martes, 15 de enero de 2019

15 de enero fiesta de San Arnoldo Janssen.



Arnoldo Janssen nació el 5 de noviembre de 1837 en Goch, una pequeña ciudad alemana, siendo el segundo de diez hijos. Sus padres fueron profundamente cristianos e incansables trabajadores. 
Arnoldo desarrolló las mismas características. Todos los días se rezaba el Rosario en familia y el padre tenía la costumbre de leer regularmente en voz alta el Prólogo del Evangelio de San Juan (Jn 1,1-18). Arnoldo mantuvo, durante toda su vida, muy viva la devoción al Rosario y un profundo amor al Maestro Divino, presente en la Sagrada Escritura y en la Santa Eucaristía. Asimismo heredó de su padre la devoción al Espíritu Santo.
Fue ordenado sacerdote en la Diócesis de Münster el 15 de agosto de 1861 y fue enviado a la ciudad de Bocholt como docente en una escuela media. Era respetado como docente siendo severo pero justo. Durante este período maduraron y se interiorizaron más su fe y su vida de oración. Su celo sacerdotal lo llevó a estar siempre a disposición de la gente, también al margen de la enseñanza, ayudándoles a profundizar en la fe.
Gracias a su particular devoción al Sagrado Corazón y a su intensa vida de oración, fue nombrado director diocesano del Apostolado de la Oración y empleaba gran parte de su tiempo libre y de sus vacaciones para difundirlo en la Diócesis y en todas las regiones de habla alemana. 

Su entusiasmo por animar a la gente a rezar según las intenciones del Sagrado Corazón, le ayudó a tomar conciencia de las necesidades espirituales de la gente, incluso más allá de los límites de su Diócesis. Esto originó en él un profundo celo por trabajar y rezar por la reunificación de las Iglesias Cristianas en Alemania. Se ensancharon aún más sus horizontes y se fortaleció su conciencia de que la misión de la Iglesia abarca a toda la humanidad.

Dedicó su vida a reavivar en la Iglesia en Alemania sus compromisos misionero y fomentar entre los católicos el entusiasmo por la labor misionera de la Iglesia fuera de Alemania -la “misión entre paganos”. 

Con tal objetivo decidió fundar una revista popular. En 1873 dejó su cargo como docente para poder dedicar más tiempo a esta nueva actividad. El primer número del “Pequeño Mensajero del Sagrado Corazón” apareció en enero de 1874. En la revista publicaba noticias de las misiones extranjeras y estimulaba a los lectores a hacer algo más por ellas.
En los años ’70 la Iglesia en Alemania vivió una dolorosa experiencia de persecución: -el “Kulturkampf” (revolución cultural). Leyes anti-católicas fueron motivo de expulsión de sacerdotes y religiosos e incluso obispos fueron encarcelados. Tal vez esta realidad despertó en él la idea de que algunos de estos sacerdotes podrían entusiasmarse y trabajar en las misiones extranjeras o, por lo menos, para colaborar en la enseñanza en los institutos misioneros. En Alemania, sin embargo, no existía ningún instituto. Esperaba, por tanto, que alguno de estos sacerdotes, interesado por las misiones, aceptase el desafío de iniciar un tal instituto. Su cometido lo veía más bien como promotor de la idea a través de su revista y reunir fondos para la misma.
Fundador de la Congregación del Verbo Divino
El reacio Arnoldo Janssen fue viendo cada vez más claro que el Señor le llamaba a él mismo a tomar en sus manos esta difícil iniciativa. Una vez que reconoció que era la voluntad de Dios se dedicó con alma y corazón a este proyecto. 
La mayor parte de sus contemporáneos pensaban que el momento no fuese oportuno. Muchos, incluso, no veían en él a la persona indicada, pero su confianza en Dios le ayudó a resistir, no obstante, las ironías y los comentarios negativos que sobre él circulaban.

No obstante las condiciones poco favorables en Alemania, obtuvo el apoyo de muchos obispos. Comenzó a recoger fondos y a buscar un lugar adecuado. Debido a la situación política en Alemania, compró una casa al otro lado de la frontera, en Steyl, Holanda. El 8 de septiembre de 1875 es considerada la fecha oficial del comienzo de la obra.

Las condiciones de vida eran humildes, pero, estaba en marcha la preparación de sacerdotes para la tarea misionera. El 2 de marzo de 1879, tres años y medio después, enviaba los dos primeros misioneros a China. Uno de ellos era José Freinademetz que fue beatificado en 1975 junto con Arnoldo Janssen.
El número de los estudiantes crecía de año en año y fue necesario construir nuevos edificios. Las publicaciones de Steyl sirvieron para atraer vocaciones y, al mismo tiempo, para hallar los fondos necesarios. En enero de 1876 Arnoldo Janssen abrió su propia imprenta. Al igual que las otras iniciativas, también esta se desarrollo rápidamente y, gracias a la buena preparación de los Hermanos, muy pronto se hizo famosa por la calidad de los trabajos.

Al celebrar el 25 aniversario, la revista mensual para las familias Stadt Gottes (Ciudad de Dios) tenía una tirada de 200.000 ejemplares y el St. Michaels Kalender (Calendario de S. Miguel) más de 700.000. Estas publicaciones ejercieron un gran influjo sobre la Iglesia en Alemania fomentando el interés por las misiones. Arnoldo Janssen, desde finales del siglo XIX, fue considerado, con toda justicia, como “el animador misional” de la Iglesia en los países de habla alemana. 

