lunes, 25 de marzo de 2019

25 de marzo fiesta de la Anunciación del Ángel a María Santísima.





Se llama "anunciación" a la visita del Arcángel Gabriel, enviado por Dios a la Virgen María para pedirle que sea la Madre del Verbo por la gracia del Espíritu Santo. Ella, conciente de su dignidad y al mismo tiempo su pequeñez, consintió entregándose sin reservas a la voluntad de Dios. El "Sí" de María Santísima abre el camino a la Encarnación que ocurre en ese momento. En ese instante el Verbo se hizo carne. Dios eterno vino a habitar en ella asumiendo la naturaleza humana.

Celebramos la Anunciación el 25 de Marzo por ser 9 meses antes de la Navidad (Nacimiento del Señor)

María Santísima un 25 de marzo le dijo a Bernardita en Lourdes: "Yo soy la Inmaculada Concepción".

Recordamos la anunciación:

Rezando el Angelus, al mediodía.
Rezando el primer misterio gozoso del Rosario
Celebrando el día del niño por nacer.
El día de la Anunciación el Verbo se hizo carne; La Segunda Persona de la Trinidad asumió la naturaleza humana y comenzó a vivir en el vientre de María Santísima.

Gracias al «sí» de Cristo y de María, Dios pudo asumir un rostro de hombre.
La Anunciación, narrada al inicio del Evangelio de san Lucas, es un acontecimiento humilde, escondido (nadie lo vio, sólo lo presenció María)  pero al mismo tiempo decisivo para la historia de la humanidad. Cuando la Virgen pronunció su «sí» al anuncio del ángel, Jesús fue concebido y con Él comenzó la nueva era de la historia, que después sería sancionada en la Pascua como «nueva y eterna Alianza».

En realidad, el «sí» de María es el reflejo perfecto del «sí» de Cristo, cuando entró en el mundo, como escribe la Carta a los Hebreos interpretando el Salmo 39: «¡He aquí que vengo - pues de mí está escrito en el rollo del libro - a hacer, oh Dios, tu voluntad!» (10, 7). La obediencia del Hijo se refleja en la obediencia de la Madre y de este modo, gracias al encuentro de estos dos «síes», Dios ha podido asumir un rostro de hombre. Por este motivo la Anunciación es también una fiesta cristológica, pues celebra un misterio central de Cristo: su Encarnación.

«He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra». La respuesta de María al ángel continúa en la Iglesia, llamada a hacer presente a Cristo en la historia, ofreciendo su propia disponibilidad para que Dios siga visitando a la humanidad con su misericordia.

El «sí» de Jesús y de María se renueva de este modo en el «sí» de los santos, especialmente de los mártires, que son asesinados a causa del Evangelio. Son «esperanza para el mundo», pues testimonian que el amor de Cristo es más fuerte que la violencia y el odio. No han buscado el martirio, pero han estado dispuestos a dar la vida para ser fieles al Evangelio. El martirio cristiano sólo se justifica como supremo acto de amor a Dios y a los hermanos.

En este período de Cuaresma contemplamos más frecuentemente a la Virgen que en el Calvario sella el «sí» pronunciado en Nazaret. Unida a Jesús, testigo del amor del Padre, María vivió el martirio del alma. Invoquemos con confianza su intercesión para que la Iglesia, fiel a su misión, dé al mundo entero testimonio valiente del amor de Dios.




domingo, 24 de marzo de 2019

24 de marzo fiesta de San Oscar Arnulfo Romero y Galdámez.



Los teólogos de la liberación visitaban a Monseñor Oscar Romero y le dejaban sus libros, pero nunca los abrió, él estaba adherido a la doctrina de la Iglesia, afirmó Monseñor Jesús Delgado, secretario del beato, quien indicó además que el entonces Arzobispo de San Salvador “se vio jalado de un lado y de otro”, pues también la “izquierda” lo amenazó de muerte.


