viernes, 1 de marzo de 2013

SAN PÍO DE PIETRELCINA

Esta imagen de San Pío de Pietrelcina la he realizado con la técnica de telas encoladas y masillas epoxídicas. Es la misma técnica que se ha utilizado para hacer la imagen de la Madre Teresa, San Juan de Dios, Juan Pablo II, etc., con lo que les doy la pauta de las múltiples imágenes artesanales, e irrepetibles que se pueden hacer. ¿Cómo se hace? te lo cuento ahora por si no leíste el anterior:


1) Se parte de un soporte (que puede ser de alambre, madera, plástico, cartón, telgopor, etc.) En este caso es un tallado en yeso betalfa. Se le van marcando las partes del cuerpo. TENER EN CUENTA LAS PROPORCIONES. (Ver el QUI DOCET, DISCIT sobre las proporciones corpóreas más comunes).



  


2) Se sigue con la cabeza y las manos Vamos pensando cómo va a ir ubicada la ropa (para esto es preciso ver estampas para que sea más real) y las actitudes de la imagen (esto lleva bastante tiempo). Hay muchas fotos del Padre Pío, por eso busca en internet y guárdalas, para luego ir cotejando con la imagen. Manos a la obra. Se va pensando en todos los detalles que se le quieren hacer (ubicación de las manos, de los pies, manto, etc.). Yo lo voy a hacer con las manos juntas como si estuviera rezando. 




4) Si hiciera falta, se van añadiendo pequeñas almohadillas con algodón para darle volumen a las partes del cuerpo. Como es un varón, le damos un poco menos a las caderas y marcaremos la zona pectoral. Se pinta la cara y las manos. Se añade la cabeza que se fija con masilla epoxídica.

5) La base de esta imagen es de yeso betalfa simulando mármol. La barnizamos muy bien y la protegemos con film adherente para que no se ensucie.

6) Se diagrama la vestimenta del Padre Pío en tela de algodón o lino (NO SINTÉTICO) y se le pasa una mezcla de cola de carpintero, tiza, enduído y colorantes. Por lo menos 2 manos. Atención con la capucha, lo podemos hacer con la cabeza cubierta o no, eso va a gusto de cada uno, yo lo haré con la cabeza descubierta.



  
7) Dejar secar muy bien entre tela y tela, lo mismo cuando se pinta, DEJAR SECAR MUY BIEN ENTRE MANO Y MANO. Mucha PACIENCIA. Lo adherimos todo muy bien al cuerpo y lo dejamos secar. Nos vamos a ayudar haciendo algún “andamio” con palitos, hilos, alfileres, etc. para que fragüe todo en el lugar correcto.

8) Sacar el papel adherente de la base, la cara y las manos y seguir decorando con otros detalles (aureola, cinturón, rosario, etc.).

9) Retocar con pigmentos al tono las marquitas que hubiéramos dejado y retocar con los colores apropiados para crear sombras. A disfrutar de nuestra imagen terminada.



  
El paso a paso



ALGO MÁS SOBRE EL PADRE PÍO:

Festividad 23 de septiembre

Pío de Pietrelcina era de la Orden de los Frailes Menores Capuchinos, también conocido como Padre Pío (1887–1968). Fue un religioso franciscano y santo italiano. Famoso por los hechos sobrenaturales que se le atribuyen, como estigmas, curaciones, bilocaciones y lectura de conciencias a los que iban a confesarse con él. Fue beatificado el 2 de mayo de 1999 y el 16 de junio del 2002, Juan Pablo II lo canonizó bajo el nombre de «san Pío de Pietrelcina».

Una breve biografía.

