EL SANTO QUE INSPIRÓ A DON ORIONE.
Cada 30 de
abril la Iglesia celebra el día de San José Benito Cottolengo, santo que
inspiró a Don Orione en sus Obras de Caridad. José Cottolengo nació en Bra, un
pueblo al norte de Italia. Fue el mayor de doce hermanos y estudió en Turín
hasta conseguir el diploma de doctorado en Teología. Fue muy devoto de Santo
Tomás. Ordenado sacerdote, celebraba Misa a las tres de la mañana para que los
campesinos pudieran asistir antes de ir a trabajar, y uñó una frase que solía
repetir a menudo: "La cosecha será mejor con la bendición de Dios".
Al ser
nombrado canónigo en Turín, tuvo que asistir impotente a la muerte de una mujer
que dejaba varios huérfanos, porque le habían negado los auxilios más urgentes
debido a su condición de extrema pobreza.
Esta
experiencia le dio la idea de fundar una casa para aliviar el dolor de los más
necesitados y de condición más humilde. Para ello vendió todas sus pertenencias
y consiguió cinco piezas que le permitieron comenzar su obra bienhechora, que
se inauguró dando albergue gratuito a una anciana paralítica.
“No
importa, todo lo pagará la Divina Providencia”, era una de sus frases de
cabecera cada vez que se daba asilo una persona sin recursos.
Cuando en
1831 estalló una epidemia de cólera en Turín, las autoridades del gobierno
ordenaron cerrar la Casa del Padre Cottolengo con el argumento de que con
tantos enfermos juntos el lugar se iba a convertir en centro de propagación de
la enfermedad.
"A las
hortalizas, para que crezcan más, las trasplantan. Así nos va a suceder a
nosotros. Nos trasplantamos y así creceremos más", exclamó sin desanimarse
el Padre José Benito, y partió de Turín hacia las afueras de la ciudad, a un
barrio llamado Valdocco, donde fundó "La Pequeña Casa de la Divina
Providencia", en cuya entrada escribió una frase de San Pablo: "La
Caridad de Cristo nos anima".
Poco a poco
se fueron levantando varios edificios donde se recibían toda clase de enfermos
incurables. Una casa fue construida para personas con retraso mental, a quienes
llamaba "mis queridos amigos". Otra para atender a sordomudos y una
para los inválidos.
Los
huérfanos, los desamparados, los que eran rechazados en los demás hospitales, y
eran recibidos sin discriminación en la "Pequeña Casa de la Divina
Providencia".
Era
admirable la fe ciega que el Padre Cottolengo tenía en la Divina Providencia,
en ese cuidado paternal que Dios tiene de nosotros. Siempre repetía a sus
ayudantes: "Nos podrán fallar las personas, nos fallarán los gobiernos,
pero Dios no nos fallará jamás, ni siquiera una sola vez".
El Padre
José Benito Cottolengo, agotado de tanto trabajar, murió a los 56 años el 30 de
abril del año 1842, cerca de Turín, Italia. Sus últimas palabras antes de morir
fueron aquellas del salmo 122: "Que alegría cuando me dijeron: vamos a la
Casa del Señor". El Papa Pío XI lo declaró santo en 1934, junto con su
gran amigo y vecino, San Juan Bosco.
Su “Pequeña
Casa” se amplió enormemente y con el tiempo se fue conociendo como “la ciudad
del amor y de la caridad”. El Papa Pío IV la llamaba “La Casa del Milagro”. Hoy
el mundo la conoce con el nombre de "Cottolengo", y cada 30 de abril
la Iglesia celebra la fiesta del santo.









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