miércoles, 8 de abril de 2020

MIÉRCOLES SANTO


MIÉRCOLES SANTO


La Iglesia Católica se reserva para este día un momento de penitencia, en las vísperas de la Pasión de Jesús, es el día que nos preparamos con mayor interés para vivir mejor los días del Triduo Pascual.






martes, 7 de abril de 2020

Semana Santa en época de cuarentena y pandemia de Covid-19 (Primera Parte)



Jamás pensé vivir una semana santa así. Es la primera vez en mi vida que la vivo dentro de mi casa, aislado de mis seres queridos, perdiendo a algunos de ellos sin poderlos despedir y estando pendiente de los afectos, para saber si están bien o precisan cosas urgentes. Es una mezcla de sensaciones y vivencias que me hacen acordar que estoy frente al Cristo inocente a punto de vivir su vía crucis.


El Domingo de Ramos, veíamos cómo Jesús entraba en Jerusalén, era aclamado por la inmensa multitud y Él humilde, montado en un asno. Se escuchaba: “Hosanna al Hijo de David; bendito el que viene en nombre del Señor, hosanna en las alturas” (Mt. 21,9). Pero a pesar de tanta euforia, Jesús estaba absorto y ajeno a todo, ya divisaba con sus divinos ojos que la cruz, las traiciones, las injusticias y miserias de los hombres estaban cerca. A diferencia de Él, nosotros buscamos elogios, momentos de triunfos y alegrías, pero atención que como se nos dice en Proverbios 14, 13 “Cercano a la alegría está la tristeza” y este año 2020, se encargó de demostrárnoslo.

La humanidad se divertía con sus logros, con sus derechos inalienables que todo lo puede hacer sin respetar a nadie ni nada. El niño por nacer no es vida; el planeta debe ser contaminado y arrasado por el hombre, porque es superior a todo lo existente; yo primero, segundo y tercero, los demás que se arreglen como puedan; no preciso de Dios, no existe ni me ayuda, sólo me complica los pensamientos y mi forma de vivir; y podría seguir con frases de muchas personas que sin duda no conocen la Fe, la Esperanza y la Caridad.
Pero llegó el gran día de comenzar entre todos, de norte a sur y de este a oeste, el gran Vía Crucis de la humanidad, estas semanas cuarentenales y cuaresmales, que seguirán, Dios sabe hasta cuándo.

Nos olvidamos de la última cena por años, donde ese gesto de amor, entrega y caridad divina de Cristo a la humanidad, fue único e irrepetible, se quiso quedar entre nosotros para siempre. Pocas veces repetimos junto a San Pablo: “Vivo yo, pero no soy yo quien vivo, porque es Jesús quien vive en mí” (Gal. 2,20). Nos olvidamos de comer y de beber, nos dedicamos a seguir disfrutando de nuestra entrada a Jerusalén, pero sin Él, sólo entre nosotros, como si fuésemos Él. Lo ignoramos, no lo respetamos, no lo aceptamos, nos burlamos, no lo quisimos ni lo precisamos. Qué gran error cometió la humanidad al dejar de lado al dador de Vida.

Llegó la traición de Judas, nuestra propia traición. Tantas veces repetimos “Amigo, ¿a qué has venido?” Mt. 26,50 y por el otro lado escuchábamos “¿Con un beso entregas al Hijo del hombre?” Lc. 22,48, pero no nos importó. Qué distinto hubiera sido si tanto Judas como nosotros hubiéramos escuchado esas palabras de Jesús, si hubiéramos pedido perdón con arrepentimiento, seguro que el Corazón de Jesús nos hubiera perdonado y no nos hubiera dejado llegar al borde del abismo y escucharnos decir ahora, en forma desesperada “Señor, no te calles, ni te apartes de mí” Salm. 34,22

Nuestra avaricia de corazón es igual que la avaricia de Judas por esas míseras monedas, y se convirtió en ladrón Jn. 12, 6 y nos convertimos en entes sin principios, sin valores y sin espiritualidad, avaros en todo sentido.

Llegamos a Getsemaní, a ese huerto de los olivos en donde ya nos dijo Cristo hace más de 2000 años: “Velad y orad, para no caer en la tentación. El espíritu está pronto, pero la carne es débil” Mc. 14, 38 Tampoco lo entendimos y seguimos durmiendo sobre los laureles, porque al fin y al cabo somos superiores a Él. Nos olvidamos que Cristo vio todo lo que iba a suceder, por eso le pide al Padre que pase de Él este sufrimiento, pero agrega: “Sin embargo, no se haga mi voluntad, sino la tuya” Lc. 22, 42, se ofreció al sacrificio porque quiso (Is.53, 7). En cambio, la humanidad del siglo XXI ha venido rechazando ese cáliz en forma constante. “A mí y a mi familia no, que sufran otros, pero yo no”, es lo que se escucha con mayor frecuencia, una falta de caridad sin límites, donde el eje central es el yo y no el nosotros. Esta pandemia de Coronavirus Covid-19 ha hecho que muchos inclinasen su cabeza ante Dios con resignación, en estos momentos de angustia y han sentido una luz y una paz interior que sólo la gracia divina puede dar. Despertaron del huerto y no se durmieron, porque descubrieron dónde estaba la Verdad, el Camino y la Vida.

