sábado, 18 de mayo de 2019

18 de mayo fiesta de San Leonardo Murialdo.




San Leonardo Murialdo nació en Turín, el 26 de octubre de 1828, siendo el menor de ocho hermanos de un hogar profundamente católico. Su padre, Leonardo Franquino Murialdo era un hombre acaudalado que le dio a sus hijos una buena educación y su madre, Teresa Rho, una aplicada ama de casa, que veló por su moral y religiosidad.

El llamado de Dios

Cuando Leonardo tenía 5 años falleció su padre. En el Colegio de Padres Escolapios de Savona, donde lo había enviado su madre, debió soportar las burlas y el desprecio de sus compañeros que veían con malos ojos su capacidad para el estudio, sus costumbres piadosas y su entrega a la oración. A los 14 años decidió cambiar su conducta y sumarse a los más revoltosos, para evitar los malos tratos de que era objeto, hecho que le provocó una profunda crisis de ánimo, crisis que hizo eclosión en 1843, cuando, avergonzado por su proceder, realizó una confesión general, experiencia maravillosa según sus palabras, que lo llevó a consagrarse a Dios.
 
Ingreso al Seminario

A los 15 años Leonardo quedó impresionado por el sermón que su sacerdote pronunció en cierta ocasión en la parroquia de San Dalmaso. Fue ahí que decidió ser religioso, ingresando poco después a la Universidad de Turín, para estudiar Teología. En 1850 obtuvo su título y el 21 de septiembre de 1851, Monseñor Ferré, Arzobispo de Turín, lo ordenó sacerdote, oficiando su primera misa en San Dalmaso, al día siguiente. Poco después falleció su madre por una prolongada enfermedad.

A imagen de Don Bosco

Mientras hacía el seminario, el joven Leonardo acudía al Oratorio de San Luis, para ayudar a San Juan Bosco en la educación de los niños, apostolado que le serviría de adiestramiento para las obras que estaba a punto de emprender. Trabaja además con los niños de la calle, tan abundantes entonces, a quienes atraía desde las orillas del río Po, al son de sus campanillas. Se acercó también a los presos, a los deshollinadores y a los pequeños obreros, para inculcarles las enseñanzas de la Iglesia, instándolos a estudiar, a tener una profesión, a capacitarse, a confesarse y concurrir a misa. Su prédica tuvo éxito porque al cabo de un tiempo, legiones de adolescentes y pequeños se acercaban a los talleres para aprender y a los templos para orar.

Pese a ello, Leonardo no ingresó en la orden salesiana porque tenía en mente otros proyectos, muy similares a los que había puesto en marcha el gran santo de Valdocco.

El Colegio de los Artesanitos

Ya ordenado, Leonardo viajó a París para estudiar Teología y Moral en el célebre seminario de San Suplicio. De regreso en Turín, en 1866, fue designado rector del Colegio de los Artesanitos fundado por el padre Juan Cocchi, otra institución dedicada a la educación de niños pobres y huérfanos, a cuyo frente estuvo 34 años, atento a las necesidades de los carenciados.
Había en Turín quienes criticaban la obra de Don Cocchi por considerar su caridad poco prudente y no muy sabia. ¿Por qué? Pues, porque en sus casas se acogía a alumnos e individuos de pésima conducta que perjudicaban a sus semejantes con sus malos ejemplos; porque recomendaba a ese tipo de gente a otros institutos o a los superiores de otras diócesis; porque tenía amistad con hombres poco religiosos, y porque en una época de su vida, en los agitados años cuarenta, llegó a fraternizar con judíos.

Sin embargo, a todo ello puso remedio Leonardo, disciplinando a los díscolos, rescatando de la calle y la delincuencia a miles de almas y afrontando las penurias económicas. Y no faltando quienes le reprochaban que, siendo de familia acomodada podía dedicarse a labores menos desagradables y penosas, les respondía sonriente: “No me hice religioso para pasarla bien, sino para trabajar y desgastarme por las almas de los necesitados”.

Era todo lo contrario a aquel joven rico que habiéndole preguntado al Señor que debía hacer para seguirlo, se apenó al recibir como respuesta que debía despojarse de toda su riqueza y dársela a los pobres (Mc.10, 17-22).

