Nacido en
Linares (Jaén) en 1874 en el seno de una familia muy cristiana, Pedro José Luis
Francisco Javier Poveda Castroverde era el mayor de seis hermanos. De temprana
vocación sacerdotal, ingresa joven en el Seminario de Jaén, aunque por motivos
económicos se traslada con una beca al Seminario de Guadix (Granada). Compagina
los estudios eclesiásticos con los civiles. Fue ordenado sacerdote en 1897 y,
al tiempo que continúa sus estudios, da clases, atiende catequesis, predica
misiones populares, dirige a seminaristas.
Su preocupación por los niños que
vivían en las Cuevas de Guadix le lleva a fundar las Escuelas del Sagrado
Corazón, donde ofrece enseñanza gratuita, alimento y vestido a los más
necesitados de esta zona suburbial de la ciudad.
Allí, estudia la situación educativa de la España de principios de siglo,
pensando qué respuesta puede dar desde el humanismo cristiano para la educación
de los niños y la formación de los educadores en el momento histórico que le
toca vivir. Así, en 1911 funda en Oviedo la primera Academia de la Institución
Teresiana. En 1913 regresa a Jaén, donde conocerá a Josefa Segovia, quien será
su fiel colaboradora y cofundadora de la Institución.
En 1921 las Academias,
Centros de formación de educadores, cuyo campo principal de actuación será la
escuela pública, estaban en doce poblaciones de importancia. En 1917 la
Institución Teresiana obtiene la aprobación eclesiástica y civil en Jaén, y en
1924 la aprobación pontificia como Pía Unión.
El Padre
Poveda se traslada a Madrid en 1921, al ser nombrado Capellán de la Casa Real.
Sigue trabajando en la consolidación y expansión de la Institución Teresiana,
participa en la fundación de la FAE (Federación de Amigos de la Enseñanza), y
colabora con proyectos e instituciones a favor del profesorado católico. El 27
de julio de 1936 es detenido en su casa de Madrid. Muere mártir, como sacerdote
de Jesucristo, el 28 de julio de 1936.
¿Cuáles son
los rasgos personales del Padre Poveda?
Convencido
de que la fuerza del Evangelio puede transformar la realidad, se preocupa por
la formación de la persona humana y promueve la educación como medio de
transformación social.
Su contacto con realidades de pobreza, hambre,
enfermedad, paro, e injusticia, en su infancia, le lleva a luchar contra ello y
a trabajar por la dignidad humana mediante la formación de las clases
populares; confía en la capacidad de la juventud para transformar el mundo;
reclama y promueve la presencia de la mujer en el campo de la educación, de la
ciencia, de la investigación. Le preocupa la actualización pedagógica del
profesorado, la asociación profesional de los maestros y su promoción social,
así como su compromiso con la realidad desde su ser creyente.
Humanista y
pedagogo, educador de educadores, impulsor del laicado, maestro de oración, hombre
de paz, audaz y solidario con los más desfavorecidos, creyó que la renovación
de la educación, de la cultura y de las relaciones entre los hombres, eran
posibles desde la fe.
Sacrificado
y paciente, manso y humilde, sencillo, afable y respetuoso, de fino sentido del
humor y gran fortaleza interior. Con una entrega entusiasta a Dios, gran
devoción a la Virgen, y filial amor a la Iglesia. Austero para sí y tolerante
con todo excepto con el pecado. El trabajo, la oración, el estudio, el amor
entregado a los demás, el hacer la voluntad de Dios, fueron constantes en su
vida. Poveda es ante todo sacerdote y apóstol de Jesucristo.
Y la Eucaristía,
el centro de su existir. Testigo fiel, acaba dando la vida en testimonio de su
fe. Su grandeza se basa en la coherencia de su vida con el Evangelio, en la
intuición de los signos de su tiempo y en la radicalidad de su entrega a Dios,
a los hombres y al mundo que le tocó vivir.
Fue
beatificado por S.S. Juan Pablo II el 10 de octubre de 1993 y canonizado el 4
de mayo de 2003.






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