Getsemaní era la hora del poder de las tinieblas. “Esta es vuestra hora, y el poder de las tinieblas” Lc. 22, 53 y la reacción de “sus amigos” fue la misma que la de los hombres del siglo XXI, “Entonces todos sus discípulos, abandonándole, huyeron” Mt. 26, 56 lo dejamos solo, muy solo y sin embargo Él nunca se fue ni nos dejó.

Si hubo una noche triste para Cristo, fue esa, como la nuestra cuando la pandemia del Coronavirus empezó en China. Él sabía lo que se venía, Él sabía nuestros pecados y nuestras debilidades, a diferencia de nosotros que seguíamos creyéndonos dioses, interpretamos al revés las palabras que están en el evangelio de San Mateo 22,21, le dimos al César lo que era de Dios y a Dios lo que era del César. Como Caifás, lo volvemos a proclamar reo de muerte Mt. 26, 63-66 y nos lo sacamos de encima, se lo entregamos a otro para que se encargue de Él. Fue injusto y lo sabía, pero no le importó, su soberbia y sus ansias de poder lo enceguecieron, como a muchos hombres actuales. Cuántos San Pedros, negando a Jesús hemos visto pasar por nuestras vidas, cuántas veces lo hemos negado nosotros mismos, por vergüenza, miedo o por quedar bien con otros hombres. Muchos sentimos cantar al gallo, pedimos perdón y lloramos como Pedro, otros siguieron sordos sin recordar a Lc. 22,34.

Fuimos Pilato, lavándonos las manos y Herodes entregándolo a Cristo a la muchedumbre, como si fuera uno más, como si fuera nadie. Dejamos todo en otras manos, nunca nos hicimos cargo de su inocencia, nunca lo defendimos. Sin embargo, y pudiéndolo hacer, jamás salió de escena, siguió con su obra maestra de Salvación. La humanidad aplaudía o se iba, como si no tuvieran nada que ver. Lo flagelamos, lo coronamos con insultos e injurias y nos burlamos de Él y su doctrina. La pasión continúa con Cristo, sin ningún extra que lo reemplace. Pero con un escenario distinto al de Galilea, esta vez fue el planeta entero.


Semana Santa en época de cuarentena y pandemia de Covid-19 (Segunda parte).



Sí, esta vez la vía dolorosa se vio replicada en todos los continentes y en todos los países. Vimos al mismo Cristo de la pasión representado por miles de enfermos, de diversas creencias, razas, edades y status sociales. Los vimos en sillas de ruedas, en camillas, tirados por el suelo. Las calles de la vía dolorosa, se transformaron en largos pasillos de hospitales, en salas de centros geriátricos, y en casas de familias. Estos Cristos del año 2020, los vimos y vemos constantemente. Siguen con sus dolores, sus penas, sus angustias. Algunas veces son rechazados y como Pilatos o Herodes, muchos dirigentes políticos, los entregan a la buena voluntad de un respirador, si lo hubiera, pero involucrándose poco o nada.




Por suerte muchas mujeres y hombres ocuparon el lugar de San Simón el Cireneo. Están ahí enjugando lágrimas y calmando dolores. Haciendo de hijos, primos, hermanos o nietos de quien camina sólo con su dolor. Esos médicos, enfermeras, agentes sanitarios, sacerdotes / religiosas, personal de maestranza de los hospitales y centros de asistencia sanitaria, supieron y saben cómo representar ese papel de ángel guardián, para aliviar el dolor de los Cristos de hoy. Sus horas de trabajo abnegado, sus riesgos de vida, sus delicadezas hacen que esta vía dolorosa sea más suave.





Las buenas mujeres que estaban junto a Jesús, hoy lo son los miles y miles de hombres y mujeres que desinteresadamente donan su tiempo y su dinero para que otros sufran menos. La labor de Caritas y de la Cruz Roja en todo el mundo, están ocupando ese rol. Vemos jóvenes ayudando a los mayores con sus quehaceres diarios, su alimentación y su compañía a diario. Skype y los audios de Whatsapp están llevando consuelo a los nuevos Cristos, procurando que no lleguen a su crucifixión, tratando de evitar los dolores de las ausencias familiares y los afectos.