La distribución de las mencionadas publicaciones dependía del compromiso generoso y la entrega desinteresada de miles de laicos, verdaderos misioneros en la patria.
Con el correr de los años, la imprenta promovió a Steyl como centro de animación misionera. También los retiros espirituales en Steyl tuvieron gran impacto. El P. Janssen fue un pionero en la introducción del movimiento de los retiros espirituales en los países de habla alemana. 

Cada año miles de sacerdotes y laicos, hombres y mujeres, participaban en tales retiros y volvían a sus casas contagiados con algo del espíritu de oración y entusiasmo que encontraron en Steyl. Se daba importancia también a que cada participante, al regresar, llevase un buen número de Rosarios. Quizá, pocos han distribuido gratuitamente tantos Rosarios como Arnoldo Janssen.

No todos los que llamaban a las puertas de Steyl con el deseo de dedicar su vida al servicio misionero querían ser sacerdotes. Deseaban ayudar a las misiones con su trabajo. Arnoldo Janssen los recibió con mil amores, si bien esto no entraba en sus planes originales. Así nació y creció la rama de los Hermanos laicos. 
Dándoles una buena preparación técnica y comercial, y introduciéndolos en posiciones importantes, contribuyó a crear un nuevo estilo de Hermano laico. Con su trabajo de excelente calidad y con su espíritu de oración contribuyeron en forma eficaz al desarrollo del Instituto Misionero y al trabajo material y espiritual en las misiones. En este, como en otros campos, estaba dispuesto a abrir nuevos caminos, nunca antes intentados, una vez convencido que el Señor lo empujaba en esa dirección.

En el primer Capítulo General del año 1885, la comunidad se constituyó como Congregación religiosa, compuesta por sacerdotes y hermanos, con el nombre de “Sociedad del Verbo Divino” (SVD), con la finalidad de difundir el Evangelio, especialmente entre los pueblos no cristianos. El P. Janssen fue elegido primer Superior General.

Fundador de dos Congregaciones femeninas

También varias mujeres solicitaron unirse a la obra con la esperanza de servir a las misiones como Hermanas misioneras. La primera fue la Beata María Elena Stollenwerk (beatificada en mayo de 1995). Arnoldo Janssen, convencido de la importancia pastoral de las mujeres que trabajaban codo con codo con los misioneros, el 8 de diciembre de 1889 fundó una Congregación misionera con el nombre de “Siervas del Espíritu Santo”. En 1895 envía las primeras Hermanas al extranjero, concretamente a la Argentina. Muy pronto se descubrió su importancia en todas las misiones donde ya trabajaban los sacerdotes y los Hermanos.

En 1896 el P. Janssen eligió un grupo de Hermanas para la vida en clausura y las llamó “Siervas del Espíritu Santo de Adoración Perpetua”. Ante la adoración del Santísimo Sacramento debían rezar, literalmente, día y noche por la Iglesia y especialmente por las dos Congregaciones misioneras de Steyl.

Evangelizar hasta los confines de la tierra

Las Congregaciones crecieron rápidamente. En mayo de 1900 eran ya 208 sacerdotes, 549 Hermanos, 190 Hermanas, 99 estudiantes de teología y 731 alumnos aspirante a misioneros.

Ante este creciente número de misioneros, la Congregación para la Propagación de la Fe animó a Janssen a abrir seminarios misioneros en otros países. A su muerte, en 1909, sus misioneros trabajaban en los cinco Continentes: en China, luego Roma, Argentina, Austria, Togo, Alemania, Ecuador, Brasil, Estados Unidos de América, Nueva Guinea, Australia, Chile, Japón, Paraguay, Filipinas. Una de sus últimas decisiones fue el permiso para abrir un seminario misionero cerca de Chicago, el primero en Estados Unidos.

Arnoldo Janssen murió el 15 de enero de 1909. Su vida fue una permanente búsqueda de la voluntad de Dios, de confianza en la providencia divina y de duro trabajo. Que su obra ha contado con la bendición del Señor lo atestigua también el desarrollo ulterior de su obra: (svd-4, 025) más de 6.000 misioneros del Verbo Divino trabajan hoy en 65 países. Las misioneras Siervas del Espíritu Santo se encuentran presentes en 35 países con más de 3.800 hermanas. Las Siervas del Espíritu Santo de Adoración Perpetua superan el número de 400 en 10 países.

domingo, 13 de enero de 2019

Fiesta del Bautismo de Jesús.

Fiesta, con la cual se cierra el tiempo litúrgico de Navidad


Normalmente el domingo que sigue a la fiesta de la Epifanía es dedicado a celebrar el bautismo de Cristo y señala la culminación de todo el ciclo natalicio o de la manifestación del Señor. Es también el domingo que da paso al tiempo durante el año, llamado también tiempo ordinario.

Cuando Cristo se metió en la cola para esperar su turno de ser bautizado, seguramente San Juan Bautista no sabía que hacer. 

Llegó el Mesías delante de él y pidió el bautismo. El Bautista exclamó: “Soy yo el que necesita ser bautizado por ti, ¿tú vienes a mí?” (Mt 3,14). El Catecismo hace referencia a esta actitud humilde de Cristo en el n.536:

Hay una diferencia importante entre los dos bautismos: 

El de Juan: con agua, exterior, signo de arrepentimiento para el perdón de los pecados.
El de JESÚS: con Espíritu Santo, renovación interior que nos hace "partícipes de la naturaleza divina”

"No soy digno ni siquiera de desatar la correa de su sandalia..." trabajo reservado al más inútil de los esclavos... Juan destaca la infinita distancia entre él y Jesús...
¿Porqué entonces Jesús se hace bautizar por Juan? )es una escena tan impresionante, que podría resultar incomprensible, y hasta escandalosa]...

