miércoles, 1 de octubre de 2025

Nueva imagen de Santa Cecilia, patrona de los músicos.


Esta imagen de Santa Cecilia, la he realizado con la técnica de telas encoladas y masillas epoxídicas. Es la misma técnica de telas encoladas, que se ha utilizado para hacer la imagen del Padre Pío, Santa Teresita, Padre Damián, etc., con lo que les doy la pauta de las múltiples imágenes artesanales, e irrepetibles que se pueden hacer. ¿Cómo se hace? te lo cuento ahora por si no leíste el anterior:

  

 

1) Se parte de un soporte (que puede ser de alambre, madera, plástico, cartón, telgopor, etc.). En este caso trabajaré con estructuras plásticas y alambres. TENER EN CUENTA LAS PROPORCIONES. En otro artículo  (VER QUI DOCET, DISCIT del 1º de septiembre de 2011) te he contado sobre las proporciones corpóreas más comunes.

Se sigue con la cabeza, los pies y las manos. Vamos pensando cómo va a ir ubicada la ropa (te recomiendo que veas algunas estampas) y las actitudes que les quieras dar a la imagen, esto lleva bastante tiempo, pero es importante hacerlo. Se va pensando en todos los detalles que se le quieren hacer (ubicación de las manos, de los pies, manto, etc.) en este caso la haré sosteniendo la palma (que indica el martirio) y una cítara griega (ya que es la patrona de los músicos) ya las voy haciendo así quedan listas para el armado final.

  

 

   

2) Si hiciera falta, se van añadiendo pequeñas almohadillas con algodón para darle volumen a las partes del cuerpo. Como es una mujer, le damos un poco más las caderas y marcaremos la zona de los pechos. Se pinta la cara y las manos. Se añade la cabeza que se fija con masilla epoxídica, junto a las otras partes nombradas. La base de la imagen es de madera tratada y la he barnizado para protegerla más. Se la resguarda con papel adherente para que no se ensucie. Se diagrama la vestimenta en tela de algodón o lino (NO SINTÉTICO) y se le pasa una mezcla de cola de carpintero, tiza, enduído y colorantes. Por lo menos 2 manos.

  
  

  
  
  
  
  
  

3) Dejar secar muy bien entre tela y tela, de esta manera cada una de las partes, quedará correctamente fija y ubicada, en el lugar que le corresponde. ¡Mucha PACIENCIA! De esto va a depender la calidad de la imagen. Lo adherimos todo muy bien al cuerpo y lo dejamos secar. Nos vamos a ayudar haciendo algún “andamio” con palitos, hilos, alfileres, etc. Para que fragüe todo en el lugar correcto. Antes de poner el manto, recuerda de ponerle el cinturón. Luego va el manto y por último el velo.

  
    

4) Por último, el pintado de las telas y los detalles finales, como ser puntillas, galones, dorados, etc. También puedes ir pintando a medida que se van secando las telas, cualquiera de las dos opciones son válidas. Sacar el papel adherente de la base y seguir decorando con otros detalles, por ejemplo con una aureola. Retocar con pigmentos al tono las marquitas que hubiéramos dejado y todo el perfilado es retocado con dorado y otros colores para crear sombras. 

Como les digo siempre, nada reconforta más que hacer una imagen religiosa, mientras se realiza se reza, se pide, se agradece, en fin siempre hace bien al alma.

El paso a paso:

    
  

El hábito religioso franciscano (2º parte).




Por: Fr. Tomás Gálvez | Fuente: fratefrancesco.org


Variedades de hábitos religiosos franciscanos

La variedad de tonalidades del hábito primitivo se debía, aparte de la diversidad natural del color de la lana, al hecho de que el paño para las túnicas no se confeccionaban expresamente para los frailes, sino que éstos los recibían como limosna por los benefactores. 

Eran ellos, por tanto, quienes elegían el color y la calidad del paño, aunque siempre bajo el control del superior, según las Decretales de Juan XXII (1317) y Benedicto XII (1336).

Mayor rigidez en el color se observa a partir de la división de la Orden, ocurrida en 1517, sobre todo por el valor simbólico del gris, que recuerda la ceniza y el polvo de que estamos hechos, y la penitencia. El gris fue el color oficial para todos los franciscanos hasta mediados del siglo XVIII. Tanto es así que, debido a las dificultades para conseguir tal paño en cantidad suficiente, hubo un momento en que las Constituciones de los Observantes y de los Capuchinos ordenaron que cada provincia fabricase sus propios paños para conseguir la máxima uniformidad. 

