sábado, 5 de septiembre de 2026

5 de septiembre fiesta de Santa TERESA DE CALCUTA.


Madre Teresa de Calcuta (1910-1997)    

“De sangre soy albanesa. De ciudadanía, India. En lo referente a la fe, soy una monja Católica. Por mi vocación, pertenezco al mundo. En lo que se refiere a mi corazón, pertenezco totalmente al Corazón de Jesús”. 

De pequeña estatura, firme como una roca en su fe, a Madre Teresa de Calcuta le fue confiada la misión de proclamar la sed de amor de Dios por la humanidad, especialmente por los más pobres entre los pobres. “Dios ama todavía al mundo y nos envía a ti y a mi para que seamos su amor y su compasión por los pobres”.

 Fue un alma llena de la luz de Cristo, inflamada de amor por Él y ardiendo con un único deseo: “saciar su sed de amor y de almas”.


 El homenaje del Taller San Juan de Dios, a una de nuestras protectoras.

Esta mensajera luminosa del amor de Dios nació el 26 de agosto de 1910 en Skopje, una ciudad situada en el cruce de la historia de los Balcanes. Era la menor de los hijos de Nikola y Drane Bojaxhiu, recibió en el bautismo el nombre de Gonxha Agnes, hizo su Primera Comunión a la edad de cinco años y medio y recibió la Confirmación en noviembre de 1916.

 Desde el día de su Primera Comunión, llevaba en su interior el amor por las almas. La repentina muerte de su padre, cuando Gonxha tenía unos ocho años de edad, dejó a la familia en una gran estrechez financiera. Drane crió a sus hijos con firmeza y amor, influyendo grandemente en el carácter y la vocación de si hija.

 En su formación religiosa, Gonxha fue asistida además por la vibrante Parroquia Jesuita del Sagrado Corazón, en la que ella estaba muy integrada.

Cuando tenía dieciocho años, animada por el deseo de hacerse misionera, Gonxha dejó su casa en septiembre de 1928 para ingresar en el Instituto de la Bienaventurada Virgen María, conocido como Hermanas de Loreto, en Irlanda. 

Allí recibió el nombre de Hermana María Teresa (por Santa Teresa de Lisieux). En el mes de diciembre inició su viaje hacia India, llegando a Calcuta el 6 de enero de 1929. Después de profesar sus primeros votos en mayo de 1931, la Hermana Teresa fue destinada a la comunidad de Loreto Entally en Calcuta, donde enseñó en la Escuela para chicas St. Mary.

 El 24 de mayo de 1937, la Hermana Teresa hizo su profesión perpetua convirtiéndose entonces, como ella misma dijo, en “esposa de Jesús” para “toda la eternidad”. Desde ese momento se la llamó Madre Teresa. Continuó a enseñar en St. Mary convirtiéndose en directora del centro en 1944. Al ser una persona de profunda oración y de arraigado amor por sus hermanas religiosas y por sus estudiantes, los veinte años que Madre Teresa transcurrió en Loreto estuvieron impregnados de profunda alegría. 

Caracterizada por su caridad, altruismo y coraje, por su capacidad para el trabajo duro y por un talento natural de organizadora, vivió su consagración a Jesús entre sus compañeras con fidelidad y alegría.
El 10 de septiembre de 1946, durante un viaje de Calcuta a Darjeeling para realizar su retiro anual, Madre Teresa recibió su “inspiración,” su “llamada dentro de la llamada”.

 Ese día, de una manera que nunca explicaría, la sed de amor y de almas se apoderó de su corazón y el deseo de saciar la sed de Jesús se convirtió en la fuerza motriz de toda su vida.

 Durante las sucesivas semanas y meses, mediante locuciones interiores y visiones, Jesús le reveló el deseo de su corazón de encontrar “víctimas de amor” que “irradiasen a las almas su amor”. “Ven y sé mi luz”, Jesús le suplicó. “No puedo ir solo”.