Esta semana santa, extraña, rara, poco común, se seguirá transitando por varios meses más. Lamentablemente no se termina el domingo. Pero como el Señor nos da la posibilidad de no perder la capacidad de asombro, vemos como muchas personas se han convertido, han cambiado sus formas de pensar y de ser para con los demás. Ojalá salgamos fortalecidos de esta pasión mundial, que no lleguemos a la crucifixión del planeta. Dios nos de las luces necesarias para resucitar en nuestros corazones la caridad, el diálogo, el respeto para con el planeta y las otras personas.


 Que renazca en nosotros la humildad, la sencillez y la prudencia. Que la solidaridad sea nuestra moneda corriente, que la vida sea respetada desde la concepción, que las personas mayores y enfermas sean nuestras prioridades y que el Señor, que ya sufrió voluntariamente por todos nosotros, nos otorgue la Paz y que su Buena Madre siempre nos guíe, nos cuide y proteja.


Feliz Pascua de Resurrección para todos nosotros.






MARTES SANTO.


MARTES SANTO


Es llamado “Martes de controversia,” porque Jesús se enfrenta con los líderes religiosos de su tiempo. Primero con los sacerdotes y ancianos que cuestionan su autoridad para predicar y hacer milagros. Y luego con los fariseos, quienes le preguntan sobre el tributo y Él responde mostrando una moneda: “Dad pues,  al César lo que es del César; y a Dios lo que es de Dios.





7 de abril fiesta de San Juan Bautista de Lasalle.




Es el fundador de los Hermanos Cristianos y nació en Francia en 1651.
Nació en Reims y murió en Rouen, las dos ciudades que hizo famosas Santa Juana de Arco.
Su vida coincide casi exactamente con los años del famoso rey Luis XIV.
Probablemente su existencia habría pasado desapercibida si se hubiera contentado con vivir de acuerdo a su clase social adinerada, sin preocuparse por hacer ninguna obra excepcional en favor del pueblo necesitado. Pero la fuerza misteriosa de la gracia de Dios encontró en él un instrumento dócil para renovar la pedagogía y fundar las primeras escuelas profesionales y las más antiguas escuelas normales y fundar una Comunidad religiosa que se ha mantenido en principalísimos puestos en la educación en todo el mundo. Este santo fue un genio de la pedagogía, o arte de educar.

Si San Juan Bautista de la Salle viviera hoy aquí en la tierra abriría los ojos aterrado al ver que la educación se ha secularizado, o sea se ha organizado como si Dios no existiera y sólo se preocupa por hacer de los seres humanos unos animalitos muy buen amaestrados, pero sin fe, sin mirar a la eternidad ni importarle nada la salvación del alma. Porque para él, lo imprescindible, lo que constituía su obsesión, era obtener la salvación del alma de los educandos y hacerlos crecer en la fe. Si no hubiera sido por estos dos fines, él no habría emprendido ninguna obra especial, porque esto era lo que en verdad le interesaba y le llamaba la atención: hacer que los educandos amaran y obedecieran a Dios y consiguieran llegar al reino eterno del cielo.

Juan Bautista había estudiado en el famoso seminario de San Suplicio en París y allí recibió una formidable formación que le sirvió para toda su vida. Fue ordenado sacerdote y por su posición social y sus hermosas cualidades parecía destinado para altos cargos eclesiásticos, cuando de pronto al morir su director espiritual lo dejó como encargado de una obra para niños pobres que el santo sacerdote había fundado: una escuela para niños y un orfelinato para niñas pobres, dirigido por unas hermanitas llamadas de El Niño Jesús. 
Allí en esa obra lo esperaba la Divina Providencia para encaminarlo hacia la gran obra que le tenía destinada: ser el reformador de la educación.

La Salle le dio un viraje de 180 grados a los antiguos métodos de educación. Antes se enseñaba a cada niño por aparte. Ahora La Salle los reúne por grupos para darles clases (en la actualidad eso parece tan natural, pero en aquel tiempo era una novedad). Antiguamente se educaba con base en gritos y golpes. 
El padre Juan Bautista reemplazaba el sistema del terror por el método del amor y de la convicción. Y los resultados fueron maravillosos. La gente se quedaba admirada al ver cómo mejoraba totalmente la juventud al ser educada con los métodos de nuestro santo.

No les enseñaba solamente cosas teóricas y abstractas, sino sobre todo aquellos conocimientos prácticos que más les iban a ser de utilidad en la vida diaria. Y todo con base en la religión y la amabilidad.