El capítulo general del 1694 de la Regular Observancia, por ejemplo, ordenaba que "se fabriquen paños del todo semejantes en el color y calidad, en la trama y en el grosor, tejidos con lana blanca y negra mezclada en tal proporción que resulte, a juicio de los expertos, un paño ceniciento como lo vemos en los hábitos y capas de nuestro padre San Francisco, S. Bernardino de Siena y S. Juan de Capistrano, los cuales, aunque se conserven en provincias y países distintos, son de un mismo color ceniza, más o menos claro".

En los Menores Conventuales se nota una cierta tendencia al negro ya en la segunda mitad del siglo XVIII, aunque sus Constituciones Urbanas, en la edición del 1803 imponían el hábito gris ceniza. Esta prescripción desapareció en la edición de 1823, en parte porque con la Supresión napoleónica, habiéndose extinguido las corporaciones religiosas, sus miembros se vieron obligados a asumir el hábito talar negro del clero secular. 

Restaurada la Orden, los frailes prefirieron continuar con el color negro, aunque hoy el gris se está recuperando de nuevo, de manera que ya lo visten casi todos los conventuales de Asia, África y América, así como los de Australia y algunas provincias europeas.

Los Frailes Menores Observantes pasaron del color ceniza al marrón hace poco más de un siglo, en la segunda mitad del siglo XIX. Se empezó en Francia y se impuso para toda la Orden en el capítulo de Asís del 1895, cuando León XIII reunificó en una sola a las distintas familias reformadas: observantes, alcantarinos, recoletos y reformados ("El color artificial de las vestiduras exteriores se parezca al color de la lana natural negruzca con tendencia al rojo, color que en italiano se llama marrone, y en francés marron").

 
Los Menores Capuchinos siguieron de algún modo la evolución de los Observantes, aunque, para evitar cualquier diferencia local, en 1912 se estableció que el color del hábito tenía que ser castaño, el mismo que el de los observantes, aunque algo más amarillento ("colorem debere esse castaneum, italice castagno, gallice marron, anglice chestnut, germanice kastanienbraun, hyspanice castaño").

El más parecido en la forma al de San Francisco es el hábito de los Capuchinos, por su capucho alargado y cosido al cuello de la túnica. 

El hábito de los Observantes se distingue por ser más ajustado y por el capucho suelto que cae sobre los hombros en forma de esclavina corta por delante y a los lados, y alargada por detrás, hasta la cintura. El hábito de los Conventuales es parecido al de los Observantes, pero el capucho es más pequeño y la esclavina más baja, hasta casi tocar los codos. 

El hábito de los Terciarios Regulares o frailes del TOR era hasta hace pocos años de igual forma y color que el de los Conventuales, pero ahora han vuelto al color tradicional gris, con esclavina baja y puntiaguda por detrás y por delante.

Más recientemente han surgido algunas congregaciones franciscanas con hábitos diferentes, pero muy semejantes a los ya citados, con túnica y capucho gris o marrón. Pero también los hay tirando a celeste, como el de los Franciscanos de la Inmaculada, e incluso de color verde. 

No obstante, a pesar de las diferencias de forma y color, el distintivo común de todos los franciscanos y franciscanas, que los hace diferentes de cualquier otra Orden o Congregación de la Iglesia, es el uso exclusivo del cordón de lana blanca, que Francisco eligió para ceñirse la cintura, para cumplir fielmente el mandato de Cristo, que envió a sus apóstoles por el mundo "nada para el camino", ni siquiera el cinturón (cf. Mateo 10).

En cuanto al calzado, San Francisco caminó siempre descalzo, de acuerdo con el mandato de Jesús a los apóstoles: "no llevéis sandalias..."

Sólo en los dos últimos años de su vida, para ocultar las vendas ensangrentadas por los estigmas de los pies, tuvo que llevar zapatos de piel o de paño, como se pueden ver en las reliquias de Asís. 

La Regla sólo dice que los frailes pueden usar calzado en caso de necesidad. 

Las sandalias, sin embargo, se impusieron pronto, como puede verse en las pinturas de Giotto, donde todos los frailes, excepto Francisco, las llevan del mismo modelo. Más tarde, los reformados que vivían en las ermitas empezaron a usar unas sandalias con suelas altas de madera llamadas zuecos o "zoccoli", de ahí que en Italia los Observantes fuesen también conocidos por mucho tiempo como frailes "zoccolanti".