 Le reveló su dolor por el olvido de los pobres, su pena por la ignorancia que tenían de Él y el deseo de ser amado por ellos. 


Le pidió a Madre Teresa que fundase una congregación religiosa, Misioneras de la Caridad, dedicadas al servicio de los más pobres entre los pobres. Pasaron casi dos años de pruebas y discernimiento antes de que Madre Teresa recibiese el permiso para comenzar.

 El 17 de agosto de 1948 se vistió por primera vez con el sari blanco orlado de azul y atravesó las puertas de su amado convento de Loreto para entrar en el mundo de los pobres.

Después de un breve curso con las Hermanas Médicas Misioneras en Patna, Madre Teresa volvió a Calcuta donde encontró alojamiento temporal con las Hermanitas de los Pobres. 

El 21 de diciembre va por vez primera a los barrios pobres. Visitó a las familias, lavó las heridas de algunos niños, se ocupó de un anciano enfermo que estaba extendido en la calle y cuidó a una mujer que se estaba muriendo de hambre y de tuberculosis. 

Comenzaba cada día entrando en comunión con Jesús en la Eucaristía y salía de casa, con el rosario en la mano, para encontrar y servir a Jesús en “los no deseados, los no amados, aquellos de los que nadie se ocupaba”.

 Después de algunos meses comenzaron a unirse a ella, una a una, sus antiguas alumnas.

El 7 de octubre de 1950 fue establecida oficialmente en la Archidiócesis de Calcuta la nueva congregación de las Misioneras de la Caridad. Al inicio de los años sesenta, Madre Teresa comenzó a enviar a sus Hermanas a otras partes de India.

 El Decreto de Alabanza, concedido por el Papa Pablo VI a la Congregación en febrero de 1965, animó a Madre Teresa a abrir una casa en Venezuela. Ésta fue seguida rápidamente por las fundaciones de Roma, Tanzania y, sucesivamente, en todos los continentes.

 Comenzando en 1980 y continuando durante la década de los años noventa, Madre Teresa abrió casas en casi todos los países comunistas, incluyendo la antigua Unión Soviética, Albania y Cuba.



Para mejor responder a las necesidades físicas y espirituales de los pobres, Madre Teresa fundó los Hermanos Misioneros de la Caridad en 1963, en 1976 la rama contemplativa de las Hermanas, en 1979 los Hermanos Contemplativos y en 1984 los Padres Misioneros de la Caridad. Sin embargo, su inspiración no se limitò solamente a aquellos que sentían la vocación a la vida religiosa. 


Creó los Colaboradores de Madre Teresa y los Colaboradores Enfermos y Sufrientes, personas de distintas creencias y nacionalidades con los cuales compartió su espíritu de oración, sencillez, sacrificio y su apostolado basado en humildes obras de amor. 

Este espíritu inspiró posteriormente a los Misioneros de la Caridad Laicos.  En respuesta a las peticiones de muchos sacerdotes, Madre Teresa inició también en 1981 el Movimiento Sacerdotal Corpus Christi como un “pequeño camino de santidad” para aquellos sacerdotes que deseasen compartir su carisma y espíritu.

Durante estos años de rápido desarrollo, el mundo comenzó a fijarse en Madre Teresa y en la obra que ella había iniciado. 

Numerosos premios, comenzando por el Premio Indio Padmashri en 1962 y de modo mucho más notorio el Premio Nobel de la Paz en 1979, hicieron honra a su obra. 

Al mismo tiempo, los medios de comunicación comenzaron a seguir sus actividades con un interés cada vez mayor. 

Ella recibió, tanto los premios como la creciente atención “para gloria de Dios y en nombre de los pobres”.

Toda la vida y el trabajo de Madre Teresa fue un testimonio de la alegría de amar, de la grandeza y de la dignidad de cada persona humana, del valor de las cosas pequeñas hechas con fidelidad y amor, y del valor incomparable de la amistad con Dios. 

