domingo, 5 de abril de 2026

Domingo de Pascua de Resurrección.



La fiesta para los cristianos de todo el mundo ha llegado, porque se cumplieron las profecías de que Jesús al tercer día resucitaría, se renuevan en este día los sacramentos del bautismo y la confirmación. 

Jesús resucita, para salvarnos del pecado y para que nos convirtamos, pero no solamente para renunciar a los pecados, sino para descubrir el amor del Padre, que nos salva por medio de su Hijo, y nos perdona. 

Es por eso también que cada DOMINGO, lo tomamos como DÍA DEL SEÑOR y NOS CONGREGAMOS TODOS CRISTIANOS PARA DAR GRACIAS A DIOS POR LA RESURRECCIÓN de Nuestro Señor Jesucristo.

La Resurrección de Jesús, es una llamada a la renovación, para intentar ser cada uno como debemos de ser. Jesús resucitó y también nosotros hemos de resucitar al amor, al perdón, a la tolerancia, a la comprensión, a la solidaridad, y desterrar la mentira, la hipocresía y la calumnia. Que la alegría de la VIDA nos acompañe en cada actuar cotidiano.

Y finalmente, preguntarnos ¿Cómo quiere Jesús de Nazaret, que yo resucite en mi interior?

Cristo resucitado y eterno, nos trae la salvación, abre las puertas del cielo y nos invita a ser sus testigos. Vivamos este día con alegría, religiosidad y rodeados del amor de familiares y amigos.



¡¡Tengan todos una excelente 



PASCUA DE RESURRECCIÓN!!

FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN.


5 de abril fiesta de San Vicente Ferrer.



 Vicente Ferrer nació en Valencia el 23 de enero de 1350. Fueron sus padres Guillermo Ferrer, notario público, y Constancia Miguel, personas virtuosas y distinguidas en la caridad con los pobres. Tuvieron tres hijas y tres hijos.  Los padres le inculcaron desde muy pequeño una fervorosa devoción hacia Jesucristo y a la Virgen María y un gran amor por los pobres. 
Lo encargaron  repartir las cuantiosas limosnas que la familia acostumbraba a dar.  Le enseñaron también a hacer una mortificación cada viernes en recuerdo de la Pasión de Cristo, y cada sábado en honor de la Virgen Santísima. Estas costumbres las ejercitó durante toda su vida

    A los  siete años recibió la tonsura clerical. A los once era Beneficiado de la parroquia de Santo Tomás. Y a los diecisiete, ya postulante dominico. Tenía tanta calma como ardor. Tanta pasión como razón. Y todo, dominado por el amor de Dios.

    Durante su juventud el demonio lo asaltó con violentas tentaciones y, además, como era bien parecido, varias mujeres de dudosa conducta se enamoraron de él y como no  hizo caso a sus zalamerías, le inventaron terribles calumnias contra su buena fama. Todo esto lo fue haciendo fuerte para soportar las pruebas que le iban a llegar después.

    En 1370, a los veinte años, Vicente Ferrer se incorporó a la Orden de Santo Domingo. Era un joven de inteligencia prodigiosa, viva imaginación e ingenio penetrante.

    Siendo un simple diácono lo mandaron a predicar a Barcelona. La ciudad estaba pasando por un período de hambre y los barcos portadores de alimentos no llegaban. Entonces Vicente anunció en un sermón que  esa misma noche llegarían los barcos con los alimentos tan deseados. Al volver a su convento, el superior lo regañó por dedicarse a hacer profecías de cosas que él no podía estar seguro de que iban a suceder. Pero esa noche llegaron los barcos, y al día siguiente el pueblo se dirigió hacia el convento a aclamar a Vicente, el predicador. Los superiores tuvieron que trasladarlo a otra ciudad para evitar desórdenes.

     Para formar a un dominico eran necesarios quince años de estudios. Estudió dos años Lógica en Barcelona. Y enseñó en Lérida otros dos años la misma materia. Luego volvió a Barcelona para estudiar cuatro cursos de Teología. Después, en Touluose, hizo un curso  especial de Teología, que le abrió a la corrientes teológicas del momento.  A los veintiocho años recibió, con calificación "Summa cum Laude", el doctorado en Teología y se dedicó a la enseñanza de la ciencia sagrada durante ocho años en las universidades de Valencia, Barcelona y Lérida.

