El
catequista Isidoro Ngei Ko Lat
Es el
primer birmano en ser beatificado. No hay muchas noticias que se refieran a
este activo colaborador del P. Vergara, pero las cartas del P. Mario son
suficientes para hacernos una idea de este humilde, pero espléndida figura de
apóstol laico: una vida donada, al servicio del Evangelio y de los hermanos,
coronada con el martirio.
Bautizado
por el P. Domenico Pedrotti el 7 de septiembre de 1918 en Taw Pon Athet donde
había nacido. Isidoro pertenecía a una familia de agricultores, ya convertida
al catolicismo por el beato p. Paolo Manna. Pierde a los padres siendo
adolescente y se va a vivir con un hermanito a lo de una tía.
En el
curso de la investigación diocesana en la curia de Loikaw, una prima suya, que
vivía en el mismo pueblo, testimonia que desde chico Isidoro frecuentaba a los
misioneros e iba a menudo con ellos. Surge entonces el deseo de ser sacerdote y
entra en el seminario menor de Toungoo.
Antiguos
compañeros del seminario testimonian su celo y su seriedad. Es un joven simple,
honesto y humilde. Revela una exquisita sensibilidad religiosa y una alta
actitud para el estudio.
Pero a
causa de una salud delicada-sufre de asma bronquial- fue obligado a volver a su
familia. No puede realizar su sueño de ser sacerdote, pero permanece en él el
deseo de hacer algo para el Señor. Así que decide no casarse.
No es
todavía catequista, pero siempre está dispuesto a ayudar al catequista del
pueblo. En su viaje a Dorokhó abre una escuela privada gratuita, en el cual
enseña a los niños el birmano y el inglés, da también lecciones de catecismo,
música y canciones sagradas. Está en buenas relaciones con la gente y todos lo
quieren.
El
primer encuentro con el p. Vergara, que estaba siempre buscando catequistas,
sucedió en Leikthó. Era el año 1948. Isidoro acepta en seguida y con alegría la
invitación de desarrollar el servicio de catequista en Shadaw. Permanec junto
al misionero hasta el momento del martirio. Isidoro era también el intérprete
del P. Galastri que todavía no conocía bien la lengua local.
La
población de Shadaw estaba compuesta por campesinos analfabetas, cuya mayoría
había sido evangelizada por los bautistas, hostiles a los católicos. Isidoro,
si bien se movía entre miles de
dificultades, colaboraba activamente con el P. Vergara en la obra de elevación
cultural, social y religiosa de aquella gente.
Ya
antes del 24 de mayo de 1950, se registró y en diversas circunstancias acciones
intimidatorias contra los misioneros católicos por parte de una facción
fanática de bautistas.
Eran bandas armadas que tenían como jefe
militar al comandante Richmond y de parte religiosa al jefe de distrito Tiré.
También los catequistas, obrando en estrecho contacto con los misioneros
Vergara y Galastri, se convirtieron en blanco de la intolerancia de los
soldados rebeldes.
Fue
propio por causa de uno de estos catequistas, Giacomo Colei, que fue
encarcelado y se desarrolla la cuestión que llevará al martirio de Isidoro y
Vergara. De hecho, ambos temiendo por la vida de Cólei, deciden ir a ver al
jefe del distrito para pedirle la liberación. Pero probablemente era una trampa
preparada para suprimir a los apóstoles del Evangelio.
Éstos,
de hecho no encuentran a Tiré, sino que tienen que arreglárselas con Richmond,
que estaba enemistado con el jefe de distrito y odiaba a los misioneros.
Los
obispos de la Iglesia de Myanmar han definido la beatificación del P. Vergara y
de su catequista como: "un gran aliento para la entera comunidad católica
de Myanmar para vivir un fe más en conformidad con el Evangelio y a
testimoniarla con coraje y heroicamente, siguiendo el ejemplo del catequista
Isidoro que no dudó en dar su vida misma por el Evangelio junto al P.
Vergara".
El Padre
Mario Vergara.
Nació
en Frattamaggiore (Nápoles), diócesis de Aversa, el 18 de noviembre de 1910.
Ordenado sacerdote en el Pime el 28 de agosto de 1934, a fines de septiembre
parte para Birmania, destinado a la diócesis de Toungoo.
En 1935
se le confía el distrito de Citació en las montañas y florestas de los Sokú,
una de las tribus carianas. Atraviesa tiempos durísimos entre otras cosas por
la gran carestía causada por una multiplicación enorme de ratas.
Durante
la segunda guerra mundial, en 1941 el P. Vergara es internado, con todos los
misioneros italianos, en campos de concentración ingleses en India. Volverá a
Birmania sólo en 1946, fuertemente debilitado físicamente y arriesga la vida
después de la exportación de un riñón.
Se
ofrece generosamente al obispo de Toungoo, mons. Alfredo Lanfranconi, para la
apertura de un nuevo distrito entre los Carianos rojos en el este de Loikaw,
hacia el río Salween, con varios poblados para evangelizar.
Privado
de medios, hostilizado por los protestantes bautistas, estudia la lengua local,
soporta todo tipo de sacrificios, recorriendo largas distancias a pie, amando y
curando a todos, católicos, catecúmenos, paganos. Desde 1948 es ayudado por un
joven co-hermano el P. Pietro Galastri, de Partina (Arezzo), que construye
edificios útiles para la misión: escuela, iglesia, orfelinato y dispensario.
A
continuación de la independencia de Inglaterra (1948), inician los desórdenes y
la guerra civil entre gubernamentales y rebeldes carianos.
La
guerrilla era subvencionada por los protestantes bautistas, presentes entre los
carianos antes que los católicos llegasen y habían formado la elite de la
tribu. Los carianos querían la independencia del gobierno de Rangoon formado
por los birmanos, el pueblo budista mayoritario en Birmania.
El P.
Vergara condena la guerra y toma la defensa del pueblo oprimido por una guerra
que traía destrucción y muerte, sin ninguna posibilidad de obtener la
independencia y el reconocimiento internacional. Se atrae el odio de los
rebeldes por sus intervenciones de pacificación.
El 24
de mayo de 1950 el P. Vergara va al centro de Shadaw junto al maestro
catequista Isidoro, para convencer al jefe de distrito Tiré, para que libere al
otro catequista que había sido arrestado.
Se encuentra en cambio, frente al
jefe de los rebeldes Richmond el cual, después de haberlo sometido a un duro
interrogatorio, ordena el arresto del misionero y de Isidoro.
Después
de un largo camino por la floresta durante la noche, ambos son asesinados en
las orillas del río Salween, en el alba del 25 de mayo de 1950, con fucilazos
que se escucharon en el poblado cercano.
El P.
Pietro Galastri, capturado mientras rezaba con los huérfanos en la capilla de
la misión, después de un día de secuestro fue también asesinado y tirado en el
gran río. También el P. Galastri, no menos generoso y heroico del co-hermano,
merece ser beatificado.
Fueron
beatificados el 24 de mayo de 2014 en la Catedral de San Pablo, Aversa,
Caserta, Italia, presidiendo dicho acto el Cardenal Angelo Amato.






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