Francesco Forgione nace en Pietrelcina en el año de 1887, sus padres fueron Grazio María Forgione y María Giussepa di Nunzio. Su familia era de clase humilde, trabajadora y muy devota. Desde niño mostró mucha piedad e incluso actitudes de penitencia. Su infancia se caracterizó por una salud frágil y enfermiza. Es desde esta edad donde manifestó un gran deseo por el sacerdocio, nacido por el encuentro que tiene con un monje capuchino del convento de Morcone (a 30 km de Pietrelcina) llamado Fray Camillo quien pasaba por su casa pidiendo limosna. Su padre tuvo que emigrar a América para poder pagar sus estudios, en 1898 a Estados Unidos y en 1910 a Argentina. Desde su niñez sufre los llamados «encuentros demoníacos», que lo acompañaran a lo largo de su vida. Amigos y vecinos testificaron que en más de una ocasión le vieron pelear con su propia sombra.

Comienza la vida de fraile

El 6 de enero de 1903, con 16 años, fue aceptado como novicio en el convento de Morcone. El maestro de novicios era el padre Tommaso da Monte Sant’Ángelo, a quien el padre Pío recordaba como «un poco severo pero con un corazón de oro, muy bueno, comprensivo y lleno de caridad con los novicios».

La vida en el noviciado era muy dura, llena de ayunos y mortificaciones que influyeron en el carácter y espíritu de los novicios los ayudaba a discernir si tenían verdadera vocación; fue en este período que las enfermedades que arrastraba desde niño fueron creciendo y se quedaron con él hasta el día de su muerte. El maestro de novicios testificó que fray Pío «fue siempre un novicio ejemplar, puntual en la observancia de la regla y nunca daba motivo para ser reprendido».

El 22 de enero de 1904 terminó su noviciado y pronunció sus votos temporales.

El 25 de enero de ese mismo año se trasladó al convento de Sant’Elía para continuar con sus estudios. Es en este convento donde sucede su primera bilocación asistiendo al nacimiento de Giovanna Rizzani, futura hija espiritual suya, nacida en Udine, Venecia, lejos de donde físicamente se encontraba el padre Pío en ese momento.

El 27 de enero de 1907 hizo la profesión de sus votos solemnes. Ese mismo año fue trasladado al convento de Serracapriola, ubicado a quince kilómetros del mar, pero no le hizo nada bien y su salud decayó. Sus superiores lo enviaron de regreso a Pietrelcina para ver si el clima de su casa le hace bien. En esta época la gente de su pueblo confiaban en él, pidiéndole consejo, y así Francisco empezó una dirección de almas.

En 1908 regresó al convento, pero esta vez a Montefusco. En noviembre de ese año recibió las órdenes menores (portero, lector, exorcista, acólito) y luego el subdiaconado. Toda esta época fue para él de mucha oración y estudio.

El 10 de agosto de 1910 fue consagrado sacerdote en la catedral de Benavento. Pero permaneció con su familia hasta 1916 por motivos de salud. Allí en su pueblo natal dijo haber recibido los estigmas. En septiembre de 1916 fue enviado al convento de San Giovanni Rotondo, donde vivió hasta su muerte. Durante la Primera Guerra Mundial sirvió en el cuerpo médico italiano (1917-1918).

Los estigmas


Sin duda alguna lo que hizo más famoso al padre Pío fue el fenómeno de los estigmas, llamados pasionarios (por ser semejantes a los de Jesucristo en su Pasión): heridas en manos, pies, costado y hombro, dolorosas aunque invisibles entre 1911 y 1918, y visibles desde este último año hasta su muerte. Su sangre tenía al parecer perfume de flores, aroma asociado a la santidad. La noticia de que el padre Pío tenía los estigmas se extendió rápidamente. Muy pronto miles de personas acudían a San Giovanni Rotondo para verle, besarle las manos, confesarse con él y asistir a sus misas. Se trató del primer sacerdote estigmatizado.


Ante la fama del padre, la Santa Sede envió a investigar a una celebridad en materia de psicología, el padre Agostino Gemelli, franciscano, doctor en medicina, fundador de la Universidad Católica de Milán y amigo del papa Pío XI. Cuando el padre Gemelli se fue de San Giovanni, publicó un artículo en que afirmaba que los estigmas eran de origen neurótico. El Santo Oficio se valió de la opinión de este psicólogo e hizo público un decreto el cual declaraba que «no se constata la sobrenaturalidad de los hechos».


