sábado, 10 de octubre de 2026

10 de octubre fiesta de San Daniel Comboni.


Daniel Comboni: hijo de campesinos pobres, llegó a ser el primer Obispo de África Central y uno de los más grandes misioneros de la historia de la Iglesia.

La vida de Comboni nos muestra que, cuando Dios interviene y encuentra una persona generosa y disponible, se realizan grandes cosas.





Hijo único - padres santos

Daniel Comboni nace en Limone sul Garda (Brescia, Italia) el 15 de marzo de 1831, en una familia de campesinos al servicio de un rico señor de la zona. Su padre Luigi y su madre Domenica se sienten muy unidos a Daniel, que es el cuarto de ocho hijos, muertos casi todos ellos en edad temprana. Ellos tres forman una familia unida, de fe profunda y rica de valores humanos, pero pobre de medios materiales. La pobreza de la familia empuja a Daniel a dejar el pueblo para ir a la escuela a Verona, en el Instituto fundado por el sacerdote don Nicola Mazza para jóvenes prometedores pero sin recursos.

Durante estos años pasados en Verona Daniel descubre su vocación sacerdotal, cursa los estudios de filosofía y teología y, sobre todo, se abre a la misión de África Central, atraído por el testimonio de los primeros misioneros del Instituto Mazza que vuelven del continente Áfricano. En 1854, Daniel Comboni es ordenado sacerdote y tres años después parte para la misión de África junto a otros cinco misioneros del Instituto Mazza, con la bendición de su madre Domenica que llega a decir: «Vete, Daniel, y que el Señor te bendiga».

En el corazón de África - con África en el corazón.

Después de cuatro meses de viaje, el grupo de misioneros del que forma parte Comboni llega a Jartum, la capital de Sudán. El impacto con la realidad Áfricana es muy fuerte. Daniel se da cuenta en seguida de las dificultades que la nueva misión comporta. Fatigas, clima insoportable, enfermedades, muerte de numerosos y jóvenes compañeros misioneros, pobreza de la gente abandonada a sí misma, todo ello empuja a Comboni a ir hacia adelante y a no aflojar en la tarea que ha iniciado con tanto entusiasmo. Desde la misión de Santa Cruz escribe a sus padres: «Tendremos que fatigarnos, sudar, morir; pero al pensar que se suda y se muere por amor de Jesucristo y la salvación de las almas más abandonadas de este mundo, encuentro el consuelo necesario para no desistir en esta gran empresa».

Asistiendo a la muerte de un joven compañero misionero, Comboni no se desanima y se siente confirmado en la decisión de continuar su misión: «África o muerte!».

Cuando regresa a Italia, el recuerdo de África y de sus gentes empujan a Comboni a preparar una nueva estrategia misionera. En 1864, recogido en oración sobre la tumba de San Pedro en Roma, Daniel tiene una fulgurante intuición que lo lleva a elaborar su famoso «Plan para la regeneración de África», un proyecto misionero que puede resumirse en la expresión «Salvar África por medio de África», fruto de su ilimitada confianza en las capacidades humanas y religiosas de los pueblos Áfricanos.
  
Un Obispo misionero original.

En medio de muchas dificultades e incomprensiones, Daniel Comboni intuye que la sociedad europea y la Iglesia deben tomarse más en serio la misión de África Central. Para lograrlo se dedica con todas sus fuerzas a la animación misionera por toda Europa, pidiendo ayudas espirituales y materiales para la misión africana tanto a reyes, obispos y señores como a la gente sencilla y pobre. Y funda una revista misionera, la primera en Italia, como instrumento de animación misionera.
 
Su inquebrantable confianza en el Señor y su amor a África llevan a Comboni a fundar en 1867 y en 1872 dos Institutos misioneros, masculino y femenino respectivamente; más tarde sus miembros se llamarán Misioneros Combonianos y Misioneras Combonianas.

Como teólogo del Obispo de Verona participa en el Concilio Vaticano I, consiguiendo que 70 obispos firmen una petición en favor de la evangelización de África Central (Postulatum pro Nigris Africæ Centralis).





El 2 de julio de 1877, Comboni es nombrado Vicario Apostólico de África Central y consagrado Obispo un mes más tarde. Este nombramiento confirma que sus ideas y sus acciones, que muchos consideran arriesgadas e incluso ilusorias, son eficaces para el anuncio del Evangelio y la liberación del continente africano.

