martes, 1 de noviembre de 2016

Restauración de la imagen de San Miguel Arcángel.


Esta imagen de San Miguel Arcángel, pertenece a una capilla de la diócesis de Oberá. Está bastante deteriorada ya que no sólo le faltan partes sino que la han pintado varias veces y rematado con barniz, pero igualmente me arriesgo a restaurarla, ya que creo que quedará muy bien. Empieza el dasafío para dejarla como en la época en que fue hecha. Manos a la obra, te cuento los pasos que seguí:




1) Lo primero que hay que hacer es desengrasarla muy bien y limpiarla hasta en los últimos recovecos con alcohol  y si fuera necesario con algún decapante (que disuelve la pintura y la grasa). En este caso tuve que usar algo drástico, ya que le habían aplicado una capa de barniz y este ya estaba envejecido, el trabajo se complica, pero no es imposible. Pueden ver en las fotos, las diferencias de color que queda una vez limpia la imagen. Mientras tanto vamos tomando nota en algún dibujito casero que ideemos de sus colores originales, aunque en este caso no es tan necesario, puesto que es piel y la vestimenta es una armadura. ¡Pero mucho cuidado, cuando son imágenes con ropas de colores especiales! Esto hay que hacerlo ahora, porque luego del lijado ya se dificulta.













2) Reparar y reponer partes de la imagen dañadas o faltantes (manos, dedos, pies, etc.). Trabajo mucho con masillas epoxídicas, que son muy estables y nobles para las restauraciones. Con ella restauro los dedos, el cuello y la cabeza. También aprovecho ahora a endurecer el yeso envejecido de esta imagen con goma laca, 3 manos como mínimo, porque es importante que no quede ninguna parte de la imagen sin ser protegida.

3) Se pasan varias capas finitas de yeso aguado, se lo deja secar y luego enduído plástico. Lijar todo muy bien con lijas de granos finos (por lo menos 4 números distintos, siempre de la más gruesa a la más finita). Esta tarea puede llevar algunos días. Sé que es la etapa más aburrida y tediosa, por la suciedad y el trabajo que representa, pero es la más importante para que la imagen quede perfecta. Hacemos también la espada, que no la tiene, se puede confeccionar en madera fina y luego se le pasa yeso y se la lija muy bien.








4) Una vez terminado el lijado, se trata de sacar la mayor cantidad posible de polvillo. Se le pasa goma laca incolora para sellar poros, por lo menos 3 manos. Nunca dejen de hacer esto, porque, caso contrario, a la hora de pintar, se les empieza a llenar de grumos (restos de polvo) toda la pintura y es imposible pintar como corresponde, ya que la textura de la imagen se vería ¡¡¡horrible!!!

5) Como les digo siempre lo más lindo es “pintar”. Varios recipientes con goma laca y los pigmentos naturales siempre a mano. La pintura se prepara de a poco ya que seca muy rápido y no es cuestión de desperdiciar los pigmentos. Recordar que algunos colores se forman por la superposición de colores más claros. Si se crea un color, no olviden de anotar sus proporciones, de lo contrario tardarán mucho en volver a conseguirlo, o lo que es peor deberán cambiar el color. Por cada color un mínimo de 4 manos. Recomiendo empezar por los colores más claros. También se puede ir pintando a medida que se va restaurando, esto se logra con la práctica y resguardando a las partes ya hechas con papel film para que no se manchen o estropeen. Ustedes decidirán qué les gusta más hacer. En este caso, restauré primero y pinté al final.






6) Una vez lista la pintura, vienen los retoques, por más que se haya trabajado con cuidado, estos son inevitables. Yo acostumbro ir girando la imagen, acostarla y rotarla, para ir descubriendo imperfecciones, y mucho más en esta que tiene un tamaño grande. Cuando se pinta con pigmentos naturales y goma laca, puede obviarse el barniz final, aunque hay personas que igualmente le suelen pasar, nunca está demás. Lista la imagen y ya preparada para volver a su capilla.

Nada es más agradable que devolverle vida a una imagen deteriorada, gratifica mucho porque uno sabe que cuando ya no esté, ella seguirá estando, es una prolongación de nuestro paso por la tierra. Gracias por haber confiado en mí, Padre José.


El paso a paso:




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