En los años siguientes hubo otros tres decretos y el último fue condenatorio, prohibiendo las visitas al padre Pío o mantener alguna relación con él, incluso epistolar. Como consecuencia, el padre Pío pasó 10 años ―de 1923 a 1933― aislado completamente del mundo exterior.


A raíz de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), el padre fundó los «Grupos de Oración del Padre Pío». Los grupos se multiplicaron por toda Italia y el mundo. A la muerte del padre los grupos eran 726 y contaban con 68.000 miembros, y en marzo de 1976 pasaban de 1400 grupos con más de 150.000 miembros.


El hospital Casa Alivio del Sufrimiento


El 9 de enero de 1940, el padre Pío reunió a tres de sus grandes amigos espirituales y les propuso un proyecto al cual él mismo se refirió como «su obra más grande aquí en la Tierra»: la fundación de un hospital que habría de llamarse Casa Alivio del Sufrimiento. El 5 de mayo de 1956 se inauguró el hospital con la bendición del cardenal Lercaro y un inspirado discurso del papa Pío XII. La finalidad del hospital es curar a los enfermos tanto desde el punto de vista espiritual como físico.


En 1940, el padre Pío inició planes para abrir su hospital en San Giovanni Rotondo, que se llamaría la Casa Sollievo della Sofferenza (o Casa de Alivio del Sufrimiento). Barbara Ward, una humanitaria británica y periodista en misión en Italia, jugó un papel importante en la obtención de una subvención de 325.000 dólares por parte del UNRRA (United Nations Relief and Rehabilitation Administration: Socorro de las Naciones Unidas y Administración de Rehabilitación). El hospital abrió sus puertas en 1956.


Con el fin de que el padre Pío pudiera supervisar este proyecto directamente, en 1957 el papa Pío XII le concedió la dispensa de su voto de pobreza.


Sin embargo, en 1959, periódicos y semanarios empezaron a publicar informaciones acerca de la administración que el padre Pío hacía de la Casa Alivio del Sufrimiento, acusándolo de apropiación indebida de fondos.3 En Italia, la izquierda lo había bautizado «el monje más rico del mundo».


Después de varias investigaciones conducidas por la Curia Romana, se le quitó la administración del hospital. A sus seguidores se les recomendó no asistir a sus misas ni confesarse con él. Pero estos se negaron a seguir las recomendaciones.


Muerte


El 20 de septiembre de 1968 el padre Pío cumplió 50 años de sufrir los estigmas, celebrando una misa multitudinaria. Sus fieles ubicaron alrededor del altar 50 grandes macetas con rosas rojas, por sus 50 años de sangre.


Tres días después, el 23 de septiembre de 1968, el padre Pío falleció. Su funeral fue tan multitudinario que se tuvo que esperar cuatro días para que la multitud de personas pasara a despedirse. Se calcula que hubo más de 100.000 participantes en el entierro.


Tras su muerte


Tiempo antes de morir ―al no disponer de privacidad, bajo control médico― los estigmas que había padecido los últimos 50 años cicatrizaron. Cuando le quitaron los guantes prácticamente no quedaban marcas de ellos.


Al padre Pío se le atribuyen numerosas sanaciones y milagros, que fueron informados al Vaticano.


El padre Pío fue beatificado el 2 de mayo de 1999 y el 16 de junio del 2002, Juan Pablo II lo canonizó bajo el nombre de san Pío de Pietrelcina.


Dones del padre Pío


Según los creyentes en el padre Pío, sus dones fueron:


Discernimiento extraordinario: capacidad de leer las conciencias, don que utilizó frecuentemente durante el ministerio del sacramento de la confesión.


Profecía: pudo anunciar eventos del futuro.


Curación: curas milagrosas mediante el poder de la oración.


Bilocación: estar en dos lugares al mismo tiempo.


Perfume: en su presencia se podía percibir fragancia de flores (el «olor de santidad»).


Lágrimas: cuando rezaba el Rosario a veces derramaba lágrimas.