Pero admitámoslo, y descubramos nuevamente el "modo" que Dios emplea para salvarnos: hoy se pone en la fila de los pecadores, y aunque no lo necesitaba, se somete también a un bautismo de penitencia... 

Se ha hecho semejante a nosotros en todo, y por eso no se avergüenza de colocarse en la fila de aquellos que se preparaban para la llegada del Reino de Dios... así como tampoco se avergonzó de nosotros cuando tomó sobre sí todos nuestros pecados, y subió a la Cruz como si fuese un delincuente...

Pero el bautismo que recibió Jesús fue muy "especial": ciertos hechos nos indican que con Él comienza un nuevo bautismo:

El cielo abierto (ya nunca más cerrado por los pecados, como hasta este momento) Es decir, comienza una nueva etapa de relación entre Dios y los hombres: el Cielo viene a nosotros, y nosotros vamos allá: viene con Cristo y el Espíritu Santo. 

Llega todo, porque Dios mismo viene, y Él será para nosotros y nos dará todo. Estamos frente al comienzo de una nueva humanidad, divinizada.

En la proposición que San Marcos hace en su Evangelio, el Padre no "presenta" a su Hijo (“Éste es mi Hijo amado”), sino que se dirige a Él (“Tú eres mi Hijo...”): Cristo nos representa a todos, que desde ese momento pasamos a ser hijos amados, complacencia del Padre... Cuando somos bautizados, esta vocación eterna se verifica efectivamente, verdaderamente: somos una nueva creación. Por lo tanto, nuestra dignidad, nuestra gloria, y nuestro compromiso pasa por VIVIR NUESTRO BAUTISMO...


Sigamos a Cristo por la Cruz a la Luz.

       P. Juan Pablo Esquivel | Fuente: Catholic.net 

13 de enero fiesta de la Beata Francisca de la Encarnación (María Francisca Espejo y Martos).


Hoy la familia trinitaria celebra la memoria de esta valerosa mujer, signo del amor redentor de Dios y ejemplo de entrega máxima.

María Francisca Espejo y Martos nació el 2 de febrero de 1873, en la ciudad de Martos (Jaén )en el seno de una familia humilde, era sobrina de una monja trinitaria, llamada sor María del Rosario.

Francisca, al quedar huérfana muy joven, entró como educanda en el convento de Martos al amparo de su tía, y en su adolescencia y sintiendo el deseo de quedarse en el convento como monja, pidió ser admitida en la comunidad. Tomó el hábito el 2 de julio de 1893, y realizó su profesión solemne el 5 de julio de 1894, tomando el nombre de sor Francisca de la Encarnación.

Sor Encarnación era una religiosa tranquila y dedicada completamente al cumplimiento de sus deberes religiosos, a los trabajos comunitarios.

Su vida fue la de una mujer oculta la mayor parte de sus años entre los muros del convento trinitario, dedicada a la oración, al trabajo, a la penitencia.

Sus oficios fueron los de enfermera, sacristana, portera y tornera, ejercidos con su característica sencillez, espíritu de servicio y obediencia. Padeció mucho con el reúma, sufriendo en una ocasión un ataque que la dejó paralizada durante varios meses, prueba que sobrellevó con paciencia admirable. Sor Encarnación fue de carácter retraído, introvertido, era muy tímida y asustadiza.

Durante toda su vida religiosa estuvo cuidando a su tía Rosario, también religiosa, y de agrio carácter.

El 21 de julio de 1936, a las diez de la mañana, se presentaron en el convento los milicianos, con orden de desalojarlo y apoderarse de sus instalaciones. Sor Francisca, con su tía, sor Rosario, y una tercera religiosa, sor Dolores, se fueron a refugiar a casa de Ramón, hermano de sor Francisca. Les dieron como aposento una habitación grande en la planta alta de la casa.

Quedaron tía y sobrina. Vestían de negro, con un pañuelo oscuro en la cabeza, sin salir de casa para nada. En su habitación seguían la vida regular propia del convento, con los mismos horarios de oraciones y labores.

Un frío 12 de enero de 1937, se presentaron en el domicilio familiar unos milicianos, diciendo que querían llevarse a las monjas. Sin permitirles llevar nada consigo, sacaron a sor Francisca y a su anciana tía, sor Rosario, de su casa.

El día anterior, 11 de enero, la aviación franquista había bombardeado la zona; como represalia, los milicianos decidieron vengarse, fusilando a cincuenta personas, señaladas por sus ideas políticas de derechas o por su carácter religioso. Especialmente, señalaron a las superioras de las tres comunidades religiosas femeninas de Martos; nadie sabe por qué, pero creyeron que sor Francisca era la priora.




Madre Francisca de la Encarnación fue encerrada en los calabozos del Ayuntamiento, linderos con su convento. Allí coincidió con la superiora del colegio de la Divina Pastora, y con sor María de los Ángeles, religiosa trinitaria, que sobrevivió a los hechos.

Aquella noche del 12 al 13 de enero de 1937, sacaron en camiones a los cincuenta presos. Todos varones, menos tres religiosas: sor Francisca, la beata sor Victoria Valverde (superiora de las religiosas de la Divina Pastora) y madre Isabel, abadesa de las clarisas.

Los llevaron a la aldea de Casillas de Martos, y en su cementerio fueron fusilando a los presos. De las tres monjas, a dos las llevaron a las verjas del cementerio, tratando de abusar de ellas; éstas se resistieron, abrazándose a las verjas, y allí mismo fueron fusiladas.