Las deudas agobiaban a San Leonardo, tanto, que siguiendo el consejo de muchos allegados, se dispuso cerrar el colegio. Fue entonces que llamó a su puerta una madre angustiada que traía de la mano a sus dos pequeños hijos. Tal era su pobreza, que el santo turinés se apiadó de ella y aceptó hacerse cargo de ambos gratuitamente, desechando de su mente el proyecto de cierre.

La situación no podía ser peor, los acreedores exigían sus pagos cada vez con más insistencia y los demandas legales amenazaban la estabilidad del instituto. Sin embargo, cuando todo hacía prever un desenlace trágico, llegó la salvación de la mano de un noble: el conde Roero di Guarene, que interesado desde hacía tiempo por la marcha de la obra, le dejó en herencia gran parte de su fortuna. Con ella, San Leonardo pudo cancelar las deudas, reequipar los talleres, fundar la escuela de agronomía, habilitar una casa para jóvenes delincuentes y abrir un pequeño seminario. Una verdadera salvación, que de la mano de un hombre bueno y noble, llegaba desde el Cielo para salvar un emprendimiento de bien.

La obra se expande

Siguiendo la voluntad del Creador y bajo la dirección espiritual de Don Bosco, San Leonardo decidió dar mayor impulso a su obra fundando el 19 de marzo de 1873, la Pía Sociedad de San José, generalmente conocida como “Josefinos de Murialdo”, constituida por sacerdotes y laicos. El lema de la flamante congregación fue: “Callemos y obremos”.

San Leonardo se dedicó con verdadero fervor a organizar congresos para la formación de líderes católicos dado que, perseguida con saña por el gobierno de turno, la Iglesia se hallaba necesitada de ellos. También fundó las denominadas Bibliotecas Católicas Ambulantes con la intención de fomentar la buena lectura a lo largo y ancho de su país, iniciativa de magnitud que mucho tuvo que ver en la sana educación de los niños y jóvenes de su tiempo. 
En base a ello, puso en marcha una importante campaña denominada “Catecismo de las Tardes”, que llegó a nuclear unos 35.000 jóvenes, la mayoría obreros y niños de la calle, que encontraron en ella, refugio y consuelo. También fueron obra suya el primer diario católico obrero, “La Voz del Pueblo”, que aún circula, la organización de sindicatos de trabajadores católicos inspirados en la encíclica del Papa León XIII “Rerum Novarum” y otras iniciativas. Por esa razón, no fue de extrañar el emotivo homenaje que más de 400 ex alumnos le organizaron en 1899, con motivo del 50º aniversario del Colegio de los Artesanitos.

Pensamientos y reflexiones

Agobiado por los años y la fatiga, San Leonardo falleció en Turín, a los 72 años de edad, el 30 de marzo de 1900. Setenta años después, S.S. Paulo VI lo canonizó, conmemorándose su fiesta los 30 de marzo de cada año. Como San José Benito Cottolengo, San Juan Bosco y San Luis Orione, había legado al mundo una obra colosal de la que niños huérfanos y carenciados, fueron los principales beneficiados. Su piedad se refleja en muchos de sus pensamientos y reflexiones, tales como “Quiero santificarme y santificar a los demás. Quiero tener siempre contento al buen Dios”. 
Al mismo tiempo, en su libreta de apuntes, escribió los medios necesarios para alcanzar la santidad, a saberse: 1º Llenar el día de abundantes y pequeñas oraciones; 2º Aprovechar mis males y enfermedades y hasta mis fallas y equivocaciones para humillarme más y pagarle a Dios mis pecados con esos sufrimientos; 3º Como penitencia, ofrecer a Dios realizar con la mayor diligencia mis trabajos de cada día y tratar de recibir a todos con la mayor bondad posible y 4º atender a todo el que venga, con la más exquisita amabilidad. 
Propagó además las devociones al Sagrado Corazón de Jesús, a la Santísima Virgen Inmaculada y a San José, a través de las cuales, obró verdaderas proezas.

18 de mayo fiesta de Santa María Josefa Sancho de Guerra.


María Josefa Sancho de Guerra fue una mujer sencilla y fuerte de nuestro pueblo que consagró toda su vida a imitar a Jesús virgen, pobre y obediente.
“Mi vida está en Dios y es para Dios”.

“Sean compasivas con los enfermos, en el lecho del dolor, todos son igualmente necesitados”.