 







Les recomiendo visitar una hermosa página que es: Divinas Vocaciones Religiosas, les dejo el link o bien la podrán ver en la lista de blogs recomendados que tengo publicados a la derecha de la pantalla. En este blog van a encontrar más sobre las nuevas congregaciones franciscanas que se han fundado recientemente. Vale la pena visitarla.

http://divinavocacion.blogspot.com.ar/2008/01/17-franciscanos-hijos-de-la-pobreza.html




lunes, 1 de septiembre de 2025

El hábito Agustino.





Desde el siglo XIII los Agustinos vestían un hábito negro de lana, un material más modesto y menos costoso del lino. 

Las primeras disposiciones a propósito de este hábito  fueron dictadas en 1244 por el  Cardenal Riccardo Annibaldi y confirmadas por el mismo en los decretos del 1253 y del 1255. 

En estas disposiciones se hace notar que el hábito agustino debia estar compuesto de la siguiente manera: 



-por la  cogulla (o saya) ancha y estrecha en los flancos con un cinturón de cuero

-por la capilla o capucho

-por el  escapulario blanco cerrado con una cuerda

-por el bastón, elemento distintivo del hábito de los eremíticos visto que al principio la Orden agustina estaba relacionada con el eremetismo. El uso del bastón fue abolido después de la Grande Unión del 1256.

-por zapatos de cuero negro Leyendo las disposiciones del Cardenal nos podemos dar cuenta de cómo era el hábito de los  Novicios en el tiempo de prueba:

-túnica y escapulario blancos

-manto negro largo hasta los tobillos

-cinturón

Según una antigua leyenda, Mónica quedando viuda, habló con la Virgen para pedirle consejo de cómo se tendría que vestir después de la muerte de su esposo y de su hijo. La Virgen  se le apareció con un hábito negro y modesto, cerrado en los flancos con un largo cinturón de cuero. 

María le donó su cinturón recomendándole de llevarlo siempre y de exhortar a hacer lo mismo a todos  aquellos que quisieran tener su protección.

Desde aquel día, Mónica, su hijo Agustín y todos los que siguieron su regla iniciaron a vestirse  de esta manera.

Entre los siglos XIV y XVI se delineó el hábito agustino: al principio, por el estilo y la forma, recordaba a la indumentaria usada por los eremíticos. Posteriormente, se alinearon al utilizo del hábito como el de las órdenes mendicantes.

A partir del siglo XVII el hábito de los Agustinos fue cambiado y renovado: la cogulla era más ancha y llena de arrugas, la capilla o capucho era más grande hasta cubrir completamente los hombros, las mangas eran más anchas, el cuello de la saya fue adornado con un collar blanco y se cubría la cabeza con un sombrero negro a forma de  solideo.

Durante los siglos desde el XVIII hasta el XX el vestido agustino no tuvo ningún cambio, después del Concilio Vaticano II fue introducido el clergyman.

Debate con los Dominicos por el uso del hábito.

El debate entre los Dominicos y los Agustinos a propósito del hábito, nació alrededor  del 1256, año de la Grande Unión. Algunos frailes Agustinos, como los Boniti y los Brettinesi, vestian una saya y escapulario blancos (vestidos claustrales) usados también afuera de los monasterios propio como los frailes predicadores. 










Por eso el Papa Alejandro IV, para evitar que las dos órdenes  fueran confundidas, escribió una bulla, la Meminimus nos del 1259 y prohibió a los Agustinos de portar hábitos similares a los de los Dominicos. Sin embargo, a pesar de esta prohibición no obtuvo ningún resultado en la manera de vestir de los agustinos.

De esta forma, a finales del siglo XVI y al inicio del siglo XVII aumentaron mucho las protestas de los Dominicos contra el uso del hábito blanco de los Agustinos hasta que el Papa Clemente VII en 1597 se pronunció a favor de los primeros. 

Pero la oposición de los Agustinos condujo al Papa a tomar una decisión definitiva en 1603, las dos órdenes podían utilizar el hábito blanco para el interior. Para el exterior  y las funciones solemnes, el hábito negro.

San Agustín y los Agustinos.

San Agustín, está considerado entre los más importantes Padres de la Iglesia Latina. Era un hombre de pasión y de fe, de profunda inteligencia e incansable cura pastoral. 