Pero, existía otro lado heroico de esta mujer que salió a la luz solo después de su muerte. 

Oculta a todas las miradas, oculta incluso a los más cercanos a ella, su vida interior estuvo marcada por la experiencia de un profundo, doloroso y constante sentimiento de separación de Dios, incluso de sentirse rechazada por Él, unido a un deseo cada vez mayor de su amor. 

Ella misma llamó “oscuridad” a su experiencia interior. 

La “dolorosa noche” de su alma, que comenzó más o menos cuando dio inicio a su trabajo con los pobres y continuó hasta el final de su vida, condujo a Madre Teresa a una siempre más profunda unión con Dios.

 Mediante la oscuridad, ella participó de la sed de Jesús (el doloroso y ardiente deseo de amor de Jesús) y compartió la desolación interior de los pobres.


Durante los últimos años de su vida, a pesar de los cada vez más graves problemas de salud, Madre Teresa continuó dirigiendo su Instituto y respondiendo a las necesidades de los pobres y de la Iglesia. En 1997 las Hermanas de Madre Teresa contaban casi con 4.000 miembros y se habían establecido en 610 fundaciones en 123 países del mundo. 

En marzo de 1997, Madre Teresa bendijo a su recién elegida sucesora como Superiora General de las Misioneras de la Caridad, llevando a cabo sucesivamente un nuevo viaje al extranjero. 

Después de encontrarse por última vez con el Papa Juan Pablo II, volvió a Calcuta donde transcurrió las últimas semanas de su vida recibiendo a las personas que acudían a visitarla e instruyendo a sus Hermanas.

 El 5 de septiembre, la vida terrena de Madre Teresa llegó a su fin. 


El Gobierno de India le concedió el honor de celebrar un funeral de estado y su cuerpo fue enterrado en la Casa Madre de las Misioneras de la Caridad. 

 Su tumba se convirtió rápidamente en un lugar de peregrinación y oración para gente de fe y de extracción social diversa (ricos y pobres indistintamente).

 Madre Teresa nos dejó el ejemplo de una fe sólida, de una esperanza invencible y de una caridad extraordinaria. Su respuesta a la llamada de Jesús, “Ven y sé mi luz”, hizo de ella una Misionera de la Caridad, una “madre para los pobres”, un símbolo de compasión para el mundo y un testigo viviente de la sed de amor de Dios.



Menos de dos años después de su muerte, a causa de lo extendido de la fama de santidad de Madre Teresa y de los favores que se le atribuían, el Papa San Juan Pablo II permitió la apertura de su Causa de Canonización. 

El 20 de diciembre del 2002 el mismo Papa aprobó los decretos sobre la heroicidad de las virtudes y sobre el milagro obtenido por intercesión de Madre Teresa. El 4 de septiembre de 2016 el Papa Francisco la canonizó en la Plaza de San Pedro ante 150.000 personas. Tuve la gracia de Dios de poder participar de esa fiesta en Roma, comparto con ustedes estas fotos.












jueves, 3 de septiembre de 2026

Taller de imagineria religiosa San Juan de Dios.

 


3 de septiembre fiesta de San Gregorio Magno.



(Roma, c. 540 - id., 604) Papa (590-604). Miembro de una familia de patricios romanos, fue praefectus urbis de Justino II (572-574). Convirtió su palacio del monte Celio en el monasterio de San Andrés y abrazó la regla de San Benito. Nuncio en Constantinopla (579-586), fue nombrado papa a la muerte de Pelayo II (590). Negoció una tregua con los lombardos (592), afirmó la primacía de la iglesia de Roma y envió al monje Agustín a evangelizar Inglaterra. Autorizó el culto de los hebreos y superó el cisma del norte de Italia originado por la supresión de los Tres Capítulos. 
Adoptó el título Servus servorum Dei (servidor de los siervos de Dios), que se convirtió en oficial de los futuros pontífices. Soberano temporal de la ciudad de Roma, hizo de ella la capital espiritual del mundo latino y puso las bases del poder territorial del papado.