Son expresiones que recogen el fruto de la inspiración del Espíritu Santo a Santa María Josefa del Corazón de Jesús al darse cuenta del sufrimiento y soledad de los enfermos.

Quiso ser enfermera de Cristo y así lo trasmite a sus hijas las Siervas de Jesús.
Nace en Vitoria (Álava) España, el 7 de septiembre de 1842.

Es la mayor de tres hermanas. Cuando tenía seis años muere su padre repentinamente y María Josefa ve las dificultades que a diario pasa su madre para sacar adelante la familia. En ella aprendió la lección de la fortaleza cristiana que supera con paciencia heroica las adversidades.

VOCACION.

A los 18 años hizo el propósito de ser religiosa. Se inclina por la vida contemplativa pero una grave enfermedad se lo impide.

En un segundo intento entra en una congregación de vida activa, las Siervas de María, era el 3 de diciembre de 1865 y tenía 22 años. 

Cuando iba a terminar su etapa de formación, antes de hacer los votos temporales, consciente de lo que implicaba continuar el camino emprendido, su alma entra en una fuerte crisis que la obliga a comentarlo con Santa Soledad Torres Acosta, a la sazón Maestra de Novicias de dicha congregación, quien, después de escuchar sus inquietudes la lleva a consultar con San Antonio María Claret, fundador de los Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María, quien escuchó a María Josefa y le pidió tres días de reflexión, ofreciendo tres Eucaristías al Espíritu Santo, al cabo de los cuales le dijo que Dios la tenía reservada para grandes cosas en el servicio de las almas.

Estas palabras serenaron por entonces su espíritu y calmaron sus angustias pero renacieron más adelante y el Santo Arzobispo la alienta en los momentos de la adversidad más cruda.

FUNDADORA.

Fiel a los consejos del Santo y dócil a la moción del Espíritu, con la dispensa y autorización del Excmo. Sr. Cardenal de Toledo, sale de las Siervas de María el año 1871 para enriquecer a la Iglesia con un nuevo Instituto dedicado a ejercer la caridad con los enfermos, con los necesitados y donde iba a santificarse de modo muy alto, como el mismo Padre Claret le había dicho.

María Josefa comienza este nuevo camino fundacional con otras cuatro compañeras. En un principio piensan ir a Barcelona pero las mediaciones humanas, de las que Dios se sirve para realizar sus designios de amor, las hacen cambiar de rumbo y dirigirse a Bilbao. Era el 23 de Julio de 1871. 

María Josefa no entiende pero cree y confía. En el viaje a Bilbao, cerca de Burgos, le asalta a nuestra santa una terrible duda. De pronto se ve hundida, es como si toda la oscuridad de la noche cayera sobre su corazón. 

No quería continuar. Fue su oración del huerto. Pero gracias al apoyo y aliento de sus compañeras sigue adelante y al término del viaje, la noche cedió y esta intrépida mujer llega a Bilbao, la ciudad que tanto querrá siempre.

A los dos días se encuentran por primera vez con D. Mariano José de Ibargoingotia. Este santo sacerdote que tanto la ayudaría, aquel día la recibe con recelo. La novedad en los caminos del espíritu siempre provoca recelos como también las grandes obras con frecuencia son precedidas de grandes dificultades que los santos superan fiándose de Dios en el día a día.

PRIMEROS PASOS DEL INSTITUTO

Primero viven en una boardilla en la calle de la Esperanza. Después pasan a la calle de la Ronda. María Josefa recordará siempre los inicios y dirá que aunque fueron escasos en bienes materiales, fueron abundantes en frutos del Espíritu.

Con el tiempo consiguen la finca de la calle de la Naja, ya que las vocaciones aumentaban y el piso de la Ronda quedaba pequeño. Las llamaban de muchos sitios, cada vez eran más los que pedían sus servicios. 

Las jóvenes que seguían a María Josefa, imitando su entusiasmo y celo por la salvación de las almas, estaban inaugurando la espiritualidad de las Siervas de Jesús: ser reflejos de la misericordia del Corazón de Jesús con los enfermos.

El día 9 de junio de 1874 reciben la primera Aprobación Diocesana y la Aprobación Pontificia el 8 de enero de 1886.

Habían transcurrido 15 años desde aquel día en que, para gloria de Dios, comenzaron su andadura en Bilbao.

