viernes, 1 de septiembre de 2017

Imagen de la Beata Mama Antula.


Esta imagen de la Beata Mama Antula o María Antonia de San José ( su nombre real era María Antonia de Paz y Figueroa), la he realizado con la técnica de telas encoladas y masillas epoxídicas. Es la misma técnica de telas encoladas, que se ha utilizado para hacer la imagen del Padre Pío, Santa Teresita, Padre Damián, etc., con lo que les doy la pauta de las múltiples imágenes artesanales, e irrepetibles que se pueden hacer. ¿Cómo se hace? te lo cuento ahora por si no leíste el anterior:



1)    Se parte de un soporte (que puede ser de alambre, madera, plástico, cartón, telgopor, etc.). En este caso trabajaré con estructuras plásticas y alambres. TENER EN CUENTA LAS PROPORCIONES. En otro artículo  (VER QUI DOCET, DISCIT del 1º de septiembre de 2011) te he contado sobre las proporciones corpóreas más comunes.  Se sigue con la cabeza, los pies y las manos. Vamos pensando cómo va a ir ubicada la ropa (te recomiendo que veas algunas estampas) y las actitudes que les quieras dar a la imagen, esto lleva bastante tiempo, pero es importante hacerlo. Se va pensando en todos los detalles que se le quieren hacer (ubicación de las manos, de los pies, manto, etc.) en este caso la haré sosteniendo un báculo con la cruz y un libro en la otra mano.




2)    Si hiciera falta, se van añadiendo pequeñas almohadillas con algodón para darle volumen a las partes del cuerpo. Como es una mujer, le damos un poco más las caderas y marcaremos la zona de los pechos. Se pinta la cara y las manos. Se añade la cabeza que se fija con masilla epoxídica, junto a las otras partes nombradas. La base de la imagen es de madera tratada y la he barnizado para protegerla más. Se la resguarda con papel adherente para que no se ensucie. Se diagrama la vestimenta en tela de algodón o lino (NO SINTÉTICO). Aprovechamos también a hacer el báculo y el libro así una vez terminada la imagen, los agregamos y listo.












3)    A las telas ya cortadas se les pasa una mezcla de cola de carpintero, tiza, enduído y colorantes. Por lo menos 2 manos. Dejar secar muy bien entre tela y tela, de esta manera cada una de las partes, quedará correctamente fija y ubicada, en el lugar que le corresponde. ¡Mucha PACIENCIA! De esto va a depender la calidad de la imagen. Lo adherimos todo muy bien al cuerpo y lo dejamos secar. Nos vamos a ayudar haciendo algún “andamio” con palitos, hilos, alfileres, etc. Para que fragüe todo en el lugar correcto. La secuencia es: túnica y mangas, cofia, manto y velo. Por último, el pintado de las telas y los detalles finales. También puedes ir pintando a medida que se van secando las telas, cualquiera de las dos opciones son válidas, más acá que estamos trabajando con blanco y negro.



4)    Sacar el papel adherente de la base y seguir decorando con otros detalles, por ejemplo con una aureola. Retocar con pigmentos al tono las marquitas que hubiéramos.
Como les digo siempre, nada reconforta más que hacer una imagen religiosa, mientras se realiza se reza, se pide, se agradece, en fin siempre hace bien al alma, y más con ella que es una beata argentina, que tanto bien hizo a muchas almas.

El paso a paso:


 

Una Breve Biografía de esta Beata:

 “Nació en 1730 en Santiago del Estero, Argentina. Desciende de una ilustre familia de conquistadores y gobernantes. Su niñez la pasa en el campo, en la hacienda paterna en contacto con los pueblos originarios. A los 15 años decide consagrase a Dios y toma el nombre de Maria Antonia de San José. Algunos santiagueños lamentan la decisión ya que ella era muy bonita, de facciones finas y grandes ojos azules. En aquella época no existían religiosas activas fuera del convento de clausura, con lo cual ella decide vestir una túnica negra y vivir junto a otras mujeres la vida activa, se las llamaban “beatas” (lo que sería ahora laicas consagradas).

Guiadas por un sacerdote jesuita, el Padre Gaspar Juárez, se dedicaban a ayudar a los sacerdotes, instruir a los niños, cosían, bordaban, cuidaban enfermos y repartían limosnas. En 1767 Carlos III decide expulsar a los Jesuitas de América. María Antonia cuenta con 37 años cuando sucede esto, y quiere reinstaurar los Ejercicios Espirituales de San Ignacio. Esto no fue bien visto por la sociedad, el medio era hostil, pero ella sigue con su idea de organizar esta práctica piadosa. Los participantes vivían en un lugar cerrado durante varios días escuchando charlas a fin de que reflexionen sobre su vida y apliquen lo que les es un bien para su alma.