    Volvió a Valencia cuando tenía veintinueve años y fue ordenado sacerdote. Elegido prior de su convento, tuvo que renunciar a los pocos meses, porque su comunidad estaba dividida, como toda la Iglesia, a causa del Cisma de Occidente. Durante cuarenta años luchará por la unidad de la Iglesia, dividida  por el cisma "lamentable y doloroso", división que le hizo sufrir mucho.

     San Vicente Ferrer reconoció primero al Papa de Avignón (el Papa Luna), de quien fue confesor y ante quien rechazó el nombramiento de obispo. Posteriormente, viendo el escaso interés de dicho Papa para solucionar el Cisma de Occidente, le abandonó y recorrió diversas regiones aconsejando a príncipes y logrando que retirasen su obediencia a los Papas aviñonenses, por el bien de la Iglesia. En este propósito coincidió al final con Catalina de Siena.

    Vicente estaba muy angustiado porque la Iglesia Católica estaba dividida entre dos Papas y había muchísima desunión. De tanto afán se enfermó y estuvo a punto de morir. Pero una noche se le apareció Nuestro Señor Jesucristo, acompañado de San Francisco y Santo Domingo de Guzmán y le dio la orden de dedicarse a predicar por ciudades, pueblos, campos y países. Y Vicente recuperó inmediatamente la salud. En adelante, Vicente recorrerá el norte de España, y el sur de Francia, el norte de Italia, y el país de Suiza, predicando incansablemente, con enormes frutos espirituales.

    Así, Vicente Ferrer se siente llamado por Cristo a evangelizar Europa. A partir de ese momento recorre comarcas de España, Alemania, Francia, Bélgica, Holanda, Italia e Inglaterra, predicando en plazas, caminos y campos.

    Los primeros convertidos fueron judíos y moros. Dicen que convirtió más de 10,000 judíos y otros tantos musulmanes o moros en España.

    Las multitudes se apiñaban para escucharle, donde quiera que él llegaba. Tenía que predicar en campos abiertos porque las gentes no cabían en los templos. Su voz sonora, poderosa y llena de agradables matices y modulaciones y su pronunciación sumamente cuidadosa, permitían oírle y entenderle a bastante distancia.

    Sus sermones duraban casi siempre más de dos horas (un sermón suyo de las Siete Palabras en un Viernes Santo duró seis horas), pero los oyentes no se cansaban ni se aburrían porque sabía hablar con tal emoción y de temas tan propios para esas gentes, y con frases tan propias de la  Biblia, que a cada uno le parecía que el sermón había sido compuesto para él mismo en persona.

    Antes de predicar rezaba durante cinco o más horas  para pedir a Dios la eficacia de la palabra, y conseguir que sus oyentes se transformaran al oírle. Dormía en el  suelo, ayunaba frecuentemente y se trasladaba a pie de una ciudad a otra (los últimos años se enfermó de una pierna y se trasladaba cabalgando en un burrito).
    En aquel tiempo había predicadores que lo que buscaban era agradar a los oídos y componían sermones rimbombantes que no convertían a nadie. En cambio, a San Vicente lo que le interesaba no era lucirse sino convertir a los pecadores. Y su predicación conmovía hasta a los más fríos e indiferentes. Su poderosa voz llegaba hasta lo más profundo del alma. En pleno sermón se oían gritos de pecadores pidiendo perdón a Dios, y a cada rato caían personas desmayadas de tanta emoción. Gentes que siempre se habían odiado, hacían las paces y se abrazaban. Pecadores endurecidos en sus vicios pedían confesores. El santo tenía que llevar consigo una gran cantidad de sacerdotes para que confesaran a los penitentes arrepentidos. Hasta 15,000 personas se reunían en los campos abiertos, para oírle.

    Después de sus predicaciones lo seguían dos grandes procesiones: una de hombres convertidos, rezando y llorando, alrededor de una imagen de Cristo Crucificado; y otra de mujeres alabando a Dios, alrededor de una imagen de la Santísima Virgen. Estos dos grupos lo acompañaban hasta el próximo pueblo a donde el santo iba a predicar, y allí le ayudaban a organizar aquella misión y con su buen ejemplo conmovían a los demás.