Nació el 15 de agosto de 1917 en Ciudad Barrios, Departamento de San Miguel en El Salvador.

Su padre era telegrafista y su madre de oficios domésticos. Al terminar sus estudios básicos se dedicó al aprendizaje de carpintería y a la música.


En 1930 y a los trece años de edad, que Oscar recibió su llamada al servicio de Dios. Ingresó al seminario menor en San Miguel y luego, en 1937, se mudó a Roma donde terminó sus estudios teológicos en la Universidad Gregoriana el 4 de abril de 1942.

Regresó a El Salvador en 1943, a su natal San Miguel y el obispo le confió la parroquia de Anamorós, un pueblo cerca de San Miguel donde se venera la patrona de El Salvador, Nuestra Señora de la Paz.

Monseñor Oscar Arnulfo Romero En 1966, es nombrado Secretario de la Conferencia de Obispos en El Salvador, cargo en el cual permanece por once años más. Durante este tiempo, Oscar difundió centenares de sermones emotivos y espirituales a través de la radio a lo largo y ancho del país, ganándose así el respeto de la comunidad católica.

En 1970, Oscar es nombrado Obispo y ejerce al lado del entonces Arzobispo de San Salvador, Monseñor Chávez y González. También desempeñó su oficio en 1974, en la parroquia de Santiago de María, en el Departamento de Usulután.

El 3 de febrero de 1977, la Iglesia Católica en el Vaticano bajo el mando de Pablo VI, le concedió el título de Arzobispo de San Salvador, sólo unas semanas antes de las elecciones presidenciales que trajeron al General Carlos Humberto Romero a la presidencia de la república.





Sangre, tortura y persecuciones enmarcan los tres años que sirvió como Obispo de San Salvador Durante la guerra civil de este país que daba comienzo en 1979, Monseñor Romero se convirtió en la “voz de los sin voz” y en “el pastor del rebaño que Dios le había confiado” por su férrea defensa de los derechos de los pobres y marginados.

Tras el asesinato de su colega y buen amigo, el sacerdote Rutilio Grande, Monseñor Romero cita las enseñanzas de su Papa favorito, Pío XI: “La misión de la Iglesia no es desde luego política, pero cuando la política toca el altar, la Iglesia defiende el altar.”
Es por esto que Monseñor intervino en el conflicto social que estaba destruyendo a su país y a su gente.


Monseñor Romero recurrió a las palabras de San Agustín y Santo Tomás para justificar a quien se levanta contra las leyes opresoras.

La defensa de los pobres siempre fue su criterio para juzgar la política. Monseñor Romero, luego de luchar por los derechos humanos de los pobres y de los oprimidos por el gobierno, cae asesinado por un certero disparo de calibre 25 directo al corazón, el 24 de marzo de 1980, mientras celebraba una misa en la capilla del Hospital de la Divina Providencia en San Salvador.

Para muchos, la imagen de Monseñor Romero es el símbolo religioso más grande del país y, desde su asesinato, su legado ha traspasado fronteras y se ha convertido en un símbolo universal de la justicia y de la paz.


Su proceso de beatificación y canonización se inició el 24 de marzo de 1994 a cargo del sacerdote Rafael Urrutia, párroco de la misma capilla donde Monseñor fue asesinado. Ahora le conocen como “El Profeta y Mártir de la Américas”. Está enterrado en la Catedral Metropolitana de San Salvador.


Fue beatificado por el Papa Francisco, el 23 de mayo de 2015 en la capital de El Salvador y canonizado el 14 de octubre del año 2018 por el mismo Papa Francisco.


sábado, 23 de marzo de 2019

23 de marzo fiesta de Santa Rafqa (Rebeca).


INFANCIA Y JUVENTUD

 Nació en Himlaya a 30 km de Beirut y a 5 km de Bikfaya, el 28 de junio 1832, en la vigilia de San Pedro y San Pablo, y fue nombrada Petra.