Durante los años 1877-1878, Comboni sufre en el cuerpo y en el espíritu, junto con sus misioneros y misioneras, las consecuencias de una sequía sin precedentes en Sudán, que diezma la población local, agota al personal misionero y bloquea la actividad evangelizadora.

 

La cruz como «amiga y esposa» .

En 1880 Comboni vuelve a África por octava y última vez, para estar al lado de sus misioneros y misioneras, con el entusiasmo de siempre y decidido a continuar la lucha contra la esclavitud y a consolidar la actividad misionera. Un año más tarde, puesto a prueba por el cansancio, la muerte reciente de varios de sus colaboradores y la amargura causada por acusaciones infundadas, Comboni cae enfermo. El 10 de octubre de 1881, a los 50 años de edad, marcado por la cruz que nunca lo ha abandonado «como fiel y amada esposa», muere en Jartum, en medio de su gente, consciente de que su obra misionera no morirá. «Yo muero –exclama– pero mi obra, no morirá».

Comboni acertó. Su obra no ha muerto. Como todas las grandes realidades que « nacen al pie de la cruz », sigue viva gracias al don que de la propia vida han hecho y hacen tantos hombres y mujeres que han querido seguir a Comboni por el camino difícil y fascinante de la misión entre los pueblos más pobres en la fe y más abandonados de la solidaridad de los hombres.

Fechas más importantes.

— Daniel Comboni nace en Limone sul Garda (Brescia, Italia) el 15 de marzo de 1831.

— Consagra su vida a África en 1849, realizando un proyecto que lo lleva a arriesgar la vida varias veces en las difíciles expediciones misioneras desde 1857, que es cuando va por primera vez a África.

— El 31 de diciembre de 1854, año en que se proclama el dogma de la Inmaculada Concepción de María, es ordenado sacerdote por el Beato Juan Nepomuceno Tschiderer, Obispo de Trento.

— En 1864 escribe un Plan fundado sobre la idea de « salvar África por medio de África », que demuestra la confianza que Comboni tiene en los Áfricanos, pensando que serán ellos los protagonistas de su propia evangelización (Plan de 1864).

— Fiel a su consigna « África o muerte », no obstante las dificultades sigue con su Plan fundando, en 1867, el Instituto de los Misioneros Combonianos.

— Voz profética, anuncia a toda la Iglesia, sobre todo en Europa, que ha llegado la hora de evangelizar a los pueblos de África. No teme presentarse, como simple sacerdote que es, a los Obispos del Concilio Vaticano I, pidiéndoles que cada Iglesia local se comprometa en la conversión de África (Postulatum, 1870).

— Demostrando un valor fuera de lo común, Comboni consigue que también las religiosas participen directamente en la misión de África Central, siendo el primero en tomar tal iniciativa. En 1872, funda un Instituto de religiosas dedicadas exclusivamente a la misión: las Hermanas Misioneras Combonianas.
 
— Gasta todas sus energías por los africanos y lucha con tesón para que sea abolida la esclavitud.

— En 1877, es consagrado Obispo nombrado Vicario Apostólico de África Central.

— Muere en Jartum, Sudán, abatido por las fatigas y cruces, en la noche del 10 de octubre de 1881.

— El 26 de marzo de 1994, se reconoce la heroicidad de sus virtudes.
 
— El 6 de abril de 1995, se reconoce el milagro realizado por su intercesión en una muchacha afro-brasileña, la joven María José de Oliveira Paixão.

— El 17 de marzo de 1996, es beatificado por el Papa Juan Pablo II en la Basílica de San Pedro de Roma.

— El 20 de diciembre 2002, se reconoce el segundo milagro realizado por su intercesión en une madre musulmana del Sudan, Lubna Abdel Aziz.


— El 5 de octubre de 2003, es canonizado por el Papa Juan Pablo II en la Basílica de San Pedro de Roma.

viernes, 9 de octubre de 2026

9 de octubre fiesta de San Juan Leonardi.



Pertenece al período de Reforma en la Iglesia. Fruto de la región toscana de Lucca, en el pueblo de nombre Diécimo. 