Estigmas: exhibió estigmas desde el 20 de septiembre de 1918 y los llevó durante 50 años hasta tiempo antes de su muerte (en septiembre de 1968).



QUI DOCET, DISCIT. (¿LOS CATÓLICOS ADORAN LAS IMÁGENES?)




¿Es verdad que los católicos adoran imágenes?



Más de una vez hemos escuchado: “¡Los católicos adoran estatuas!” A pesar de que este reclamo es ridículo, la gente continúa haciendo esta acusación. Dicen que porque los católicos tienen estatuas en sus iglesias y oran delante de ellas, están violando el mandamiento de Dios: “No te hagas ningún ídolo ni figura de lo que hay arriba en el cielo, ni de lo que hay abajo en la tierra, ni de lo que hay en el mar debajo de la tierra. No te inclines delante de ellos ni les rindas culto” (Ex. 20, 4-5). “Realmente el pueblo cometió un gran pecado al hacerse un Dios de oro” (Ex. 32,31).



Estos renglones van a examinar los argumentos fundamentalistas de orden contra la antigua práctica cristiana de usar imágenes y proveerá una respuesta bíblica a estos argumentos, mostrando la evidencia en las Escrituras para esta práctica.



Primero señalaremos que es correcto advertirle a la gente contra el pecado de la idolatría. Pero la acusación de que los católicos son idólatras porque tienen imágenes de Cristo y los Santos es completamente incorrecto, estando basados en un malentendido o ignorancia de lo que dice la Biblia sobre el propósito y el uso (ambos buenos y malos) de estatuas.



El escritor anticatólico Loraine Boettner, en su libro Catolicismo Romano, declara que es un pecado tener estatuas porque “Dios ha prohibido el uso de imágenes en la adoración” (pág. 281). Muchos protestantes abrazan esta afirmación y sin embargo si ellos estudiaran las Escrituras (Jn. 5,39) encontrarían que la verdad es exactamente lo opuesto.



Aun cuando no queda ninguna duda de que Dios condenó la adoración de estatuas, hay que decir que El nunca condenó el uso de estatuas en la adoración. Pero aun más, ¡en realidad Él recomendó su uso!




Dios dijo que las hagamos



Mientras que los protestantes y otros citan Éxodo 20,4-5 para reforzar su acusación a los católicos “adoradores de estatuas” ellos se olvidan de numerosos otros pasajes donde el Señor ordena el labrado de estatuas “...con dos seres alados de oro labrado a martillo en los dos extremos, haz el primer querubín en un extremo y el segundo en el otro. Los querubines formaran un cuerpo con el propiciatorio, en sus dos extremos. Estarán con las alas extendidas por encima, cubriendo con ellas el propiciatorio, uno en frente al otro, con las caras vueltas hacia el propiciatorio” (Ex. 25, 18-20).



David le dio un plano a Salomón “para el altar del incienso, oro acrisolado según el peso; asimismo el modelo de la carroza y de los querubines que extienden las alas y cubren el arca de la alianza de Yahveh. Todo esto conforme a lo que Yahveh había escrito de su mano para hacer comprender todos los detalles del diseño” (1Cro. 28, 18-19). Cabe notar que todo esto estaba dirigido de acuerdo a las Escrituras divinamente inspiradas. Ezequiel 41,18 describe a imágenes grabadas en el templo, “estaban cubiertos de grabados alternados de seres alados y palmeras”.



El uso religioso de las imágenes



Durante una plaga de serpientes Él envió a castigar a los malvados israelitas, Dios le dijo a Moisés: “hazte una serpiente como esas y ponla en el asta de una bandera. Cuando alguien sea mordido por una serpiente, mire hacia la serpiente del asta, y se salvará” (Núm. 21, 8-9).



El hecho de que uno debía mirar una estatua de bronce de una serpiente para ser sanado muestra que las estatuas podían ser usadas ritualmente y no meramente como decoraciones religiosas.



Los católicos usan estatuas, cuadros y otros objetos artísticos para recordar a la persona o la cosa que representa. De la misma manera que para recordar a nuestra madre nos servimos de su fotografía, así los católicos para recordar el ejemplo de los santos se sirven de sus imágenes.