Comienza María Antonia invitando uno a uno a estos retiros desde 1768 a 1770. Lo hace caminando descalza por las tierras de Santiago del Estero, Silípica, Loreto, Salavina, Soconcho, Atamasqui, etc. Luego decide salir a otras provincias y se va caminando a Catamarca, La Rioja, Jujuy, Salta y Tucumán. El Obispo de Tucumán le da la licencia y así comienzan a aceptarse nuevamente esta práctica religiosa. Los frutos de los Ejercicios se conocen por el bien que le hace al pueblo y sus cambios en la vida diaria. 

Los Ejercicios duraban 10 días y se hacían todo el año. Convivían las Damas con sus siervas y en tandas separadas los hombres con sus ayudantes de campo.

Luego del éxito y buenos frutos de estos retiros, decide ir a Buenos Aires. En ese momento era considerado una locura ya que debían caminar 1400 kilómetros a pie. Los peligros son múltiples ya que las zonas eran habitadas por animales salvajes: jaguares, chanchos del monte y ladrones que atacaban a los viajeros. Una de sus frases que guían sus pasos era “la paciencia es buena pero más la perseverancia”, y lo aplica en su máxima expresión.

Cuando llega a Buenos Aires en Septiembre 1779 va a visitar al Virrey y al Obispo durante un año para que le otorguen la licencia. El Virrey Vertiz tenía una antipatía visceral por todo lo que era jesuítico, le niega la autorización. En 1780 comienzan los retiros en Buenos Aires con un éxito increíble. Es allí cuando el Obispo cambia su parecer y apoya esta obra, por los frutos que dan en sus fieles. Llegaron a ver tandas de 200 personas y la Providencia fue muy generosa en asistir a todas las necesidades de los practicantes.

La comida que sobraba se repartia a los presos y a los mendigos que concurrían a la Casa. Ella escribe: “Veo que la Divina Providencia me socorre indefectiblemente para su continuación y que cada día más experimenta el publico el fruto de ellos. En cuatro años de ejercicios se han acercado más de 15.000 personas.”

Luego sus ansias de “quisiera andar hasta donde Dios no fuese conocido” la lleva a Uruguay, Colonia y Montevideo, donde está tres años. Retorna a Buenos Aires y comienza la edificación de lo que hoy es uno de los edificios más antiguos de Buenos Aires, la Santa Casa de Ejercicios Espirituales, en Av. Independencia 1190, Capital Federal, Argentina. Ella va tocando puerta por puerta, hasta el Virrey acepta su obra . Ella dice “la obra era de Dios y para Dios” y es así como se edifica esta magnífica Casa.

Su obra es conocida en Francia, en el monasterio de Saint-Denis de Paris donde la priora del Carmelo era tía del rey Luis XVI. Sus cartas eran traducidas en varios idiomas: latín, francés, inglés, alemán y ruso. Estas cartas se envían a distintos países entre ellos Rusia. La fuerza testimonial que emana de sus cartas son modelos para los conventos por la fuerza que transmite. Se escribe un trabajo sobre ella llamado “el estandarte de la mujer fuerte” que se edita en 1791.

María Antonia realiza muchos hechos pródigos entre ellos cuando faltaba alimentos para sus practicantes la comida se reproducía de la olla o el pan se transformaba en fruta, o cuando faltaba grasa para preparar la comida, pasaba un donante por la puerta dejando justo lo que se necesitaba ese día.

El 7 de Marzo de 1799 muere a los 69 años. Sus restos descansan en la Basílica de Nuestra Señora de la Piedad en la calle Bartolomé Mitre 1524, Capital Federal, Argentina. Cuando muere se calcula que unas 70.000 a 80.000 personas se habían beneficiado de los retiros espirituales. En esta fecha celebraremos a la beata argentina María Antonia de San José, misionera, peregrina y evangelizadora.

Ha sido Maria Antonia quien introdujo en la Argentina la devoción a “San Cayetano”, muy arraigada en nuestro pueblo con una afluencia de miles de personas cada año visitan el Santuario de Liniers pidiendo pan, trabajo y salud. Subsisten vínculos históricos y pastorales que unen el Santuario de Liniers con la Congregación de las Hijas del Divino Salvador.

Fue beatificada el 27 de agosto del 2016 en Santiago del Estero, Argentina, en el pontificado del argentino Papa Francisco.



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