 Murió su madre, Rafqa, cuando ella tenía siete años. Su Padre, Murad, la envió a Damasco a la casa de unos amigos, la familia EL-Badwi.

 Volvió al Líbano a la edad de 14 años y encontró que su padre había vuelto a casarse.

VOCACIÓN MONÁSTICA

EN LA CONGREGACIÓN DE LAS MARIAMITAS

 Ayudada por el cura Joseph El-Gemayel entró en la congregación de Las Mariamitas en Bikfaya (4/5/1859) y ya, siendo monja (19/3/1862), se encargo de la cocina en el seminario de Ghazir. Enseñó por un año en el Deir El Qamar. Enseñó por un año en Byblos, y siete años en el pueblo de Maad (1864-1871) en la región de Byblos.

Decidió fusionar su congregación las Mariamitas con la del Sagrado Corazón, en una sola congregación llamada “Los Sagrados Corazones”, (agosto de 1871) ; estuvo en la Iglesia de San-George, en Maad, rezando y pidiéndole al Señor que la orientara hacia el buen camino.

RAFQA: MONJA LIBANESA MARONITA

 La misma noche, vio en sueños a tres hombres: Un monje que tenía la barba blanca y un bastón en la mano, un soldado vestido de militar y un anciano.

 El monje se le acercó y tocándola con su bastón le dijo: “Entra en la Orden de Las Libanesas Maronitas” (Baladitas).

EN EL MONASTERIO DE SAN SIMÓN AL-QARN AYTOU

 Al día siguiente muy contenta se dirigió al monasterio de San Simón en Aytou, al norte del Líbano, en donde hizo un año de noviciado.

 Se convirtió en novicia a los 39 años de edad el 12 de Julio de 1871, y se llamó como su madre, Rafqa. El 25 de Agosto de 1872 tomó el velo.

INICIO DE LOS SUFRIMIENTOS

 El primer domingo de octubre de 1885, fiesta del Santo Rosario. Rafqa rezaba delante del Santísimo Sacramento dirigiéndose al Señor: “¿Por qué Dios mío te alejaste de mí y me abandonaste? ¿Por qué no me has visitado con una enfermedad? ¿Te habrás olvidado de tu esclava?”.

 Esa misma noche cuando se disponía a dormir sintió un tremendo dolor de cabeza que se prolongaba hasta los ojos. Un médico en Tripoli, le hizo una punción introduciéndole una sonda de un oído a otro.

 Y Rafqa  repetía : “ En comunión con los sufrimientos de Cristo”.

 Un médico americano en Byblos opinó que era necesaria una operación en el ojo derecho. Y ella rechazó que la anestesiaran. Pero cuando la estaban operando el médico le arrancó el ojo y éste cayó palpitante delante de ella, y Rafqa decía: “¡Con la pasión de Cristo! ¡Qué Dios bendiga sus manos! ¡Qué Dios lo recompense!”. En ese momento sintió como chispas que le brotaban de los ojos y un dolor tan intenso como si la tierra girara a su alrededor.

 Un médico militar en Batroun habiéndola examinado dijo: “El dolor de ojos que esta pobre monja padece es indescriptible y es imposible su curación ya que le afectó el nervio óptico”.

 Cuando el dolor se agudizaba ella repetía: “¡Por la gloria de Dios, la comunión con la pasión de Cristo… con la corona de espinas en tu cabeza! Oh mi Señor!”

FUNDACIÓN DEL MONASTERIO DE SAN JOSÉ JRABTA- BATROUN

 En el monasterio de San Simón el Qarn, la hermana Úrsula DOUMIT, originaria de Maad se enfermó de reumatismo articular y los médicos le prescribieron que viviera en el litoral.

 La hermana Úrsula, tenía un hermano el padre Ignació que fundó un monasterio para los monjes en Jrabta, en el distrito de Batroun; el cura Jean BASBOUS, donó sus terrenos para la realización de este proyecto.