Fue el autor de muchas obras  y el mismo Possidio, su primer biógrafo, se maravillaba de cómo un sólo hombre hubiera podido escribir tanto en su vida. Sus textos de naturaleza teológica, mística y filosófica contribuyeron a la construcción de las bases del pensamiento cristiano y constituyen aún hoy en día, un punto de referencia  para muchos estudiosos. 

En particular las Confesiones, su obra más conocida, son una maravillosa autobiografía espiritual escrita como elogio hacia Dios.

El signo indeleble dejado en la cultura Occidental y en todo el mundo, hacen de San Agustín un Santo conocido por lo menos de fama,  también para aquellos que profesan una religión diferente al cristianismo.

San Agustín nace en África, en Tagaste, el 13 de noviembre del  año 354  en una familia de pequeños terratenientes. Gracias a su madre Mónica, mujer pasionaria y  ferviente católica, recibe una educación religiosa pero su juventud fue “infeliz y negativa” marcada por una profunda crisis moral y dominada por una inquieta búsqueda de placeres. 

Sólo después de haber leído el Ortensio de Cicerón, Agustín se apasiona a la filosofía empezando su camino de conversión. No encontrando satisfacción en la Sagrada Escritura, buscó la verdad en el maniqueísmo, una religión oriental fundada en el siglo III d.c. por Manes que se basaba en el principio fundamental del dualismo, es decir en la oposición entre los dos principios divinos del bien y del mal. 

Entendió rápidamente que la verdad tanto buscada no la podía encontrar en esta religión fuertemente anticatólica.

 Posteriormente  se traslada a Roma, donde una enfermedad  casi lo lleva a la muerte. Después de este hecho, se  muda a Milán para enseñar  retórica. 

Su  vida en esta ciudad fue fundamental para su conversión, ya que estando en este lugar  pudo escuchar los sermones de San Ambrosio, Obispo de Milán y  sobretodo tuvo la posibilidad de frecuentar al anciano cura San Simpliciano que había preparado al mismo Ambrosio para el episcopado. 

El encuentro con Ambrosio será muy importante para su camino de fe porqué gracias a sus palabras y enseñanzas, Agustín se abrirá hacia la fe cristiana como único camino hacia la verdad, mas tarde será bautizado por el mismo Ambrosio.

A pesar de que hubiera querido dedicarse completamente a las oraciones, a la penitencia y al estudio, una vez llegado a Hipona fue obligado a aceptar el sacerdocio por  voluntad del pueblo considerada como voluntad de Dios. 

Su labor fue fecundísima: transfirió a Hipona su monasterio y marcó los fundamentos para la renovación de las costumbres del clero gracias a su Regla reconocida como modelo a seguir a partir del  siglo XIII por la Orden de los Eremíticos agustinos. 

En el año 396 fue elegido obispo de Hipona llegando a ser un punto de referencia para toda la Iglesia del Continente  Africano. 

Se dedicó constantemente a la predicación, a la preparación del clero, a la organización de la vida monástica y a la defensa de la fe contra las herejías, hasta su muerte acaecida después de una grave enfermedad en el año  430, durante el asedio de los Vándalos, a la edad de 76 años.

Su cuerpo fue trasladado a Cagliari por el obispo Fulgenzio de Ruspe hacia los años 508 -517 junto a otras reliquias de obispos africanos. 

En el 725 el rey longobardo Liutprando rescató su cuerpo de los Sarracenos  en Cerdeña y lo trasladó a Pavía a la Iglesia de San Pedro en el Cielo de Oro, cerca de los lugares de su conversión.

Órdenes y Congregaciones Agustinas.

El término agustinos (nombre basado en la figura de San Agustín de Hipona, 354-430), puede aplicarse a grupos separados de institutos religiosos de la Iglesia católica. Hoy en día existen muchas Congregaciones religiosas que viven el carisma de San Agustín.

Órdenes religiosas mendicantes:

Orden de San Agustín (O.S.A.), fundada en 1244.

Orden de Agustinos Recoletos (O.A.R.), separada en 1588.

Orden de Agustinos Descalzos (O.A.D.), separada en 1610.

Órdenes de Canónigos Regulares.

Varias órdenes (o congregaciones de canónigos) agrupadas en la confederación Orden de Canónigos Regulares de San Agustín (C.R.S.A.).

Congregaciones Religiosas Clericales:

Congregación de los Agustinos de la Asunción (A.A.), fundada en 1845.

Órdenes religiosas agustinas en la Comunión anglicana (protestantismo).