De noble familia senatorial, estaba destinado a la carrera política, y todavía joven (en 573) desempeñó el cargo de praefectus urbis (prefecto de Roma); pero, conmovido por el espectáculo de las miserias de Roma y de Italia entera, que agudizaron en él el sentimiento de la inanidad de las cosas terrenas, entregó, a la muerte de su padre, su inmenso patrimonio a los pobres y a la Iglesia, fundando seis monasterios en sus tierras de Sicilia y otro en su palacio del Celio, que dedicó a San Andrés y donde él mismo vistió el hábito benedictino.

Su fuerte personalidad y su práctica en la política, preciosa en aquellos tiempos de adversidades excepcionales, movieron, sin embargo, a Benedicto I a sacarlo de su soledad nombrándolo diaconus regionarius en 577, y a Pelagio II, el año siguiente, a servirse de él como legado en Constantinopla, donde tuvo ocasión en su larga estancia (579-585) de formarse una rica experiencia política y humana.

Abad de San Andrés, fue elegido papa a la muerte de Pelagio con el asentimiento general y consagrado el 3 de septiembre de 590. Le esperaban la peste, la expansión lombarda y el sitio de Roma (593), el empeoramiento del cisma de los Tres Capítulos y los pleitos con Bizancio. En los catorce años de su pontificado hubo de medirse con estos problemas objetivos y con otros que él mismo se planteó libremente: pacificación de la península, unificación católica de Occidente mediante una vasta obra de evangelización y una vasta toma de contactos más operantes con los pueblos convertidos.

Así, mientras socorría con ayudas materiales y con su alto magisterio a las poblaciones más próximas, organizaba, reemplazando la impotente autoridad imperial, la defensa de Italia central, de Roma y del mismo Nápoles; favoreció la instauración de mejores relaciones con los invasores; apoyó la conversión de Teodolinda; promovió la misión de Agustín en Inglaterra (596); organizó una más estrecha colaboración con el episcopado y con los reyes francos y animó en España la acción del neófito Recaredo.

Obras de San Gregorio Magno

Dotado de viva sensibilidad y de excepcional equilibrio para conllevar las exigencias místicas del monje con el respeto y la simpatía hacia la humanidad doliente, su obra literaria, de estilo sencillo, a veces humilde, a menudo elocuente, constituye el más luminoso comentario a su obra de pontífice que no vacila en enfrentarse con los desidiosos y con los potentados, como puede apreciarse en sus Epístolas. 

Dirigidas a los más diversos destinatarios, las cartas de San Gregorio tratan de variadas cuestiones y son un testimonio fundamental para el conocimiento de su actividad y de su personalidad. Sobresalen las epístolas dirigidas contra los herejes y los cismáticos, como los maniqueos de Sicilia o los donatistas en África, y las que se refieren a los judíos, a los que San Gregorio concedió libertad de culto y tratamiento benévolo (I, 1, 47), porque "sólo con la mansedumbre, la bondad, las sabias y persuasivas admoniciones, se puede obtener la unidad de la fe".

Gregorio Magno mostró su preocupación por la formación de los pastores de almas en obras como Regla pastoral (591), en que expuso los objetivos y reglas de la vida sacerdotal. Dedicada a Juan de Constantinopla, con quien se justifica de haber dudado en asumir el cargo de obispo de Roma, San Gregorio muestra en este libro lo arduo que es el oficio de pastor y las reglas de vida que debe seguir; describe el tipo ideal del obispo, que ha de ser siempre un médico de las almas y encontrar el tono justo para dirigirse a los hombres de las diversas clases sociales, ejerciendo sobre sus almas el máximo ascendente posible y teniendo siempre presente su propia debilidad para no caer en una excesiva confianza en sí mismo. 

Esta breve obra ejerció gran influencia y fue durante largo tiempo considerada como el texto de las reglas episcopales.

