durante todo el resto de su vida le
produjo tremendos dolores y las anticuadas curaciones que le hicieron para ese
mal lo torturaron todavía mucho más.
En su
juventud, por ser de familia muy adinerada, había gozado de una alimentación
refinada y muy sabrosa. Cuando se dedicó a vivir la pobreza de una comunidad
fervorosa y en la cual, los alimentos eran rudos y desagradables, tenía que
aguantar muchas horas sin comer, para que su estómago fuera capaz de recibirle
esos alimentos tan burdos.
Su sotana y
su manto eran tan pobres y descoloridos, que un pobre no se los hubiera
aceptado como limosna.
Su humildad
era tan grande que se creía indigno de ser el superior de la comunidad. Estaba
siempre dispuesto a dejar su alto puesto y alguna vez que por calumnias dispuso
la autoridad superior quitarlo de ese cargo, él aceptó inmediatamente. Pero
todos los Hermanos firmaron un memorial anunciando que no aceptaban por el
momento a ningún otro como superior sino al Santo Fundador y tuvo que aceptar
el seguir con el superiorato.
No se
cansaba de recomendar con sus palabras y sus buenos ejemplos, a sus religiosos
y amigos que la preocupación número uno del educador debe ser siempre el tratar
de que los educandos crezcan en el amor a Dios y en la caridad hacia el
prójimo, y que cada maestro debe esforzarse con toda su alma por tratar de que
los jovencitos conserven su inocencia si no la han perdido o que recuperen su
amistad con Dios por medio de la conversión y de San Juan Bautista de la Salle en su lecho de muerteun
inmenso horror al pecado y a todo lo que pueda hacer daño a la santidad y a
todo lo que se oponga a la eterna salvación.
Pasaba
muchas horas en oración y les insistía a sus religiosos que lo que más éxito
consigue en la labor de un educador es orar, dar buen ejemplo y tratar a todos
como Cristo lo recomendó en el evangelio: "haciendo a los demás todo el
bien que deseamos que los demás no hagan a nosotros".
San Juan
Bautista de la Salle
murió el 7 de abril de 1619 a
los 68 años. Fue declarado santo por el Sumo Pontífice León XIII en el año
1900. El Papa Pío XII lo nombró Patrono de los Educadores del mundo entero.
lunes, 6 de abril de 2026
Hoy se inicia la Octava de Pascua.
(Con el Domingo de Resurrección
comienza los cincuenta días del tiempo pascual que concluye con la Solemnidad
de Pentecostés.
La
Octava de Pascua se trata de la primera semana de la Cincuentena; se considera
como si fuera un solo día, es decir, el júbilo del Domingo de Pascua se
prolonga ocho días seguidos.
Las
lecturas evangélicas se centran en los relatos de las apariciones de Cristo
Resucitado y las experiencias que los apóstoles tuvieron con Él.
En
este tiempo litúrgico, la primera lectura que comúnmente se toma del Antiguo
Testamento, se cambia por una de Los Hechos de los Apóstoles.
El
segundo Domingo de Pascua también es llamado Domingo de la Divina Misericordia,
según la disposición de San Juan Pablo II durante su pontificado tras la
canonización de su compatriota Faustina Kowalska.
El decreto fue emitido el 23 de mayo del 2000 por la Sagrada Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, detallando que ésta tendrá lugar el segundo domingo de Pascua. La denominación oficial de este día litúrgico será «segundo domingo de Pascua o de la Divina Misericordia».
domingo, 5 de abril de 2026
Domingo de Pascua de Resurrección.
La fiesta para los cristianos de todo el mundo ha llegado, porque se cumplieron las profecías de que Jesús al tercer día resucitaría, se renuevan en este día los sacramentos del bautismo y la confirmación.
Jesús resucita, para salvarnos del pecado y para que nos convirtamos, pero no solamente para renunciar a los pecados, sino para descubrir el amor del Padre, que nos salva por medio de su Hijo, y nos perdona.
Es por eso también que cada DOMINGO, lo tomamos como DÍA DEL SEÑOR y NOS CONGREGAMOS TODOS CRISTIANOS PARA DAR GRACIAS A DIOS POR LA RESURRECCIÓN de Nuestro Señor Jesucristo.