A Sor Francisca, se la llevó un miliciano a una hondonada cercana, para abusar de ella, sin lograrlo, porque ésta se resistió con todas las fuerzas, provocando la ira del agresor, quien la mató a fuerza de golpes en la cabeza, con la culata del fusil, como luego se pudo comprobar al exhumar el cadáver.

Una vez muerta, la llevó arrastrando hasta echarla a una de las tres fosas que habían cavado en el cementerio, en que yacían ya los hombres recién fusilados. La cruda narración de los hechos proviene de un testigo directo.

Fue beatificada el 28 de octubre de 2007 en Roma, por el Papa Benedicto XVI, convirtiendose así en la primera monja trinitaria que obtiene dicho título. Actualmente puede observarse su cuerpo incorrupto en el Monasterio de la Santísima Trinidad de la ciudad de Martos.


sábado, 12 de enero de 2019

12 de enero fiesta de San Bernardo de Corleone.




Filippo Latini, que así se llamaba de seglar nuestro santo, nació en Corleone (Sicilia, Italia), el 6 de febrero de 1605. De joven ejerció el oficio de zapatero. Su casa era conocida como «la casa de los santos», porque tanto su padre como sus hermanos eran muy caritativos y virtuosos. Por ello, recibió una buena formación religiosa y moral. Era muy devoto de Cristo crucificado y de la santísima Virgen. Sin embargo, tenía un carácter muy fuerte.

En cierta ocasión, tuvo un enfrentamiento con otro joven; después de las palabras pasaron a las manos: ambos desenfundaron la espada y, tras un breve duelo, el otro quedó gravemente herido. Al huir de la justicia humana, buscó refugio en una iglesia, invocando el derecho de asilo, pero, aunque se libró de la justicia humana, no pudo escapar de su conciencia.

En la soledad y en la meditación reflexionó largamente sobre el delito cometido y sobre toda su vida, desperdiciada, inútil y disipada, odiosa a los demás y dañina para su alma, lo más precioso que el hombre posee. Se arrepintió, invocó el perdón de Dios y de los hombres e hizo áspera penitencia.

Para reparar sus pecados, con vestidos de penitente decidió tomar el sayal de los Hermanos Menores Capuchinos. Abandonó Corleone, que le recordaba su pasado, y llamó a la puerta del convento de Caltanissetta, en Sicilia, donde fue admitido y tomó el nombre de Bernardo.

Como laico profeso de la orden de los Frailes Menores Capuchinos, fue en verdad un hombre nuevo, decidido a alcanzar una perfección cada vez más alta, con humildad, obediencia y austeridad.

En el convento ejerció casi siempre el oficio de cocinero o ayudante de cocina. Además, atendía a los enfermos y realizaba una gran cantidad de trabajos complementarios, con el deseo de ser útil a todos, a los hermanos sobrecargados de trabajo y a los sacerdotes, a los que lavaba la ropa y prestaba otros servicios. Dormía en el suelo, no más de tres horas diarias, y multiplicaba sus ayunos.

Aunque inculto e iletrado, alcanzó las alturas de la contemplación, conoció los más profundos misterios, curó enfermos, distribuyó consuelos y consejos, intercedió con su oración para alcanzar de Dios abundantes gracias para los demás.

Esto lo realizó durante treinta y cinco años, hasta su muerte. Su oración asidua, su caridad ferviente, su filial devoción a la Virgen Inmaculada y su acendrada devoción a la Eucaristía (a pesar de las costumbres de aquellos tiempos, recibía la comunión diariamente), fueron el secreto de su santidad. Se preocupó por conformarse a Cristo crucificado. Tomó en serio el Evangelio y trató siempre de vivirlo con todas sus consecuencias.

Murió el 12 de enero de 1667 en Palermo. Tenía 62 años. El papa Clemente XIII lo beatificó el 15 de mayo de 1768, y San Juan Pablo II lo canonizó el 10 de junio del 2001.







jueves, 10 de enero de 2019

10 de enero fiesta de la Beata Ana de los Ángeles Monteagudo.





Nació en Arequipa el 26 de julio de 1602, hija del español Sebastián Monteagudo de la Jara y de la arequipeña Francisca Ponce de León.

Conforme a costumbres de la época, Ana fue internada por sus padres en el monasterio de Santa Catalina. Vuelta al hogar por decisión de sus padres, no le satisfizo los halagos del mundo ni las perspectivas de un ventajoso matrimonio. 

Deseaba hacerse religiosa y lo puso en práctica ante la indignada reacción de sus padres. Soportó con paciencia y ánimo invicto las contrariedades y emprendió la senda de la perfección.


En 1618 inicia el noviciado y añade a su nombre el apelativo "de los Ángeles". La aspereza de la vida conventual no la arredra. Vive con entusiasmo el ideal de Domingo de Guzmán y de Catalina de Siena. 

Con el tiempo llega a ser Maestra de novicias y Priora (1647). Acomete con energía la reforma del monasterio. Amonesta y corrige, anima y promueve. Además de las profesas, habitaban por esa época en el monasterio cerca de 300 personas, no todas imbuidas del deseo de perfección. 

La obra de Ana de los Ángeles chocó con oposiciones tenaces. Sor Ana atendió asimismo, abnegada y heroicamente, a las víctimas de una peste que azotó Arequipa. Tuvo altísima oración, esmerada perfección en las virtudes propias de la vida religiosa, serenidad y paciencia en los sufrimientos. 