Esa región antes religiosísima y escrupulosa en la fe que ahora está agitada por la crisis protestante. Nace en casa de acomodados industriales; la familia practica y vive fiel en el catolicismo. 

Después de haberse preocupado de que a su hijo Juan se le diese la mejor formación posible al calor del párroco del pueblo, lo encaminan a que estudie farmacia, que en aquel tiempo era lo mismo que droguero, profesión que también tenía algo de filosofía, alquimia y magia.

Aquel joven con promesa no se casa. Algo está pasando. Sin milagrería llamativa, emplea su tiempo en la farmacia de Diécimo, inicia estudios de latín y comienza bajo la dirección del dominico Paolino Bernardini a estudiar teología. 

Ya habrá muerto su padre cuando cambie las píldoras y pócimas por el ministerio sacerdotal. Se ordena en Pisa el año 1572, tiene treinta y dos años; lo hacen capellán de la iglesia de San Giovanni della Magione y comienza su labor apostólica, destacando de modo especial la enseñanza del catecismo.

El obispo cuenta con él para implantar en otras parroquias la misma actividad catequética en el territorio de Lucca. Juan Leonardi, obligado por la necesidad, al tiempo que escribe su Manual, y funda la Compañía de la Doctrina Cristiana, integrada por seglares y que pronto se extenderá por Siena, Pistoya, Nápoles y Roma. Comienza a destacar su personalidad de organizador para bien de la Iglesia.

Ahora pone en marcha una idea antigua que le rondaba la cabeza. En torno a sí va reuniendo desde el 1574 a un grupo de colaboradores parroquiales que poco a poco, abriendo horizontes y sembrando ilusiones, va preparando para el sacerdocio. 

Serán los comienzos de la fundación propia que le caracteriza: Los Clérigos Regulares de la Madre de Dios, sacerdotes con ministerios eminentemente parroquiales y dispuestos a entregarse desde las parroquias a atender las necesidades de los fieles. 

No tiene otra ambición que hacer de ellos unos sacerdotes santos, piadosos, bien preparados doctrinalmente y celosos de los intereses de Dios en las almas.

Aquella modalidad de sacerdotes que atienden parroquias como los demás, pero que viven reunidos en torno a una figura del fundador al estilo de los religiosos no fue bien entendida y mucho menos estimada por las autoridades civiles de las que iba a depender en parte la autorización para asentarse, y los recursos materiales para sobrevivir. 

Mal lo pasó Juan. Rechazo, trabas y pobreza hasta verse obligado a pedir limosna. Pero, como pasa siempre en las obras de Dios, aquellas dificultades sirvieron para crecer en confianza y arreciar en la oración: Intensifica el culto al Santísimo Sacramento con la implantación de las Cuarenta Horas, monta ejercicios de reparación, mueve a la gente con misiones populares y organiza procesiones de penitencia por las calles de Lucca yendo de iglesia en iglesia.

Funda también la Compañía de la Paz para amparar la conversión espontánea y masiva de delincuentes; en ella podrían agruparse en el futuro los que se encontraran en esas circunstancias; pero aquello fue un fracaso por no tener raíz, carecer de formación y estar aquellos sujetos más apegados a sus viejos vicios de lo que parecía en principio. 

Unos volvieron a las andadas y algunos se integraron en los capuchinos.

Como su carisma es organizar, también fundó algo para mujeres: Las Monjas de los Ángeles, religiosas que se ocuparían de la atención y formación de las muchachas jóvenes. Pero, como no quería estar liado con asuntos en donde las mujeres mandaran, las dejó pronto.

Se dedicó a consolidar la obra principal y a procurar la apertura de nuevas casas hasta que, con el apoyo del cardenal Baronio, consigue asentar la de Roma.

También reunió a su alrededor un conjunto de presbíteros dedicados a la propagación de la fe; este grupo, dispuesto a la primera evangelización, fue asumido y ampliado por la Santa Sede y llegó a convertirse en la Congregación romana llamada Propaganda Fide, colaborando con el cardenal español Juan Bautista Vives en la organización del Colegio.

Clemente VIII aprobó en 1603 las Constituciones de la Congregación, viviendo aún el fundador.

Murió en Lucca, el año 1609.