 El 3 Noviembre de 1817, el patriarca Jean EL-HAGE autorizó la transferencia de seis monjas quienes querían vivir una vida en comunidad bajo la protección de San José, del monasterio de San Simón el Qarn al nuevo monasterio de San José el Dahr, Jrabta. Una de ellas era la hermana Rafqa. Las hermanas estaban muy unidas a ella (como las hijas a su madre) en la prosperidad que ellas esperaban para su nuevo monasterio, gracias a sus rezos y a los buenos ejemplos que ella daba a las monjas.

 Al cabo de dos años de la llegada al monasterio San José, quedó Rafqa totalmente ciega; después de la ceguera le vino un dolor atroz en los dedos de los pies, cuyas articulaciones se dislocaron por lo que tuvo que guardar cama. Se le descoyuntó la cadera derecha, y los huesos salidos de su cavidad se hundieron y se perdieron en el cuerpo. Y lo mismo pasó con la rótula y la rodilla derecha.

 La cadera y la pierna izquierda se desencajaron también y los huesos salidos le desgarraron la piel. Se le abrió una enorme cavidad en el omóplato izquierdo. La clavícula derecha también le rasgó la piel. El hombro y el brazo se le paralizaron, y se le hizo un hoyo profundo entre los hombros, provocándole una herida que sangró durante cinco años. Le quedó el cuerpo enjuto y tieso, se adelgazó a tal punto que parecía un esqueleto descarnado, con todos los miembros dislocados y desarticulados, no tenía ningún miembro sano excepto las articulaciones de las manos, las cuales utilizaba para tejer calcetines de lana...

 Según la opinión de los médicos, Rafqa padecía de  tuberculosis osteo-articular, que la dejó por siete años en cama, acostada solamente del lado derecho sin que su hombro tocara las sábanas, con la cabeza apoyada en la almohada.

 Cuando tenían que ordenar su cama, o llevarla a la Iglesia, se necesitaban cuarto monjas. La cargaban con precaución en la sábana, no se atrevían a ponerla en el suelo por temor a que sus miembros se separaran o se desmoronaran.

ALGUNOS HECHOS IMPORTANTES

1. Rafqa paralizada se arrastra sola hasta la Iglesia.

 Era la mañana del jueves en la fiesta del Santísimo Sacramento, que Rafqa le dijo a su superiora: Si pudiera asistir a la misa, en este día de tan noble fiesta, las hermanas trataron de llevarla asiendo las cuatro puntas de la sábana, pero al tratar de levantarla le dolió la cadera izquierda, entonces la dejaron en su cama.

 Cuando la misa empezó y las monjas estaban en el oratorio, ¡Rafqa entró arrastrándose en la Iglesia! Las monjas se sorprendieron y se emocionaron, la superiora se levantó para ayudarla pero Rafqa le hizo una seña con la cabeza que la dejara entrar sola. Cuando entró la sentaron en un cojín.

 Más tarde la madre superiora le preguntó: “¿Cómo pudiste ir a la Iglesia?” Rafqa respondió: “No sé nada; le pedí a Jesús que me ayudara, y de repente sentí que los pies se resbalaban de la cama, pude bajarme y me pude arrastrar hasta la Iglesia”.

2. Recupera la vista por una hora

 Un día la madre Úrsula DOUMIT le preguntó a la hermana Rafqa:

- ¿No desearías ver nuestro nuevo monasterio y sus alrededores como la montaña el bosque y la belleza?
- Si, desearía la vista al menos una hora para verle.
- ¿Una hora solamente y volver a estar ciega?
- Si.
 
 Al momento, se le resplandeció la cara a Rafqa y dijo sonriente:

- ¡Veo! ¡Bendito sea Dios!
- ¿Qué hay encima de este armario? (preguntó la superiora, queriendo asegurarse).

