sábado, 1 de febrero de 2014

NUESTRA SEÑORA DE LOURDES.



Esta imagen de la Santísima Virgen de Lourdes está hecha con telas de lino y algodón encoladas, goma laca, pigmentos naturales, yeso betalfa y masillas epoxídicas. ¿Cómo se hace? te lo cuento ahora por si no leíste los anteriores trabajos en los que explico la técnica.





1)    Lo primero que hay que hacer es la base. En este caso utilicé una rodaja de madera de araucaria. A ella le añadí una imitación de piedras, hechas con yeso y masilla epoxídica. Luego comencé a hacer el rosal que las rodea, sus hojas, espinas, etc. Las rosas son de telas encoladas y se añaden al final. Recordar que según el relato de Santa Bernadette, la Virgen tenía sobre cada uno de sus pies una rosa amarilla. Una vez terminado esto, lo protegemos con un plástico para que no se manche. Sobre las piedras ponemos el soporte.

2)    El soporte (puede ser de alambre, madera, plástico, cartón, telgopor, etc.) En este caso es un cilindro de plástico forrado con cintas y endurecido con cola de carpintero, alambres y masillas epoxídicas. Se le van marcando las partes del cuerpo. TENER EN CUENTA LAS PROPORCIONES CORPÓREAS. Hay un artículo en la serie QUI DOCET, DISCIT en el que te lo explico. 


3)    Se sigue con la cabeza y las manos (es lo primero que hice y a partir de ahí saqué las otras proporciones). Vamos pensando cómo va a ir ubicada la ropa (para esto es preciso ver imágenes, para que sea lo más real posible) y las actitudes de la imagen (esto lleva bastante tiempo). La Virgen de Lourdes no es complicada, es toda blanca, con un lazo en color celeste y lleva un rosario colgando en su brazo derecho.



4)    Si hiciera falta, se van añadiendo pequeñas almohadillas con algodón para darle volumen a las partes del cuerpo. Como es una mujer, le damos un poco menos a la caja torácica y a la espalda y más para las caderas. Se pinta la cara y las manos y se las fijan al soporte.



5)    Se diagrama la vestimenta en tela de algodón o lino (NO SINTÉTICO). Se le pasa una mezcla de cola de carpintero, tiza, enduído y colorantes hasta llegar al color original de la imagen. Por lo menos 2 manos. Esta tarea ya la conoces muy bien por los trabajos anteriores. Dejar secar muy bien entre tela y tela, lo mismo cuando se pinta. Uno de los secretos de esta técnica es esto.






6)    Mucha PACIENCIA a la hora de anexar las telas encoladas. En este caso la secuencia es: mangas, vestido, cinturón, cofia (pequeña, sólo para sujetar al velo) y velo que debe ser bastante largo, puesto que hace de capa también y se mete entre los brazos, esa es la imagen original de la Virgen de Lourdes. Lo adherimos muy bien al cuerpo y lo dejamos secar. Nos vamos a ayudar haciendo algún “andamio” con palitos, hilos, alfileres etc. Para que fragüe todo en el lugar correcto. No exagerar con la tela, caso contrario perderíamos las proporciones del cuerpo. Atención con esto.


7)    Una vez que todo haya secado muy bien, preparamos pintura con goma laca y pigmentos naturales y con mucho cuidado empezamos a pintar. Si bien la imagen es casi toda blanca, el cinturón es celeste y eso les puede traer un dolor de cabeza, si manchan el blanco. Por último hacemos el rosario que lo tenemos que confeccionar en la misma imagen para que quede enganchado al brazo derecho.




8)    Sacar el papel adherente de la base, las manos y la cabeza y seguir decorando con otros detalles (aureola, puños, cuellos, dobladillos, puntillas etc.). Retocar con pigmentos al tono las marquitas que hubiéramos dejado y creamos sombras.

El paso a paso:



Un poco de historia de esta aparición a la que le tengo una especial devoción heredada de mi querida madre, fiel devota de esta advocación, cuya fiesta litúrgica es el 11 de febrero. Les cuento algo también sobre Santa Bernadette (Bernardita) que fue su vidente.
Desde el 11 de febrero de 1859 hasta el 16 de julio del mismo año, la Santísima. Virgen se le aparece 18 veces a Bernardita. Las apariciones las podemos leer en detalle en el día 11 de febrero. Nuestra Señora le dijo: "No te voy a hacer feliz en esta vida, pero sí en la otra". Y así sucedió. La vida de la jovencita, después de las apariciones estuvo llena de enfermedades, penalidades y humillaciones, pero con todo esto fue adquiriendo un grado de santidad tan grande que se ganó enorme premio para el cielo.
Las gentes le llevaban dinero, después de que supieron que la Virgen Santísima se le había aparecido, pero ella jamás quiso recibir nada. Nuestra Señora le había contado tres secretos, que ella jamás quiso contar a nadie. Probablemente uno de estos secretos era que no debería recibir dineros ni regalos de nadie y el otro, que no hiciera nunca nada que atrajera hacia ella las miradas. Por eso se conservó siempre muy pobre y apartada de toda exhibición. Ella no era hermosa, pero después de las apariciones, sus ojos tenían un brillo que admiraba a todos.
Le costaba mucho salir a recibir visitas porque todos le preguntaban siempre lo mismo y hasta algunos declaraban que no creían en lo que ella había visto. Cuando la mamá la llamaba a atender alguna visita, ella se estremecía y a veces se echaba a llorar. "Vaya ", le decía la señora, ¡tenga valor! Y la jovencita se secaba las lágrimas y salía a atender a los visitantes demostrando alegría y mucha paciencia, como si aquello no le costara ningún sacrificio.
Para burlarse de ella porque la Virgen le había dicho que masticara unas hierbas amargas, como sacrificio, el señor. alcalde le dijo: ¿Es que la confundieron con una ternera? Y la niña le respondió: ¿Señor alcalde, a usted si le sirven lechugas en el almuerzo? "Claro que sí" ¿Y es que lo confunden con un ternero? Todos rieron y se dieron cuenta de que era humilde pero no era tonta.
Bernardita pidió ser admitida en la Comunidad de Hijas de la Caridad de Nevers. Demoraron en admitirla porque su salud era muy débil. Pero al fin la admitieron. A los 4 meses de estar en la comunidad estuvo a punto de morir por un ataque de asma, y le recibieron sus votos religiosos, pero enseguida curó.
En la comunidad hizo de enfermera y de sacristana, y después por nueve años estuvo sufriendo una muy dolorosa enfermedad. Cuando le llegaban los más terribles ataques exclamaba: "Lo que le pido a Nuestro Señor no es que me conceda la salud, sino que me conceda valor y fortaleza para soportar con paciencia mi enfermedad. Para cumplir lo que recomendó la Santísima. Virgen, ofrezco mis sufrimientos como penitencia por la conversión de los pecadores".
Uno de los medios que Dios tiene para que las personas santas lleguen a un altísimo grado de perfección, consiste en permitir que les llegue la incomprensión, y muchas veces de parte de personas que están en altos puestos y que al hacerles la persecución piensan que con esto están haciendo una obra buena.
Bernardita tuvo por superiora durante los primeros años de religiosa a una mujer que le tenía una antipatía total y casi todo lo que ella hacía lo juzgaba negativamente. Así, por ejemplo, a causa de un fuerte y continuo dolor que la joven sufría en una rodilla, tenía que cojear un poco. Pues bien, la superiora decía que Bernardita cojeaba para que la gente al ver las religiosas pudiera distinguir desde lejos cuál era la que había visto a la Virgen. Y así en un sinnúmero de detalles desagradables la hacía sufrir. Y ella jamás se quejaba ni se disgustaba por todo esto. Recordaba muy bien la noticia que le había dado la Madre de Dios: "No te haré feliz en esta vida, pero sí en la otra".
Duró quince años de religiosa. Los primeros 6 años estuvo trabajando, pero fue tratada con mucha indiferencia por las superioras. Después los otros 9 años padeció noche y día de dos terribles enfermedades: el asma y la tuberculosis. Cuando llegaba el invierno, con un frío de varios grados bajo cero, se ahogaba continuamente y su vida era un continuo sufrir.
Deseaba mucho volver a Lourdes, pero desde el día en que fue a visitar la Gruta por última vez para irse de religiosa, jamás volvió por allí. Ella repetía: "Ah quién pudiera ir hasta allá, sin ser vista. Cuando se ha visto una vez a la Santísima. Virgen, se estaría dispuesto a cualquier sacrificio con tal de volverla a ver. Tan bella es".
Al llegar a la Comunidad reunieron a las religiosas y le pidieron que les contara cómo habían sido las apariciones de la Virgen. Luego le prohibieron volver a hablar de esto, y en los 15 años de religiosa ya no se le permitió tratar este tema. Son sacrificios que a los santos les preparan altísimo puesto en el cielo.
Cuando ya le faltaba poco para morir, llegó un obispo a visitarla y le dijo que iba camino de Roma, que le escribiera una carta al Santo Padre para que le enviara una bendición, y que él la llevaría personalmente. Bernardita, con mano temblorosa, escribe: "Santo Padre, qué atrevimiento, que yo una pobre hermanita le escriba al Sumo Pontífice. Pero el Sr. Obispo me ha mandado que lo haga. Le pido una bendición especial para esta pobre enferma". A vuelta del viaje el Sr. Obispo le trajo una bendición especialísima del Papa y un crucifijo de plata que le enviaba de regalo el Santo Padre.
El 16 de abril de 1879, exclamó emocionada: "Yo vi a la Virgen. Sí, la vi, la vi ¡Que hermosa era!" Y después de unos momentos de silencio exclamó emocionada: "Ruega Señora por esta pobre pecadora", y apretando el crucifijo sobre su corazón se quedó muerta. Tenía apenas 35 años.
A los funerales de Bernardita asistió una muchedumbre inmensa. Y ella empezó a conseguir milagros de Dios en favor de los que le pedían su ayuda. Y el 8 de diciembre de 1933, el Santo Padre Pío XI la declaró santa. Su cuerpo se encuentra incorrupto en una urna de cristal, en Nevers, (Francia) en la casa Madre de las Hermanas de la Caridad.

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