En mayo de 1887, después de terminar los Ejercicios Espirituales dirigidos por el P. Tomás Gómez, jesuita, fundador de la Universidad de Comillas, hicieron la Profesión Perpetua, María Josefa y las cuatro coofundadoras.

El Instituto se consolidaba y María Josefa, que en religión toma el nombre de Sor Corazón de Jesús, extiende su obra por España y América.

Fueron 42 fundaciones llevadas a cabo durante su vida. No sin dificultades, el AMOR Y SACRIFICIO se siente en todos los lugares donde, estas mujeres valientes, generosas y enamoradas de Dios, llevan a los enfermos la buena noticia del evangelio.

La primera fundación de Madre Corazón, como popularmente se la conocía, fue el hospital de Castro Urdiales (Santander). Su última fundación fue en Concepción (Chile), haciendo así realidad su sueño de fundar en América.

ENFERMEDAD DE MARÍA JOSEFA

En marzo de 1898 a María Josefa se le manifiesta una aguda afección cardiaca. Le prohíben viajar y ella acepta sus limitaciones. Desde su habitación de la calle de la Naja, la Madre dirige todo el despliegue de las nuevas fundaciones. 

Como san Pablo escribía, alentaba y con mil detalles importantes o sencillos, se hacía presente en las comunidades.

En enero de 1911 surgió una nueva complicación y la dolencia cardiaca se une una infección pulmonar, a partir de ahora pasará los días y las noches, sentada en un sillón, limitada para siempre, como los miles de enfermos a los que consagró su vida y su tiempo. Las hermanas la quieren rodear de atenciones y comodidades pero ella repite: Dejadme morir como una pobre religiosa…Tratadme como a los pobres, quiero morir como he vivido…

El 20 de marzo, al día siguiente de la fiesta de San José, al que había tenido gran devoción, entró en agonía de una manera sencilla como su vida, serena como su corazón. Sus últimas palabras después de haber recibido la Unción de los Enfermos fueron: Ya está todo.

Su débil corazón que tanto había amado a los enfermos y a las Siervas de Jesús de la Caridad, dejó de latir y expiró. Por la ciudad de Bilbao corre la noticia de que había muerto una santa.


En el año 1992 fue beatificada por San Juan Pablo II y canonizada por el mismo Papa el día 1 de octubre de 2000.

jueves, 16 de mayo de 2019

16 de mayo fiesta de San Luis Orione (Don Orione).






Luis Orione nació en Pontecurone, diócesis de Tortona, el 23 de junio de 1872. A los 13 años fue recibido en el convento franciscano de Voghera (Pavía) que abandonó después de un año por motivos de salud. De 1886 a 1889 fue alumno de San Juan Bosco en el Oratorio de Valdocco de Turín.

El 16 de octubre de 1889 entró en el seminario de Tortona. Siendo todavía un joven clérigo, se dedicó a vivir la solidaridad con el prójimo en la Sociedad de Mutuo Socorro San Marciano y en la Conferencia de San Vicente. El 3 de julio de 1892, abrió en Tortona el primer Oratorio para cuidar la educación cristiana de los jóvenes. Al año siguiente, el 15 de octubre de 1893, Luis Orione, un clérigo de 21 años, abrió un colegio para chicos pobres en el barrio San Bernardino.

El 13 de abril de 1895, Luis Orione fue ordenado sacerdote y, al mismo tiempo, el Obispo impuso el hábito clerical a seis alumnos de su colegio. En poco tiempo, Don Orione abrió nuevas casas en Mornico Losana (Pavía), en Noto (Sicilia), en Sanremo, en Roma.

Alrededor del joven Fundador crecieron clérigos y sacerdotes que formaron el primer núcleo de la Pequeña Obra de la Divina Providencia. En 1899 inició la rama de los ermitaños de la Divina Providencia. El Obispo de Tortona, Mons. Igino Bandi, con Decreto del 21 de marzo de 1903, reconoció canónicamente a los Hijos de la Divina Providencia (sacerdotes, hermanos coadjutores y ermitaños), congregación religiosa masculina de la Pequeña Obra de la Divina providencia, dedicada a «colaborar para llevar a los pequeños, los pobres y el pueblo a la Iglesia y al Papa, mediante las obras de caridad», profesando un IV voto de especial «fidelidad al Papa».En las primeras Constituciones de 1904, entre los fines de la nueva Congregación aparece el de trabajar «para alcanzar la unión de las Iglesias separadas».