    Como la gente se lanzaba hacia él para tocarlo y quitarle pedacitos de su hábito para llevarlos como reliquias, tenía que pasar por entre las multitudes, rodeado de un grupo de hombres encerrándolo y protegiéndolo entre maderos y tablas. El santo pasaba saludando a todos con su sonrisa franca y su mirada penetrante que llegaba hasta el alma.

    Las gentes se quedaban admiradas al ver que después de sus predicaciones se disminuían enormemente las borracheras y la costumbre de hablar de cosas malas, y las mujeres dejaban ciertas modas escandalosas o adornos que demostraban demasiada vanidad. Y hay un dato curioso: siendo tan fuerte su modo de predicar y atacando tan duramente al pecado y al vicio, sin embargo las muchedumbres le escuchaban con gusto porque notaban el gran provecho que obtenían al oírle sus sermones.
 
    Vicente fustigaba sin miedo las malas costumbres, que son la causa de tantos males. Invitaba incesantemente a recibir los santos sacramentos de la confesión y de la comunión. Hablaba de la sublimidad de la Santa Misa. Insistía en la grave obligación de cumplir el mandamiento de Santificar las fiestas. Insistía en la gravedad del pecado, en la proximidad de la muerte, en la severidad del Juicio de Dios, y del cielo y del infierno que nos esperan. Y lo hacía con tanta emoción que frecuentemente tenía que suspender por varios minutos su sermón porque el griterío del pueblo pidiendo perdón a Dios, era inmenso.

    Pero el tema en que más insistía este santo predicador era el Juicio de Dios que espera a todo pecador. La gente lo llamaba "El ángel del Apocalipsis", porque continuamente recordaba a las gentes lo que el libro del Apocalipsis enseña acerca del Juicio Final que nos espera a todos. El repetía sin cansarse aquel aviso de Jesús: "He aquí que vengo, y traigo conmigo mi salario. Y le daré a cada uno según hayan sido sus obras" (Apocalipsis 22,12). Hasta los más empecatados y alejados de la religión se conmovían al oírle anunciar el Juicio Final, donde "Los que han hecho el bien, irán a la gloria eterna y los que se decidieron a hacer el mal, irán a la eterna condenación" (San Juan 5, 29).

    Los milagros acompañaron a San Vicente en toda su predicación. Y uno de ellos era el hacerse entender en otros idiomas, siendo que él solamente hablaba el español, el valenciano y el latín. Y sucedía frecuentemente que las gentes de otros países le entendían perfectamente como si les estuviera hablando en su propio idioma. Era como la repetición del milagro que sucedió en Jerusalén el día de Pentecostés.

    San Vicente se mantuvo humilde a pesar de la enorme fama y de la gran popularidad que le acompañaban, y de las muchas alabanzas que le daban en todas partes. Decía que su vida no había sido sino una cadena interminable de pecados. Repetía: "Mi cuerpo y mi alma no son sino una pura llaga de pecados. Todo en mí tiene la fetidez de mis culpas". Así son los santos. Grandes ante la gente de la tierra pero se sienten muy pequeñitos ante la presencia de Dios que todo lo sabe.

    Los últimos años, ya lleno de enfermedades, lo tenían que ayudar a subir al sitio donde iba a predicar. Pero apenas empezaba la predicación se transformaba, se le olvidaban sus enfermedades y predicaba con el fervor y la emoción de sus primeros años. Era como un milagro. Durante el sermón no parecía viejo ni enfermo sino lleno de juventud y de entusiasmo.
    El santo regalaba a las señoras que peleaban mucho con su marido, un frasquito con agua bendita y les recomendaba: "Cuando su esposo empiece a insultarle, échese un poco de esta agua a la boca y no se la pase mientras el otro no deje de ofenderla". Y esta famosa "agua de Fray Vicente" producía efectos maravillosos porque como la mujer no le podía contestar al marido, no había peleas.

   San Vicente intervino en el Compromiso de Calpe y declaró rey de Aragón a Fernando de Antequera, frente al Conde de Urgel.