Los católicos también usan estatuas como herramientas para enseñar. En la Iglesia primitiva eran especialmente útiles para la instrucción de los analfabetos. Muchos protestantes tienen ellos mismos cuadros de Jesús y otros cuadros bíblicos en sus escuelas dominicales con el propósito de enseñar a los niños, especialmente a aquellos que no han aprendido a leer. Los católicos también usan para conmemorar algunas personas y eventos, muy parecido a las escenas tridimensionales de la natividad que usan las iglesias protestantes. Si uno midiera a los protestantes con la misma regla entonces usando estas imágenes 'grabadas', ellos estarían practicando la 'idolatría' que ellos acusan a los católicos de practicar. Pero el hecho es que no hay actos de idolatría en estos casos. Dios prohíbe la adoración de imágenes, pero no prohíbe la hechura de imágenes en general. Si así lo hiciera, todas las películas, videos, fotos, escenas del pesebre, cuadros, dibujos y toda clase de cosas estarían prohibídas, puesto que esas también son imágenes.




¿Qué hay sobre la genuflexión?



A veces los anticatólicos citan Deut. 5,9, donde Dios dijo con respecto a las estatuas: “no te inclines delante de ellos”. Puesto que muchos católicos se inclinan o arrodillan frente a las estatuas de Jesús y de los Santos, los anticatólicos confunden la veneración legítima a una imagen sagrada con el pecado de idolatría. La realidad es que Deut. 5,9 no le ayuda al argumento de los anticatólicos.



Primero, recordar que si bien es cierto que la genuflexión puede ser usada como una postura en la adoración, no toda genuflexión es adoración. Por ejemplo, en Japón es costumbre que las personas muestren respeto y buenos modales al inclinarse al saludar (es el equivalente de dar la mano en occidente). Obviamente no se hacen ningún tipo de adoración en esto. El católico que se arrodilla frente a una estatua cuando ora no está adorando y ni siquiera orándole a la estatua más que el protestante que esta arrodillado con una Biblia en sus manos cuando ora está adorando u orándole a la Biblia.



Cuando las personas tenían que mirar a la serpiente de bronce para ser curados, no le estaban adorando, cosa que queda demostrada por el hecho de que, años después, cuando le empezaron a adorar (y hasta le dieron un nombre, 'Nehushtan') como un dios-culebra, el rey justo Hezekiaah lo hizo destruir (2 Reyes 18,4).



¿"Escondiendo" el segundo mandamiento?



Otros cargos hechos por los Protestantes es que la Iglesia Católica “esconde” el segundo mandamiento. Esto porque en el Catecismo Católico el primer mandamiento es; “No tengas otros dioses aparte de Mi” (Ex. 20,3) y el segundo es: 'No hagas mal uso del nombre del Señor tu Dios” (Ex. 20,7). Argumentan que los católicos han eliminado la prohibición de la idolatría para poder justificar su uso de las estatuas religiosas.



Pero esto es falso. El hecho es que, los católicos simplemente agrupan los mandamientos de manera diferente de lo que los Protestantes han hecho tradicionalmente y los han abreviado para facilitar su memorización.



