Jerónimo
queda huérfano de padre a los 10 años. Es un joven con grandes aspiraciones. Ya
a los 25 años es militar y gobernador
regente de la fortaleza de Castelnuovo de Quero, paso importante para el
acceso, desde el norte, a la gran ciudad de Venecia. Las potencias europeas,
aliadas en la liga de Cambrai, atacan el castillo el 27 de agosto de 1511. Los
invasores, muy superiores en número, vencen y toman a Jerónimo prisionero. Lo
encierran encadenado en el calabozo de su propio castillo. Esta fue la
situación que Dios utilizó para iniciar la gracia de la conversión. Hasta
entonces había llevado una vida mundana, pero en la cárcel meditó las palabras
de Jesús:
arruina
su vida? O ¿qué puede dar el hombre a cambio de su
vida?
-Mateo 16,26
En la
cárcel se torna a la
Santísima Virgen María pidiéndole su liberación. No se sabe
como se logró ese milagro pero una cosa es cierta: Jerónimo sabía que fue por
intercesión de la Virgen
y nunca se olvidó de serle un hijo agradecido y fiel. Jamás olvidará la fecha
que cambió su vida: Era el 27 de septiembre de 1511. Una vez libre visita el
Santuario de la ‘Madonna Grande’ en Treviso donde Jerónimo promete solemnemente
entregarse totalmente al servicio de Dios y del prójimo.
Al
finalizar la guerra, en 1516, Jerónimo vuelve a su cargo de gobernador de
Quero. Pero su corazón ya no está en las vanidades de antes. En 1527 termina su
compromiso como gobernador de Quero y regresa a Venecia. Continúa su camino de
conversión. Se pone bajo la dirección de un sacerdote ejemplar. El esmero que
antes empleaba a favor de la
República de Venecia ahora lo dedicaba a la Patria Celestial.
El
hombre manso
En una
ocasión, se encuentra Jerónimo en la plaza de San Marcos conversando con un
hombre asuntos de herencia familiar. Aquel se siente molesto y le amenaza con
que le va a arrancar uno a uno los pelos de la barba. Jerónimo, con mucha paz,
le ofrece la cara y le dice: ‘Amigo, si así lo quiere Dios, aquí me tienes’.
Los presentes quedan asombrados y comentan entre ellos: ‘¡Si esto hubiese
pasado hace un par de años, lo hubiese despellejado vivo!’.
El
hombre de caridad
En 1928
Italia sufre hambruna. Mueren millares de personas. Multitudes acuden a Venecia
por considerar que allí hay mas oportunidades. El gobierno no ayuda y hay
muchos indigentes en las calles, entre ellos hay muchos niños.. Jerónimo esta
entre un grupo de fieles cristianos que se entregan al servicio de los
necesitados. En pocos días agota todo su dinero y comienza a vender, a favor de
los pobres, todas sus posesiones, incluso los muebles de su casa. El mismo se dedicaba a dar de comer, vestir y
hospedar. Siempre animaba a todos a confiar en Dios, aun en la hora de la
muerte.
Cadáveres
de víctimas aparecen por las calles. Jerónimo los carga sobre sus hombros y los
lleva al cementerio. El también contrae
la peste y se ve grave de muerte. Todo lo acepta con gran virtud. Aquello
sirvió para gran testimonio de todos quienes le conocieron. Pero pronto se
recuperó y continuó la obra.
Padre
de los huérfanos
Los
niños andan en grave peligro no solo de hambre sino de caer en delincuencia y
pecado por causa del ambiente en que están forzados a vivir. Muchos no tienen
familia o andan abandonados. Jerónimo sabe muy bien por experiencia propia la
angustia de los huérfanos. Pero estos no tienen nada. Se decide a dejarlo todo para formar familia
con ellos. Una familia dentro de la gran familia que es la Iglesia Católica.
Jerónimo comprende la importancia de ser Iglesia. Cuenta con la amistad de San Cayetano Thiene
y el Obispo Carafa, su confesor, que luego será Papa Pablo IV.
El 6 de
febrero de 1531 deja para siempre la casa paterna, su ropa de noble y se va a
vivir a San Roque , a un bajo alquilado, con un grupo de unos treinta jóvenes
de la calle. El reto es muy grande: Hay que alimentar, educar y proteger a los niños dependiendo de
la caridad. Contrata artesanos para que les enseñen oficios con que ganarse la vida.
Su lema: ‘trabajo, caridad y piedad’. So
objetivo: ayudarlos a desarrollarse tanto espiritualmente como en talentos
necesarios para ejercer una vocación.
Propagación.
Por
obediencia a su confesor, en 1532, deja Venecia, se va a pie y en total pobreza
a fundar en Bérgamo donde el obispo le solicitó. Se trata del lugar mas pobre y
devastado de la República
de Venecia. Con la ayuda del obispo y otras personas organiza los hospitales
para los niños. Desarrolla el estilo de
catecismo de preguntas y respuestas. Mas tarde, con los niños mas preparados,
va por los pueblos y aldeas rezando y evangelizando. Los niños dan un gran
testimonio al compartir su conocimiento del catecismo y al ayudar en el trabajo
del campo sin pedir nada a cambio.
El amor
a la Iglesia
es uno de los signos de la santidad evidente en Jerónimo. Desde Bérgamo irradia
una intensa evangelización popular. Se trata de una verdadera reforma desde la Iglesia al mismo tiempo
que los errores del protestantismo amenazan por todas partes. El reza: “Dulce
Padre nuestro... te rogamos por tu infinita bondad que devuelvas a todo el
pueblo cristiano al estado de santidad que tuvo en tiempos de tus
apóstoles”. Algunos hombres se le unen
tanto sacerdotes como seglares y el les encomienda las obras en la
comarca. A ellos, pues, encomienda las
obras de la ciudad y de la comarca.