 Y Rafqa volteando la cara sobre el armario dijo:

- La santa Biblia y el prefacio y señalaba las diferentes manchas que había en su cubrecama.


 Rafqa decía siempre: “Mis hermanas, no olviden la sexta herida de Cristo; la herida de su hombro, esta herida fue muy dolorosa porque cargaba la cruz de nuestros pecados”.

 Rafqa rezaba día y noche, y todos los días seis veces el Padre Nuestro y el Ave María por las seis heridas de Jesús, (la sexta era la herida del hombro de Jesús). Rafqa prefería a Dios sobre todas las cosas, por Él ella sufrió.

 Ella, decía a las monjas: “Mis hermanas hagan comunión espiritual cuanto puedan aunque sean hasta mil al día’” Tenía una gran devoción por la Santa Virgen María. Era dulce, calmada y siempre apacible, tenía un corazón simple.

 Rafqa explicaba las reglas y las virtudes monásticas a sus hermanas y enseñaba a las novicias las oraciones del breviario en arameo porque tenía una hermosa voz. Consolaba a la hermana triste, y pedía perdón en lugar de la hermana culpable o castigada. Su figura reflejaba la dulzura y la humildad.

 Una vez le dijo a la hermana Marina, (que la curaba): “Mi hermana, ¿ te lavaste los pies ?, No, le respondió ella. Rafqa le replicó: Hazlo con el fin de que yo beba esa agua,  porque te he hecho sufrir durante 27 años. Tú me has curado y me has servido y yo he sido incapaz de agradecerte o de pagarte y sería muy poco si bebiera del agua en la que tú te lavaras los pies como muestra de mi gratitud”.

3. Muerte de Rafqa

 Rafqa vivió 82 años, de los cuales fueron 29 de sufrimientos, y profundo amor a Cristo.

 El 22 de marzo de 1914, Rafqa le dijo a su superiora:”Me gustaría despedirme de mis hermanas y oír sus voces antes de morir”.
 
 La mañana del 23 de marzo de 1914, pidió la Santa Comunión diciendo: “Déjenme llevar conmigo mi provisión”. Y sus últimas palabras fueron: “Oh Jesús! Oh María! Oh San José! les entrego mi corazón y mi alma; entre sus manos pongo mi espíritu”.

 La enterraron en el cementerio del convento, desde allá, salió una fuerte luz proveniente de su tumba durante tres días consecutivos.

 Dios por su intercesión hizo multitud de milagros y la tierra de su tumba se convirtió en un manantial de gracia, bendiciones y curaciones para todos los creyentes.




martes, 19 de marzo de 2019

19 de marzo fiesta de SAN JOSÉ.



Modelo de padre y esposo, patrón de la Iglesia universal, de los trabajadores, de infinidad de comunidades religiosas y de la buena muerte.

A San José Dios le encomendó la inmensa responsabilidad y privilegio de ser esposo de la Virgen María y custodio de la Sagrada Familia. Es por eso el santo que más cerca esta de Jesús y de la Santísima Virgen María.

Nuestro Señor fue llamado "hijo de José" (Juan 1:45; 6:42; Lucas 4:22) el carpintero (Mateo 12:55).
 
No era padre natural de Jesús (quién fue engendrado en el vientre virginal de la Santísima Virgen María por obra del Espíritu Santo y es Hijo de Dios), pero José lo adoptó y Jesús se sometió a el como un buen hijo ante su padre. ¡Cuánto influenció José en el desarrollo humano del niño Jesús! ¡Qué perfecta unión existió en su ejemplar matrimonio con María!

San José es llamado el "Santo del silencio" No conocemos palabras expresadas por él, tan solo conocemos sus obras, sus actos de fe, amor y de protección como padre responsable del bienestar de su amadísima esposa y de su excepcional Hijo. José fue "santo" desde antes de los desposorios. Un "escogido" de Dios. Desde el principio recibió la gracia de discernir los mandatos del Señor.