Pío IX lo beatificó en 1861 y Pío XI lo canonizó en 1938. El 8 de agosto del año 2006. El Papa Benedicto XVI, lo declara patrono de los farmacéuticos.



Se conservan sus restos en la casa generalicia de Santa María in Campitelli.


No se conocen hechos prodigiosos en su historia que puedan aureolar su figura. Más bien podría decirse que su obra fue gris, corriente y hasta vulgar, con aciertos y fracasos. Pero él puso al servicio de Dios y de la Iglesia los talentos que recibió; trabajó con perseverancia en sacarles todo el jugo sin contentarse con menos y así consumió su vida. No se puede pedir más.

9 de octubre fiesta de San John Henry Newman, Cardenal.




San John Henry Newman, era presbítero anglicano en Inglaterra, sus estudios de la historia de la fe lo llevaron a reconocer que las raíces del cristianismo están en la Iglesia Católica a la que, luego de su conversión, sirvió como sacerdote y posteriormente como Cardenal.



¿Quién era Newman? Newman fue un inglés nacido en Londres el  21 de febrero de 1801, cuyo padre era banquero y su madre pertenecía a una familia de fabricantes de papel. A los siete años fue enviado a una escuela privada, donde se distinguió por su inteligencia y buena conducta. 

Pronto comenzó a leer la Biblia, por la que se sintió no sólo atraído sino subyugado. Más adelante realizó los estudios universitarios, en los cuales volvió a sobresalir. Pero no se encerró en lo estrictamente académico, pues representó obras de teatro en latín, tocaba el violín, ganó premios de oratoria y editó publicaciones periódicas.

El año 1816 tuvo una influencia decisiva en su vida. El banco de su padre dio en quiebra, como consecuencia de las guerras napoleónicas, y él mismo contrajo una grave enfermedad, que, a la larga, sería una de las tres enfermedades que él calificaría luego como ‘providenciales´. 

Además, tuvo una conversión religiosa, en cuanto que su fe derivó hacia posiciones evangélicas y calvinistas, llegando a sostener que el Papa era el Anticristo. Años más tarde, en 1824, fue ordenado presbítero de la Iglesia de Inglaterra. Por esa época se convirtió en párroco de St. Clement, en Oxford, donde permaneció dos años, aunque sacando tiempo para publicar importantes y densos artículos.

A finales de 1827, Newman sufre una especie de colapso nervioso, provocado por el exceso de trabajo y los problemas financieros de la familia, a lo que se unió la muerte repentina de su hermana menor. Poco después, en las vacaciones de 1928, comenzó a leer sistemáticamente las obras de los Padres de la Iglesia.

Entró en el llamado Movimiento de Oxford, el cual trataba de demostrar que la Iglesia de Inglaterra era la descendiente directa de la Iglesia de los Apóstoles. Esto le llevó más tarde a reconsiderar la relación de la Iglesia de Inglaterra con la Iglesia Católica Romana.

Los puntos de vista de Newman fueron asumiendo progresivamente un mayor tono católico. En 1842 se retiró a Littlemore y vivió como monje con un pequeño grupo de seguidores y en condiciones de gran austeridad física. A sus discípulos les asignó la tarea de escribir sobre la vida de los santos ingleses, mientras él escribía «Ensayos sobre el desarrollo de la doctrina cristiana». 

Poco a poco se fue reconciliando con el dogma y la liturgia de la Iglesia Católica. 

En 1843 hizo una retractación formal de todas las afirmaciones pronunciadas contra la Iglesia Romana y en septiembre de ese mismo año predicó su último sermón como anglicano. Dos años más tarde se convirtió al catolicismo, siendo ordenado sacerdote católico en junio de 1847.

En 1889 a los 88 años de edad, fue nombrado por León XIII cardenal de la Iglesia Católica. Murió el 11 de agosto del año siguiente. 







En 1991 fue declarado Venerable y el 3 de junio de 2009 la Santa Sede promulgó el decreto que le atribuye un milagro. 

El 19 de septiembre de 2010 fue beatificado por S.S. Benedicto XVI, fijando su festividad para el 9 de octubre, fecha de su conversión. El 13 de octubre de 2019 fue proclamado santo por el Papa Francisco.

