sábado, 1 de octubre de 2011

QUI DOCET, DISCIT (RESTAURAR UNA IMAGEN)


Muchas veces nos preguntan: ¿Me podrías arreglar una imagen que se me rompió? ¿Cuánto sale una restauración de una estatua que era de mi abuela y está rota? Etc. La verdad es que si no veo la pieza no lo sé. Es muy distinto restaurar una pieza descascarada, ajada por los años a otra que le faltan partes o a otra que tiene sus piezas pero está rota. NUNCA DIGAN NUNCA PERO NUNCA DIGAN SÍ, antes hay que ver para poder evaluar.
 

Muchas imágenes religiosas son antiguas y de poca calidad (ya que el yeso envejece y de desgrana fácilmente) pero guardan un valor afectivo incalculable. Este es el caso que les voy a contar hoy. Una amiga de la parroquia, Ángela, es ya mayor, ronda los setenta y algo de años y me trae una imagen que era de una de sus tías fallecidas… ni quiero calcular los años… y me la entrega antes de la Misa y me dice: “precisa terapia intensiva” hacé lo que puedas y me quedé con la estatua de la Virgen de Pompeya durante toda la ceremonia. Al llegar a casa la veo y evalúo. Tiene faltantes de piezas, manos sobre todo, muchas desdascaduras en la pintura y un yeso viejísimo (hoy en día con el yeso betalfa no ocurre eso).
 



Manos a la obra. Lo primero que hice fue sacar toda la pintura vieja y levantada, para ello usé un bisturí con hoja nueva. En segundo lugar hacer las piezas faltantes con masilla epoxídica y adherirlas a la imagen. Con enduído fui tapando los agujeros y rellenando las partes de pintura que fui sacando. Después de unos días “a lijar”, primero con lija mediana y luego con lija muy fina. Dos buenas manos de goma para fijar el polvillo y darle más resistencia al yeso. Por último preparé los pigmentos naturales con goma laca y la pinté siguiendo el patrón original de colores. La verdad que dio mucho trabajo, pero la cara de Angelita al verla terminada bien lo valió. Su alegría era incontenible, lo mismo que sus lágrimas. Muchas veces el valor de la estatua religiosa pasa por el corazón y los pensamientos de las personas y no por el costo de la pieza en sí.






Las imágenes muestran el antes y el después desde diversos ángulos de la imagen. Espero les sirva y que se animen a restaurar alguna estatua viejita que tengan en casa y dejarla a “nuevo”. La paciencia todo lo alcanza, decía Santa Teresa de Jesús, a tenerlo en cuenta a la hora de trabajar.
 












Les cuento algo sobre el origen de esta advocación:

En el año 79, una erupción del Vesubio (volcán cercano a Nápoles) sepultó bajo su lava la fastuosa ciudad de Pompeya, donde la aristocracia romana tenía sus fincas de recreo. 
A comienzos del siglo XIX, descubiertas las ruinas de la ciudad, se instalaron en el valle cercano varias familias de campesinos que levantaron humildes viviendas y una pobre capilla. 
En el año 1872 Bartolo Longo, abogado de la Condesa de Fusco dueña de esas tierras, visitó la región con motivo de la renovación de los arriendos. Estando allí se enteró que por esos lares los malhechores hacían de las suyas ya que no había policía; el único que imponía un poco de respeto era el cura de la capilla, pero al fallecer éste pocos siguieron firmes en su fe. 
Una noche, Longo vio en sueños a un amigo muerto años atrás el que le pidió que propagara el rezo del Rosario para la salvación de aquella gente. A la mañana siguiente se levantó con la firme decisión de hacer lo que su amigo le había pedido. A partir de entonces, recorrió las casas de los campesinos recomendando el rezo del Rosario y repartiendo imágenes religiosas. También se abocó a la ardua tarea de restaurar la vieja capilla y en 1873 organizó la primera fiesta de la Virgen del Rosario en la pequeña iglesia. 
En el año 1878 Longo obtuvo en un convento de Nápoles un muy deteriorado cuadro de Ntra. Sra. Del Rosario acompañada con Santo Domingo de Guzmán  y Santa Rosa de Lima, pero en su restauración el pintor cambió, no se sabe por qué, a la Santa Limeña por la italiana Santa Catalina de Siena.       
        Puesta sobre el altar del templo aún inconcluso, la sagrada imagen pronto comenzó a obrar prodigios.  Una de las curaciones más importantes fue la del Beato Bartolo Longo, quién mientras estaba enfermo escribió la novena a la Virgen. Hoy en día la cantidad de milagros ha superado los 40.000, todos ellos documentados en el periódico "Il Rosario e la Nuova Pompei". Los milagros están fundamentados en certificados médicos y otros documentos fidedignos.



4 comentarios:

Francisco dijo...

Daniel, admiro mucho tu arte. Me encanta la imaginería religiosa y la técnica del encolado. Saludos desde Buga, Colombia

Daniel Atapuerca dijo...

Gracias, pero te aseguro que con paciencia se pueden lograr.Cuando empezás a realizar una pieza, tu mente ya te lleva a una próxima. En noviembre publico una de las más queridas por mí, la Beata Madre Teresa de Calcuta. Un abrazo.

Francisco dijo...

Tienes razón. Todo este mundo definitivamente es una maravilla. También me parece genial que subas a la Madre Teresa, es una gran santa. Un abrazo y gracias por responder

Daniel Atapuerca dijo...

Gracias a vos por escribir. Mañana 1º de noviembre ya estará publicada y espero te guste.Un abrazo desde la Argentina.