Falleció el 10 de enero de 1686. Beatificada en Arequipa por Juan Pablo II en 1985.


martes, 8 de enero de 2019

IGLESIA: UNA, SANTA, CATÓLICA, APOSTÓLICA Y ROMANA.




¿Por qué decimos que la Iglesia es Una?

Cuando decimos que la Iglesia es Una, estamos diciendo que creemos que la Iglesia Católica fue fundada sobre la Roca, Pedro (cf. Mt 16, 18), y que está unida bajo el sucesor de Pedro, que es el Papa.


Queremos decir, por tanto, que Cristo fundó una sola Iglesia.  Y que esa Iglesia que El fundó subsiste en la Iglesia Católica, gobernada por el sucesor de Pedro. 

No estamos diciendo que las demás iglesias no tienen relación con Cristo, pero creemos que Cristo quiere que todos sus seguidores estén unidos en Él, tal como Él oró al Padre antes de su Pasión:  Que todos sean uno (Jn. 17, 21).

La Iglesia es Una porque tiene como origen y modelo la unidad de un solo Dios en la Trinidad de las Personas; como fundador y cabeza a Jesucristo, que restablece la unidad de todos los pueblos en un solo Cuerpo; como alma al Espíritu Santo que une a todos los fieles en la comunión en Cristo. La Iglesia tiene una sola fe, una sola vida sacramental, una única sucesión apostólica, una común esperanza y la misma caridad.

La Iglesia no puede ser sino Una, porque así como hay un solo Cristo, no pueden haber varios cuerpos de Cristo, sino un solo Cuerpo Místico de Cristo, que es la Iglesia.  También la Esposa de Cristo no puede ser sino una sola:  su Iglesia.



Los Cristianos no-Católicos

Ha habido momentos de separación de la única Iglesia de Jesucristo, por fallas humanas de parte y parte.

En las Iglesias y comunidades eclesiales que se separaron de la plena comunión con la Iglesia Católica, se hallan muchos elementos de santificación y verdad. Todos estos bienes proceden de Cristo e impulsan hacia la unidad católica. 

Los miembros de estas Iglesias y comunidades se incorporan a Cristo en el Bautismo, por ello los reconocemos como hermanos. 

Todas esas iglesias y comunidades que se separaron de la Iglesia Católica han sido iniciadas por hombres.

La única Iglesia fundada por Dios mismo es la Iglesia Católica, que fue la que Jesucristo dejó fundada bajo la autoridad de San Pedro y que ha continuado a lo largo de más de 2000 años con todos los Papas que son sucesores de San Pedro.

La Iglesia es Santa

La Iglesia es Santa, no porque todos sus miembros somos santos, sino porque Dios es Santo, y está actuando en ella continuamente, y porque su fundador, Jesucristo, es Santo. La Iglesia es Santa porque Dios santísimo es su autor; Cristo se ha entregado a sí mismo por ella, para santificarla y hacerla santificante; y el Espíritu Santo actúa en ella de manera constante.


Por otro lado, todos los miembros de la Iglesia hemos sido hechos santos en nuestro Bautismo.  Y todos, sin excepción, estamos llamados a la santidad, a ser santos.  Para eso contamos con todos los medios de salvación y santificación que tenemos en la Iglesia Católica.

Somos pecadores, pero podemos ser santos, porque tenemos todas las ayudas necesarias para serlo dentro de la Iglesia que Cristo dejó fundada. Por eso no confundamos: la Iglesia es Santa, los hombres que la dirigen y la integran no lo son.

La santidad es la vocación de cada uno de sus miembros y el fin de toda su actividad. Cuenta en su seno con la Virgen María e innumerables santos, como modelos e intercesores.

La Iglesia es Católica

Católica viene del griego que significa “todo”.  También significa “universal”.
 La Iglesia es Católica, porque Cristo la llamó a profesar toda la Fe, a preservar y a administrar todos los Sacramentos, a proclamar la Buena Nueva a todos y la envió a todas las naciones.

Desde el primer siglo del Cristianismo era importante destacar que la Iglesia era Católica, es decir, universal, pues la Iglesia de Cristo no era solamente para los judíos, sino también para los gentiles o no-judíos, los que estaban cerca y los que estaban lejos de Jerusalén, en seguimiento a la orden de Cristo de llevar su mensaje a todos los rincones de la tierra (Mt. 28, 19).

La Iglesia es Apostólica

Apostólica se refiere –por supuesto- a los Apóstoles.
La Iglesia es apostólica por su origen, ya que fue construida «sobre el fundamento de los Apóstoles» (Ef. 2, 20); por su enseñanza, que es la misma de los Apóstoles; por su estructura, porque es instruida, santificada y gobernada, hasta la vuelta de Cristo, por los sucesores de los Apóstoles, que son los Obispos, los cuales están en comunión con el Papa, que es el sucesor de Pedro. Cristo funda su Iglesia sobre los Apóstoles

¿Qué es la Sucesión Apostólica?

Es la cadena ininterrumpida de Obispos que vienen desde los mismos Apóstoles.  Cuando Jesús confirió su autoridad a los Apóstoles, éstos fueron pasando esa autoridad de Obispo a Obispo hasta la actualidad.

Así que cada Obispo que ha sido ordenado Obispo puede trazar su línea hacia atrás hasta alguno de los Apóstoles.  Lo mismo todo Sacerdote que ha sido ordenado sabe que el Obispo que lo ordenó puede trazar su línea originaria hasta alguno de los 12 Apóstoles.  Impresionante ¿no?

Además de la Iglesia Católica, la única que tiene Sucesión Apostólica es la Iglesia Ortodoxa.