La Resurrección de Jesús, es una llamada a la renovación, para intentar ser cada uno como debemos de ser. Jesús resucitó y también nosotros hemos de resucitar al amor, al perdón, a la tolerancia, a la comprensión, a la solidaridad, y desterrar la mentira, la hipocresía y la calumnia. Que la alegría de la VIDA nos acompañe en cada actuar cotidiano.
Y finalmente, preguntarnos ¿Cómo quiere Jesús de Nazaret, que yo resucite en mi interior?
Cristo resucitado y eterno, nos trae la salvación, abre las puertas del cielo y nos invita a ser sus testigos. Vivamos este día con alegría, religiosidad y rodeados del amor de familiares y amigos.
¡¡Tengan todos una excelente
PASCUA DE RESURRECCIÓN!!
5 de abril fiesta de San Vicente Ferrer.
Vicente Ferrer nació en Valencia el 23 de
enero de 1350. Fueron sus padres Guillermo Ferrer, notario público, y
Constancia Miguel, personas virtuosas y distinguidas en la caridad con los
pobres. Tuvieron tres hijas y tres hijos.
Los padres le inculcaron desde muy pequeño una fervorosa devoción hacia
Jesucristo y a la Virgen
María y un gran amor por los pobres.
Lo encargaron repartir las cuantiosas limosnas que la
familia acostumbraba a dar. Le enseñaron
también a hacer una mortificación cada viernes en recuerdo de la Pasión de Cristo, y cada
sábado en honor de la
Virgen Santísima. Estas costumbres las ejercitó durante toda
su vida
A los
siete años recibió la tonsura clerical. A los once era Beneficiado de la
parroquia de Santo Tomás. Y a los diecisiete, ya postulante dominico. Tenía
tanta calma como ardor. Tanta pasión como razón. Y todo, dominado por el amor
de Dios.
Durante su juventud el demonio lo asaltó
con violentas tentaciones y, además, como era bien parecido, varias mujeres de
dudosa conducta se enamoraron de él y como no
hizo caso a sus zalamerías, le inventaron terribles calumnias contra su
buena fama. Todo esto lo fue haciendo fuerte para soportar las pruebas que le
iban a llegar después.
En 1370, a los veinte años, Vicente Ferrer se
incorporó a la Orden
de Santo Domingo. Era un joven de inteligencia prodigiosa, viva imaginación e
ingenio penetrante.
Siendo un simple diácono lo mandaron a
predicar a Barcelona. La ciudad estaba pasando por un período de hambre y los
barcos portadores de alimentos no llegaban. Entonces Vicente anunció en un
sermón que esa misma noche llegarían los
barcos con los alimentos tan deseados. Al volver a su convento, el superior lo
regañó por dedicarse a hacer profecías de cosas que él no podía estar seguro de
que iban a suceder. Pero esa noche llegaron los barcos, y al día siguiente el
pueblo se dirigió hacia el convento a aclamar a Vicente, el predicador. Los
superiores tuvieron que trasladarlo a otra ciudad para evitar desórdenes.
Para formar a un dominico eran necesarios
quince años de estudios. Estudió dos años Lógica en Barcelona. Y enseñó en
Lérida otros dos años la misma materia. Luego volvió a Barcelona para estudiar
cuatro cursos de Teología. Después, en Touluose, hizo un curso especial de Teología, que le abrió a la
corrientes teológicas del momento. A los
veintiocho años recibió, con calificación "Summa cum Laude", el
doctorado en Teología y se dedicó a la enseñanza de la ciencia sagrada durante
ocho años en las universidades de Valencia, Barcelona y Lérida.
Volvió a Valencia cuando tenía veintinueve
años y fue ordenado sacerdote. Elegido prior de su convento, tuvo que renunciar
a los pocos meses, porque su comunidad estaba dividida, como toda la Iglesia, a causa del Cisma
de Occidente. Durante cuarenta años luchará por la unidad de la Iglesia, dividida por el cisma "lamentable y
doloroso", división que le hizo sufrir mucho.
San Vicente Ferrer reconoció primero al
Papa de Avignón (el Papa Luna), de quien fue confesor y ante quien rechazó el
nombramiento de obispo. Posteriormente, viendo el escaso interés de dicho Papa
para solucionar el Cisma de Occidente, le abandonó y recorrió diversas regiones
aconsejando a príncipes y logrando que retirasen su obediencia a los Papas
aviñonenses, por el bien de la
Iglesia. En este propósito coincidió al final con Catalina de
Siena.