Tal abreviación les resulta razonable también a los Protestantes que se demuestra por la traducción que ellos mismos hacen del Mandamiento del Sábado como: “Recuerden el Sábado para mantenerlo sagrado”, aunque el texto actual del mandamiento es bastante largo: “Recuerda el día de descanso, para mantenerlo sagrado. Trabajarás seis días, pero el séptimo día es dedicado al Señor tu Dios, ese día no harás ningún trabajo tu o tus hijos, tus criados o tus criadas o tu ganado o tu jornalero que este en tu propiedad, porque el Señor hizo en seis días el cielo y la tierra, el mar y todo cuanto contienen, y el séptimo descansó ; por eso bendijo el Señor el día Sábado y lo hizo sagrado” (Ex. 20, 8-11). Martín Lutero reconoció que en las declaraciones : “No tendrás otros dioses delante de Mi” (Ex. 20,3) y “No te hagas ningún ídolo o figura ni de lo que hay arriba en los cielos ni de lo que hay abajo en la tierra, ni de lo que hay en las aguas debajo de la tierra” (Ex. 20,4) son en realidad dos partes de un mismo mandamiento y las abrevió a “No tendrás otros dioses delante de Mi”. El catecismo de la Iglesia Católica explica que la división y la enumeración de los mandamientos han variado en el curso de la historia. El presente Catecismo sigue la división de los mandamientos establecidos por San Agustín, la cual se ha hecho tradicional en la Iglesia Católica. Lo mismo sucede con la confesión luterana. Los patriarcas griegos han hecho una división un poquito diferente que se encuentra en las Iglesias Ortodoxas y las Comunidades Reformadas. (CCC 2066).



Algunos anticatólicos usan Deut. 4,15-18 que dice “...tengan cuidado de no caer en la perversión de hacer figuras que tengan forma de hombre o de mujer...” y tratan de usar este texto para “probar” la prohibición de estatuas o imágenes.



Hemos demostrado ya, que Dios no prohíbe la hechura de estatua o imágenes de varias criaturas (ejemplo: ángeles, serpientes, bueyes, flores, leones, etc.) con propósito religiosos (Cf. 1Re. 6,29-32 ; 8,6-67 ; 2Cro. 3,7-14). ¿Pero qué hay de estatuas o imágenes que representan a Dios mismo? Muchos protestantes dirán que esto está mal porque Deut. 4 dice que Dios no tiene forma, por tanto, no deberíamos tratar de hacer imágenes de Él. ¿Pero, en realidad, Deut. prohíbe esta clase de imágenes del Señor? La respuesta es NO



Al comienzo de su historia en Israel estuvo prohibido hacer representación de Dios porque Él no se había revelado (todavía) en una forma visible. Si los israelitas hubiesen hecho representaciones de Dios, quizás se hubiesen visto tentados a adorarle en la forma de un animal o algún objeto natural (ejemplo, un toro o el sol) de la misma forma en que alaban tales imágenes los paganos que los rodeaban.



Pero después Dios sí se reveló bajo formas visibles como Daniel 7,9: “Mientras yo contemplaba: se aderezaron unos tronos y un Anciano se sentó. Su vestidura blanca como la nieve: los cabellos de su cabeza, puros como la lana. Su trono, llamas de fuego, con ruedas de fuego ardiente”. Los protestantes hacen descripciones del Padre bajo esta forma cuando hacen ilustraciones de las profecías del Antiguo Testamento.



El Espíritu Santo se reveló bajo por lo menos dos formas visibles: aquella de una paloma, en el bautismo de Jesús (Mt. 3,16 ; Mc. 1,10 ; Lc. 3,22 ; Jn. 1,32) y como lenguas de fuego, en el día de Pentecostés (Hechos 2,1-4). Los Protestantes hacen uso de estas imágenes (especialmente de la paloma) cuando dibujan o pintan estos episodios bíblicos y cuando usan solapines del Espíritu Santo o cuando colocan emblemas de paloma en sus autos.



Pero más importante todavía es notar que en la Encarnación de Cristo, su Hijo, Dios mostró a la humanidad un icono de sí mismo. Pablo dijo “El es imagen (en griego: ikon) del Dios invisible, el primero nacido de toda creación”. Cristo mismo es el “icono” divino e intangible del Dios invisible e infinito del universo. Leemos de los Magos que cuando “entraban a la casa vieron al niño con María su madre, y cayeron al suelo y le adoraron. Luego abriendo sus tesoros, le ofrecieron regalos, oro, incienso y mirra” (Mt. 2,11).



El fondo del asunto es que los protestantes también usan todo tipo de imágenes religiosas: retratos de Jesús y otros personajes bíblicos aparecen en una miríada de Biblias, libros de ilustraciones bíblicas, joyas, stickers, cartas postales, CDs, y escenas del pesebre. Cristo es simbólicamente representado por medio del símbolo del ictus -el emblema del “pez”, popular entre los evangélicos americanos.