 San Juan Bautista de la Salle enseñando. La Salle empezó a reunir a sus profesores para instruirlos en el arte de educar y para formarlos fervorosamente en la vida religiosa. Y con los más entusiastas fundó la Comunidad de Hermanos de las Escuelas Cristianas que hoy son unos 15,000 en más de mil colegios en todo el mundo. Y siguen siendo una autoridad mundial en pedagogía, en el arte de educar a la juventud. 
El éxito de los Hermanos Cristianos fue inmenso desde el principio de su congregación, y ya en vida del santo abrieron colegios en muchas ciudades y en varias naciones. Un 15 de agosto los consagró San Juan Bautista a la Santísima Virgen y han permanecido fervorosos propagadores de la devoción a la Madre de Dios.

Al principio algunos le fallaron porque el santo era tan bondadoso que no podía imaginar mala voluntad en ninguno de sus discípulos. Para él todo el mundo era bueno, y por mucho que lo hubieran ofendido estaba siempre dispuesto a perdonar y a volver a recibir al que había faltado. Y tuvo la prueba dolorosísima de ver que algunos lo engañaron y se dejaron contagiar por el espíritu del mundo. Pero luego sus asesores lo convencieron para que no aceptara a ciertos sujetos no confiables y que expulsara a algunos que se habían vuelto indignos. Y el santo aceptando con toda humildad y mansedumbre los buenos consejos recibidos procedió a purificar muy a tiempo su congregación.

Siendo de familia muy rica, repartió todos sus bienes entre los pobres y se dedicó a vivir como un verdadero pobre. Los últimos años cuando renunció a ser Superior General de su Congregación, pedía permiso al superior hasta para hacer los más pequeños gastos. Los viajes aunque a veces muy largos, los hacía casi siempre a pie, y pidiendo limosna para alimentarse por el camino, durmiendo en casitas pobrísimas, llenas de plagas y de incomodidades.

Una vez pasó todos los tres meses del crudísimo invierno, en una habitación sin calefacción y con ventanas llenas de rendijas y con varios grados bajo cero. Esto le trajo un terrible reumatismo que durante todo el resto de su vida le produjo tremendos dolores y las anticuadas curaciones que le hicieron para ese mal lo torturaron todavía mucho más.

En su juventud, por ser de familia muy adinerada, había gozado de una alimentación refinada y muy sabrosa. Cuando se dedicó a vivir la pobreza de una comunidad fervorosa y en la cual, los alimentos eran rudos y desagradables, tenía que aguantar muchas horas sin comer, para que su estómago fuera capaz de recibirle esos alimentos tan burdos.

Su sotana y su manto eran tan pobres y descoloridos, que un pobre no se los hubiera aceptado como limosna.

Su humildad era tan grande que se creía indigno de ser el superior de la comunidad. Estaba siempre dispuesto a dejar su alto puesto y alguna vez que por calumnias dispuso la autoridad superior quitarlo de ese cargo, él aceptó inmediatamente. Pero todos los Hermanos firmaron un memorial anunciando que no aceptaban por el momento a ningún otro como superior sino al Santo Fundador y tuvo que aceptar el seguir con el superiorato.

No se cansaba de recomendar con sus palabras y sus buenos ejemplos, a sus religiosos y amigos que la preocupación número uno del educador debe ser siempre el tratar de que los educandos crezcan en el amor a Dios y en la caridad hacia el prójimo, y que cada maestro debe esforzarse con toda su alma por tratar de que los jovencitos conserven su inocencia si no la han perdido o que recuperen su amistad con Dios por medio de la conversión y de San Juan Bautista de la Salle en su lecho de muerteun inmenso horror al pecado y a todo lo que pueda hacer daño a la santidad y a todo lo que se oponga a la eterna salvación.

Pasaba muchas horas en oración y les insistía a sus religiosos que lo que más éxito consigue en la labor de un educador es orar, dar buen ejemplo y tratar a todos como Cristo lo recomendó en el evangelio: "haciendo a los demás todo el bien que deseamos que los demás no hagan a nosotros".



San Juan Bautista de la Salle murió el 7 de abril de 1619 a los 68 años. Fue declarado santo por el Sumo Pontífice León XIII en el año 1900. El Papa Pío XII lo nombró Patrono de los Educadores del mundo entero.

lunes, 6 de abril de 2020

LUNES SANTO


LUNES SANTO

Es llamado “Lunes de Autoridad” porque Jesús manifiesta ante el pueblo y la naturaleza su poderío. Primero, realiza la purificación del templo expulsando a los mercaderes y dejando muy claro: “Mi casa, casa de oración será llamada” También muestra su poder sobre la naturaleza al maldecir la higuera que no da fruto.