Vicente estaba muy angustiado porque la Iglesia Católica
estaba dividida entre dos Papas y había muchísima desunión. De tanto afán se
enfermó y estuvo a punto de morir. Pero una noche se le apareció Nuestro Señor
Jesucristo, acompañado de San Francisco y Santo Domingo de Guzmán y le dio la
orden de dedicarse a predicar por ciudades, pueblos, campos y países. Y Vicente
recuperó inmediatamente la salud. En adelante, Vicente recorrerá el norte de
España, y el sur de Francia, el norte de Italia, y el país de Suiza, predicando
incansablemente, con enormes frutos espirituales.
Así, Vicente Ferrer se siente llamado por Cristo
a evangelizar Europa. A partir de ese momento recorre comarcas de España,
Alemania, Francia, Bélgica, Holanda, Italia e Inglaterra, predicando en plazas,
caminos y campos.
Los primeros convertidos fueron judíos y
moros. Dicen que convirtió más de 10,000 judíos y otros tantos musulmanes o
moros en España.
Las multitudes se apiñaban para escucharle,
donde quiera que él llegaba. Tenía que predicar en campos abiertos porque las
gentes no cabían en los templos. Su voz sonora, poderosa y llena de agradables
matices y modulaciones y su pronunciación sumamente cuidadosa, permitían oírle
y entenderle a bastante distancia.
Sus sermones duraban casi siempre más de
dos horas (un sermón suyo de las Siete Palabras en un Viernes Santo duró seis
horas), pero los oyentes no se cansaban ni se aburrían porque sabía hablar con
tal emoción y de temas tan propios para esas gentes, y con frases tan propias
de la Biblia, que a cada uno le
parecía que el sermón había sido compuesto para él mismo en persona.
Antes
de predicar rezaba durante cinco o más horas
para pedir a Dios la eficacia de la palabra, y conseguir que sus oyentes
se transformaran al oírle. Dormía en el
suelo, ayunaba frecuentemente y se trasladaba a pie de una ciudad a otra
(los últimos años se enfermó de una pierna y se trasladaba cabalgando en un
burrito).
En aquel tiempo había predicadores que lo
que buscaban era agradar a los oídos y componían sermones rimbombantes que no
convertían a nadie. En cambio, a San Vicente lo que le interesaba no era
lucirse sino convertir a los pecadores. Y su predicación conmovía hasta a los
más fríos e indiferentes. Su poderosa voz llegaba hasta lo más profundo del
alma. En pleno sermón se oían gritos de pecadores pidiendo perdón a Dios, y a
cada rato caían personas desmayadas de tanta emoción. Gentes que siempre se
habían odiado, hacían las paces y se abrazaban. Pecadores endurecidos en sus
vicios pedían confesores. El santo tenía que llevar consigo una gran cantidad
de sacerdotes para que confesaran a los penitentes arrepentidos. Hasta 15,000
personas se reunían en los campos abiertos, para oírle.
Después de sus predicaciones lo seguían dos
grandes procesiones: una de hombres convertidos, rezando y llorando, alrededor
de una imagen de Cristo Crucificado; y otra de mujeres alabando a Dios,
alrededor de una imagen de la Santísima Virgen. Estos dos grupos lo acompañaban
hasta el próximo pueblo a donde el santo iba a predicar, y allí le ayudaban a
organizar aquella misión y con su buen ejemplo conmovían a los demás.
Como la gente se lanzaba hacia él para
tocarlo y quitarle pedacitos de su hábito para llevarlos como reliquias, tenía
que pasar por entre las multitudes, rodeado de un grupo de hombres encerrándolo
y protegiéndolo entre maderos y tablas. El santo pasaba saludando a todos con
su sonrisa franca y su mirada penetrante que llegaba hasta el alma.
Las gentes se quedaban admiradas al ver que
después de sus predicaciones se disminuían enormemente las borracheras y la
costumbre de hablar de cosas malas, y las mujeres dejaban ciertas modas
escandalosas o adornos que demostraban demasiada vanidad. Y hay un dato
curioso: siendo tan fuerte su modo de predicar y atacando tan duramente al
pecado y al vicio, sin embargo las muchedumbres le escuchaban con gusto porque
notaban el gran provecho que obtenían al oírle sus sermones.