Los integrantes de la Iglesia Católica Apostólica Romana

Todo bautizado que esté en unión con el Papa y con los Obispos, que participa de los Sacramentos de la Iglesia está formando parte de la Iglesia Católica.

Dios quiso una sola Iglesia para todos, pero los cristianos no hemos sido fieles a ese deseo de Cristo.  Sin embargo, a pesar de la desunión, estamos unidos por la Fe común en Jesucristo y por el Bautismo.

Sabemos que la verdadera Iglesia, fue fundada por Jesucristo y es la Iglesia Católica, ahora bien, es importante preguntarse si son realmente “iglesias” las otras comunidades eclesiales cristianas.

Muchas comunidades cristianas se autodenominan iglesias.  La Iglesia Católica entiende que sólo aquellos grupos religiosos en los cuales han sido preservados todos los Sacramentos que Jesús dejó instituidos, siguen siendo Iglesia.

¿Cuáles son estos grupos?  Solamente la Iglesia Ortodoxa –aunque no está adherida al Papa- y las Iglesias Orientales Católicas que sí están adheridas al Papa.

Lamentablemente, en las comunidades eclesiales que surgieron de la Reforma Protestante, no se preservaron los Sacramentos.  A las primeras que se separaron de la Iglesia Católica en el siglo XVI (Luterana, Calvinista, Anglicana o Episcopaliana) se le suelen llamar también iglesias históricas, no así a las que se han ido desprendiendo de éstas, como las Evangélicas, por ejemplo.

Cristo quiere que todos sus seguidores estén unidos en Él, tal como Él oró al Padre antes de su Pasión:  Que todos sean uno (Jn. 17, 21) por eso existe el ecumenismo dentro de la Iglesia Católica, especialmente a partir del Concilio Vaticano II (década del 1960), donde se ha iniciado un diálogo que ha ido dando ciertos frutos para la unión de todos los Cristianos –hasta tiene un Dicasterio (oficina vaticana) dedicada a la unión de los Cristianos.

Sin embargo, hay que alertar sobre lo que no es ecumenismo:  no significa ignorar o diluir verdades fundamentales, lo que llevaría a un acercamiento conciliatorio falso que daña la pureza de la Verdad.  Dicho de manera positiva, el verdadero ecumenismo es aquél que trata de vencer los obstáculos que se anteponen en el camino de la verdadera unidad cristiana.



Un ejemplo de lo que es verdadero ecumenismo es el Documento firmado entre la Iglesia Católica y la Luterana en 1999, el cual muestra clarificaciones y acuerdos muy importantes entre ambas.
A raíz de la Reforma, las Iglesias Protestantes sostenían que la persona se salva sólo por la fe y que las obras no son necesarias, y acusaban a la Iglesia Católica de enseñar que la persona se salva por sus obras y no por la fe en Cristo.

La brecha por tantos siglos abierta a raíz de la Reforma, debido a las diferencias de comprensión de la justificación haya comenzado a cerrarse con el Acuerdo entre la Iglesia Católica y la Iglesia Luterana, firmado -precisamente- un Día conmemorativo de la Reforma, el 31 de octubre de 1999, por lo que ese día -con ese Acuerdo firmado- ya no es día de división, sino día de unión.

Para analizar, entonces, si la fe basta para la salvación y si las obras son necesarias, obligatoriamente tenemos que referirnos a ese documento, titulado “Declaración Conjunta sobre la Doctrina de la Justificación”, del cual extraemos las siguientes citas:

“Sólo por gracia mediante la fe en Cristo y su obra salvífica y no por algún mérito, nosotros somos aceptados por Dios y recibimos el Espíritu Santo que renueva nuestros corazones capacitándonos y llamándonos a buenas obras. (#15)

   “... en cuanto a pecadores nuestra nueva vida obedece únicamente al perdón y misericordia renovadora, que Dios imparte como un don y nosotros recibimos en la fe y nunca por mérito propio, cualquiera que éste sea”. (#17)

  “El ser humano depende enteramente de la gracia redentora de Dios ...  (el ser humano), por ser pecador es incapaz de merecer su justificación ante Dios o de acceder a la salvación por sus propios medios”. (#19)

  “Cuando los católicos afirman que el ser humano “coopera” (en su salvación) ... consideran que esa aceptación personal es en sí un fruto de la gracia y no una acción que dimana de la innata capacidad humana”. (#20)

Quiere decir esto que no somos capaces, por nosotros mismos, de justificarnos, es decir, de santificarnos o de salvarnos.  Nuestra salvación depende primeramente de Dios.  Pero el ser humano tiene su participación, la cual consiste en dar respuesta a todas las gracias que Dios nos ha dado y que sigue dándonos constantemente para ser salvados.  Eso es lo que la Teología Católica llama “obras”. De tal magnitud es nuestra imposibilidad de acceder por nosotros mismos a la salvación, hasta la capacidad para dar esa respuesta a los dones de Dios, no viene de nosotros, sino de Dios.

 La relación de la Iglesia Católica con los Judíos

Los judíos son los hermanos mayores de los cristianos, porque Dios los amó y les habló a ellos en primer lugar.

Jesucristo como hombre es judío, y este hecho nos une con ellos.  La Iglesia lo reconoce como el Hijo de Dios Vivo, y este hecho nos separa.  Sin embargo, en la espera de la venida final del Mesías somos uno.

La fe judía es la raíz de nuestra fe cristiana.  La Sagrada Escritura de los judíos, el Antiguo Testamento, es parte de nuestra Sagrada Escritura. 

El concepto judeo-cristiano del hombre y la moral nos viene de los 10 Mandamientos, que compartimos con los judíos.