Las principales fuentes de información sobre la vida de San José son los primeros capítulos del evangelio de Mateo y de Lucas. Son al mismo tiempo las únicas fuentes seguras por ser parte de la Revelación.

San Mateo (1:16) llama a San José el hijo de Jacob; según San Lucas (3:23), su padre era Heli.  Probablemente nació en Belén, la ciudad de David del que era descendiente. Pero al comienzo de la historia de los Evangelios (poco antes de la Anunciación), San José vivía en Nazaret.

Según San Mateo 13:55 y Marcos 6:3, San José era un "tekton". La palabra significa en particular que era carpintero. San Justino lo confirma, y la tradición ha aceptado esta interpretación.

Si el matrimonio de San José con La Santísima Virgen ocurrió antes o después de la Encarnación aun es discutido por los exegetas. La mayoría de los comentadores, siguiendo a Santo Tomás, opinan que en la Anunciación, la Virgen María estaba solo prometida a José.  Santo Tomás observa que esta interpretación encaja mejor con los datos bíblicos.

Los hombres por lo general se casaban muy jóvenes y San José tendría quizás de 18 a 20 años de edad cuando se desposó con María. Era un joven justo, casto, honesto, humilde carpintero...ejemplo para todos nosotros.

La literatura apócrifa, (especialmente el "Evangelio de Santiago", el "Pseudo Mateo" y el "Evangelio de la Natividad de la Virgen María", "La Historia de San José el Carpintero", y la "Vida de la Virgen y la Muerte de San José) provee muchos detalles pero estos libros no están dentro del canon de las Sagradas Escrituras y no son confiables.

Amor virginal

Algunos libros apócrifos cuentan que San José era un viudo de noventa años de edad cuando se casó con la Stma. Virgen María quien tendría entre 12 a 14 años. Estas historias no tienen validez y San Jerónimo las llama "sueños". Sin embargo han dado pie a muchas representaciones artísticas. La razón de pretender un San José tan mayor quizás responde a la dificultad de una relación virginal entre dos jóvenes esposos. Esta dificultad responde a la naturaleza caída, pero se vence con la gracia de Dios. Ambos recibieron extraordinarias gracias a las que siempre supieron corresponder. En la relación esposal de San José y la Virgen María tenemos un ejemplo para todo matrimonio.  Nos enseña que el fundamento de la unión conyugal está en la comunión de corazones en el amor divino. Para los esposos, la unión de cuerpos debe ser una expresión de ese amor y por ende un don de Dios.  San José y María Santísima, sin embargo, permanecieron vírgenes por razón de su privilegiada misión en relación a Jesús.  La virginidad, como donación total a Dios, nunca es una carencia; abre las puertas para comunicar el amor divino en la forma mas pura y sublime. Dios habitaba siempre en aquellos corazones puros y ellos compartían entre sí los frutos del amor que recibían de Dios.

El matrimonio fue auténtico, pero al mismo tiempo, según San Agustín y otros, los esposos tenían la intención de permanecer en el estado virginal.

Pronto la fe de San José fue probada con el misterioso embarazo de María. No conociendo el misterio de la Encarnación y no queriendo exponerla al repudio y su posible condena a lapidación, pensaba retirarse cuando el ángel del Señor se le apareció en sueño:

"Su marido José, como era justo y no quería ponerla en evidencia, resolvió repudiarla en secreto. Así lo tenía planeado, cuando el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: «José, hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer porque lo engendrado en ella es del Espíritu Santo. Despertado José del sueño, hizo como el Angel del Señor le había mandado, y tomó consigo a su mujer." (Mat. 1:19-20, 24).

Unos meses mas tarde, llegó el momento para S. José y  María de partir hacia Belén para apadrinarse según el decreto de Cesar Augustus. Esto vino en muy difícil momento ya que ella estaba en cinta. (cf. Lucas 2:1-7).
 