El nuevo santo nos ha dejado en herencia tres grandes amores: a la verdad, a la Sagrada Escritura y a los Padres de la Iglesia. Los tres son de suma actualidad e importancia.

9 de octubre SAN HÉCTOR VALDIVIELSO SÁEZ.




MÁRTIR LASALLANO Héctor Valdivielso nació en Buenos Aires el 31 de Octubre de 1910, en la actual calle Treinta y Tres Orientales Nº 1075. Fue bautizado en la parroquia San Nicolás de Bari el 26 de Mayo de 1913.

Sus padres, oriundos de España, llegaron a la Argentina, buscando mejorar su vida, sin embargo, pocos años después regresaron a Briviesca (Provincia de Burgos).

En el año 1922, surge en Héctor la idea de hacerse religioso e ingresa en el estudiantado lasallano de Bujedo. Los hermanos lasallanos tenían en Lembecq-le-Hall (Bélgica), un colegio misionero, que acogía estudiantes de distintas naciones. Allí fue enviado Héctor con un grupo de aspirantes. En el mismo instituto, hizo el postulantado y el 6 de Octubre de 1926 recibe el hábito. Con él se le adjudica el nombre nuevo: Hermano Benito de Jesús.
Terminado el año de noviciado el 7 de Octubre de 1927, Héctor emitió sus votos religiosos de pobreza, castidad y obediencia y en seguida regresó a Bujedo para realizar sus estudios de profesor. El 14 de Agosto de 1929, llegó a Astorga, que sería su campo magisterial. Pero él no se conformaba con la actividad meramente académica y se dedica a la Congregación de los Tarcisos, para promover la devoción eucarística.

Con intuición muy fina, se abrió al gran mundo de los medios de comunicación y, conociendo sus dotes literarias, se comprometió con el apostolado de la buena prensa. El periódico “Luz de Astorga”, le abrió sus páginas, para que se explayara sobre los temas de su predilección.

El año 1934, anuncia días muy tristes para toda España y, sobre todo, para la iglesia. El odio y las luchas de clases eran avivados por los malos gobiernos y aprovechados por los nacientes grupos de izquierda. Característica general de las proclamas, era el ataque a la religión, a los símbolos religiosos y en especial a las personas eclesiásticas: sacerdotes y religiosos. Antes de llevar a cabo la Revolución Nacional, los dirigentes decidieron un ensayo en Cataluña y Asturias. En los quince días que duró el intento revolucionario, fueron asesinados en Asturias treinta y tres sacerdotes y destruidas diecisiete iglesias.

Al ser promulgada la ley que prohibía la docencia a los miembros de congregaciones religiosas, los hermanos lasallanos tuvieron que dar por concluidas sus labores en Astorga y dejar paso a profesores seglares. Tomaron sus petates, se quitaron el hábito y se dirigieron a Turón, donde se presentaron como profesores seglares.

Durante la noche del 4 al 5 de Octubre de 1934, estalla la revolución y fueron detenidos los 3 sacerdotes de Turón. Avisados los hermanos lasallanos, intentan celebrar una misa que les impiden terminar. Los ocho hermanos fueron detenidos y llevados a la cárcel instalada en Casa del Pueblo. Estuvieron en esta cárcel desde el día 5 hasta el 8 de Octubre. El día 9 de Octubre a la una de la mañana, amparándose en la oscuridad de la noche, entran en la cárcel del pueblo dos miembros del Comité, empuñando sendas pistolas y acompañados por dos escopeteros, despojan a los detenidos de sus bienes y les comunican que los llevaban a las líneas de fuego de Oviedo, pero en realidad los encaminaron al cementerio.
Las once víctimas – 8 hermanos lasallanos, entre los que se encontraba Héctor, el padre Inocencio, pasionista confesor y dos jefes de carabineros – fueron alineados delante de las fosas, con el rostro mirando a su colegio y a los escopeteros. A la orden de fuego dos descargas segaron las vidas de los mártires, cuyos cuerpos cayeron en las fosas y fueron rematados a pistoletazos.

El Papa Juan Pablo II, beatifica a Héctor Valdivieso Sáez y a sus compañeros el 29 de abril de 1990 y el 21 de noviembre de 1999, los canoniza, o sea, los proclama santos, amigos de Dios e intercesores de los hombres.