A diferencia de las otras religiones no cristianas, la fe judía es ya una respuesta a la Revelación de Dios en la Antigua Alianza. 

Es decir, la religión judía viene de Dios que se revela y que busca al hombre.  No así otras religiones que son iniciadas por hombres.

La Iglesia Católica respeta a todas las religiones

La Iglesia respeta todo lo que hay de bueno y de verdad en otras religiones.  Además, la Iglesia promueve y defiende la libertad religiosa como uno de los derechos humanos.  Pero también sabe y enseña que Jesucristo es el único Salvador y Redentor de toda la humanidad.

La más cercana de las religiones no cristianas, por supuesto, es la religión judía, la cual se originó como revelación divina.

Además, de la cristiana y la judía, la única otra religión monoteísta es el Islam.  Es de hacer notar, sin embargo, que el Islam venera a un único dios, pero el dios del Islam no es el Dios del Cristianismo.

Los islámicos consideran a Jesús como un gran profeta, pero creen que Mahoma está por encima de Jesús, pues no consideran a Jesús como Hijo de Dios.  Le tienen gran respeto y admiración a la Madre de Jesús, pero, por supuesto, para ellos no es la Madre de Dios.

Las religiones politeístas están menos cerca de la Iglesia Católica que las monoteístas.

¿Pueden las personas salvarse si están fuera de la Iglesia que Cristo fundó?

La Iglesia enseña que la persona que, sin culpa alguna de su parte, no conoce a Cristo y su Iglesia, pero que sinceramente busca a Dios y, bajo el influjo de la gracia, se esfuerza por seguir su Voluntad, conocida por la voz de su conciencia, puede obtener la salvación eterna.

“De todos modos, se encuentran en una situación deficitaria si se compara con la de los que en la Iglesia tienen la plenitud de los medios salvíficos”, palabras de San Juan Pablo II, el 28-1-2000.

Sabemos que Cristo dejó bien especificada la necesidad de la fe y el bautismo para la salvación: “El que crea y se bautice se salvará. El que se resista a creer se condenará” (Mr. 16, 16). Además, instituyó su Iglesia como instrumento de salvación, en la que entramos a formar parte desde el momento de nuestro Bautismo.

De allí que no podrían salvarse aquellos que, sabiendo que Cristo (Dios) fundó su Iglesia como necesaria para la salvación, sin embargo, no hubieran querido entrar a ella o hubieran escogido separarse de la misma.

Aclaremos un poco más: para todos aquéllos que rechazan la doctrina de Cristo, que evaden la pertenencia a la Iglesia, o que se separan formalmente o informalmente de ella, que es el instrumento de salvación que Dios mismo nos ha dejado, y esto lo hacen con pleno conocimiento y con pleno consentimiento, ponen en grave peligro su salvación eterna.

No todas las religiones enseñan verdades y ninguna tiene la plenitud de la Verdad que está en la Iglesia que Cristo dejó fundada, a la que aseguró que estaría con ella hasta el fin del mundo, precisamente para protegerla del error contra la Verdad.

Hay buenas personas en todos los grupos religiosos que buscan sinceramente a Dios.  Dios les premiará esa bondad y esa búsqueda de El.  Pero su bondad y sinceridad no pueden cambiar lo que no está objetivamente enraizado en la Verdad.

¿Qué es la Verdad?  ¿Puede haber dos verdades contradictorias:  la tuya, la mía, la de ellos, la de Dios, etc.?

Si nos fijamos bien, realmente no.  Lo que sucede es que el siglo XXI está influenciado por el relativismo, que fue condenado fuertemente por muchos Papas y obispos.  El relativismo nos lleva a que cada uno pretenda diseñarse su verdad.  Si unes a esto la defensa a ultranza de una libertad mal entendida, hablar de “verdades diferentes” en realidad es una forma coloquial de expresar la aceptación de “creencias” diversas -mas no “verdades”- de otros. 

Esa actitud de tolerancia es buena, conveniente y necesaria para la convivencia.    Pero, realmente, la “verdadera” Verdad no puede aceptar una supuesta verdad opuesta, pues esta última NO puede ser verdad. 
El diccionario nos dice:  Verdad es un juicio o proposición que no se puede negar racionalmente.  

Está bien ser tolerante con las distintas creencias de las personas, pero aceptar “verdades” que son errores o falsedades:  no.  No se pueden negociar “verdades” contrarias para llegar a un acuerdo de “verdad”, es imposible y contradictorio.  

Así que, aunque podamos parecer intolerantes:  la Verdad es una sola.  Las “creencias” sí pueden ser muy variadas y hasta opuestas.  Y Dios nos dio la libertad para creer lo que queramos creer, pero también nos dio el secreto para ser realmente libres: “Ustedes serán mis verdaderos discípulos si guardan siempre mi Palabra; entonces conocerán la Verdad, y la Verdad los hará libres” (Jn. 8, 31-32).

La estructura de la Iglesia Católica Apostólica Romana

  1º.  Quien guía terrenalmente a la Iglesia es el Papa.  Él es el Vicario de Cristo en la Tierra.  La Cabeza de la Iglesia es Cristo, pero el Papa es la Cabeza visible de la Iglesia.

2º.  Territorialmente, la Iglesia Católica se organiza en Diócesis, no se organiza por países.  Cada Diócesis es regida por un Obispo.

Algunas Diócesis son llamadas Arquidiócesis y su Obispo se llama Arzobispo.  El rango de Arquidiócesis puede deberse a varias razones, siendo la más común el hecho de ser territorio de una importante región urbana de un país.