De su tarea de consolador y maestro de espiritualidad hallamos una excelente ilustración en las Homilías sobre el Evangelio o sobre Ezequiel, pronunciadas en Roma en 590-593, cuando todo parecía derrumbarse. En Moralia llevó a cabo una exégesis del libro bíblico de Job. Presenta a Job como figura del Redentor; en su mujer ve simbolizada la vida carnal, y en sus amigos, a los herejes, orientando siempre la interpretación hacia las lecciones morales y teológicas.

Los Diálogos, escritos entre los años 593 y 594, fueron probablemente su obra más difundida. Habiéndose retirado por algún tiempo, cansado de las preocupaciones y responsabilidades de su cargo, a un lugar apartado, Gregorio expresa al diácono Pedro su disgusto por no haber podido dedicarse a la vida ascética, con la que tantos hombres pudieron alcanzar la perfección. Accediendo a los ruegos de Pedro, pasa luego a mostrar con ejemplos concretos la verdad de tal aserto, describiendo la vida y enumerando los milagros de santos italianos, tal como los aprendió de testimonios seguros o de su personal experiencia. 

La forma dialogada, usada ya desde antiguo en obras de este género, por ejemplo por Sulpicio Severo, constituye para el autor un simple medio para dar vivacidad a la narración y facilitar las transiciones; la forma intencionadamente simple y clara favoreció la grandísima difusión de la obra, pronto traducida a diversas lenguas y celebrada por escritores contemporáneos y posteriores.
 
Si la actividad política del papa Gregorio Magno tuvo una importancia excepcional para el equilibrio político-religioso de la Europa medieval, su obra literaria constituyó hasta el siglo XII una incomparable fuente de meditación y de luz espiritual para todo el Occidente. A él se le atribuye también la compilación del Antifonario gregoriano, gran colección de cantos de la Iglesia romana.

miércoles, 2 de septiembre de 2026

2 de septiembre fiesta de San Salomón Leclercq, religioso lasallano.




Nicolás, hijo de comerciantes, dócil y reservado, nació en 1745 en Boulogne sur Mer, importante puerto vecino al canal de la Mancha, creció en una familia acomodada, numerosa y de firmes principios religiosos: una madre presente y alegre, un padre recto y honesto en sus operaciones comerciales de productos alimentarios y de vino, además propietario también de dos salinas en La Rochelle.

Por motivo de ser parte de un hogar religioso, los padres eligen la escuela lasallana, orientada al fortalecimiento de las actividades del cálculo, muy apropiadas para dar concreción al programa escolar de los hijos de los comerciantes, además de los artesanos y pobres. Su mismo padre ya había sido alumno en ella y la tenía en estima y aprecio.

A los 16 años, concluye la escuela y con miras a un empleo en la empresa familiar, es enviado a Devres, no lejos de Boulogne y luego a París para un tiempo de “prácticas”. Pero justamente, en el tumulto de la capital, donde impera la intolerancia religiosa y los jóvenes – como aquellos que se alojan con él en la pensión Vessette – es donde madura el rechazo hacia una vida desmedida y mundana y crece la nostalgia de una vida en plenitud.

El regreso a casa y la determinación: “quiero ser como mis maestros, los Hermanos de las Escuelas Cristianas, hacer mía su piedad, austeridad, el servicio a los jóvenes”, provoca que a los 21 años ingresara al noviciado, con la alegría de un camino pleno y verdadero, testimoniado por las cartas que escribe a su familia, gran don del cielo. Allí recibe el nombre de Hermano Salomón.

Sus éxitos comenzaron a destacarse; maestro a sus 23 años, primero en Rennes y luego en Rouen y llegar a tener hasta 130 alumnos en clase, acompañando a cada uno de ellos desde la mañana hasta el atardecer. En este espacio aprende el sufrimiento, a relacionarse con ternura, misericordia, autoridad, cambiando su innata timidez en alegría y sana preocupación no sólo por enseñar, sino más aún por acompañar con paciencia, vistas las carencias de las familias de origen, hacia horizontes de sentido.