    En su vida ajetreada supo sacar tiempo y serenidad para escribir. En su obra "Tratado de Vida Espiritual" se manifiesta como Maestro de Santidad. En  él aconseja oración, silencio, pureza,  obediencia, humildad, comprensión de los defectos ajenos, que hay que llevar a la espalda, para no fijarse en ellos, y tener presente los propios, así como también conocimiento de sí mismo, valor en las tentaciones, penitencia, paciencia en las pruebas y perseverancia en la oración.

   Todos los días San Vicente Ferrer cantaba misa y predicaba durante dos o tres horas. Para  él predicar es sembrar, derramar la vida, porque la vida se conserva  por la semilla. 
Es sembrar en las conciencias el grano del Evangelio. Fruto de ese trabajo paciente eran sus sermones, que llenaban de entusiasmo a las multitudes, en los que hay claridad, profundidad y riqueza de imágenes. En estos sermones se aprecia su gusto por la magnificencia, la música, la pintura, las flores y las misas bellas y solemnes.

  El Espíritu Santo enriqueció a San Vicente Ferrer con carismas proféticos de evangelizador,  taumaturgo, pastor de almas y constructor de la paz. En nuestra Comunidad Valenciana se conoce bien la historia legendaria de sus  abundantes milagros que le envuelven u le mitifican, incluso antes de nacer.

    San Vicente Ferrer murió en la ciudad de Vannes (Francia) el 5 de abril de 1419, Miércoles de Ceniza,  a la edad de 69 años. Fueron tantos sus milagros y tan grande su fama, que fue declarado santo a los 36 años después de haber muerto (el 29 de Junio de 1455) por Calixto III, a quien San Vicente le había profetizado "Serás Papa y me canonizarás".
  Su cuerpo se conserva en Vannes, Francia.



  

sábado, 4 de abril de 2026

SÁBADO SANTO



SÁBADO SANTO


Es el segundo día del Triduo Pascual y la Iglesia está en espera, junto al sepulcro, NO ES SÁBADO DE GLORIA, sino sábado santo de luto, también durante la mañana no hay misas, el altar sigue desnudo, hasta después de la Solemne Vigilia Pascual, en la que se inaugure la PASCUA con el misterio del TRIUNFO DE JESÚS SOBRE LA MUERTE, ES EL SÍMBOLO DE LA LUZ, EN ESTA VIGILA PASCUAL POR ASÍ DECIR CELEBRAMOS LA MISA MAYOR, LA MISA DE MISAS.






viernes, 3 de abril de 2026

Taller de imagineria religiosa San Juan de Dios.

 


VIERNES SANTO



VIERNES SANTO

Los cristianos estamos de luto, es uno de los días culminantes de la Semana Mayor, al recordarse la pasión, muerte de Jesucristo. Los fieles se acercan al templo a rezar el Viacrucis, a rezar las Siete Palabras y sobre todo a reflexionar sobre el significado de MUERTE DE CRISTO, este día no hay misa, es el único día que no se celebra el Sacrificio Eucarístico.









Acompañemos a Jesús.

"Te adoramos Cristo y te bendecimos porque por tu 

Santa Cruz, redimiste al mundo".



"Madre, ahí tienes a tu hijo, hijo ahí tienes a tu madre". 

Hasta en su momento de muerte, nos siguió regalando 

todo lo suyo. Que nuestra Buena Madre, siempre nos 

guíe y proteja.




jueves, 2 de abril de 2026

Jueves Santo, oremos por los sacerdotes.


Recuerden queridos sacerdotes que la vocación que han recibido y el camino a la santidad tienen cuatro pilares fundamentales: LA ORACIÓN, LA EUCARISTÍA, LA FIDELIDAD A LA IGLESIA Y LA CARIDAD.

JUEVES SANTO


JUEVES SANTO

Es el tiempo de demostrar la humildad y sencillez al prójimo como Jesús lo hizo al lavar los pies a sus discípulos, a tener una actitud de servicio, una conciencia clara de vivir el mandato del amor, y una acción de gracias por la Eucaristía y el Sacerdocio Ministerial; en este día los sacerdotes renuevan sus votos de vida para con la Iglesia. También se realiza la bendición de los óleos que se utilizarán en las ceremonias de bautismos, unción de los enfermos y ordenaciones sacerdotales.