Ningún Obispo, aunque haya sido nombrado Cardenal, tiene autoridad sobre otro, sino que cada Obispo depende directamente del Papa.
Los Obispos no pueden enseñar con contradicción con el Papa, solamente en unión con el Papa.  Pero, aunque no es usual, el Papa sí podría tomar decisiones en algún caso aún sin la aprobación de los Obispos.

3º.  Los Cardenales son Obispos o Arzobispos que ayudan al Papa en la acción pastoral de la Iglesia universal y en la administración del Vaticano y la Curia Romana.  Cuando el Papa muere, eligen al sucesor de entre los Cardenales.

4º.  Las Conferencias Episcopales:  Los Obispos de un mismo país – y/o de un mismo continente suelen organizarse en lo que se llama una Conferencia Episcopal, para poder ejercer unidos, funciones pastorales comunes para todos los habitantes de un país o de una región.  Los cargos dentro de las Conferencias Episcopales se los distribuyen los Obispos entre sí.

5º.  Los Sacerdotes o Presbíteros dependen directamente de cada Obispo en la Diócesis a la cual pertenecen, y ayudan a los Obispos en pastorear al pueblo de Dios, con la evangelización y la predicación de la Palabra de Dios, la administración de los Sacramentos y la celebración de la Santa Misa en cada Parroquia.  También pueden organizar obras de caridad de diversa índole.


6º.  Los Diáconos ayudan a los Sacerdotes en algunas funciones como la predicación, y pueden administrar los Sacramentos del Bautismo y el Matrimonio.
 El Papa, los Obispos, Sacerdotes y Diáconos constituyen lo que se llama la “Jerarquía Eclesiástica”.

7º.  Congregaciones y Órdenes Religiosas: Son grupos de personas establecidas conforme a los tres votos básicos de pobreza, castidad y obediencia.   Las Congregaciones y Órdenes Religiosas no pertenecen a la organización jerárquica de la Iglesia.  Unas dependen directamente del Papa y otras dependen de algún Obispo.  Se dedican a muchísimas actividades dentro de la Iglesia: enseñanza, salud, oración, pastoral, jóvenes, etc.



8º.  Los Laicos: es todo el resto del pueblo de Dios perteneciente a la Iglesia Católica y es parte muy importante de ella.  Todos somos Iglesia.  Los laicos forman parte de la Iglesia y también tienen deberes y responsabilidades dentro de la misma. 

En este siglo XXI, los laicos tenemos una gran responsabilidad y aparte de nuestros derechos como tales, tenemos muchos deberes que cumplir, ya que somos nosotros los que llegamos a tantísimos lugares que no pueden llegar los consagrados y predicar con nuestra vida cotidiana el Evangelio.

La principal responsabilidad de los laicos es ser miembros vivos del Cuerpo Místico de Cristo que es su Iglesia, es decir, tienen la obligación ineludible de vivir en Gracia, de ser portadores de Cristo con su vida, de manera de que la savia que fluye en ese Cuerpo no sea interrumpida por ser ellos miembros muertos que no viven en Gracia.   

Además, los fieles laicos tienen como vocación propia la de buscar el Reino de Dios, iluminando y ordenando las realidades temporales según Dios. Responden así a la llamada a la santidad y al apostolado, que se dirige a todos los bautizados.  Esa es la primera labor de los laicos:  llevar el mensaje de Cristo a sus ambientes (familiar, escolar, universitario, recreativo, laboral, etc.).

Los laicos también pueden utilizar parte de su tiempo para colaborar con la Jerarquía en difundir el mensaje de Cristo, participando en la Catequesis, la enseñanza, la evangelización o algunas otras labores a las que se dedique la Iglesia.

El Papa y su responsabilidad frente a la Iglesia y al mundo

Como sucesor de San Pedro y cabeza del Colegio de Obispos, el Papa es el fundamento y garantía de la unidad de la Iglesia.

Jesús le dio a San Pedro la singular posición de preeminencia entre los Apóstoles.  Esto lo constituyó en la suprema autoridad en la Iglesia en sus comienzos.

Por eso el Papa, que es su sucesor, tiene la autoridad pastoral suprema y es la autoridad final en materia doctrina y moral, y en decisiones disciplinarias.


El Papa es infalible cuando habla infaliblemente, pero sí puede equivocarse en cuestiones humanas y cuando no está hablando ex cathedra.

Es infalible sólo cuando aclara que habla infaliblemente.  Esto es cuando define un Dogma en un acto eclesiástico solemne (“ex-cathedra”).  

Sucede esto cuando anuncia una decisión usando su plena autoridad en materia de fe y moral.  

El último Dogma declarado fue el de la Asunción de la Santísima Virgen María al Cielo en el año1950.

También hay algunas decisiones infalibles del Magisterio de la Iglesia por parte del Colegio de Obispos en comunión con el Papa, como sucedió con dos documentos del Concilio Vaticano II (Dei Verbum o Constitución Dogmática sobre la Sagrada Escritura y Lumen Gentium o Constitución Dogmática de la Iglesia).

La misión de la Iglesia

La Iglesia debe anunciar el Evangelio a todo el mundo porque Cristo ha ordenado: «Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo» (Mt 28, 19).

La misión de la Iglesia es claramente misionera porque, guiada por el Espíritu Santo, continúa a lo largo de los siglos la misión del mismo Cristo. 

Por tanto, los cristianos deben anunciar a todos la Buena Noticia traída por Jesucristo, siguiendo su camino y dispuestos incluso al sacrificio de sí mismos hasta el martirio.