Animado por una gran pasión por la iglesia y por la salvación de las almas, se interesó activamente por los problemas emergentes en aquel tiempo, como la libertad y la unidad de la Iglesia, la «cuestión romana», el modernismo, el socialismo, la cristianización de las masas obreras.

Socorrió heroicamente a las poblaciones damnificadas por los terremotos de Reggio y de Messina (1908) y por el de la Marsica (1915). Por deseo de Pío X fue Vicario General de la diócesis de Messina durante tres años.


A los veinte años de la fundación de los Hijos de la Divina Providencia, como en «una única planta con muchas ramas», el 29 de junio de 1915 dio inicio a la Congregación de las Pequeñas Hermanas Misioneras de la Caridad, animadas por el mismo carisma fundacional y, en el 1927, las Hermanas adoratrices Sacramentinas invidentes, a las que se añadirán después las Contemplativas de Jesús Crucificado.

Organizó a los laicos en las asociaciones de las «Damas de la Divina Providencia», los «Ex Alumnos» y los «Amigos». Después tomará cuerpo el Instituto Secular Orionino y el Movimiento Laical Orionino.

Después de la primera guerra mundial (1914-1918) se multiplicaron las escuelas, colegios, colonias agrícolas, obras caritativas y asistenciales. Entre las obras más características, creó los «Pequeños Cottolengos», para los que sufren y los abandonados, surgidos en la periferia de las grandes ciudades como «nuevos púlpitos» desde los que hablar de Cristo y de la Iglesia, «faros de fe y de humanidad».

El celo misionero de Don Orione, que ya se había manifestado con el envío a Brasil en 1913 de sus primeros religiosos, se extendió después a Argentina y Uruguay (1921), Inglaterra (1935) y Albania (1936). En 1921-1922 y en 1934-1937, él mismo realizó dos viajes a América Latina, Argentina, Brasil y Uruguay, llegando hasta Chile.

Gozó de la estima personal de los Papas y de las autoridades de la Santa Sede, que le confiaron numerosos y delicados encargos para resolver problemas y curar heridas tanto dentro de la Iglesia como en las relaciones con el mundo civil. Fue predicador, confesor y organizador infatigable de peregrinaciones, misiones, procesiones, «belenes vivientes» y otras manifestaciones populares de la fe. Muy devoto de la Virgen, promovió su devoción por todos los medios y, con el trabajo manual de sus clérigos, construyó los santuarios de la Virgen de la Guardia en Tortona y de la Virgen de Caravaggio en Fumo.

En el invierno de 1940, intentando aliviar los problemas de corazón y pulmones que sufría, fue a la casa de Sanremo, aunque, como decía, «no es entre las palmeras donde deseo vivir y morir, sino entre los pobres que son Jesucristo». Después de tan sólo tres días, rodeado del afecto de sus hermanos, Don Orione falleció el 12 de marzo de 1940, suspirando «!Jesús! !Jesús! Voy».

Su cuerpo, intacto en el momento de la primera exhumación en 1965, fue puesto en un lugar de honor en el santuario de la Virgen de la Guardia de Tortona, después de que, el 26 de octubre de 1980, Juan Pablo II inscribiera su nombre en el elenco de los Beatos.

En octubre de 1984, llega por tercera vez a la Argentina, ya no vivo, sino a través de su corazón que es traído en un relicario especial, para recorrer todas las comunidades.

El 29 de agostodel 2000, llega definitivamente a la Argentina el corazón de Don Orione, para ser colocado en el Cottolengo de Claypole.

El 7 de julio del 2003, se produce la promulgación del Decreto que reconoce un milagro atribuido a la intercesión del Beato Don Luis Orione.

El 19 de febrero de 2004, el Papa Juan Pablo II anuncia durante el Consistorio de Cardenales que el domingo 16 de mayo proclamará santo a Don Luis Orione.

El  16 de mayo del 2004, el Beato Don Luis Orione es canonizado por Juan Pablo II en la Plaza San Pedro de Roma.





16 de mayo fiesta del Beato Vladimir Ghika


Sacerdote y Mártir

Nació el día de Navidad de 1873 en Constantinopla (ahora Estambul - Turquía), era el nieto del último rey de Moldavia, el príncipe Gregory V. Ghika (1849 - 1856), hijo de Juan Ghika (general de división, ministro plenipotenciario) y Alexandrina Ghika. Tenía cuatro hermanos y una hermana.