En
noviembre de 1533, con un grupo de treinta y cinco jóvenes, se propone ir a
Milán. Pero en camino se enferma de fiebre como también algunos de los niños.
Tiene que quedarse en un lugar abandonado junto al camino. Pasa entonces un
hombre a caballo y los niños le alertan.
Resultó ser un antiguo conocido de Jerónimo que tenía una casa cerca de
allí. Le ofrece llevarlo a el solo en su
cabalgadura. Jerónimo, a pesar de la fiebre, dice: ‘Hermano, Dios os pague
vuestra caridad; pero de ninguna manera puedo yo dejar solos a estos pequeños:
¡quiero vivir y morir con ellos!’ El conocido llega a Milán e informa al Duque
Francisco Sforza lo acontecido y éste se encarga de que Jerónimo y los niños
sean trasladados a la ciudad.
Recuperada
la salud, continúa la obra en Milán. La ciudad ha pasado guerra, saqueo y
plagas. Había gran necesitad de cuidar a los niños abandonados. Abre para ellos
una institución, los 'Martinitt', aún hoy activa. Para el cuidado de las niñas
cuenta con la ayuda de señoras.
Como el
número de colaboradores aumenta, organiza al grupo con el nombre de ‘Compañía
de los Servidores de los Pobres’, que será aprobada por Pablo III en 1540 y,
más tarde, Pío V elevará a la categoría de Orden Religiosa con el nombre de
Orden de los Clérigos Regulares de Somasca o Padres Somascos.
Somasca,
es apenas un grupo de casas en el norte de Italia junto al lago de Como, Allí hay un castillo abandonado sobre una
peña con vista al lago. Es el lugar escogido por San Jerónimo para ser el
corazón de la Compañía.
Allí se dedica al servicio de los niños y a largo tiempo de
oración ante un gran crucifijo. Abre una escuela de gramática y una casa de
formación para los miembros de la
Compañía.
En 1535
tiene que regresar a Venecia ya que su confesor le manda a decir que las obras
han crecido tanto que necesita su consejo para restructurarlas. “Era
impresionante ver a aquel hombre en hábito de mendigo pero con alma de noble,
de ademanes castos, circunspectos y prudentes, que a cuantos lo contemplaban
les parecía una deliciosa sinfonía de virtudes... Estuvimos juntos varias
veces, y me colmó de cristiana esperanza y de muchos y santos recuerdos que
todavía resuenan en mi alma...”
Hay
grandes pruebas pues viven una vida muy austera y es un gran reto mantener las
casas para jóvenes que se propagaron por el norte de Italia. ‘...Si en vosotros
encuentra fe sincera y esperanza, hará con vosotros cosas grandes, pues Él
exalta a los humildes... Si perseveráis en medio de la tentación, Dios os
consolará en este mundo..., os dará paz y descanso en este mundo,
temporalmente, y luego, en el otro, para siempre’.
En
Brescia hay un capítulo de la
Compañía para unificar la visión. En su última carta dice a
los suyos: ‘Es que no saben que se han ofrecido
a Cristo, que están en su casa y comen de su pan y se hacen llamar Servidores
de los pobres de Cristo? ¿Cómo, pues quieren cumplir cuanto han prometido, sin
caridad ni humildad de corazón, sin soportar al prójimo, sin buscar la
salvación del pecador y rezar por él, sin mortificación... sin obediencia y sin
respeto por la buenas usanzas acordadas?’
Su
confesor le pide ir a Roma a fundar. Pero a finales de 1536 se propaga por el
Valle de San Martín una plaga poco conocida. Padecen también los huérfanos y
los Servidores de la
Compañía. San Jerónimo se contagia y ya no puede subir a su
casa en el peñón de Somasca. Le dan en el pueblo una habitación prestada. Antes
de morir, con una teja, traza una gran cruz en la pared, para poder
contemplarla en la agonía. Manda bajar a sus huérfanos para despedirse de ellos
y, aunque sin fuerzas, como último testimonio, les lava a cada uno los pies. A
los amigos del pueblo les recomienda que no ofendan a Dios con malas costumbres
y blasfemias: él, a cambio, intercederá desde el cielo para que el granizo no
estropee sus cosechas. A sus hermanos de la Compañía les dice: 'Seguid a Cristo crucificado;
amaos los unos a los otros; servid a los pobres'. Muere el 8 de febrero de
1537,
La
primera misión Somasca fuera de Italia se estableció el 5 de octubre de 1921 en
El Salvador (C.A.). Allí adoptaron el Centro de Menores de La Ceiba (hoy Instituto
Emiliani). Desde allí la labor se
propagó a otras fundaciones en el país. En la actualidad los Religiosos
Somascos tienen Institutos, Centros de Acogida, Escuelas, Colegios y Parroquias
en: Italia, Colombia, El Salvador, México, Estados Unidos, España, Suiza,
Guatemala, Honduras, Filipinas, Sry Lanka e India.
Beatificado
en 1747
Canonizado
en 1767.
En
1928, Pío XI lo declaró ‘Patrono universal de los huérfanos y de la juventud
abandonada’.
Su obra
continúa con sus hijos, los Padres Somascos, herederos espirituales de la Compañía de los
Servidores de los pobres y en muchos que se inspiran de su espiritualidad.







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