El sentido común nos dice que, puesto que Dios se ha revelado en varias imágenes, y especialmente en Jesucristo Encarnado, nos damos cuenta que no es malo que nosotros usemos imágenes de estas formas para fortalecer y profundizar nuestro conocimiento y amor a Dios. Ese es exactamente el propósito que tienen las estatuas de Jesús y de los santos católicos: ellas son imagen que representan personas a las que no podemos ver con nuestros ojos materiales.



La idolatría es condenada por la Iglesia Católica.



Desde los tiempos de los Apóstoles, la Iglesia Católica ha condenado clara y consistentemente al pecado de idolatría. La Iglesia primitiva de los primeros Padres nos advierte contra este pecado, y los concilios de la Iglesia también se ocuparon de este tema. Aquí unos ejemplos:



El segundo concilio de Nicea (787) que se ocupó especialmente de la cuestión de la veneración de imágenes sagradas, y de iconos, dijo: “El que nos redimió de las tinieblas de la insanidad idólatra, Cristo Nuestro Dios, cuando tomó como su esposa a la Santa Iglesia Católica, sin mancha ni arruga, prometió que la guardaría y les aseguro a sus santos discípulos: Yo estaré con vosotros hasta el día último”. Esta promesa, sin embargo, no la hizo sólo a ellos, sino también a nosotros, que gracias a ellos hemos llegado a creer en su nombre. A esta gratuita oferta, algunas personas no le dieron importancia, siendo atraídos por el traicionero mal, abandonaron la verdadera forma de razonar y cayeron en la incapacidad de distinguir lo santo de lo profano, asegurando que los iconos de Nuestro Señor y de sus santos no eran diferentes de las imágenes de madera de los ídolos satánicos. Ciertamente que ese modo de pensar (el de la adoración de las imágenes) no está de acuerdo con nuestra fe, que propiamente da adoración a la naturaleza divina, aun cuando haya gestos que tengan apariencia de adoración, como aquellos con los que se honra la figura de la vivificante cruz o los libros santos de los evangelios así como otros objetos sagrados.



El catecismo del Concilio de Trento (1566) enseñó que se comete idolatría “adorando ídolos e imágenes como si fueran Dios, o creyendo que ellos poseen alguna divinidad o virtudes que les dé derecho a recibir nuestra adoración, a elevarle nuestras oraciones o a poner nuestra confianza en ellos” (p. 374).



El Catecismo de la Iglesia Católica (1993) explica que “la Escritura constantemente nos recuerda que hay que rechazar los ídolos, de plata y oro, la obra de manos de los hombres. Ellos tienen boca pero no hablan, ojos pero no ven”. Estos ídolos vacíos hacen vacíos a sus adoradores “aquellos que los hacen son como ellos, así como todos aquellos que confían en ellos' (Sal 115,4-5, 8). Dios, sin embargo, es el “Dios viviente” (Cf. Josué 3,10 ; Sal 42,3) que da la vida e interviene en la historia”.



“La idolatría no sólo se refiere a la falsa adoración pagana. Es una tentación constante en contra de la fe. La idolatría consiste en divinizar lo que no es Dios, sea esto dioses o demonios (por ejemplo, satanismo), el poder, el placer, la raza, los antepasados, el estado, el dinero, etc. La idolatría rechaza el Señorío único de Dios; es por tanto incompatible con comunión con Dios”.



“La vida humana encuentra su unidad en la adoración de un solo Dios. El mandamiento de adorar sólo a Dios integra al hombre y lo salva de una desintegración sin fin”.



“La idolatría es una perversión del sentido religioso innato del hombre, un idólatra es alguien que transfiere su indestructible noción de Dios a cualquier otra cosa que no sea Dios” (CCC 2112-2114, citando Orígenes, Contra Celso 2:40).





Gentileza de: http://apologetica.org
Estudio de textos bíblicos en contexto
Tradujo el P. José Marcone, IVE