En Belén tuvo que sufrir con La Virgen la carencia de albergue hasta tener que tomar refugio en un establo. Allí nació el hijo de la Virgen. El atendía a los dos como si fuese el verdadero padre. Cual sería su estado de admiración a la llegada de los pastores, los ángeles y mas tarde los magos de Oriente. Referente a la Presentación de Jesús en el Templo, San Lucas nos dice: "Su padre y su madre estaban admirados de lo que se decía de él".(Lucas 2:33).

Después de la visita de los magos de Oriente, Herodes el tirano, lleno de envidia y obsesionado con su poder, quiso matar al niño. San José escuchó el mensaje de Dios transmitido por un ángel: «Levántate, toma contigo al niño y a su madre y huye a Egipto; y estate allí hasta que yo te diga. Porque Herodes va a buscar al niño para matarle.» Mateo 2:13.  San José obedeció y tomo responsabilidad por la familia que Dios le había confiado.

San José tuvo que vivir unos años con la Virgen y el Niño en el exilio de Egipto.   Esto representaba dificultades muy grandes: la Sagrada familia, siendo extranjera, no hablaba el idioma, no tenían el apoyo de familiares o amigos, serían víctimas de prejuicios, dificultades para encontrar empleo y la consecuente pobreza. San José aceptó todo eso por amor sin exigir nada.

Una vez mas por medio del ángel del Señor, supo de la muerte de Herodes: "«Levántate, toma contigo al niño y a su madre, y ponte en camino de la tierra de Israel; pues ya han muerto los que buscaban la vida del niño.»  El se levantó, tomó consigo al niño y a su madre, y entró en tierra de Israel.  Pero al enterarse de que Arquelao reinaba en Judea en lugar de su padre Herodes, tuvo miedo de ir allí; y avisado en sueños, se retiró a la región de Galilea". Mateo 2:22.
Fue así que la Sagrada Familia regresó a Nazaret. Desde entonces el único evento que conocemos relacionado con San José es la "pérdida" de Jesús al regreso de la anual peregrinación a Jerusalén (cf. Lucas 2, 42-51).  San José y la Virgen lo buscaban por tres angustiosos días hasta encontrarlo en el Templo.  Dios quiso que este santo varón nos diera ejemplo de humildad en la vida escondida de su sagrada familia y su taller de carpintería.

Lo más probable es que San José haya muerto antes del comienzo de la vida pública de Jesús ya que no estaba presente en las bodas de Canaá ni se habla mas de él. De estar vivo, San José hubiese estado sin duda al pie de la Cruz con María. La entrega que hace Jesús de su Madre a San Juan da también a entender que ya San José estaba muerto.
Según San Epifanius, San José murió en sus 90 años y la Venerable Bede dice que fue enterrado en el Valle de Josafat. Pero estas historias son dudosas.

La devoción a San José se fundamenta en que este hombre "justo" fue escogido por Dios para ser el esposo de María Santísima y hacer las veces de padre de Jesús en la tierra.  Durante los primeros siglos de la Iglesia la veneración se dirigía principalmente a los mártires. Quizás se veneraba poco a San José para enfatizar la paternidad divina de Jesús. Pero, así todo, los Padres (San Agustín, San Jerónimo y San Juan Crisóstomo, entre otros), ya nos hablan de San José.  Según San Callistus, esta devoción comenzó en el Oriente donde existe desde el siglo IV, relata también que la gran basílica construida en Belén por Santa Elena había un hermoso oratorio dedicado a nuestro santo.