Fue bautizado y ungido en la fe Ortodoxa, su madre es fiel devota de esta Iglesia, su padre en ese momento era ministro plenipotenciario en Turquía. En el año 1878 es enviado a la escuela en Francia, en Toulouse, y dejado al cuidado de una familia protestante -en cuanto a la educación y la práctica religiosa- porque en la zona no existe un templo ortodoxo.

Terminará los estudios básicos en 1895, pasando a la Facultad de Ciencias Políticas de Paris. Paralelamente realiza cursos de botánica, arte, literatura, filosofía, historia y derecho. 

Ghika, por una angina de pecho, regresa a Rumania, donde continuará sus estudios hasta 1898 cuando ingresa en la Facultad de Filosofía y Teología de la Pontificia Universidad de Santo Tomás de Aquino en Roma, instituto superior de los dominicos conocido con el nombre de "Angelicum".







Es durante este período, luego de un intenso discernimiento para ser "más ortodoxo", cuando en 1902 decide profesar la fe católica, lo cual provoca una mortal indignación en su madre, a quien desagrada la decisión de su hijo.

Él quería ser sacerdote o monje, pero Pío XI le aconsejó renunciar a esa idea, al menos por un tiempo, y que se dedicara al apostolado seglar.

Realiza una tarea excepcional a nivel mundial: Bucarest, Roma, París, Congo, Tokio, Sydney, Buenos Aires... el Papa Pío XI en broma lo llamará "gran vagabundo apostólico". Él es uno de los pioneros del apostolado laico.

De regresó a su país, se dedica a obras de caridad y abrió el primer dispensario gratuito en Bucarest, la llamó "María de Belén"; creo el gran hospital y sanatorio "San Vicente de Paúl"; funda el primer hospital gratuito en Rumania y la primera ambulancia, por todo ello es el fundador de la primera obra de caridad católica en Rumanía.


Colabora en los servicios de salud durante la guerra de los Balcanes en 1913, y en Zimnicea se dedica -sin miedo- a la atención de los pacientes de cólera.

Durante la Primera Guerra Mundial estaba a cargo de las misiones diplomáticas, de los damnificados por el terremoto de Avezzano, de los tuberculosos del Hospital de Rome, de los heridos de guerra, moviéndose en los ambientes diplomáticos más populares con una naturalidad sorprendente.

El 7 de octubre de 1923, Ghika fue ordenado sacerdote -en París- por el cardenal Dubois, Arzobispo de la ciudad, y llevará a cabo el ministerio sacerdotal en Francia hasta 1939. Debido a que su corazón estaba en Rumanía, pidió al Papa el privilegio de poder celebrar en los dos ritos: latino y bizantino, permiso que le es concedido poco después de su ordenación, convirtiéndose así en el primer sacerdote rumano bi-ritual.

Se le designa una parroquia pobre y peligrosa en París, Villejuif, donde poco a poco va cambiando el espíritu del vecindario. 

En 1930, por enfermedad, se retira de allí y es designado Rector de la iglesia de los extranjeros en París.

El 13 de mayo de 1931 el Papa lo nombró protonotario apostólico. Ghika se muestra renuente a aceptar este nombramiento ya que a su ingreso al clero había hecho voto de no aceptar dignidades eclesiásticas, finalmente lo acepta comentando que "nada cambiará mi estilo de vida, tan sólo será una cinta estrecha añadida a la vestidura".

El 3 de agosto 1939 regresó a Rumania, eran los tiempos del inicio de la Segunda Guerra Mundial. Se niega a salir de Rumania para estar con los pobres y los enfermos, para ser capaz de ayudar y animar, incluso se queda -por el mismo motivo- en Bucarest cuando comienzan los bombardeos aliados.

Después de que los comunistas llegaron al poder (1947) nuevamente se niega a abandonar a quienes servía como confesor, director espiritual o maestro. 






Fue detenido el 18 de noviembre de 1952 bajo los cargos de "alta traición" y es encarcelado en Jilavam es amenazado y golpeado hasta hacerle sangrar, fueron 18 meses de un trato brutal, hasta que finalmente muere el 16 de mayo de 1954.


El 28 de marzo de 2013 S.S. Francisco firmó el decreto reconociendo el martirio de este Siervo de Dios.  Fue beatificado el 31 de agosto de 2013.