A sus 27 años, emite los votos perpetuos y pocos meses después recibe su nuevo destino como maestro de novicios, donde dedicó sus esfuerzos a la: capacidad de discernimiento y de acompañamiento de los futuros religiosos, a los cuales trasmite el sentido profundo de los reglamentos y constituciones lasallanos, introduciéndoles en la práctica constante de la virtud.

Con 32 años lo encontramos como administrador en Mareville, un gran complejo educativo, con cerca de 1.000 alumnos, entre ellos 150 muchachos “difíciles” enviados por los tribunales, un noviciado y una comunidad de 40 Hermanos. Además de algunas enseñanzas, sobre todo se dedicó a administrar; Un cambio repentino de vida, que lo devuelve a las cosas del mundo, fuerte de prudencia y equilibrio, como le había enseñado su padre.

Después de nueve años allí, es enviado a enseñar matemáticas en el escolasticado de Melun, escuela de formación de los maestros lasallanos, donde permanece 5 años. La rectitud de su razonamiento, la sencillez, la discreción y la gran competencia que apasionaba a sus alumnos lo llaman para ser secretario personal del Director.

Dos años después estalla la revolución. El Hermano Salomón continuó con su trabajo y junto con otros hermanos se niega a prestar juramento al Estado. Se suprimen las congregaciones y también las escuelas de los Lasallanos, por lo que son expulsados de sus casas en condiciones de pobreza total y regresan a sus familias de origen aquellos que pueden.

En este periodo, el Hno. Salomón se encuentra con el P. Clorivière, jesuita, y comparte con él su intuición: transformar los institutos religiosos en tiempo de persecución en lo que posteriormente serán los institutos seculares, viviendo la propia vocación en el mundo. En el bosque de Senart hace un retiro antes del calvario.

 Posteriormente, llega el momento culminante de la Revolución Francesa, que suspende los derechos personales en nombre de la democracia y de la igualdad. Ante toda esta polémica, los religiosos con quienes más pagan y el 15 de agosto de 1792 su última carta: ante la tempestad, el Hermano permanece sereno, preocupado más por la familia y por sus Hermanos que por sí mismo: “Suframos con alegría y agradecimiento por las cruces y las aflicciones que nos son enviadas. Por mi parte no soy digno de sufrir por Él, puesto que hasta este momento no he experimentado nada malo, mientras hay tantos confesores de la fe que se encuentran en dificultad”.
 
Pocas horas después es arrestado por un tropel de 50 hombres y junto con 166 sacerdotes y religiosos “refractarios” es encarcelado en el convento de los Carmelitas de París. Interrogado durante la noche, pasa los últimos días sin comida. Es el Hermano Abram, prisionero con él que logrará escapar, quien relata los últimos momentos vividos como si fueran unos ejercicios espirituales lasallanos: desprendimiento de los bienes materiales y preparación para el martirio.

El 2 de septiembre fue su última oportunidad para retractarse y prestar el juramento a la Constitución Civil del Clero y en su descanso que fungía como su salida al jardín para la tradicional hora al aire libre, en dos grupos sucesivos, les acompañaron los sicarios, quienes a una orden convenida, comienzan a matar a golpes de espada, fusil y pistola.

Fueron beatificados el 17 de octubre de 1926 por el Papa Pío XI junto con un grupo total de 191 víctimas de las masacres de septiembre. Primer mártir lasallano, el Hermano Salomón será seguido luego por otros tres Hermanos muertos en aquellos años en los pontones de Rochefort y beatificados en 1995.




Fue canonizado por el Papa Francisco el 16 de octubre de 2016 en la Plaza de San Pedro, Roma.

martes, 1 de septiembre de 2026

Nuevos Trabajos.

Recién terminadas, espero les gusten. En otras entradas les mostraré el paso a paso que seguí para hacerlas. Dios los bendiga.

Virgen con Niño Jesús



San José Obrero