San Pedro Crisólogo: "José fue un hombre perfecto, que posee todo género de virtudes" El nombre de José en hebreo significa "el que va en aumento. "Y así se desarrollaba el carácter de José, crecía "de virtud en virtud" hasta llegar a una excelsa santidad.
En el Occidente, referencias a (Nutritor Domini) San José aparecen  en el siglo IX en martirologios locales y en el 1129 aparece en Bologna la primera iglesia a él dedicada.  Algunos santos del siglo XII comenzaron a popularizar la devoción a San José entre ellos se destacaron San Bernardo, Santo Tomás de Aquino, Santa Gertrudiz y Santa Brígida de Suecia. Según Benito XIV (De Serv. Dei beatif., I, iv, n. 11; xx, n. 17), "La opinión general de los conocedores es que los Padres del Carmelo fueron los primeros en importar del Oriente al Occidente la laudable práctica de ofrecerle pleno culto a San José".

En el siglo XV, merecen particular mención como devotos de San José los santos Vicente Ferrer (m. 1419), Pedro d`Ailli (m. 1420), Bernadino de Siena (m. 1444) y Jehan Gerson (m. 1429).  Finalmente, durante el pontificado de Sixto IV (1471 - 84), San José se introdujo en el calendario Romano en el 19 de Marzo. Desde entonces su devoción ha seguido creciendo en popularidad.  En 1621 Gregorio XV la elevó a fiesta de obligación. Benedicto XIII introdujo a San José en la letanía de los santos en 1726.

San Bernardino de Siena  "... siendo María la dispensadora de las gracias que Dios concede a los hombres, ¿con cuánta profusión no es de creer que enriqueciese de ella a su esposo San José, a quién tanto amaba, y del que era respectivamente amada? " Y así, José crecía en virtud y en amor para su esposa y su Hijo, a quién cargaba en brazos en los principios, luego enseñó su oficio y con quién convivió durante treinta años.

Los franciscanos fueron los primeros en tener la fiesta de los desposorios de La Virgen con San José. Santa Teresa tenía una gran devoción a San José y la afianzó en la reforma carmelita poniéndolo en 1621 como patrono, y en 1689 se les permitió celebrar la fiesta de su Patronato en el tercer domingo de Pascua. Esta fiesta eventualmente se extendió por todo el reino español. La devoción a San José se arraigo entre los obreros durante el siglo XIX.  El crecimiento de popularidad movió a Pío IX, el mismo un gran devoto, a extender a la Iglesia universal la fiesta del Patronato (1847) y en diciembre del 1870 lo declaró Santo Patriarca, patrón de la Iglesia Católica. San Leo XIII y Pío X fueron también devotos de San José. Este últimos aprobó en 1909 una letanía en honor a San José.

Santa Teresa de Jesús   "Tomé por abogado y señor al glorioso San José." Isabel de la Cruz, monja carmelita, comenta sobre Santa Teresa: "era particularmente devota de San José y he oído decir se le apareció muchas veces y andaba a su lado."

"No me acuerdo hasta ahora haberle suplicado cosa que la haya dejado de hacer. Es cosa que espanta las grandes mercedes que me ha hecho Dios por medio de este bienaventurado santo...No he conocido persona que de veras le sea devota que no la vea mas aprovechada en virtud, porque aprovecha en gran manera a las almas que a El se encomiendan...Solo pido por amor de Dios que lo pruebe quien no le creyere y vera por experiencia el gran bien que es encomendarse a este glorioso patriarca y tenerle devoción..." - Santa Teresa.

San Alfonso María de Ligorio nos hace reflexionar: "¿Cuánto no es también de creer aumentase la santidad de José el trato familiar que tuvo con Jesucristo en el tiempo que vivieron juntos?" José durante esos treinta años fue el mejor amigo, el compañero de trabajo con quién Jesús conversaba y oraba. José escuchaba las palabras de Vida Eterna de Jesús, observaba su ejemplo de perfecta humildad, de paciencia, y de obediencia, aceptaba siempre la ayuda servicial de Jesús en los quehaceres y responsabilidades diarios. Por todo esto, no podemos dudar que mientras José vivió en la compañía de Jesús, creció tanto en méritos y santificación que aventajó a todos los santos.