También recordamos la traición de Judas, cuando lo entregó con un beso, y la oración en Huerto de Getsemaní, en donde se dio su prendimiento. Este día es de vigilia.





2 de abril fiesta de San Pedro Calungsod.




Catequista Laico y Mártir

Nació el 21 de julio de 1654. Era nativo de Bisayas, muy probablemente de lo que en la actualidad es la Provincia de Cebú (Filipinas).

Pedro Calungsod era un adolescente cuando salió de las Filipinas para las islas Ladrones en el Pacífico Oriental en 1668.

El jóven catequista era parte de un grupo de misioneros jesuitas que habían ido a traer a Cristo al pueblo Chamarro.

La vida era dura en las islas. Los víveres frecuentemente tardaban en llegarles y eran sujetos a tifones.

A pesar de las privaciones, Pedro y los misioneros tuvieron éxito evangelizando a la gente. Las islas cambiaron de nombre a Las Marianas en honor a la Virgen María.

No tardaron en circular rumores acerca del agua que usaban los misioneros para bautizar a los conversos. Decían que era venenosa, y como algunos bebes morían después de su bautismo, muchos creyeron en los rumores.

El 2 de Abril de 1672, Pedro y un sacerdote jesuita, el Padre Diego, bautizaron a un bebe sin el consentimiento del Padre. El Padre se enfureció y empezó a aventarle lanzas a Pedro.

El Padre Diego no le permitía a sus compañeros cargar armas así es que no pudieron defenderse. Pedro fue herido en el pecho y en la cabeza. 

El Padre Diego le dio una absolución sacramental y después a él mismo le dieron muerte. Los asesinos echaron los cadáveres al mar y los restos de estos mártires nunca se recobraron.

Al recibir las noticias, los compañeros de Pedro dijeron: "¡Joven afortunado! ¡Qué bien recompensados fueron sus cuatro años de servicio constante a Dios en esta misión tan difícil: ha ganado la primera entrada al cielo a nuestro superior, Padre Diego!".

Pedro era un buen joven, un catequista virtuoso, un asistente constante y un buen Católico cuya perseverancia en la fe hasta el martirio comprobó que era un buen soldado de Cristo.

El Padre Diego Luis de San Vítores fue beatificado en 1985. Quince años después, el 5 de marzo de 2000, su compañero Pedro Callungsod fue también beatificado por S.S. San Juan Pablo II.

El milagro para su canonizacion

El 19 de diciembre de 2011 la Santa Sede aprobó oficialmente el milagro aceptado por la Congregación para la Causa de los Santos, que no se dio en circunstancias confusas o remotas, sino en los quirófanos de un hospital de la ciudad filipina de Cebú en 2003.

Varios medios de comunicación afirman que la beneficiada por este milagro llevaba dos horas "clínicamente muerta" cuando el cirujano cardíaco rezó por ella pidiendo la intercesión del entonces Beato Pedro. Otros afirman que sufría "muerte cerebral". No hay un comunicado oficial de la Iglesia que haya difundido la naturaleza médica concreta del caso.


Los medios más detallistas citan al vicepostulador de la causa, Ildebrando Leyson, quien asegura que la mujer, una empresaria que ni siquiera había oído hablar nunca del beato, sufría un "coma de grado 3 en la escala Glasgow". 

El grado tres es el peor, el más bajo (no hay Glasgow 2 ni 1 ni 0), es el que se da cuando, tras un traumatismo cerebral, no se responde ni a estímulos auditivos, ni al dolor, ni a la luz en los ojos. La empresaria llevaba dos horas en este estado (que si no es la muerte es su antesala) a causa de un infarto de corazón.

Hoy está sana, alegre, trabaja en la ciudad de Leyte y piensa acudir a la canonización, según adelantó en el Cebu Daily News el cardenal y arzobispo emérito Ricardo Vidal, gran promotor del santo. Los médicos locales, como los de la comisión médica vaticana, no atribuyen su recuperación a la medicina ni a una causa conocida.

Canonizado el 21 de octubre de 2012 por el Papa Benedicto XVI.