Vicente fustigaba sin miedo las malas
costumbres, que son la causa de tantos males. Invitaba incesantemente a recibir
los santos sacramentos de la confesión y de la comunión. Hablaba de la
sublimidad de la Santa
Misa. Insistía en la grave obligación de cumplir el
mandamiento de Santificar las fiestas. Insistía en la gravedad del pecado, en
la proximidad de la muerte, en la severidad del Juicio de Dios, y del cielo y
del infierno que nos esperan. Y lo hacía con tanta emoción que frecuentemente
tenía que suspender por varios minutos su sermón porque el griterío del pueblo
pidiendo perdón a Dios, era inmenso.
Los milagros acompañaron a San Vicente en
toda su predicación. Y uno de ellos era el hacerse entender en otros idiomas,
siendo que él solamente hablaba el español, el valenciano y el latín. Y sucedía
frecuentemente que las gentes de otros países le entendían perfectamente como
si les estuviera hablando en su propio idioma. Era como la repetición del
milagro que sucedió en Jerusalén el día de Pentecostés.
San Vicente se mantuvo humilde a pesar de
la enorme fama y de la gran popularidad que le acompañaban, y de las muchas
alabanzas que le daban en todas partes. Decía que su vida no había sido sino
una cadena interminable de pecados. Repetía: "Mi cuerpo y mi alma no son
sino una pura llaga de pecados. Todo en mí tiene la fetidez de mis
culpas". Así son los santos. Grandes ante la gente de la tierra pero se
sienten muy pequeñitos ante la presencia de Dios que todo lo sabe.
Los últimos años, ya lleno de enfermedades,
lo tenían que ayudar a subir al sitio donde iba a predicar. Pero apenas
empezaba la predicación se transformaba, se le olvidaban sus enfermedades y
predicaba con el fervor y la emoción de sus primeros años. Era como un milagro.
Durante el sermón no parecía viejo ni enfermo sino lleno de juventud y de
entusiasmo.
El santo regalaba a las señoras que
peleaban mucho con su marido, un frasquito con agua bendita y les recomendaba:
"Cuando su esposo empiece a insultarle, échese un poco de esta agua a la
boca y no se la pase mientras el otro no deje de ofenderla". Y esta famosa
"agua de Fray Vicente" producía efectos maravillosos porque como la
mujer no le podía contestar al marido, no había peleas.
San Vicente intervino en el Compromiso de
Calpe y declaró rey de Aragón a Fernando de Antequera, frente al Conde de
Urgel.
En su vida ajetreada supo sacar tiempo y
serenidad para escribir. En su obra "Tratado de Vida Espiritual" se
manifiesta como Maestro de Santidad. En
él aconseja oración, silencio, pureza,
obediencia, humildad, comprensión de los defectos ajenos, que hay que
llevar a la espalda, para no fijarse en ellos, y tener presente los propios,
así como también conocimiento de sí mismo, valor en las tentaciones, penitencia,
paciencia en las pruebas y perseverancia en la oración.
Todos los días San Vicente Ferrer cantaba
misa y predicaba durante dos o tres horas. Para
él predicar es sembrar, derramar la vida, porque la vida se conserva por la semilla.
Es sembrar en las conciencias
el grano del Evangelio. Fruto de ese trabajo paciente eran sus sermones, que
llenaban de entusiasmo a las multitudes, en los que hay claridad, profundidad y
riqueza de imágenes. En estos sermones se aprecia su gusto por la magnificencia,
la música, la pintura, las flores y las misas bellas y solemnes.
El Espíritu Santo enriqueció a San Vicente
Ferrer con carismas proféticos de evangelizador, taumaturgo, pastor de almas y constructor de
la paz. En nuestra Comunidad Valenciana se conoce bien la historia legendaria
de sus abundantes milagros que le
envuelven u le mitifican, incluso antes de nacer.
San Vicente Ferrer murió en la ciudad de
Vannes (Francia) el 5 de abril de 1419, Miércoles de Ceniza, a la edad de 69 años. Fueron tantos sus
milagros y tan grande su fama, que fue declarado santo a los 36 años después de
haber muerto (el 29 de Junio de 1455) por Calixto III, a quien San Vicente le
había profetizado "Serás Papa y me canonizarás".
Su cuerpo se conserva en Vannes, Francia.
Su cuerpo se conserva en Vannes, Francia.
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